Recordemos primero en dos palabras la historia fáctica de lo que hicieron los mencheviques escindidos de la socialdemocracia tras su retirada de la conferencia.

1) Al escindirse de los obreros socialdemócratas, entraron en un bloque con la pequeña burguesía (socialistas revolucionarios, trudoviques y socialistas populares) con el fin de regatear conjuntamente por puestecillos con los kadetes. El acuerdo escrito sobre esta entrada de los socialdemócratas escindidos en el bloque pequeñoburgués lo ocultaron a los obreros y al público.

Pero no perdemos la esperanza de que este acuerdo sea finalmente publicado y lo secreto se haga manifiesto.

2) Como parte integrante del bloque pequeñoburgués (incorrectamente denominado en los periódicos «bloque de izquierda»), los mencheviques escindidos regatearon con los kadetes para que se concedieran a este bloque tres puestos de seis. Los kadetes ofrecían dos puestos. No se pusieron de acuerdo. La sesión de la «conferencia» pequeñoburguesa (expresión no nuestra, sino tomada de los periódicos) con los kadetes fue el 18 de enero. De ella informaron «Rech» y «Továrisch». «Rech» declara hoy que el acuerdo no se ha alcanzado (aunque, por supuesto, debemos estar preparados para que, a espaldas, las negociaciones aún continúen).

Los mencheviques no informan por ahora en la prensa sobre esta su «actuación» para vender los votos obreros a los kadetes.

¡Ellos, probablemente, rendirán cuentas al bloque pequeñoburgués, del que formaban parte durante las negociaciones, y no al partido obrero!

Ellos, probablemente, no desean contar por qué el participante en las negociaciones fue el camarada Dan, no autorizado para ello ni por el grupo de los 31 ni por ninguna otra organización del partido.

Tales son los hechos de los 31 mencheviques.

¿Y cuáles son sus palabras?

Su primer razonamiento consiste en que, al rechazar el peligro de las centurias negras en San Petersburgo, los bolcheviques no tenían derecho a pronunciarse por un acuerdo con los socialistas revolucionarios y los trudoviques, sin violar supuestamente las resoluciones de la Conferencia de toda Rusia, que exigen una actuación independiente de los socialdemócratas en ausencia del peligro centurionegrista.

Todo este razonamiento es pura falsedad.

Los 31 mencheviques escindidos engañan al público lector. Ninguna prohibición formal de acuerdos con los socialistas revolucionarios y los trudoviques en ausencia del peligro centurionegrista ha sido emitida jamás por ninguna institución del partido. Tal acuerdo tiene lugar, por ejemplo, en Moscú, y el Comité Central no lo ha protestado.

Más aún. Hasta qué punto tergiversan la verdad los 31 mencheviques al remitirse a la resolución de la Conferencia socialdemócrata de toda Rusia se desprende de lo siguiente. Es de todos conocido que las resoluciones de esta conferencia (consultiva) fueron adoptadas por los mencheviques y bundistas contra los bolcheviques, los polacos y los letones. Y he aquí que esos mismos bundistas, que hicieron aprobar la resolución de la Conferencia socialdemócrata de toda Rusia, reconocieron oficialmente la admisibilidad de bloques con los socialistas revolucionarios y la democracia revolucionaria en general en caso de ausencia del peligro centurionegrista, pero existiendo el peligro kadete. Sobre esto hubo una resolución del CC del Bund, no protestada por nadie. Sobre esto se escribió también en el órgano ruso del Bund, «Nasha Tribuna», y todos los socialdemócratas rusos alfabetizados lo saben.

Los 31 mencheviques engañan a los obreros y a todo el público lector.

Hemos explicado, además, que la Conferencia socialdemócrata de toda Rusia otorgó al Comité Central la facultad de excluir en todas partes a los no socialdemócratas de las listas socialdemócratas, es decir, exigir incondicionalmente la actuación independiente de los socialdemócratas. En ninguna parte ha hecho uso aún el Comité Central de este derecho, reconociendo de hecho la autonomía del Bund y de todas las demás organizaciones del POSDR.

Además. Los 31 mencheviques están descontentos de que la conferencia haya excluido a los socialistas populares (n.-s. o socialnarodnikis) del bloque de los trudoviques. Los 31 mencheviques escriben: «Es de todos conocido que estos tres partidos» (socialistas revolucionarios, socialistas populares y trudoviques, estos últimos no forman partido alguno) «han concluido ya hace tiempo entre sí en San Petersburgo un bloque estrecho y actúan unidos».

Así pues, los hechos han demostrado que, al calificar de estrecho el bloque trudovique, los 31 mencheviques mintieron.

