El ponente señaló que la cuestión de la táctica en la Duma es sin duda el problema central de la política en la actualidad y, por consiguiente, el punto principal en torno al cual girará la campaña del congreso. Dos cuestiones, señaladas por el Comité Central en su proyecto de orden del día del congreso —conocido por la prensa—, pasan a primer plano: el problema de «las tareas políticas inmediatas» y el de la Duma de Estado.

En lo que respecta a la primera cuestión, está formulada de manera muy vaga. Es posible que los mencheviques entiendan por esto el apoyo a un ministerio kadete, sin querer decirlo directamente. En todo caso, es notable su deseo de eliminar de nuevo, como en el IV Congreso (de Unificación), los problemas de principio fundamentales de la táctica socialdemócrata en la revolución rusa. Sin embargo, la eliminación de estos problemas, como ya ha demostrado la experiencia, conduce únicamente a la falta de una táctica de partido consecuente de la socialdemocracia. Basta recordar que la táctica del Comité Central en el problema del apoyo al ministerio de la Duma, es decir, al ministerio kadete (junio de 1906), no fue respaldada no solo por el partido en general, sino tampoco por la fracción socialdemócrata de la Duma en particular. Después de la disolución de la Duma, las famosas «manifestaciones parciales de masas de protesta», propuestas por el Comité Central, corrieron la misma suerte. Ahora, en las elecciones, la actitud hacia los kadetes ha resultado tan indefinida en el partido que, entre los mencheviques más influyentes y responsables, se han destacado Cherevanin, antes de la Conferencia Panrusa de la POSDR de noviembre (1906), y Plejánov (sin mencionar a Vasíliev) después de ella.

En estas circunstancias, los socialdemócratas revolucionarios tienen el deber ineludible de aprovechar la plena representación en el V Congreso del partido, en el que por primera vez participarán los polacos, los letones y los bundistas, para plantear los problemas de principio fundamentales sobre la táctica de la socialdemocracia en la revolución burguesa rusa. No se puede hablar con provecho para la causa de las «tareas políticas inmediatas» sin haber esclarecido los problemas fundamentales sobre las tareas del proletariado en nuestra revolución en general, sobre si existen condiciones objetivas para el desarrollo ulterior de la revolución, sobre la agrupación actual de las clases y los partidos y, en especial, sobre el carácter de clase del partido kadete. Sin esclarecer estas cuestiones, cosa que facilita la rica experiencia de la primera Duma y de las elecciones a la segunda, es impensable una solución de principio y consciente del problema del ministerio kadete, de la táctica en caso de disolución de la segunda Duma, etc., etc.

Por eso el ponente se detuvo brevemente en las cuestiones que había señalado. La situación económica de las amplias masas de la población atestigua indudablemente que las tareas fundamentales de la revolución no han sido resueltas; existe una base objetiva para movimientos directos de masas. En la política esto se refleja en la agudización de la contradicción entre la autocracia, que se acerca a la organización de los terratenientes centurionegristas, y la masa no solo del proletariado, sino también de los campesinos pobres (¡la curia campesina dio el porcentaje más alto de electores de izquierda, después de la curia obrera, por supuesto!) y de los pobres de la ciudad (la hegemonía de los kadetes sobre la democracia pequeño-burguesa urbana ha sido, sin duda, seriamente socavada en las elecciones a la segunda Duma). De aquí se desprende que crece y se avecina no una crisis constitucional, sino revolucionaria; que la lucha en la Duma engendra de nuevo, en virtud de las condiciones objetivas, un paso tanto más próximo a la lucha fuera de la Duma cuanto con más éxito se desarrolle la actividad de la socialdemocracia y de la democracia burguesa en la Duma. Las tareas del proletariado, como dirigente de la revolución democrática, consisten en desarrollar la conciencia revolucionaria, la decisión y la organización de las masas, en arrancar a la pequeña burguesía de la dirección de los liberales. De apoyar a un ministerio liberal supuestamente responsable ante la Duma, pero en realidad dependiente de la banda zarista centurionegrista, no puede ni hablarse. La posibilidad de utilizar un ministerio semejante (si resultara ser una realidad y no un vano ofrecimiento para engañar a los kadetes, como la promesa de Stolipin en enero de 1907 de legalizar a los kadetes, hecha con el fin de apartarlos de los bloques con la izquierda), esta posibilidad depende por entero de la fuerza de las clases revolucionarias, de su conciencia y cohesión.

En cuanto al contenido de clase de los distintos partidos, hay que reconocer como fenómeno general el viraje a la derecha de las clases superiores y el viraje a la izquierda de las inferiores en el último año. El centro se debilita, lo arrastra la corriente del desarrollo revolucionario que avanza. Los centurionegristas se han fortalecido y organizado, se han aproximado a la mayor fuerza económico-clasista de la vieja Rusia, es decir, a los terratenientes feudalistas. Los octubristas siguen siendo el partido de la gran burguesía contrarrevolucionaria. Los kadetes han dado un gran viraje a la derecha. Se esclarece cada vez más que su base social es el terrateniente liberal (medio), la burguesía media y la gran intelectualidad burguesa. A los pobres de la ciudad los conducen por la fuerza de la tradición, engañándolos con el sonsonete de la «libertad popular». Las elecciones a la segunda Duma demostraron de inmediato que el primer embate de la izquierda, en las condiciones más desfavorables, arranca a las «capas bajas» de la democracia urbana de los kadetes en un grado muy considerable.

