El último congreso de la socialdemocracia rusa, celebrado en Estocolmo en abril de 1906{18}, resolvió que los socialdemócratas no debían concertar ningún acuerdo electoral con los partidos burgueses. Este principio se aplicó de inmediato en las elecciones a la primera Duma en Siberia y el Cáucaso. ¿Era también válido para la segunda Duma? Los bolcheviques decían que sí, los mencheviques decían que no. Para resolver esta cuestión, los bolcheviques exigieron la convocatoria de un congreso extraordinario. A principios de noviembre sólo se celebró una conferencia, en la que estuvieron representadas todas las organizaciones del partido. Los mencheviques, junto con el Bund{19}, apoyaban la propuesta de un acuerdo con los kadetes para las próximas elecciones. Los bolcheviques, junto con los letones{20} y los polacos{21}, condenaban dicho acuerdo. La propuesta de los primeros obtuvo 18 votos, la de los segundos, 14. La conferencia decidió que las organizaciones locales debían pronunciarse por sí mismas sobre esta cuestión. «Que sea en Petersburgo como en los demás lugares», declararon adrede los bolcheviques a los mencheviques.

Hay que saber dos cosas: por un lado, que los mencheviques, a pesar de este nombre, tienen la mayoría en el Comité Central del partido, es decir, son los dirigentes de su política general; por otro lado, que los bolcheviques tienen la mayoría en los comités provinciales de Petersburgo y Moscú. Tener en contra a las dos capitales: es una situación difícil y humillante para el Comité Central. De ahí el intento de éste de imponer en Petersburgo y Moscú, a cualquier precio, la política menchevique. Para las elecciones en Petersburgo, él (el CC) se arriesgó a violar la autonomía local, provocando una escisión en cuanto encontró un pretexto{22}.

La organización de Petersburgo aún no había celebrado la conferencia provincial prevista por la Conferencia de toda Rusia de noviembre. Hacía ya tiempo que los periódicos liberales discutían animadamente la cuestión de la táctica electoral. Temían que los socialistas actuaran con independencia de ellos y organizaran a las masas, sin ellos y contra ellos, en torno a la bandera revolucionaria. Fustigaban a los bolcheviques, a quienes calificaban consecuentemente de «sectarios, dogmáticos, blanquistas, anarquistas, etc.», pero querían realizar la campaña conjuntamente con otros partidos revolucionarios, establecer con ellos una lista electoral común. En sus manos están los periódicos más grandes de Petersburgo: les era fácil hacerse oír. Los bolcheviques, en cambio, sólo disponían de su órgano ilegal «Proletari», que se editaba en el extranjero y aparecía sólo dos veces al mes.

En secreto y a través de los enlaces clandestinos, el Comité Central menchevique informó a los kadetes que la táctica de los socialdemócratas dependía de él mismo, y no del comité provincial bolchevique. Esto se puso de manifiesto en una conferencia informativa que reunió a principios de enero a representantes de los kadetes, socialistas populares, trudovikí, socialistas revolucionarios y socialdemócratas{23}. Todos estaban a favor de una lista común. Todos, excepto el delegado del comité provincial, quien después de la reunión declaró que el comité tomaría una decisión dentro de unos días. Entonces intervino el delegado del Comité Central: «Lo mejor será —declaró— que el acuerdo se concierte no por la organización en su conjunto, sino por separado en cada distrito (en Petersburgo hay 12 distritos de éstos). —¡Pero si es la primera vez que oigo semejante propuesta! —respondió el delegado del comité provincial—. ¿Es éste un plan del Comité Central? —No, esta idea es mía —respondió el delegado del Comité Central».

Una persona con discernimiento entiende a media palabra. Los kadetes entendieron. «Rech» (órgano oficial del partido k.-d.){24}, «Továrisch» (órgano de los kadetes de izquierda, algo así como socialistas millerandistas){25}, «Straná» (órgano del partido de las reformas democráticas){26} declararon que los mencheviques eran la parte razonable, la parte ejemplar, la parte decente de la socialdemocracia. ¡Los bolcheviques, en cambio, son los representantes de la barbarie. Ellos impiden que el socialismo se vuelva civilizado y parlamentario! Pero, en presencia del líder de los kadetes, Miliukov, se les hizo saber que los bolcheviques actuarían por separado de ellos.

