Las elecciones de delegados obreros constituyen un acontecimiento de extraordinaria magnitud, muy lejos aún de ser valorado en su justa medida, en la vida política de Rusia y en la historia de nuestro movimiento obrero.

Por primera vez todos los partidos que tienen algún apoyo en el proletariado se presentaron ante la masa obrera no con programas generales o consignas, sino con una cuestión práctica concreta: ¿a los candidatos de qué partido confía la masa obrera la defensa de sus intereses? Por supuesto, el sistema electoral en la curia obrera está muy, muy lejos, como todo el mundo sabe, de una representación democrática correcta. Pero, aun así, la masa obrera actúa en las elecciones. Y la lucha de los partidos, precisamente como partidos políticos definidos, tiene lugar por primera vez ante la amplia masa obrera en Rusia.

Las elecciones de delegados obreros ya se han celebrado en muchas localidades de Rusia. Pero no se dispone de datos más o menos completos y exactos sobre la lucha de los partidos en estas elecciones. Los periódicos sólo ofrecen las conclusiones más generales y, además, aproximadas, hechas «a ojo». Si los trabajadores del partido y, en particular, los propios obreros de vanguardia no emprenden la tarea necesaria y sumamente importante de estudiar el curso y los resultados de las elecciones en la curia obrera, se puede decir con seguridad que perderemos un material sumamente valioso y necesario para el desarrollo ulterior de la labor y la agitación del partido.

La impresión general de las elecciones en la curia obrera en Rusia es formulada unánimemente por todos los periódicos de la siguiente manera: victoria completa de la extrema izquierda, ante todo de la socialdemocracia, y luego de los socialistas-revolucionarios.

La tesis fundamental de la socialdemocracia ha sido brillantemente confirmada por las elecciones: el proletariado es revolucionario como clase. La masa proletaria es socialdemócrata en sus aspiraciones y simpatías. El proletariado es la clase más revolucionaria de todas las de Rusia.

Los rumores de que el partido socialdemócrata no es en Rusia un partido obrero han sido refutados de hecho por las elecciones. Sólo los liberales que mienten deliberadamente o los oportunistas que lanzan palabras al viento sin cuidado pueden dudar ahora del carácter proletario de masas de la socialdemocracia en Rusia.

Si de esta conclusión general pasamos a conclusiones más particulares, es necesario hacer primero la salvedad de que aún no disponemos de materiales más o menos completos. Consideramos, no obstante, no sólo admisible, sino absolutamente necesario esbozar toda una serie de conclusiones ulteriores, no en modo alguno para pretender resolver la cuestión, sino para someter a discusión de todos los camaradas un problema de enorme importancia, suscitar el intercambio de opiniones, la recopilación de material, etc.

Salta a la vista, según las primeras noticias de prensa, la diferencia entre Rusia propiamente dicha y Polonia, mucho más desarrollada en los planos industrial, cultural y político. En Rusia, al menos en San Petersburgo y en Moscú, no hay partidos abiertamente burgueses que se apoyen siquiera en parte en el proletariado. Predominan por completo los socialdemócratas, mientras que la extrema izquierda de la democracia burguesa, que se considera socialista, el partido socialista-revolucionario, goza de una influencia considerablemente menor. Los kadetes no existen entre los obreros o su número es del todo insignificante.

En Polonia existe, y se ha manifestado notablemente en las elecciones, un partido abiertamente burgués, situado a la derecha de los kadetes, el partido de los narodovtsy (narodovi-demócratas, n-d, en-de-kes){144}. Es imposible explicar esto por la fuerza de las persecuciones policiales y militares. La burguesía, jugando hábilmente en Polonia con la opresión nacional de todos los polacos, con la opresión religiosa de todos los católicos, busca y encuentra cierto apoyo en las masas. Sobre el campesinado polaco, nada hay que decir.

