Escrito el 13–14 (26–27) de enero de 1907.

Se publica según el texto del folleto

La conferencia de la organización socialdemócrata de Petersburgo adoptó la decisión de no concertar un bloque con los cadetes, sino de proponer un acuerdo a los trudoviques y a los socialistas-revolucionarios. Los mencheviques presentaron una serie de protestas por motivos formales y, al quedar en minoría, abandonaron la conferencia.

Los periódicos liberales ya han armado un gran revuelo a causa de este incidente. Prevén una escisión en el partido socialdemócrata y se apresuran a sacar toda una serie de conclusiones políticas. En vista de todo esto, es sumamente importante que todo obrero consciente se dé cabal cuenta de lo que realmente ocurre en la organización socialdemócrata de Petersburgo y de cómo debe valorarse lo sucedido.

Por ello, nos proponemos examinar las cuestiones fundamentales que surgen a raíz de este incidente, a saber: 1) la composición de la conferencia; 2) el motivo inmediato de la retirada de los mencheviques: el intento del Comité Central de dividir la conferencia en dos partes, la urbana y la de la gubernia, y 3) el significado de todo el incidente, especialmente en vista de la campaña electoral que se desarrolla en Petersburgo.

## I. Condiciones de convocatoria y composición de la conferencia socialdemócrata

La conferencia de la organización de Petersburgo debía adoptar una decisión definitiva sobre la cuestión política más importante del momento actual, a saber: ¿concertar o no acuerdos con los cadetes en la primera fase de las elecciones a la Duma?

El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia está organizado democráticamente. Esto significa que todos los asuntos del partido son gestionados, directamente o por medio de representantes, por todos los miembros del partido, con igualdad de derechos y sin excepción alguna; además, todos los cargos, todos los órganos dirigentes, todas las instituciones del partido son electivos, responsables y revocables. Los asuntos de la organización de Petersburgo son administrados por el Comité de Petersburgo del POSDR, que es electivo. La instancia suprema de la organización de Petersburgo, ante la imposibilidad de reunir a todos los miembros del partido (unos 6.000), es la conferencia de representantes de la organización. A esta conferencia, todos los miembros de la organización tienen derecho a enviar representantes: un delegado por un número determinado de miembros del partido, por ejemplo, 1 delegado por cada 50 miembros del partido, como se estableció para la última conferencia. Estos representantes deben ser elegidos por todos los miembros del partido, y la decisión de los representantes es la decisión suprema y definitiva de la cuestión para toda la organización local.

Pero esto no es todo. Para que la decisión de una cuestión sea verdaderamente democrática, no basta con reunir a los representantes electos de la organización. Es necesario que todos los miembros de la organización, al elegir a los representantes, se pronuncien al mismo tiempo de forma independiente y personal sobre la cuestión controvertida que interesa a toda la organización. Los partidos y sindicatos organizados democráticamente no pueden, por principio, renunciar a esta consulta de todos los miembros sin excepción, al menos en los casos más importantes y, especialmente, cuando se trata de una acción política en la que la masa actúa de forma independiente, por ejemplo: una huelga, unas elecciones, el boicot a una gran entidad local, etc.

¿Por qué se reconoce en estos casos la insuficiencia del envío de representantes? ¿Por qué se exige la consulta a todos los miembros del partido, o el llamado «referéndum»? Precisamente porque para el éxito de las acciones de masas es necesaria la participación consciente y voluntaria de cada obrero individual. Una huelga no puede transcurrir de forma unida, unas elecciones no pueden transcurrir de forma consciente, si cada obrero no ha decidido por sí mismo, con plena conciencia y voluntariamente, la cuestión: ¿ir a la huelga o no?, ¿votar a los cadetes o no? No todas las cuestiones políticas pueden resolverse mediante la consulta a todos los miembros del partido; eso sería una votación perpetua, fatigosa e infructuosa. Pero las cuestiones más importantes, y además aquellas que están directamente relacionadas con una acción determinada de las propias masas, es necesario resolverlas, en nombre de la democracia, no solo mediante el envío de representantes, sino también mediante la consulta a todos los miembros del partido.

He aquí por qué el Comité de Petersburgo decidió que las elecciones de delegados a la conferencia se llevaran a cabo obligatoriamente después de que los miembros del partido discutieran la cuestión de si procedía concertar acuerdos con los cadetes, y después de la votación de esta cuestión por todos los miembros del partido. Las elecciones son un asunto en el que la masa participa directamente. Los socialistas consideramos la conciencia de las masas como la fuerza principal. Por lo tanto, cada miembro del partido debe decidir conscientemente la cuestión de si votar o no a los cadetes en las elecciones. Solo tras una discusión abierta de esta cuestión por todos los miembros del partido reunidos, es posible para cada uno adoptar una u otra decisión consciente y firme. Solo sobre la base de tal decisión, la elección de los representantes a la conferencia dejará de ser un asunto de compadrazgo, simpatía o costumbre («¡elegiremos a nuestro Nikolái Nikoláyevich o a nuestro Iván Ivánovich!»), y se convertirá en un asunto de determinación consciente, por las propias «bases» (es decir, por todos los miembros del partido), de su propio comportamiento político.[49]

Las elecciones a la Duma, es decir, la votación inicial y fundamental de los apoderados o compromisarios, se llevarán a cabo no a través de representantes, sino por cada elector individualmente. Esto significa que, si queremos ser socialistas de hecho y no solo de palabra, organizados en un partido obrero verdaderamente democrático, debemos esforzarnos por que cada obrero se aclare a sí mismo la cuestión de votar o no a los cadetes. No basta con confiar la representación a un conocido, Iván Ivánovich, o a una buena persona, Sídor Sídorovich; es necesario que las «bases» examinen conscientemente la esencia de la cuestión controvertida. Solo entonces la decisión democrática será una decisión conscientemente democrática de la masa, y no solo una decisión de los representantes enviados «por conocidos».