La conferencia de Petersburgo, que debía resolver la cuestión de la táctica electoral, se celebró el 6 de enero. Estaba compuesta por 39 bolcheviques y 31 mencheviques. Estos últimos impugnaron en un principio el reparto de mandatos; sin embargo, no se atrevieron a pretender obtener la mayoría; pero esto les sirvió de pretexto para abandonar la conferencia. Segundo pretexto: exigieron, según una propuesta del Comité Central del 4 de enero, que, para resolver la cuestión de la táctica electoral, la organización se dividiera en dos partes: que se convocara una conferencia separada para la ciudad de Petersburgo y otra para el distrito de Petersburgo. Para quienes conocen la organización socialdemócrata de Petersburgo, basada en parte en el principio de domicilio, en parte en el principio nacional (secciones letona, estonia) o en el principio profesional (sección militar, sección de ferroviarios), esto era no sólo una violación de la autonomía de las organizaciones, sino que, en cierto sentido, carecía por completo de sentido común. Por eso la conferencia se pronunció en contra de esta propuesta, que además se le planteaba como imperativa y que en modo alguno correspondía a su principio.

Treinta y un delegados abandonaron la reunión, y el Comité Central declaró que la minoría quedaba eximida de la necesidad de someterse a la decisión de la mayoría. Esto no fue sólo un desafío, sino nada menos que la declaración de una escisión por parte del Comité Central.

Los treinta y uno organizaron su propio comité separado y tomaron parte en las negociaciones que los kadetes llevaban a cabo con el bloque de izquierda de trudovikí, socialistas populares y socialistas revolucionarios, pero la entrada en escena de un nuevo personaje echó por tierra estos tratos. El 4 de enero, «Nóvoye Vremia»{27} publicó un artículo del octubrista Stolypin, hermano del ministro. «Si los kadetes tuvieran el valor de romper definitivamente con los grupos revolucionarios y situarse por completo en el terreno constitucional, su partido sería legalizado», escribía. Pocos días después (el 15 de enero), Miliukov visitó al ministro Stolypin, y al día siguiente de su visita todos los periódicos kadetes publicaron la noticia de que los kadetes habían interrumpido las negociaciones con la izquierda. Pero este juego no reportó a los kadetes ningún beneficio; sólo quedaron seriamente, pero en vano, comprometidos. No podían aceptar las condiciones de Stolypin.

En lo que respecta a los mencheviques, también quedaron comprometidos al mismo tiempo, no menos seriamente y con la misma inutilidad. Al principio, a pesar de la visita de Miliukov a Stolypin, continuaron sus negociaciones con los kadetes y los grupos de izquierda. La conferencia en la que se produjo la ruptura y en la que no pudieron ponerse de acuerdo sobre el reparto de los escaños de diputados no se celebró hasta el 18 de enero{28}. Más aún, en ese mismo intervalo, «Rech» escribió que los kadetes cedían a los mencheviques, para eliminar a los bolcheviques, un puesto que habían prometido a la curia obrera, y los mencheviques no protestaron en absoluto contra este excepcional modo de traficar con los votos de los obreros. ¡No sólo eso! El Comité Central siguió regateando con los kadetes, lo que significaba aceptar sus condiciones. ¡Fue este hecho el que provocó la indignación entre los obreros! Este mismo hecho me obligó a escribir mi folleto «La hipocresía de los treinta y un mencheviques»[2], por el cual éstos quieren llevarme ante el tribunal del partido.

Después de la conferencia del 6 de enero, en la que se produjo la escisión, los bolcheviques dijeron: «Si la izquierda, incluidos los mencheviques, concierta una alianza con los kadetes, lucharemos solos. Si sus negociaciones terminan en un fracaso, les propondremos a nuestra vez condiciones de acuerdo, y la aceptación de éstas será para ellos la aceptación del principio de la hegemonía del proletariado».

Las negociaciones de la izquierda con los kadetes terminaron en un fracaso (conferencia del 18 de enero); ésta fue para nosotros la primera victoria. Propusimos las condiciones de un bloque de izquierda que no entraría en tratos con el partido kadete: estas condiciones fueron aceptadas por todos, excepto los mencheviques, el 25 de enero. Ésta fue la segunda victoria. De los seis puestos en Petersburgo propusimos: dos puestos para la curia obrera, dos para los socialdemócratas, dos para los demás partidos. Y era evidente que la curia obrera elegiría a dos socialdemócratas.

Quedaban aún quince días hasta las elecciones, pero ahora ocurrió lo que los kadetes no esperaban en absoluto: además de la lista negra, la lista de los octubristas y la lista kadete, apareció la lista del bloque de izquierda sin kadetes y sin mencheviques.

