El 6 de enero se reunió la conferencia de toda la ciudad de Petersburgo. La conferencia debía resolver la cuestión de si en la capital debía o no haber acuerdos con los kadetes.

A pesar de los llamamientos de Plejánov a los «camaradas obreros», publicados en *Továrisch*, a pesar de los artículos histéricos de la señora E. Kuskova, a pesar de las amenazas de Plejánov de incluir a los obreros en la lista de los «enemigos de la libertad» si querían defender una posición socialdemócrata independiente, a pesar de las promesas más o menos seductoras de los kadetes, el proletariado organizado y consciente de Petersburgo demostró tal madurez política que, después de debates y votaciones, se pronunció en mayoría contra todo tipo de acuerdos con los kadetes. Era evidente que la conferencia, elegida por los obreros organizados, después de los debates y votaciones sobre la plataforma, se pronunciaría en el mismo espíritu.

No disponemos de espacio en *El Proletario* para detenernos en detalle en el desarrollo de los trabajos de la conferencia, a la que, por lo demás, ya se ha dedicado no poca literatura. Aquí, sin embargo, es importante señalar que nuestros oportunistas han ido tan lejos en su política burguesa de conciliación que la decisión de la conferencia les resultó inaceptable. Estaba claro desde la misma apertura de la conferencia que los mencheviques de Petersburgo, apoyados por el Comité Central, no se someterían a su decisión. Los amigos de los kadetes solo buscaban un pretexto para romper con la socialdemocracia revolucionaria. Cualquiera que fuese el pretexto, tenía que ser encontrado. No lograron retirarse de la conferencia por los mandatos; entonces los mencheviques aprovecharon la recomendación del CC de que las cuestiones de táctica electoral fueran resueltas por las unidades electorales directamente interesadas, para retirarse a causa del problema de la división de la conferencia en dos partes: una específicamente urbana y otra de distrito. A las subdivisiones de partido se les sustituía por unidades administrativo-policiales. Siguiendo las indicaciones de los mencheviques, habría que no solo separar de la conferencia el distrito de circunscripción, sino también desmembrar los distritos hasta ahora unidos, como los de Nevski, Moskovski y Narvski, reorganizando el partido no como conviene al partido, sino como convenía a la administración.

Estaba claro asimismo que, cualquiera que fuese la solución dada a la cuestión de la división de la conferencia, la mayoría se pronunciaría de todas formas contra los acuerdos con los kadetes. Los mencheviques se retiraron y, para alegría de toda la prensa burguesa, decidieron realizar en Petersburgo una campaña independiente, luchar contra sus propios camaradas de partido, escindir al proletariado petersburgués en aras del acuerdo con el partido burgués y monárquico de la «libertad popular».

¡Cómo no iba a regocijarse la prensa burguesa! El periódico sensacionalista *Segodnia* declaró solemnemente en un editorial especial que los mencheviques, con su decisión, habían salvado a Rusia, y el órgano oficial de los kadetes, *Rech*, prometió como recompensa conceder un puesto en la curia obrera al «menchevique», pero en ningún caso al «bolchevique».

El primer resultado de la actuación independiente de los mencheviques: la burguesía empezó a dictar su voluntad a la curia obrera.

Entre tanto, la conferencia, que continuó sus sesiones después del abandono de los mencheviques, decidió, en vista de la ausencia del peligro centurionegrista en Petersburgo y con el objetivo de socavar la hegemonía de los kadetes y liberar de su influencia a la pequeña burguesía democrática, llegar a un acuerdo, bajo determinadas condiciones de reparto de puestos (2 para la curia obrera, 2 para los socialdemócratas, 1 para los eseristas, 1 para los trudoviques), con los eseristas y los trudoviques.

La prensa burguesa se regocijaba: los trudoviques y los eseristas concertaron un bloque con los enesistas, bloque que se arrima a los kadetes, los mencheviques se separaron… ¡los bolcheviques están aislados! La táctica revolucionaria está condenada, los «medios pacíficos» triunfan, ¡viva el acuerdo con la monarquía, abajo el camino de la lucha popular de masas!