Se comprende de suyo, sin embargo, que sería absurdo sacar de esta diferencia la conclusión de las ventajas originales del atraso ruso. No, el asunto se explica de forma más sencilla, por diferencias histórico-económicas y no nacionales. En Rusia hay inconmensurablemente más residuos de servidumbre en las capas bajas, en la aldea, en el régimen agrario; de ahí una mayor dosis de espíritu revolucionario primitivo e inmediato en el campesinado y en la clase obrera estrechamente vinculada a él. En este espíritu revolucionario hay, indudablemente, menos conciencia de clase proletaria y más protesta democrática general (lo que significa, por su contenido, protesta democrático-burguesa). Y, además, nuestra burguesía está menos desarrollada, es menos consciente, está menos avezada a la lucha política. No descuida el trabajo entre el proletariado tanto porque no pudiera arrebatarnos ninguna fracción de él, cuanto porque, en general, no tiene todavía necesidad de apoyarse en el pueblo (como en Europa y en Polonia); hasta ahora le basta apoyarse en los privilegios, en el soborno, en la fuerza bruta. ¡Ya llegarán también entre nosotros tiempos en que toda suerte de advenedizos de la burguesía lleven a la masa obrera el nacionalismo, cualquier tipo de democracia cristiana, el antisemitismo y toda clase de inmundicias semejantes!

Pasemos a Rusia propiamente dicha. Ante todo, es notable la diferencia entre Petersburgo y Moscú. En Moscú, victoria completa de los socialdemócratas sobre los eseristas. Según algunas comunicaciones – ciertamente no del todo verificadas –, se cuentan allí alrededor de 200 delegados socialdemócratas frente a ¡apenas 20 eseristas!

En Petersburgo, al contrario: todos están asombrados por el porcentaje inesperadamente alto de delegados eseristas. Los socialdemócratas predominan, por supuesto, pero no aplastan en modo absoluto a los eseristas. Se calcula alrededor de un 33% e incluso (aunque es poco probable que sea exacto) cerca de un 40% de eseristas. Tomemos por ahora, hasta que se reúnan datos detallados, una u otra cifra; en todo caso, se comprende por qué los socialdemócratas de base en Petersburgo se sienten como si «nos hubieran derrotado» en la curia obrera. ¡Incluso un tercio de delegados eseristas es ya, en verdad, una derrota de la socialdemocracia en la capital; una derrota en comparación con lo que hemos visto en el resto de Rusia y en comparación con lo que todos nosotros, como socialdemócratas, consideramos normal y necesario.

¡Este es un hecho de enorme importancia… En Petersburgo, en la curia obrera, los socialistas han sido desplazados del predominio aplastante por la extrema izquierda de la democracia burguesa! Nuestro deber directo es abordar este fenómeno con la máxima atención. Todos los socialdemócratas deben esforzarse por estudiar con precisión este fenómeno y explicarlo correctamente.

La impresión general de los socialdemócratas petersburgueses, atónitos por las elecciones del 7 y del 14 de enero, se reduce a lo siguiente: 1) precisamente en las fábricas más grandes, esos centros de vanguardia del proletariado más consciente y más revolucionario, es más palpable la derrota infligida a los socialdemócratas por los «socialistas-revolucionarios»; 2) los «socialistas-revolucionarios» vencieron preferente y principalmente a los mencheviques socialdemócratas. En los casos en que se enfrentaban un candidato socialista-revolucionario y un candidato socialdemócrata bolchevique, la victoria correspondió mucho más a menudo, e incluso en la mayoría de los casos, a la socialdemocracia.

Es fácil ver que el significado de ambas conclusiones es sumamente importante. Y por eso debemos procurar indefectiblemente que estas sean realmente conclusiones extraídas de un material exacto, verificado, que no admita dos interpretaciones, y no meras impresiones. Por supuesto, es muy poco probable, incluso casi imposible, que la opinión general de los trabajadores socialdemócratas de los más diversos distritos de San Petersburgo pueda ser errónea. Por supuesto, exigir de los revolucionarios, literalmente abrumados de trabajo electoral en este preciso momento, una estadística exacta y minuciosa sería pedantería ridícula; pero, aun así, el material básico, las principales cifras y datos pueden y deben ser recopilados, porque esto es necesario para toda nuestra labor socialdemócrata en San Petersburgo por largo tiempo.

