Se ha publicado en hoja suelta la «Plataforma táctica para el próximo congreso, elaborada por Mártox, Dan, Starovier, Martínov y otros con la participación de un grupo de mencheviques prácticos».

En qué relación se encuentra esta plataforma con aquella resolución sobre la Duma de Estado, elaborada por los mismos líderes del menchevismo y publicada en el núm. 47 de «Rússkaya Zhizn», sigue siendo desconocido. En la hoja de que hablamos no hay ni una palabra sobre si se propone desarrollar más detalladamente las concepciones tácticas aquí expuestas en forma de proyectos de resolución, sobre qué cuestiones concretas, etc. Esta falta de claridad no puede menos de lamentarse, pues de por sí la «Plataforma táctica» adolece de extrema vaguedad e imprecisión en sus formulaciones. Para demostrarlo, transcribamos íntegramente las tres tesis finales de la plataforma, que exponen las «tareas inmediatas de la socialdemocracia en el próximo período», comenzando por la tercera tesis:

«... 3) Desarrollo de la iniciativa política y organizativa de las masas obreras sobre la base de la defensa de sus intereses como clase de trabajadores asalariados. Contribución, por parte de los grupos del partido, a la edificación organizativa que se desarrolla entre las amplias capas del proletariado sobre la base de la satisfacción de sus necesidades profesionales, políticas y culturales inmediatas, sobre la base de la lucha por conservar y ampliar las concesiones que les arrancan al viejo orden.»

¿Es posible imaginarse algo más vago, nebuloso, vacío de contenido? ¿Es esto una «plataforma táctica» para el congreso de 1907 o un extracto de un artículo popular sobre las tareas de la clase obrera en general?

En el orden del día del congreso se han incluido, como es sabido, el problema de los sindicatos, el del congreso obrero y el de los Soviets de diputados obreros; todos ellos son problemas concretos de la época actual, de la actual etapa de desarrollo del movimiento obrero. ¡Y nos obsequian con generalidades y frases sobre «la iniciativa», precisamente como si quisieran ocultar deliberadamente sus opiniones sobre los problemas planteados por la vida y por el partido! Esto no es una plataforma, camaradas, sino una evasiva burocrática. Sobre cuestiones como, por ejemplo, el congreso obrero, existe ya toda una literatura de partido, desde los artículos del órgano oficial del partido «Sotsial-Demokrat»{85} hasta una serie de folletos. La plataforma se escribe para dar una respuesta de fondo, y no para zafarse de la cuestión.

«...2) Lucha ideológica resuelta contra todos los intentos de limitar la independencia de clase del proletariado, contra la introducción en su conciencia de ilusiones reaccionarias pequeñoburguesas y contra todas las tendencias que llevan a sustituir la lucha organizada de clases por el terror anárquico y el aventurerismo conspirador.»

Está dicho con enfado. Se ve que los autores han querido «desahogarse». Es su derecho, por supuesto, y no somos partidarios de quejarnos de la dureza de la polémica. Polemicen cuanto quieran con dureza, pero digan con claridad qué es lo que quieren. Y su punto 2 no dice absolutamente nada concreto. «Apunta», como puede adivinarse, contra los bolcheviques, pero no acierta a dar en el blanco debido a su vaga formulación. Todos los bolcheviques, por supuesto, firmarán con las dos manos la condena del terror anárquico, del «aventurerismo conspirador», de las «ilusiones reaccionarias pequeñoburguesas» y de «los intentos de limitar la independencia de clase».

Les daremos un buen consejo a los camaradas mencheviques. Si desean, camaradas, polemizar con más dureza con los bolcheviques y «pillarlos» más fuerte, escriban, por favor, resoluciones que sean para nosotros inaceptables. ¡Hay que abrir todos los paréntesis, y no echar un nuevo velo sobre cuestiones planteadas desde hace tiempo! Tomen ejemplo de nosotros: nuestro proyecto de resolución sobre las organizaciones políticas sin partido dice abiertamente que somos adversarios de tales y cuales ideas de Axelrod, de tal y cual corriente, expresada en determinadas obras literarias de miembros del partido. Por mucho que se nos reproche este proyecto de resolución, seguro que no se nos reprochará falta de claridad o el haber rehuido el fondo del debate.

«... 1) Despertar de la iniciativa política de las masas proletarias mediante la organización de su intervención planificada en la vida política en todas sus manifestaciones.

