Los periódicos están llenos de noticias, rumores y conjeturas sobre la inminente disolución de la Duma.

¿Es esto probable? Si nos fijamos en la situación objetiva de las cosas, habrá que concluir: es más que probable. Para el gobierno, la convocatoria de la Duma fue una necesidad forzosa. Había que intentar una vez más, bajo las máximas represiones posibles, convocar una representación popular para pactar un acuerdo con la burguesía. La experiencia claramente ha fracasado. Los tribunales militares de campaña y todos los demás encantos de la constitución de Stolypin ayudaron enormemente a la agitación revolucionaria entre las masas hasta entonces no afectadas y dieron, desde el fondo de las masas campesinas, una Duma de izquierda. Los kadetes, ese partido de centro en la revolución rusa, se han debilitado en comparación con la primera Duma. Los kadetes se han escorado indudablemente a la derecha, pero con una Duma así en un momento así, el gobierno es absolutamente incapaz de pactar con ellos. Los kadetes podrían fusionarse con los octubristas, y avanzan sin desviarse hacia ello: basta con nombrar al Sr. Struve y al Sr. Golovín. Pero la peculiaridad de esta situación es precisamente que no hay una mayoría kadete-octubrista en la Duma. Todo el "centro" está irremediablemente aplastado por la lucha exacerbada de los extremos: los monárquicos de derecha y el ala izquierda de la Duma. Esta ala alcanza dos quintas partes. Su papel en la Duma es enorme. Su influencia entre las masas populares es muy grande. Su creciente vínculo con estas masas no puede ser cortado con medias tintas. La disolución de la Duma es dictada para el gobierno por la necesidad: sin recurrir a la violencia, no puede salir del atolladero. La "legalidad" de esta situación solo agrava la crisis, pues su fuerza real entre las masas populares no puede dejar de ser mayor que su expresión "legal", es decir, filtrada a través de decenas y cientos de cedazos policiales.

La disolución de la Duma es más que probable: es inevitable precisamente porque, en esencia, no estamos atravesando en absoluto una crisis constitucional, sino revolucionaria. Y precisamente por eso, la política más dañina, ridícula y lamentable sería esconder la cabeza bajo el ala, intentar eludir las consecuencias inevitables de la situación política dada, intentar con palabras, con frases, atenuar lo brillante, debilitar lo tajante, oscurecer lo evidente.

Los kadetes practican una política de este tipo. Hoy escribe el Sr. Izgóyev en *Rech*: "Salvar la Duma escapa casi a nuestro poder". Casi acertado. "Dentro de 3 o 4 meses, cuando mediante su labor legislativa la Duma hubiera adquirido autoridad en el país, la situación podría ser distinta". Esto no solo es acertado, sino obvio. Y lo obvio también lo ve el gobierno.

Pero el Sr. Izgóyev teme la verdad sin maquillaje y empieza a divagar: "Pero, ¿dispondrá de esos 3 o 4 meses? Círculo encantado sin salida. La salida no está en la calle, ‘organizada’ o ‘no organizada’, la salida existiría si en el poder estuvieran personas imbuidas de verdadero patriotismo...".

¡Pues claro! Ellos mismos se han encantado con palabras huecas, se han metido en un callejón sin salida de frases melosas y ahora lloran, se quejan, se angustian... ¡Verdaderamente, el modelo de un filisteo desconcertado, lacrimoso e impotente!

Que no piense el lector que tales discursos de Izgóyev son salidas casuales del paso de un escritor kadete casual. No. Es el resumen de la política trazada oficialmente por el partido k.-d., el partido predominante, que impuso a su presidente. En el mismo *Rech* leemos: "Tras prolongados debates en la sesión vespertina de la fracción parlamentaria de la libertad popular, el 25 de febrero, sobre la cuestión de la actitud hacia la declaración del gobierno, se resolvió: tratarla con silencio, sin expresar ni confianza ni desconfianza, y pasar al examen de las cuestiones corrientes. Si, con fines provocadores, los partidos de derecha presentaran una fórmula expresando confianza al ministerio, se resolvió votar en contra. En caso de que la extrema izquierda (s.-d.) propusiera expresar desconfianza, el partido de la libertad popular decidió presentar su propia fórmula de transición a los asuntos del orden del día. De todos modos, hay esperanza de que respecto a esta cuestión se alcance un acuerdo previo de toda la oposición, hacia lo cual ya se inclinan los s.-r., los n.-s. y los trudoviques". Añadamos que nuestra fracción socialdemócrata de la Duma, según palabras de *Rússkaya Zhizn*, decidió "actuar de manera plenamente autónoma", una decisión que acogemos calurosamente.