Más abajo nos detendremos con más detalle en esta cuestión (véase el artículo «La lucha de los socialdemócratas y los socialistas-revolucionarios en las elecciones a la curia obrera en San Petersburgo»)[56]. Aquí nos limitaremos únicamente a valorar la significación política de esta derrota relativa de la socialdemocracia en las elecciones a la curia obrera en San Petersburgo.

Ante todo, es necesario señalar que el predominio de los s.-d. en número de delegados indica claramente el predominio del número de establecimientos en los que los s.-d. tienen células organizativas. Datos más detallados seguramente confirmarán la observación que ya hicieron los socialdemócratas en los días de libertad de octubre, a saber, que los s.-r. no llevan a cabo ningún trabajo organizativo serio, sólido y prolongado entre el proletariado, sino que actúan, si se puede expresar así, por asalto, «arrancando» resoluciones en los mítines durante los momentos de auge del estado de ánimo, aprovechando cada animación para «arrancar» también mandatos mediante frases y discursos «revolucionarios» estridentes y efectistas.

Este elemento de la victoria eserista será constatado, con toda probabilidad, por cualquier investigador concienzudo también en las recién pasadas elecciones a la curia obrera en San Petersburgo. En última instancia, la cuestión se reduce aquí a que el partido pequeñoburgués «revolucionario» es incapaz de un trabajo proletario sólido y tenaz; ante el más mínimo cambio de humor, desaparece por completo del horizonte de los barrios obreros. Solo en momentos aislados logra explotar la aún escasa preparación política de las masas, «cautivando» con un planteamiento de la cuestión supuestamente amplio (en realidad, difuso y de oropel intelectualoide), jugando con la inmadurez de la conciencia de clase, utilizando demagógicamente la tradicional «atracción por la tierra» en aquellos casos en que aún existen vínculos con el campo, etc., etc.

El carácter burgués de la revolución conduce naturalmente a que sobre los barrios obreros se abatan de vez en cuando nubes de juventud burguesa radical y verdaderamente revolucionaria, que no tiene bajo sí ningún apoyo de clase y se dirige instintivamente al proletariado como a la única masa seria que lucha por la libertad, cuando se palpa en el ambiente un nuevo auge, un nuevo embate de la revolución. Los oradores eseristas en los mítines obreros son una especie de petreles, que muestran que el estado de ánimo del proletariado se eleva, que ya ha descansado un poco, acumulando fuerzas tras las derrotas pasadas, que en su seno comienza de nuevo a fermentar algo amplia y profundamente, algo que conduce a un nuevo choque con el viejo orden.

La comparación del período de octubre y del período «de la Duma» con las elecciones actuales, y una simple recopilación de datos sobre las células organizativas estables de los eseristas, confirmarán sin duda esta explicación.

Pero sería, por supuesto, la mayor ligereza limitarse a esta explicación y cerrar los ojos ante el hecho de que, precisamente en las fábricas más grandes, más conscientes y más templadas en la lucha, los eseristas vencieron a los socialdemócratas. Para nuestra suerte, sin embargo, sabemos ya ahora que, en realidad, la extrema izquierda de la democracia burguesa no vencía en absoluto a la socialdemocracia, sino a la vulgarización oportunista de la socialdemocracia.

La democracia burguesa revolucionaria cedía ante la socialdemocracia revolucionaria, venciendo en realidad solo a quienes se arrastran a la zaga de los burgueses no revolucionarios, a quienes están a favor de los bloques con los k.-d. De esto dan testimonio, de manera completamente inequívoca, tanto los informes de los militantes s.-d. sobre el carácter de las intervenciones eseristas, como los datos sobre el momento de la «victoria» eserista sobre los mencheviques.

Las elecciones en Petersburgo fueron el 7 y el 14 de enero. El 7 de enero, precisamente, el Petersburgo obrero supo que 31 mencheviques se habían escindido de la conferencia s.-d. para regatear con los kadetes por puestos en la Duma. Toda la semana siguiente, toda la prensa burguesa de San Petersburgo se regocijó e hizo ruido, elogiando a los mencheviques, sentándolos en fila junto a los kadetes, alentando su renuncia a la revolución y su paso al «bloque opositor», a los «partidos socialistas moderados», etc., etc.

¡La derrota de los mencheviques en las grandes fábricas es la primera advertencia que las masas proletarias han dado a los vacilantes oportunistas intelectualoides!