Los kadetes se han ido a la derecha, hacia los octubristas. La pequeña burguesía democrática, urbana y sobre todo rural, se ha fortalecido y se ha inclinado a la izquierda más que nada. El ponente recordó que en la primavera de 1906 no existía ninguna experiencia política de masas en cuanto a la organización abierta de partido de esta pequeña burguesía. Ahora ya hay una experiencia muy considerable, desde los trudoviques en la primera Duma hasta la inesperadamente gran cantidad de «izquierdistas» y «trudoviques» que han entrado en la II Duma.

Las concepciones bolcheviques sobre la revolución rusa —que no puede llevar a cabo el liberalismo, sino únicamente el proletariado, si es capaz de atraer hacia sí a la masa del campesinado— han sido confirmadas de modo notable por la experiencia de los años 1906-1907.

La táctica de la socialdemocracia revolucionaria en la Duma se deriva por completo de las premisas anteriores. Los socialdemócratas deben considerar la Duma como uno de los instrumentos de la revolución, desplegando resuelta, abierta y claramente ante las masas su bandera consecuente proletaria-revolucionaria, realizando labor de agitación, propaganda y organización con el fin de desarrollar la revolución, explicando a las masas la inevitabilidad de una nueva gran lucha fuera de los muros de la Duma. Las frases de los kadetes sobre «volación de la Duma» son una vil provocación del liberal que conversa en secreto con Stolipin. No «volar» la Duma —no permitir que sea disuelta la Duma— significa: no hacer nada muy desagradable a Stolipin y Cía. Los socialdemócratas deben explicar el carácter provocador de esta consigna policial-kadete y mostrar que ya en la primera Duma la conducta del partido socialdemócrata (tanto de los mencheviques como de los bolcheviques) excluía toda clase de «medios» revolucionarios artificiales, «proclamas» y cosas por el estilo. Los kadetes lo saben y, de manera puramente novovremista, sustituyen la táctica de desarrollo de la revolución popular de masas por una táctica de «explosiones».

En la Duma, los socialdemócratas deben actuar como lo hicimos en las elecciones de Petersburgo: desplegar su bandera revolucionaria; obligar a la pequeña burguesía vacilante a elegir entre nosotros y los kadetes; en los momentos de acciones decisivas, no renunciar a acuerdos parciales, de caso en caso, con aquellos demócratas pequeño-burgueses que nos sigan y se enfrenten a los negros y a los kadetes. Explicando así el significado y las condiciones de aplicación del «bloque de izquierda» en la Duma, el ponente prevenía especialmente contra la concepción de éste como un acuerdo permanente, que ate en algo a la socialdemocracia, como un pacto medianamente duradero y concertado de antemano. ¡Si los socialdemócratas de Petersburgo se hubieran atado con un acuerdo permanente o aunque solo fuera con un pacto previo con los populistas, que hasta los «revolucionarios» eseristas iban junto con los mencheviques a vender la democracia a los kadetes, no habría resultado ningún bloque de izquierda en las elecciones de Petersburgo! Solo con una política independiente y firme —y no con diplomacia menuda ni con pequeños trapicheos— puede la socialdemocracia asegurarse, en los momentos necesarios, la ayuda de aquellos elementos de la democracia burguesa que son realmente capaces de luchar.

Palabras de conclusión

En sus palabras de conclusión, el ponente se pronunció contra esto{174}. Por un lado, incluso en los momentos más álgidos de la lucha, los socialdemócratas deben seguir siendo necesariamente un partido independiente y autónomo, con una organización propia incluso dentro de los Soviets «comunes» de diputados obreros, campesinos, etc. Por otro lado, los socialdemócratas no deben incurrir en el error de los mencheviques, que contraponen el «bloque político» al «acuerdo de combate», puesto que todos y cualesquiera acuerdos son admisibles solo dentro de los límites de una línea política determinada. Es comprensible que los socialdemócratas, tras haberse pronunciado en la Duma sobre cierta cuestión contra los kadetes, no podrán renunciar a acuerdos con la izquierda si los izquierdistas siguen en esa cuestión a los socialdemócratas y si para una victoria parlamentaria sobre los kadetes (por ejemplo, la enmienda de una ley; la supresión de algún punto vil en un llamamiento, declaración, resolución, etc.) se requiere dicho acuerdo. Pero atarse las manos con un acuerdo medianamente permanente, que en alguna medida limite a la socialdemocracia, con quien sea, sería una locura y un crimen.

«Proletari» nº 14, 4 de marzo de 1907.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».