La conferencia de los socialdemócratas de Petersburgo tuvo razón al separar a los socialistas populares. Tuvo razón, en primer lugar, por principio, pues no está sujeto a duda que los socialistas populares son el partido trudovique más derechista, el menos fiable, el más cercano a los kadetes. Y tuvo razón, en segundo lugar, en el aspecto práctico-político, pues señaló correctamente la línea de división entre los partidos trudoviques que se manifestó inevitablemente en el curso de la campaña política. Ahora ya está claro para todo el mundo que si los trudoviques, a pesar de todo, nos hubieran impuesto a los enesistas (por lograr la victoria sobre los kadetes en Petersburgo sería, por supuesto, ridículo temer la inclusión de los enesistas en el bloque trudovique), la responsabilidad por los trudoviques poco fiables habría recaído enteramente sobre los socialistas revolucionarios, y no sobre los socialdemócratas. El partido obrero se preocupó de que todos los obreros y todos los ciudadanos conocieran la diferencia real entre los trudoviques más fiables y los menos fiables, se preocupó de hacer recaer la responsabilidad por los malos trudoviques sobre los socialistas revolucionarios, y no sobre el partido del proletariado.

¿Qué conclusión se extrae de estas peripecias con los enesistas?

La conclusión es que los mencheviques actuaron sin principios al entrar en el bloque pequeñoburgués sin ningún discernimiento, sin saber hacer lo que los socialdemócratas están obligados a hacer en la campaña electoral, a saber: enseñar a las masas a distinguir estricta y correctamente a los partidos. ¡Los mencheviques se apresuraron a sentarse en un mismo bloque pequeñoburgués junto con los enesistas, es decir, con un grupo semicadete!

Los bolcheviques actuaron con firmeza de principios. Comenzaron por anunciar a todo el mundo, mediante una resolución abierta publicada en todas partes en nombre de la institución socialdemócrata oficial, la poca fiabilidad del partido de los socialistas populares. Y los bolcheviques han logrado ahora que los trudoviques más revolucionarios (precisamente los socialistas revolucionarios) hayan declarado ellos mismos que los socialistas populares pueden salir del bloque trudovique ¡sin romperlo!

Los bolcheviques lograron separar a los trudoviques revolucionarios de los trudoviques oportunistas. Los mencheviques se metieron ellos mismos hasta el cuello en el bloque pequeñoburgués oportunista.

Los bolcheviques llamaron abierta y públicamente a los trudoviques a seguirlos a la batalla contra los kadetes y han logrado ya ahora resultados políticos indudables, sin haber entrado aún en bloque alguno con nadie. Los mencheviques, a escondidas de los obreros y sin principios, se infiltraron en el bloque pequeñoburgués para regatear con los kadetes.

Los obreros pueden juzgar por esto adónde los llevan de hecho los mencheviques.

El tercer y último razonamiento de los 31 mencheviques consiste en que el acuerdo de los socialdemócratas con los trudoviques en Petersburgo no disminuye, sino que aumenta el peligro de las centurias negras. Esta afirmación es tan absurda o hipócrita que citaremos íntegramente los argumentos de los mencheviques:

«La lista común de los socialdemócratas con los naródniki será lo bastante popular como para arrebatar muchos votos a los kadetes, pero no será suficiente para obtener la victoria en todo Petersburgo, especialmente insuficiente si la culpa por el acuerdo no realizado de todos los partidos revolucionarios y de oposición recae, a ojos del elector de masas, sobre los socialdemócratas y sus aliados. Y en tal caso, el arrebatar votos reforzadamente a los kadetes beneficiará por entero a las centurias negras unidas, que derrotarán tanto a la lista kadete como a la de izquierda».

Todo este razonamiento es pura hipocresía, que debe encubrir el regateo por los puestos de los mencheviques con los kadetes.

En efecto, ¡piensen sólo en lo que dicen los mencheviques: el acuerdo de los socialdemócratas con los trudoviques aumenta el peligro centurionegrista, pues arrebata muchos votos a los kadetes! ¡Muy bien, estimadísimos camaradas! Pero, en su opinión, ¿cuándo es más peligrosa la victoria de las centurias negras: cuando todos los votos no centurionegristas se dividen en dos listas, o cuando se dividen en tres listas? Supongamos que los negros tienen 1000 votos, y todos los demás 2100. ¿Cuándo es más peligrosa la victoria de los negros: cuando 2100 se dividen entre dos listas, o cuando se dividen entre tres?