Al hacerlo, llamando al proletariado a apoyar a todas las clases progresistas en su lucha común contra la reacción, la socialdemocracia rechaza toda alianza estable con cualquiera de los sectores de las clases no proletarias y, allí donde las distintas fracciones de estas clases divergen entre sí, apoya en cada caso aquellas acciones que correspondan a los intereses del desarrollo social. Su crítica revolucionaria la socialdemocracia la dirige en igual medida contra las veleidades contrarrevolucionarias de la burguesía liberal y contra los prejuicios utópicos y reaccionarios del socialismo agrario-pequeñoburgués.»

Hemos colocado adrede en último lugar este punto, pues es el único relativamente sustancioso, en el sentido de que aquí se tocan las bases de principio de la táctica divergente de mencheviques y bolcheviques. Pero, una vez más, sólo «se tocan»; ¡de nuevo hay una cantidad desmesurada de agua y poco material concreto! Las dos primeras frases son perogrulladas sobre las que era natural discutir en la prensa en los años 1894-1895, pero de las que resulta francamente embarazoso hablar en 1907. Y esas perogrulladas están formuladas de un modo totalmente descuidado: por ejemplo, la socialdemocracia rechaza en general toda «alianza» con otras clases, y no sólo la «estable».

Sólo la tercera frase toca los fundamentos de la táctica. Sólo aquí se levanta el velo lo suficiente como para que se vean los perfiles de los fenómenos concretos de nuestra época.

A la socialdemocracia se contraponen aquí: 1) las veleidades contrarrevolucionarias de la burguesía liberal; 2) los prejuicios utópicos y reaccionarios del socialismo agrario-pequeñoburgués. La directriz que se propone al partido consiste en criticar en igual medida lo uno y lo otro.

Examinemos ambas partes de esta contraposición y el significado de tal directriz.

Lo que entienden los camaradas por «veleidades contrarrevolucionarias de la burguesía liberal» no está del todo claro. De la burguesía liberal en general, sin más determinaciones, era adecuado hablar en 1897, pero de ningún modo en 1907. ¡Es sorprendente lo atrasados que van los camaradas mencheviques! Ahora tenemos en Rusia partidos políticos que se han manifestado en la primera y, en parte, ya en la segunda Duma. ¿Qué «plataforma táctica» es ésta si todavía no se ha percatado de estos partidos concretos en Rusia?

Resulta difícil admitir que por burguesía liberal se entienda a los octubristas. Es evidente que los camaradas se refieren a partidos del tipo de los demócratas constitucionalistas (al partido de las reformas democráticas, tal vez al de la renovación pacífica, como fenómenos del mismo tipo). De ello convence también la palabra «veleidades», pues en los octubristas no observamos veleidades en el espíritu de la contrarrevolución, sino que toda su política se ha convertido ya en contrarrevolucionaria.

Así pues, se trata de las «veleidades» contrarrevolucionarias de los kadetes, es decir, de que los kadetes empiezan ya a llevar a cabo una política práctica con espíritu contrarrevolucionario.

Este hecho es, sin duda, cierto. Su reconocimiento abierto y preciso acercaría, indudablemente, a las corrientes actualmente enemistadas en la socialdemocracia rusa. La necesidad de una «crítica revolucionaria» de semejantes veleidades también es absolutamente indiscutible.

Vayamos más lejos. A las veleidades reaccionarias de los liberales se contraponen los «prejuicios reaccionarios del socialismo agrario-pequeñoburgués».

Estamos perplejos. ¿Cómo se pueden comparar y contraponer clases (la burguesía liberal) con doctrinas (el socialismo)? ¿la política práctica (veleidades) con concepciones (prejuicios)? Esto es el colmo de la falta de lógica. Para atar cabos en una plataforma táctica, es necesario contraponer: 1) una clase a otra, por ejemplo, la burguesía liberal al campesinado democrático (¿o reaccionario?); 2) una política a otra, por ejemplo, la contrarrevolucionaria a la revolucionaria; 3) unas doctrinas, concepciones y prejuicios a otras doctrinas, concepciones y prejuicios. Esto es tan evidente, tan elemental, que involuntariamente surge la duda: ¿es casual esta falta de lógica en los mencheviques? ¿No refleja la falta de claridad lógica una falta de claridad del pensamiento político?