Tras haber escindido a los socialdemócratas, debilitado a la hidra revolucionaria del proletariado, los kadetes, sin reparos, entraron en tratos… con el señor Stolypin. Según informan los periódicos, a Miliukov se le ha fijado en estos días una audiencia con el primer ministro; el primer ministro pone como condición para la legalización del partido kadete la de no establecer ningún bloque con las izquierdas. Los kadetes conceden a todo el bloque «izquierdista» —en realidad pequeñoburgués— (enesistas, eseristas, trudoviques y mencheviques) tan solo 2 puestos de los 6 de diputados por Petersburgo. Para ceder ante la «galería», los kadetes están dispuestos a arrojar al molesto bloque pequeñoburgués… 2 puestos. Seguros de que el bloque izquierdista no aceptará esto, los kadetes entablan negociaciones con el jefe de los centurionegristas: Stolypin.

El panorama cambia. Comienza la campaña electoral. Se organizan reuniones preelectorales. Los mencheviques, que intervienen muy, muy poco en ellas, balbucean tímidamente: acuerdos con los kadetes. Los bolcheviques, que intervienen en todas las reuniones, llaman a los proletarios y semiproletarios a unirse en un partido obrero único, el socialdemócrata, y llaman a todos los electores revolucionarios y demócratas a un bloque revolucionario único contra los centurionegristas y los kadetes. A los kadetes no se les deja hablar; a los bolcheviques se les aplaude. La democracia urbana —obrera y pequeñoburguesa— se inclina a la izquierda, sacudiéndose el yugo de los kadetes.

El panorama cambia: los «conciliadores» echan chispas. Hablan de los bolcheviques echando espumarajos por la boca. ¡Abajo los bolcheviques! En conmovedora unión, *Nóvoye Vremia* y *Továrisch*, los octubristas y los kadetes, los Vodovózov y los Gróman, emprenden una sagrada cruzada contra el fantasma rojo del bolchevismo. Si el bolchevismo alguna vez necesitó justificar su táctica revolucionaria y de clase, encontró esa justificación en la furia con que le ataca toda la prensa burguesa. Si la democracia revolucionaria pequeñoburguesa, que aspira sinceramente a realizar sus consignas, necesitaba una lección objetiva, ha encontrado esa lección en el desprecio con que la ha tratado la grande y mediana burguesía, en la política conciliadora (con el gobierno) que llevan a cabo los kadetes a espaldas del pueblo.

La socialdemocracia revolucionaria dice a todos los pobres democráticos de la ciudad y del campo: solo en alianza con el proletariado, solo liberándote de la tutela kadete, solo en una lucha resuelta y consecuente contra la autocracia encontrarás tu salvación. Si has madurado lo suficiente para ello, seguirás al proletariado. Si no has madurado para ello, permanecerás bajo la tutela de los kadetes, y el proletariado, por mucho que termine la campaña electoral, por mucho que terminen entre vosotros los regateos por los puestos, sigue y seguirá su propio camino particular, clasista y revolucionario.

El menchevismo atraviesa una dura prueba. La campaña electoral se ha convertido en la piedra angular de su táctica oportunista. Una parte de la socialdemocracia ha caído bajo la hegemonía de los ideólogos burgueses. Los ideólogos burgueses tratan sin piedad a los mencheviques como «socialistas moderados» (expresión de *Rech*), con los que siempre se puede contar. Sus amigos de la derecha no los toman en cuenta y solo… cuentan con su fiel servicio a los kadetes. Una parte de la socialdemocracia ha llegado a tal vergüenza que la burguesía liberal la trata como a su dócil instrumento, y el proletariado de ánimo revolucionario prefiere votar más bien por los eseristas (como ocurrió en la elección de delegados en la ciudadela del menchevismo, el distrito de Výborg) que por semejantes socialdemócratas.

La crisis del oportunismo se aproxima. El acuerdo con los «conciliadores» asesta un golpe decisivo al menchevismo. Los Vasíliev, los Malishevski y los Larin han allanado el camino hacia… el cementerio. En las filas de los mencheviques reinan la confusión y la autoexclusión. Mártov expulsa del partido a los Vasíliev y a los Malishevski. ¡Que los obreros expulsen del partido el espíritu del menchevismo!

*El Proletario*, nº 12, 25 de enero de 1907.

Se publica según el texto del periódico *El Proletario*.