Para resolver esta tarea enrevesada, los 31 mencheviques pueden pedir ayuda a un alumno de primer grado de bachillerato.

Y nosotros iremos más lejos. No sólo los 31 mencheviques dicen una sandez manifiesta, fingiendo que no comprenden que con el acuerdo de los socialdemócratas con los trudoviques en Petersburgo habrá sólo dos listas anti centurionegristas, mientras que, en ausencia de acuerdo, puede haber tres. No sólo esto.

Los 31 mencheviques se distinguen, además, por tal ignorancia sobre la historia de las primeras elecciones que desconocen la relación entre los votos de los negros y los kadetes en Petersburgo en las elecciones a la primera Duma. No en vano hemos tomado el ejemplo siguiente: 1000 votos para los negros, 2100 para todos los demás. ¡Este ejemplo es típico de 9 de los 12 distritos de Petersburgo en las elecciones a la primera Duma!

En los 9 distritos, que juntos suman 114 delegados electorales de un total de 160, el número mínimo de votos emitidos a favor de los kadetes supera en más del doble al número máximo de votos emitidos a favor de los negros o del llamado bloque de derechas.

¿Qué significa esto?

Significa que si en Petersburgo hay dos listas «de izquierda» (es decir, no centurionegristas), ninguna división imaginable de los votos entre las izquierdas puede dar la victoria a los negros.

Puesto que los 31 mencheviques, al parecer, no dominan las primeras nociones de aritmética, se lo explicaremos: que intenten dividir 2100 en dos partes tales que 1000 votos negros puedan derrotar a cada una de esas partes.

Que los mencheviques se rompan la cabeza con este problema, así como con el de si la presentación de tres listas en lugar de dos aumenta o disminuye el peligro centurionegrista.

No hay ningún fundamento para pensar que los negros serán más fuertes este año en las elecciones de Petersburgo que el año pasado. Ningún político sensato se atrevería a afirmarlo. Todos ven que los negros se han cubierto completamente de vergüenza tras el desenmascaramiento de la Lidvaliada, el asesinato de Herzenstein, etc. Todos saben que las noticias sobre la victoria de las izquierdas en las elecciones llegan ahora de todos los rincones de Rusia.

En estas condiciones, los gritos sobre el peligro centurionegrista son o bien pura ignorancia o pura hipocresía. Y necesitan ser hipócritas quienes ocultan sus verdaderos objetivos y actúan a escondidas. Los mencheviques claman sobre el peligro centurionegrista para desviar la atención de los obreros de las artimañas que están cometiendo o cometieron ayer al integrarse en el bloque pequeñoburgués y regatear con los kadetes.

Con dos listas de izquierda, ninguna división de votos puede dar la victoria a los negros en Petersburgo, a menos que aumente el número de votos negros en comparación con las elecciones pasadas, y todos los indicios apuntan a una disminución, no a un aumento, de ese número de votos.

Por lo tanto, los mencheviques se integraron en el bloque pequeñoburgués y regatearon con los kadetes en absoluto para luchar contra el peligro centurionegrista; es un cuento infantil con el que sólo se puede engañar a una persona completamente ignorante o completamente estúpida.

Los mencheviques regatearon con los kadetes para colar a su propio hombre en la Duma, en contra de los obreros, con ayuda de los kadetes; he aquí la sencilla clave de todas estas peregrinaciones de la socialdemocracia al bloque pequeñoburgués, del bloque pequeñoburgués a los kadetes.

Sólo personas completamente ingenuas pueden no ver este trasfondo de las acciones mencheviques, encubierto con gritos sobre el peligro centurionegrista.

Por eso los mencheviques, estando en el bloque pequeñoburgués, insistieron en tres puestos en la Duma, para asegurarse con certeza un escañito. Si los kadetes hubieran dado sólo dos puestos, los mencheviques podrían no haber obtenido ninguno. Uno de esos puestos se lo daban directamente los kadetes a los narodnikis (ene-es), y el otro los kadetes no se atrevían a quitárselo a la curia obrera. En la curia obrera, además, aún no se sabe quién vencerá.

He aquí por qué los mencheviques ocultaron al público tanto el mandato en virtud del cual actuó el camarada Dan, como en qué consistían las condiciones de su ingreso en el bloque pequeñoburgués, y cuáles fueron exactamente los debates en la «conferencia» del bloque pequeñoburgués con los kadetes, etc., etc. Hasta ahora, después de semejante conducta de los mencheviques, no sabíamos ni podemos saber adónde irán después de la negativa de los kadetes. ¿Se unirán los ene-es con los mencheviques para mendigar a los kadetes dos escañitos en perjuicio de la curia obrera (sobre la posibilidad de tal decisión hablaba uno de los editoriales de «Rech»)? ¿O irán a formar listas socialdemócratas independientes, es decir, a presentar tres listas de izquierda en Petersburgo en lugar de dos? ¿O volverán al partido obrero socialdemócrata y a su decisión tras el fracasado paseo al salón de los pequeñoburgueses y a la antesala de los kadetes?