Que el «socialismo» de los eseristas, trudoviques, enesistas está lleno de prejuicios utópicos y reaccionarios, es indiscutible. Esto, por supuesto, debe decirse al valorar a los partidos indicados, tal como lo dijeron los bolcheviques en sus proyectos de resolución tanto para el IV como para el V congreso. Repitiendo esta idea indiscutible en una combinación tan ilógica, los mencheviques, al parecer, se agarraban a la primera reflexión que se les ocurrió para justificar su política de apoyo a los kadetes. En efecto, en el texto de la plataforma que examinamos, no han podido ya eludir la motivación y los intentos de justificación de tal política. Los mencheviques han rozado ahora la cuestión de la actitud de la burguesía liberal hacia el campesinado en la revolución burguesa rusa. Y esto es, desde luego, un gran progreso. Tras la experiencia de la primera y (en parte) de la segunda Duma, ya no es posible limitarse a la simple referencia a la famosa ficción del «peligro de las centurias negras» para defender los acuerdos electorales con los kadetes, la votación al presidente kadete, el apoyo a las consignas kadetes. Es preciso plantear la cuestión general que los bolcheviques sacaron ya en el folleto «Dos tácticas» (julio de 1905)[32], precisamente la cuestión de la actitud de la burguesía liberal y del campesinado hacia la revolución rusa. Pues bien, ¿qué dicen ahora los mencheviques, en el fondo, sobre esta cuestión?

«En Rusia, la democracia burguesa urbana no ha sometido a toda la economía nacional, y por ello no es capaz de iniciativa revolucionaria independiente, como ocurría en las revoluciones burguesas de los siglos pasados; al mismo tiempo, el campesinado, que constituye la inmensa mayoría de los productores, apenas está empezando a salir de las condiciones económicas y sociales de la producción preburguesa, y por ello es aún menos adecuado para el papel de dirigente independiente de la revolución.»

¡Éste es el único intento de fundamentar, mediante un análisis económico, la política menchevique respecto a los liberales y al campesinado! «El campesinado es aún menos adecuado que la democracia burguesa urbana...»; en estas palabras «aún menos» debe residir la justificación de la política de apoyo a los kadetes.

¿Por qué «aún menos»? Porque el campesinado «apenas está empezando a salir de las condiciones económicas y sociales de la producción preburguesa». La motivación es claramente insatisfactoria. Si el campesinado «sólo empieza a salir», le impiden salir «los residuos del régimen de servidumbre, que pesan directamente sobre los campesinos con una opresión agobiante». Así reza la primera frase de nuestro programa agrario del partido. De la circunstancia de que la pesada opresión de los residuos del feudalismo pesa directamente sobre los campesinos, se deduce la necesidad y la inevitabilidad de un movimiento revolucionario más profundo, amplio y agudo contra el orden existente entre el campesinado que entre la burguesía liberal. De la idoneidad de los burgueses liberales o del campesinado para el papel de dirigente de la revolución no puede hablarse[33]; en cambio, la idoneidad comparada para la «iniciativa revolucionaria independiente» o, más exactamente, para la participación independiente en el desarrollo ulterior de la revolución, los mencheviques la han valorado de manera directamente errónea respecto a los liberales y los campesinos.

El punto de vista de los mencheviques sobre el papel político del campesinado está en contradicción precisamente con aquellas tesis fundamentales de nuestro programa agrario que comparte todo el partido, tanto los bolcheviques como los mencheviques.

En primer lugar, como ya hemos señalado, «la pesada opresión de los residuos del feudalismo pesa directamente sobre los campesinos». Por consiguiente, en la actual revolución democrático-burguesa de Rusia, el campesinado no puede por menos de ser más revolucionario que la burguesía liberal, ya que la fuerza, solidez, vitalidad y agudeza del movimiento revolucionario dependen de la fuerza de las condiciones opresivas de lo viejo, que ha sobrevivido a su época.

En segundo lugar, en nuestro programa agrario exigimos la «confiscación de las tierras de propiedad privada». Nada semejante, nada siquiera remotamente aproximado a una medida económica tan radical exigimos para los burgueses liberales. ¿Por qué? Porque no existen condiciones objetivas que pudieran suscitar entre la burguesía liberal la lucha por la confiscación de partes muy considerables de la propiedad, «legítima» desde el punto de vista de lo viejo. En cambio, en el campesinado todos reconocemos la existencia de estas condiciones objetivas, pues los marxistas exigimos la confiscación no por amor a las medidas ultrarrevolucionarias, sino por la conciencia de la situación sin salida de las masas campesinas. La profundidad incomparablemente mayor del espíritu democrático-burgués revolucionario del campesinado se desprende inevitablemente de semejante premisa de nuestro programa agrario.