Los mencheviques se giraron hacia los kadetes; el proletariado de Petersburgo se apartó de los mencheviques.

Los eseristas aprovecharon el momento de escisión en la socialdemocracia, aprovecharon la indignación de los obreros contra los mencheviques de tipo kadete, y lo hicieron con destreza y desfachatez. En los barrios periféricos fustigaban a los s.-d. por los bloques con los kadetes (silenciando lo de los bolcheviques y el Comité de Petersburgo del POSDR), ¡y en la ciudad ellos mismos regateaban con los kadetes! Ahora se comprende por qué ocultaban y ocultan tan celosamente a la opinión pública tanto sus puntos de vista como sus resoluciones sobre los bloques con los kadetes, y sus bloques con los enesistas, y demás, y demás, y demás[57]. ¡Todos los pecados del menchevismo los cometen a escondidas, mientras que ante los obreros cosechan aplausos, cosechan mandatos con su denuncia del menchevismo!

El organizador de la Unión de Subdistrito de Semiannikovski del POSDR, cuyo informe utilizamos más abajo, escribe en su informe sobre las elecciones en la enorme fábrica Semiannikovski: a pesar de las protestas de los bolcheviques, los mencheviques presentaron la candidatura del camarada X. «En la reunión preelectoral en la fábrica, el intelectual eserista que intervino sometió a una crítica implacable los argumentos mencheviques del camarada X. a favor de los acuerdos con los kadetes, y el camarada X., como decían los obreros, hizo el ridículo». La derrota de los mencheviques ante la masa fue completa. «Cuando la masa supo —leemos en el mismo informe— que los candidatos s.-d. están a favor de los acuerdos con los kadetes, que estos candidatos son mencheviques, entonces se decía directamente allí mismo (en la fábrica) que no votarían por los mencheviques».

De aquí se vuelve completamente comprensible por qué los mencheviques, durante las elecciones a la conferencia s.-d., estaban en contra de la votación por plataformas, es decir, en contra de la votación directa de las propias masas sobre la cuestión de los bloques con los k.-d.!

«...En el subdistrito fabril, en la fábrica de estearina del Nevá, el obrero N. M., a quien habían designado como delegado, declaró directamente: "Yo, después de que supe que los s.-d. están a favor de los acuerdos con los k.-d., me paso a los s.-r."». ¡Y se pasó y fue elegido delegado!!

¡A qué vergüenza condujeron a la socialdemocracia estos lamentables oportunistas, capaces de escindirse del partido obrero en vísperas de las elecciones para regatear por puestos con los kadetes!

Para todo socialdemócrata que aprecie el honor y el buen nombre del partido proletario, de aquí solo puede extraerse una conclusión: guerra implacable al menchevismo en Petersburgo. Debemos abrir los ojos a los obreros sobre las personas que, con su política kadete, apartan a los obreros del socialismo hacia la burguesía revolucionaria.

Los eseristas arrebataron a los mencheviques las fábricas más grandes. Debemos arrebatárselas de nuevo a los eseristas. ¡Debemos dirigir nuevas fuerzas de agitación, nueva literatura socialdemócrata revolucionaria precisamente a las fábricas más grandes, para explicar a los obreros cómo cayeron de las manos de los mencheviques amantes de los kadetes a las manos de los eseristas amantes de los kadetes!

Todo el curso de la campaña electoral en Petersburgo, todos los datos sobre las interminables vacilaciones de los mencheviques, sobre sus esfuerzos por ingresar (tras escindirse del partido obrero) en el bloque kadete contrarrevolucionario, sobre cómo regateaban junto con los s.-r. por los puestos con los kadetes; todo esto nos proporciona un riquísimo material para la lucha tanto contra los mencheviques como contra los eseristas en las grandes fábricas de Petersburgo.

Las grandes fábricas deben convertirse y se convertirán en el apoyo firme e inalcanzable, tanto para los oportunistas como para los pequeños burgueses revolucionarios, de la socialdemocracia revolucionaria.

«Prostye Rechi» Nº 3, 30 de enero de 1907. Firmado: N. Lenin

Se imprime según el texto del periódico «Prostye Rechi»