Si los mencheviques realmente se guiaran por el temor al peligro centurionegrista, y no por la pasión de obtener un escañito de los kadetes, ¿acaso podrían haber roto con los kadetes por la cuestión del número de puestos?

Cuando un socialista cree realmente en el peligro centurionegrista y lucha sinceramente contra él, entrega sus votos al liberal sin regateos mezquinos, y no rompe las negociaciones porque en lugar de tres puestos le cedan dos. Por ejemplo, en las segundas vueltas electorales en Europa, el peligro centurionegrista es evidente cuando el liberal ha obtenido, digamos, 8000 votos, el centurionegrista o reaccionario 10 000, y el socialista 3000. Si el socialista cree que el peligro centurionegrista es un peligro real para la clase obrera, vota por el liberal. En Rusia no tenemos segundas vueltas electorales, pero un caso análogo a las segundas vueltas puede darse en la segunda fase de las elecciones. Si, de 174 delegados electorales, supongamos, 86 son negros, 84 kadetes y 4 socialistas, entonces los socialistas deben entregar sus votos al candidato kadete, y ni una sola persona en todo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia ha discutido hasta ahora en contra de esto.

¡Pero los mencheviques aseguran que temen en San Petersburgo el peligro centurionegrista, y al mismo tiempo rompen con los kadetes por la cuestión de si dos o tres puestos!

Esto es pura hipocresía, destinada a encubrir el regateo de la parte pequeñoburguesa del partido obrero por un escañito en la Duma, mendigado a los kadetes.

Y de la misma hipocresía están ahora llenas las habladurías de los mencheviques sobre una campaña independiente de la socialdemocracia en Petersburgo, sin los trudoviques. Por ejemplo, el señor Levitski —menchevique— dijo el 19 de enero en el teatro Nemetti, según el informe de «Továrisch», lo siguiente: «Los socialdemócratas sacrificaron la independencia de la campaña electoral sólo para prevenir el peligro centurionegrista. Puesto que esto no se ha logrado, los socialdemócratas deben al menos esforzarse por desarrollar una amplia agitación, y por eso el orador se pronunció por la actuación independiente de la socialdemocracia.»

Cabe preguntarse: ¿acaso este Levitski, si está en su sano juicio y buena memoria, no está siendo hipócrita? Puesto que no se logró «prevenir el peligro centurionegrista» mediante la creación de una lista única común de todas las izquierdas, incluidos los kadetes, ¡por eso Levitski desea tres listas de izquierda, la kadete, la socialdemócrata y la trudovique!

¿Qué es esto sino las vacilaciones de un oportunista que ha perdido todo suelo bajo los pies, y que pretende hacernos olvidar que los mencheviques pasado mañana participaban en el bloque pequeñoburgués, y ayer regateaban con los kadetes!

¡Los mencheviques traicionaron a los obreros, se pasaron a los kadetes y ahora, cuando esta sucia artimaña no sale bien, quieren purificarse con una frase sobre la actuación independiente de la socialdemocracia! Esa es precisamente una frase vacía, que sirve sólo para despistar, porque con tres listas de izquierda los negros realmente podrían pasar en San Petersburgo gracias a la división de las izquierdas, y los propios mencheviques reforzaron la posición del bloque pequeñoburgués al renunciar al partido proletario e ingresar en dicho bloque para regatear conjuntamente con los kadetes.

Los mencheviques realmente tienen ahora de qué «purificarse», hasta tal punto se han cubierto de vergüenza con toda su conducta en la campaña electoral de San Petersburgo. A los mencheviques realmente no les queda ahora más que una frase vacía y sonora, porque ellos mismos no creen seriamente en la posibilidad de una lista socialdemócrata pura ahora en Petersburgo.

En cuanto a los bolcheviques, les advertimos con toda energía que no confíen en estas frases sonoras e hipócritas.

Los bolcheviques no tienen de qué «purificarse», no tienen nada de qué arrepentirse. Nuestra línea política, ridiculizada al principio por toda la prensa burguesa de la capital, se confirma ahora de manera espléndida y evidente por todo el curso de los acontecimientos. Se hace patente lo absurdo de los cuentos sobre el peligro centurionegrista. Se hace evidente el peligro kadete. Se descorre el velo sobre la política de los kadetes, cuyo jefe está recibiendo (¿o ha recibido?) ahora audiencia con Stolypin.