En tercer lugar, nuestro programa agrario habla de «apoyo a las acciones revolucionarias del campesinado, incluida la confiscación de las tierras de los terratenientes». Aquí se reconoce abiertamente la necesidad de adoptar una actitud determinada hacia la lucha directamente revolucionaria del campesinado, hacia las «acciones» de carácter masivo, que abarcan un espacio enorme y una parte enorme de la población del país. Nada parecido a estas acciones revolucionarias hay en la burguesía urbana, no sólo en la «liberal», es decir, media y en parte grande, sino tampoco en la pequeña burguesía democrática. Ningún «apoyo» a ningún plan «confiscatorio» de la burguesía urbana ha prometido ni podría prometer jamás el partido obrero socialdemócrata. De aquí se ve ya hasta qué punto es erróneo el razonamiento habitual de los mencheviques sobre la «burguesía urbana progresista» y la «burguesía rural atrasada», razonamiento al que también alude la plataforma que examinamos. Este razonamiento se basa en la incomprensión de las ideas básicas de todo nuestro programa en la cuestión de la lucha contra los residuos del feudalismo, lucha que constituye el contenido económico de la revolución burguesa en Rusia.

En cuarto lugar, la historia política de Rusia en el último año, especialmente la primera Duma y las elecciones a la segunda, han mostrado con claridad que el campesinado, a pesar de todo su atraso, dispersión, etc., supo iniciar de inmediato la formación de partidos políticos (el grupo «Trudovique», etc.) que son indudablemente más democráticos que los partidos liberal-burgueses (incluido el kadete). Basta comparar el proyecto agrario de los kadetes y el de los «104»{86}, o la actitud de los kadetes y de los trudoviques hacia la libertad de reunión y la composición de los comités agrarios locales, o la prensa de los kadetes, que tranquiliza al pueblo y apaga el movimiento revolucionario con el aguachirle de las frases constitucionales, y la prensa de los trudoviques («Izvestia Krestianskij Deputatov»{87}, etc.), que revolucioniza en sentido democrático a nuevas capas de la pequeña burguesía urbana y rural.

En una palabra, desde cualquier lado que se aborde la cuestión, habrá que reconocer que la valoración comparativa de los liberales y los trudoviques es, de raíz, errónea en los mencheviques.

La fuente de este error es la incomprensión de la transformación burguesa que está teniendo lugar en la agricultura de Rusia. Esta transformación es posible en dos formas: o bien el mantenimiento de la propiedad terrateniente mediante una cierta limpieza de sus rasgos feudales y la esclavización de los braceros campesinos; o bien la supresión de la propiedad terrateniente mediante su confiscación y la entrega de la tierra al campesinado (en forma de nacionalización, reparto, «municipalización», etc., etc.)[34].

La transformación burguesa en la agricultura rusa es absolutamente inevitable. Y esta transformación sigue siendo burguesa (en contra de la doctrina de los populistas) también en el segundo caso. Pero la transformación puede producirse en la primera o en la segunda forma, según triunfe la revolución democrática o quede inconclusa; según que la masa campesina determine el curso y el desenlace de ella, o lo haga el terrateniente y fabricante liberales.

La transformación burguesa con el objetivo de mantener la propiedad terrateniente la llevan a cabo tanto Stolypin como los liberales (el partido kadete). Stolypin, en las formas más brutales y asiáticas, capaces de encender la lucha en la aldea y reforzar la revolución. Los liberales temen esto, y no queriendo arriesgarlo todo, están por las concesiones, pero concesiones que, de todos modos, conserven la propiedad terrateniente: basta recordar el rescate y –lo más importante– la composición de los comités agrarios locales por representantes de los terratenientes y de los campesinos a partes iguales, ¡con presidencia de los agentes del gobierno! Semejante composición de los comités agrarios locales significa la conservación del predominio de los terratenientes. El rescate es el fortalecimiento de la burguesía campesina y la esclavización del proletariado campesino. Esta solidaridad fundamental, económica, de la reforma agraria stolypiniana y kadete no la comprenden los mencheviques.

Stolypin y los kadetes divergen en la cuantía de las concesiones, en el modo (brutal o más fino) de llevar a cabo la reforma. Pero tanto Stolypin como los kadetes están por la reforma, es decir, por la conservación del predominio de los terratenientes mediante concesiones al campesino.