Pero la política de los kadetes es, de verdad, algo incomparable. Decir: "expreso desconfianza" es imprudente. Hay que salvar la Duma. Decir: "no expreso confianza", eso sí es posible. – ¿Acaso no son estos "hombres enfundados" políticos? ¿Acaso no son filisteos que, ante la tormenta inevitablemente inminente, se calan su gorro de dormir sobre los ojos y repiten: somos prudentes... salvamos...? ¡Estáis salvando vuestro gorro de dormir filisteo, y nada más, honorables caballeros de la "libertad popular"!

¿Y qué puede ser más ridículo que llamar "provocación" a la fórmula de la derecha sobre la confianza al ministerio? ¡El más legal de los derechos de cada miembro de la Duma, la respuesta más natural del representante del pueblo a la pregunta del ministerio: mi programa es tal, desea la Duma trabajar conmigo en este espíritu? Solo la total desorientación de los kadetes puede explicar que hayan escrito este disparate. No, señores, el gorro de dormir no es una protección contra la contrarrevolución. El derecho a disolver la Duma es un derecho archi-"legal" sobre la base de esa constitución que los lamentables liberales ensalzaron tan estúpidamente y de la que, con tanta traición, convencieron al pueblo de que se la tomara en serio. No se puede rehuir el hecho de que el ministerio preguntará a la Duma sobre su deseo de cumplir tal o cual programa. Y la respuesta: "no expreso confianza" será, de todos modos, un "motivo constitucional" excelente y completamente suficiente para la disolución de la Duma: incluso sin la ayuda de los Kovalevski, se pueden encontrar decenas de "precedentes constitucionales" de disolución de parlamentos por negativas al gobierno en asuntos mucho menos importantes que... que... que los tribunales militares de campaña y las expediciones punitivas.

¿Cuál es entonces la conclusión? La conclusión es que es estúpido jugar a la constitución cuando no la hay. Es estúpido cerrar los ojos y callar que están contados los días incluso de la actual "casi constitución" rusa, que es inevitable la abolición de la ley electoral y el retorno a la autocracia plena.

¿Qué hacer? Aussprechen was ist – decir lo que es. El gobierno está absolutamente forzado a disolver la Duma. Le conviene que se disuelva en silencio, representando sumisamente la comedia constitucional, sin abrir los ojos del pueblo ante la inevitabilidad del golpe de Estado. Y los cobardes kadetes, con su incomparable, inigualable, "histórica" fórmula: "tratarla con silencio", en lugar de decir "expreso desconfianza" decir "no expreso confianza", no hacen sino ayudar al gobierno a perpetrar un golpe de Estado silencioso.

Los auténticos partidarios de la libertad, los auténticos representantes del pueblo deben actuar de otro modo. Deben comprender que la continuidad de la Duma no depende en absoluto de la cortesía, la prudencia, la moderación, la diplomacia, el tacto, el silencio y demás virtudes propias del molchalinismo{51}. Deben, desde la tribuna de la Duma, públicamente, simple y directamente, decir al pueblo toda la verdad, incluso por qué es inevitable la disolución de la Duma, el golpe de Estado y el retorno a la autocracia pura. Al gobierno le conviene callarlo. El pueblo necesita saberlo. ¡Los representantes del pueblo, mientras aún lo sean!, deben decirlo desde la tribuna de la Duma.

La situación es absolutamente clara. No hay otra opción: o un ignominioso molchalinismo, que inclina la cabeza sumisamente, o una declaración serena, pero firme, al pueblo de que se está perpetrando el primer acto del golpe de Estado de las Centurias Negras.

Solo la lucha popular puede impedirlo. Y el pueblo debe saber toda la verdad.

Esperemos que los socialdemócratas en la Duma se la digan.

"Proletari" Nº 14, 4 de marzo de 1907

Se imprime según el texto del periódico "Proletari"