Los bolcheviques no ingresaron a escondidas del partido obrero en el bloque pequeñoburgués. No reforzaron ese bloque sancionando la participación del partido semicadete ene-es entre los trudoviques. No dieron ni un solo paso, no dijeron ni una sola palabra que los partidos pequeñoburgueses pudieran interpretar como una renuncia de la socialdemocracia a la actuación independiente.

Mientras Miliukov se enredaba en los pies de Stolypin, mientras los mencheviques y trudovikí de todos los colores se enredaban en los pies de Miliukov, los bolcheviques se mantenían completamente firmes, sin interrumpir ni un minuto aquello que ahora recuerda, enfadado con los kadetes, el camarada Levitski y los suyos.

Y por eso no debemos cometer en ningún caso esa estupidez de la que hablan los desconcertados e hipócritas mencheviques, no debemos renunciar al bloque revolucionario, al apoyo de los socialistas por parte de la pequeña burguesía contra los kadetes.

Precisamente porque los bolcheviques, sin vacilar, adoptaron de inmediato la línea justa, consiguieron que ahora se haya puesto en evidencia para todos la inestabilidad de los trudovikí y la firmeza del partido obrero (salvo su apéndice oportunista, naturalmente). Se ha puesto en evidencia que es precisamente el proletariado socialdemócrata el que avanza de manera independiente, por su propio camino, orientando a todos los demás elementos contra los negros y contra los liberales, liberando a todos los partidos y corrientes pequeñoburguesas de la influencia de la ideología kadete y de la política kadete, determinando públicamente el grado de fiabilidad y utilidad de los grupos revolucionarios y oportunistas entre los trudovikí.

Y ahora tener miedo de llevar tras de sí a todos los trudovikí, que han experimentado la amargura de la benevolencia kadete y están dispuestos a luchar contra los kadetes, sería un infantilismo imperdonable y una muestra de falta de carácter en política.

31 mencheviques, enredados en el mercantilismo con los kadetes, se ven obligados a reconocer contra su voluntad: «¡la lista conjunta de socialdemócratas y trudovikí será lo bastante popular como para arrancar muchos votos a los kadetes!»... ¡Sí, exactamente! Y precisamente por eso no podemos descuidar la tarea de minar la hegemonía de los kadetes en la capital, hacia la que están dirigidas las miradas de toda Rusia.

Nos basta con arrancar a los kadetes en unos cuantos distritos la mitad de sus votos más un voto adicional, y venceremos, porque aprovecharemos todas las ventajas de la división de la burguesía de las Centurias Negras y de la burguesía liberal-conciliadora (aquí no hay peligro, porque los kadetes tienen en los 9 distritos más del doble de votos que los negros).

Cada día se aclara más que los mencheviques tomaron un rumbo político equivocado al gritar sobre el peligro de las Centurias Negras. Se manifiesta una composición más de izquierda de los delegados y electores que el año pasado. En lugar de la absurda y vergonzosa ayuda a los terratenientes liberales (no justificada por el peligro de las Centurias Negras, porque no existe), se nos presenta un papel útil y responsable: la hegemonía del proletariado sobre la pequeña burguesía democrática en la lucha contra la subordinación de las masas no desarrolladas a la dirección de los liberales.

Las primeras elecciones a la Duma dieron la victoria a los kadetes, y estos burgueses liberales se esfuerzan por todos los medios en consolidar y perpetuar su hegemonía, basada en el embrutecimiento de las masas, en la ausencia en ellas de pensamiento independiente, de política independiente.

Nuestro deber directo es hacer todos los esfuerzos para que sea precisamente en Petersburgo donde reunamos en torno a nosotros a todos los capaces de luchar contra los negros y los kadetes, reunirlos en nombre de las tareas de la revolución popular, en nombre de la iniciativa propia de las masas populares de millones.

Y lo haremos sin sacrificar ni una pizca la plena independencia ideológica de nuestra agitación socialdemócrata, sin retroceder en nada de nuestros objetivos socialistas y de su completa exposición, sin renunciar ni por un minuto a desenmascarar todas las vacilaciones y traiciones de la pequeña burguesía.

Con pie firme sobre la posición inconmoviblemente sólida de la lucha por la libertad y de la lucha por el socialismo se mantiene una sola: la socialdemocracia revolucionaria.

Escrito el 20 de enero (2 de febrero) de 1907.

Se publica según el texto del folleto.