El proletariado y el campesinado están por la revolución, por la supresión no sólo del predominio de los terratenientes, sino de toda la propiedad terrateniente.

Podemos rematar la revolución mediante concesiones insignificantes por parte de los terratenientes, dice Stolypin.

Podemos rematar la revolución sólo mediante concesiones más considerables por parte de los terratenientes, dicen los liberales (incluidos los kadetes).

Queremos llevar la revolución hasta el fin, suprimiendo la propiedad terrateniente, dicen los campesinos y los obreros.

Negar semejante correlación de los programas agrarios significa negar nuestro propio programa agrario, que habla de la «confiscación de las tierras de propiedad privada», del «apoyo a las acciones revolucionarias del campesinado, incluida la confiscación de las tierras de los terratenientes».

En cambio, reconocer semejante correlación significa reconocer la línea táctica de la socialdemocracia: el proletariado debe llevar tras de sí al campesinado democrático contra la autocracia y contra los liberales.

Por eso los mencheviques no vacilan en toda su táctica por casualidad, sino que están condenados inevitablemente a las vacilaciones mientras reconozcan el programa agrario dado. Algunos de ellos tienden a sustituir en el programa la palabra «confiscación» por la palabra «enajenación», expresando con toda lógica el siguiente paso del oportunismo, sintiendo la necesidad de conciliar su política kadete con la formulación kadete del programa agrario.

Pero esto aún no se ha hecho. Esto ni siquiera se atreven a proponerlo abierta, directamente y de antemano los influyentes líderes del menchevismo. E inevitablemente surgen en ellos vaivenes en la política.

Tienen que llevar una política de apoyo a los kadetes y, al mismo tiempo, ¡no se atreven a proclamarla abiertamente! Y el apoyo a la reivindicación del «ministerio de la Duma», y los bloques con los kadetes en aras del ficticio peligro de las centurias negras, y la votación al presidente kadete de la Duma, todo esto no son más que manifestaciones parciales de la política de apoyo a los kadetes, de la política de subordinación del proletariado a la hegemonía de los liberales.

Pero los mencheviques no se atreven a defender abiertamente esta política. Y la falsa posición que ocupan los empuja, al margen de su voluntad y su conciencia, a «inventar» argumentos ficticios, como el «peligro negro» en las elecciones, o como que «el ministerio de la Duma» no es una reforma a medias y falsa que encubre un intento de componenda de la camarilla de las centurias negras con los kadetes, o como que, quitando sus 60-70 votos a Golovín (que obtuvo 356 votos contra 102), «arriesgábamos» hacer fracasar al kadete, etc., etc.

La falsa posición obliga a maquillar a los kadetes. Rehúyen una caracterización directa de este partido por su composición de clase y su base de clase. Eluden la valoración, por parte del congreso, de los partidos burgueses rusos. En lugar de «burguesía liberal» dicen «democracia burguesa urbana».

Esta caracterización, directamente errónea, de los kadetes[35] la defienden con un argumento, muy plausible a primera vista: la estadística electoral muestra que precisamente las grandes ciudades son las que dan más electores kadetes. Este argumento es insostenible: en primer lugar, en las elecciones a la segunda Duma en las 22 grandes ciudades donde, según los datos de «Rech», hubo bloque de izquierdas, los kadetes recogieron 74 mil votos, y las izquierdas 41 mil. Es decir, de inmediato, a pesar de la asombrosa debilidad de las izquierdas en materia de agitación legal (ausencia total de periódicos diarios, ausencia total de oficinas abiertas, etc.), los trudoviques y los socialdemócratas ¡le arrebataron más de un tercio de los votos a los kadetes! Esto significa que los kadetes representan a las capas altas de la burguesía urbana, es decir, precisamente a la burguesía liberal, y en absoluto a la «democracia» urbana en general. En segundo lugar, la burguesía liberal en todos los países llevó durante mucho tiempo tras de sí a numerosos elementos de las capas bajas de la pequeña burguesía en la ciudad y en el campo, sin convertirse por ello en un partido democrático, en un partido de masas. La lucha de los socialistas contra los liberales por la hegemonía democrática sobre la masa de la pobreza pequeñoburguesa urbana es una lucha larga y difícil. Declarar de inmediato a los kadetes «democracia urbana» significa renunciar a esta lucha, renunciar a la causa proletaria, entregársela a los liberales. En tercer lugar, negar que los terratenientes liberales constituyen todavía una de las bases de clase del partido kadete significa violentar hechos políticos y económicos de todos conocidos: tanto la composición de la fracción kadete en la Duma como, en especial, la estrecha vinculación de la intelectualidad burguesa, de los abogados, etc., con los terratenientes, la dependencia de los primeros respecto de los segundos. La política agraria kadete es la política del terrateniente liberal. Cuanto menos numerosos son los liberales entre los terratenientes, tanto más rápidamente se convierte la política agraria kadete en un buen deseo de «paz social» por parte de un intelectual burgués impotente. Los kadetes no se vuelven «democráticos» por el hecho de que sigan soñando con la conciliación y el acuerdo amistoso entre el terrateniente octubrista y el campesino trudovique[36].