En sus anteriores conferencias con los partidos de izquierda, los kadetes ofrecían a la izquierda dos puestos, mientras que ésta exigía tres. Cuando los kadetes vieron que se formaba contra ellos nuestro bloque de izquierda, se asustaron e incluyeron en su lista sólo a tres candidatos de su partido. Los otros tres puestos los ofrecieron: uno al profesor Kovalevski (del partido de las reformas democráticas), otro al sacerdote Petrov (demócrata cristiano, demagogo muy popular), el tercero a los obreros. Por lo demás, hicieron esta última concesión sólo para prevenir la tormenta de indignación popular.

Los kadetes tuvieron éxito en las elecciones, pero hay que subrayar que el bloque de izquierda reunió el 25 % de todos los votos en Petersburgo y que obtuvo la victoria en el distrito de Výborg. En muchos distritos los kadetes vencieron sólo por una mayoría débil. En cinco distritos habría bastado ganar otros 1.600 votos para asegurar la victoria del bloque de izquierda; en el distrito de Kolómensk faltaron sólo 99 votos. A la victoria de los partidos de izquierda en Petersburgo se opusieron, por tanto, los mencheviques; sin embargo, en general, la izquierda revolucionaria en la nueva Duma es mucho más fuerte que en la anterior.

Hemos llevado a cabo una experiencia sumamente instructiva. Ante todo, vemos que los obreros de Petersburgo siguen siendo tozudamente bolcheviques, firmemente decididos a defender la autonomía de su organización contra las intromisiones del Comité Central. Luego, ahora sabemos qué pensar del peligro negro —ese argumento que se sacaba a relucir para justificar el acuerdo con los kadetes en la primera fase de las elecciones—. No es más que un invento para engañar a los partidos socialistas y proteger a los kadetes del peligro de la izquierda. Pues «el peligro real para los kadetes está a la izquierda», como se vio obligado a reconocer en una ocasión «Rech». «Quien vota a la izquierda, permite que pasen los derechistas», nos repitieron los periódicos kadetes durante semanas. Esta consigna les dio un medio para infundir dudas a los indecisos. Con su audaz campaña consiguieron que el bloque de izquierda en Moscú obtuviera menos votos (13 %) que en Petersburgo, ya que en Moscú no disponíamos de ningún periódico. Pero no pudieron impedir que se desenmascarara la verdad irrefutable de que el peligro negro había sido una mentira y un pretexto. En Moscú hubo también cuatro listas, como en Petersburgo; ni en Moscú ni en Petersburgo la alianza de los negros y los octubristas dio la victoria a la derecha. Tenemos en nuestras manos cifras a las que, en caso necesario, podemos remitirnos.

Así pues, los mencheviques son libres de ponerse del lado de los kadetes y servirles. Nosotros no los seguiremos. El pueblo no los seguirá. La conducta de los kadetes es tal que las masas se inclinan cada vez más a la izquierda. Si Miliukov se imagina que, hablando de nuestra «política de aventuras» y calificando nuestra bandera de «trapo rojo», nos privará de seguidores, sólo podemos invitarle a seguir diciendo esa clase de desatinos, que tan útiles nos son. Los mencheviques kadetizantes harán mejor en reflexionar sobre el hecho de que en aquellas fábricas de Petersburgo donde los obreros eran antes bolcheviques, fueron elegidos bolcheviques también ahora; en aquellas fábricas donde los obreros eran antes mencheviques y donde más hicieron propaganda los mencheviques... ¡pasaron los socialistas revolucionarios! Los propios socialistas revolucionarios debieron de quedar muy sorprendidos por la cantidad de votos que recibieron. ¡Cuán agradecidos deben de estar al oportunismo de los mencheviques! En lo que a nosotros respecta, semejantes resultados no pueden sino reforzarnos en la idea de que ahora, más que nunca, nuestro deber y la garantía del éxito están en el trabajo conjunto, no con la burguesía liberal, que quiere poner fin a la revolución, sino con el campesinado democrático contra la vileza y la traición de la burguesía, que de día en día se vuelve más contrarrevolucionaria. La mejor política es, una vez más y siempre, la política revolucionaria abierta, la lucha enconada, completamente independiente bajo la bandera proletaria, que va agrupando poco a poco en torno nuestro, junto con los proletarios-obreros, a las masas innumerables del campesinado democrático.

Publicado el 4 de abril de 1907 en el periódico «L'Humanité» nº 1082

Publicado por primera vez en ruso en 1929-1930 en la 2ª-3ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo XI

Se publica según el texto del periódico. Traducción del francés.