El error fundamental en la determinación de la interrelación entre la burguesía liberal y el campesinado recorre como un hilo rojo toda la «plataforma táctica» de los mencheviques. He aquí otra formulación de esta idea errónea:

«Abandonado enteramente a sí mismo e insuficientemente apoyado (¡!) por la democracia urbana, el proletariado se inclinaba (después del período de octubre-diciembre) a menospreciar el papel progresista que en la revolución que atravesamos le corresponde en general a esta última, y, en correspondencia con ello, adoptó una posición unilateralmente hostil hacia ella... En virtud de la comprensión incorrecta, asimilada por el proletariado, del papel histórico de la burguesía urbana, el proletariado empieza a depositar unilateralmente todas sus esperanzas revolucionarias en el movimiento del campesinado que hace su aparición en la escena histórica.»

Son pasajes notables que deben pasar a la historia para caracterizar el «olvido de sí misma» de una parte de la socialdemocracia rusa en 1907.

¡Esto no es ni más ni menos que todo un discurso penitencial de los socialdemócratas ante los liberales! Piénsese sólo: en tiempos de la segunda Duma, cuando se ha manifestado claramente la agudización de los extremos políticos entre el ala de las centurias negras y el ala izquierda de la Duma, cuando existe una crisis revolucionaria cuyo advenimiento nadie se atreve a negar, cuando se observa un claro viraje a la derecha del debilitado «centro» liberal (kadetes), cuando los liberales han sido desplazados en las elecciones por el campesinado democrático, aparecen socialdemócratas que se arrepienten públicamente ante los liberales de su «hostilidad unilateral» hacia ellos, ¡de haber menospreciado su papel progresista! ¿Qué es esto, en fin? ¿Es una plataforma táctica, meditada y sopesada ante el congreso por los más destacados dirigentes del partido obrero socialdemócrata, o es el lamento de intelectuales pequeñoburgueses que sienten nostalgia en un ambiente proletario que no les conviene?

«El proletariado adoptó una posición unilateralmente hostil hacia la democracia urbana...». ¿En qué se ha expresado esto? Repasamos en la memoria los acontecimientos políticos del último año. ¿En el boicot? Pero esto fue, en primer lugar, antes del Congreso de Unificación, y los autores de la plataforma examinan los acontecimientos posteriores a él. Y, en segundo lugar, ¿qué tiene que ver aquí la «democracia urbana»? No, al parecer no se trata del boicot. Debe de tratarse del apoyo a la reivindicación del ministerio de la Duma y de los bloques con los kadetes. Ahí se manifestó realmente una actitud hostil del proletariado hacia los kadetes, pero en modo alguno hacia la democracia urbana.

¿Y quién expresaba entonces en el partido esta actitud hostil del proletariado? Los bolcheviques...

Los autores de la plataforma han dicho sin querer una gran verdad, a saber, que los bolcheviques, en su guerra contra el apoyo a la reivindicación del ministerio «de la Duma» y contra los bloques con los kadetes, expresaban la política del proletariado. Esto es justo. Y quien sueña con suavizar la actitud hostil hacia los liberales es sólo la parte pequeñoburguesa del partido obrero.

... El proletariado, «insuficientemente apoyado por la democracia urbana»...

En primer lugar, aquí se manifiesta con especial claridad lo erróneo de confundir a los liberales (kadetes) con la democracia urbana. El «bloque de izquierdas» en las elecciones se dio, según los datos de «Rech», en 22 ciudades, incluidas también las organizaciones mencheviques. En estas ciudades el proletariado fue, sin duda, en una medida considerable, apoyado por la democracia urbana –contra los kadetes (41 mil votos por el bloque de izquierdas, 74 mil por los kadetes). De aquí se desprende una conclusión –nada favorable a los mencheviques–: el proletariado puede y debe atraer a su lado a la democracia pequeñoburguesa urbana (y rural) contra la burguesía liberal.

En segundo lugar, si los mencheviques hablan del insuficiente apoyo del proletariado por parte de los liberales, ¿comprenden el precio del apoyo liberal al proletariado? Pues su plataforma se escribe en 1907, y no fuera del tiempo y del espacio, por mucho que se esfuercen en darle el carácter menos concreto y más etéreo. En 1902-1904, incluso en 1905 hasta octubre, tanto el señor Struve como los liberales en general declararon más de una vez que apoyaban al proletariado y de hecho lo apoyaron en su embestida contra la autocracia.

¿Y después de octubre de 1905? Los mencheviques no pueden ignorar que los liberales ya en diciembre y después de diciembre dieron la espalda al proletariado y cesaron todo apoyo a su lucha revolucionaria.

Cabe preguntarse: ¿quién adoptó respecto a quién una posición unilateralmente hostil?

¿El proletariado respecto a los liberales?

¿O los liberales respecto al proletariado y respecto a la revolución?

¿O los mencheviques respecto a la táctica de la lucha de clase proletaria?

Los mencheviques, que han llegado a hablar de la «hostilidad unilateral», han contrapuesto, de la manera más palmaria, dos concepciones sobre la revolución rusa después de octubre de 1905. La concepción liberal –la de los partidarios rusos de aquellos Treitschke alemanes que declararon «año loco» a 1848– consiste en que el proletariado adoptó una posición unilateralmente hostil respecto al liberalismo, respecto a la legalidad constitucional, respecto a la constitución monárquica, respecto al rescate, etc.

La concepción del proletariado –similar a la de todos los socialistas europeos sobre las revoluciones burguesas europeas– consiste en que la burguesía liberal adoptó una posición unilateralmente hostil respecto a la revolución, respecto a la libertad, respecto a la democracia, etc.

Los mencheviques se esfuerzan por desviar al partido obrero de la segunda concepción hacia la primera.

El partido obrero responderá a toda tentativa semejante de los mencheviques con el empeño de desviar a los mencheviques del partido obrero hacia los liberales.

No queremos decir en absoluto que los mencheviques se esfuercen en general por convertir al partido obrero en un apéndice de los liberales. La diferencia entre los oportunistas dentro del partido obrero y los liberales fuera de sus filas consiste precisamente en que los primeros continúan sirviendo sinceramente a su partido, pero ocupan al mismo tiempo una posición táctica tan incorrecta, tan inestable, que conduce a la subordinación política del proletariado al liberalismo.

Esta posición incorrecta posee la «desgraciada» propiedad de que, queriendo atacar a los bolcheviques, los mencheviques atacan al proletariado y a la actitud proletaria hacia la revolución. Así ocurre cada vez que los ataques de los mencheviques son realmente de principio, es decir, afectan a la cuestión de las causas de dos tácticas diferentes. Los ataques de otro género carecen de principio; basta con señalarlos brevemente para plantear ante el lector la pregunta: ¿tenemos ante nosotros una plataforma o un artículo polémico liberal?

Por ejemplo, en la «plataforma» leemos que «las masas proletarias» (sic![37]) «se inclinan a creer en el milagro político que ha de sobrevenir, en la insurrección repentina (!!), que surgirá independientemente (!!) del desarrollo del movimiento interior del propio proletariado y de un solo golpe (!!) colocará en lugar de la autocracia la dominación política de las clases trabajadoras».

Hasta ahora, tales cosas y en tal forma las atribuían a las «masas proletarias» únicamente los periódicos liberales. Qué es lo que ha llevado a los mencheviques a hablar aquí en general de la insurrección, nos resulta incomprensible. Pero semejantes discursos sobre la insurrección en una plataforma táctica –donde no hay ni una sola palabra acerca de la insurrección, salvo la frase citada– no pueden por menos de suscitar la pregunta: ¿no debería, en adelante, en lugar de «plataforma menchevique», decirse «plataforma liberal»?

Publicado en abril de 1907 en la recopilación I «Cuestiones de táctica». San Petersburgo, ed. «Nóvaya Duma». Firmado: N. Lenin.

Se imprime según el texto de la recopilación.