El Comité de Petersburgo es el dirigente electo de toda la organización socialdemócrata de Petersburgo y de la gubernia de Petersburgo. Para dirigir a la masa en un asunto como las elecciones a la Duma, estaba obligado (si reconoce la democracia no solo de palabra) a procurar la participación consciente de toda la masa en las elecciones. Y para que la participación de toda la masa en las elecciones sea consciente y unida, es necesario que no solo los representantes del partido, sino cada miembro del partido dé una respuesta concreta a su Comité de Petersburgo: si está a favor de acuerdos con los cadetes o no.

Tal es el significado de las «discusiones», es decir, del debate de la cuestión más controvertida antes de las elecciones de representantes. En cada asamblea de miembros del partido, antes de proceder a la elección de los representantes a la conferencia, era necesario primero discutir la cuestión política controvertida, era necesario escuchar a un ponente del CP, es decir, de la organización local dirigente, y también conceder la palabra a los partidarios de otros puntos de vista. Después de la discusión, todos los miembros del partido votan si están a favor de acuerdos con los cadetes o no. La votación es verificada por los miembros de la comisión de control, en la que hay representantes de ambas corrientes (si en la organización existen dos corrientes sobre la cuestión dada). Solo cumpliendo estas condiciones, el CP puede realmente conocer la opinión consciente de toda la masa de miembros del partido y, en consecuencia, dirigir no a ciegas, sino apoyándose en el pleno esclarecimiento de la cuestión por la masa.

Esta explicación nos era necesaria porque en la conferencia surgieron disputas a propósito de las «discusiones» y de la consulta a todos los miembros del partido.

La falta de fundamento de tales disputas es tanto más evidente para los miembros del partido, cuanto que en la carta del propio Comité Central del 10 de noviembre, sobre la resolución de la cuestión (concertar o no acuerdos) por las organizaciones locales, se recomienda explícitamente «la discusión previa» de la cuestión por todos los miembros del partido.

Veamos ahora la composición misma de la conferencia. Inicialmente, fueron admitidos a ella todos los representantes elegidos en una u otra organización, sin verificación de las elecciones (es decir, sin verificación de los «mandatos» o poderes). El total de representantes, o delegados, era de 71, entre ellos 40 bolcheviques y 31 mencheviques. He aquí la distribución de esta cifra por distritos individuales:

Faltaban, además, dos delegados de los estonios (ambos bolcheviques) y uno de los letones (menchevique). Con ellos, habría 42 bolcheviques y 32 mencheviques.

De aquí se ve que, incluso inicialmente, antes de toda verificación de credenciales, los bolcheviques tenían predominio. En consecuencia, todas y cada una de las habladurías sobre la «artificialidad» del predominio bolchevique caen por su propio peso. Las quejas de que los bolcheviques no ratificaron todas las credenciales han sido trasladadas ahora por los mencheviques incluso a la prensa burguesa. ¡Sólo olvidaron comunicar a esta prensa que, incluso antes de la verificación de mandatos, antes de toda revisión de credenciales, la mayoría estaba de todos modos a favor de los bolcheviques!

Para decidir este asunto del predominio en la conferencia de manera aún más clara y, además, definitiva, tomemos no el número de mandatos (credenciales), sino el número total de votos emitidos por los miembros del partido.

Obtenemos entonces el siguiente cuadro:

* A esto se suman 185 votos reconocidos, por decisión de la conferencia, como recogidos de forma totalmente correcta. Sin ellos, los votos no impugnados serían 1663.

Así pues, en total votaron cerca de 4000 miembros del partido (3881 personas). La ventaja de los bolcheviques supera los 400 votos.

Es indudable, por tanto, que incluso si se reconocieran como correctos todos los votos impugnados, de todos modos subsiste una considerable ventaja para los bolcheviques. Por consiguiente, las disputas sobre la corrección o incorrección de tal o cual parte de los votos no concernían en absoluto al asunto del predominio bolchevique; las disputas versaban sobre cómo aplicar en toda su plenitud el principio de la representación democrática.

Entonces, ¿por qué anularon los bolcheviques una parte de las credenciales (mandatos)? Porque los mandatos impugnados no podían ser reconocidos como correctos. Y los mandatos incorrectos no pueden ser equiparados a los correctos, no impugnados por nadie.

¿Qué mandatos fueron impugnados? Aquellos en cuya obtención se cometieron irregularidades, por ejemplo, no hubo control por parte de los miembros de la comisión de control, no hubo discusiones (debates) antes de las votaciones, no hubo votaciones «por plataformas» (es decir, no se preguntó a todos los votantes si estaban a favor de los acuerdos con los cadetes o en contra). Los mandatos incorrectos no pueden ser reconocidos como obtenidos democráticamente.

Ahora cabe preguntarse, ¿cómo proceder con los mandatos impugnados? Examinar cada caso por separado era imposible. Para ello habría que haberse quedado un día más, y el tiempo de la conferencia era justo: a duras penas se llegó a tiempo para la fecha en que los obreros debían dirigirse a las elecciones de delegados (el 7 de enero).

Quedaba una salida: elevar la «norma de representación» para todos los mandatos impugnados, es decir, contar para ellos un mandato no por cada 50, sino por cada 75 votos. Este procedimiento fue adoptado por 3 consideraciones: 1) eliminaba la arbitrariedad y la irritación mutua al evaluar cada mandato impugnado; 2) ponía en igualdad de condiciones los mandatos impugnados por una u otra parte; 3) se basaba en una decisión del CP, adoptada mucho antes de la conferencia, a saber: el CP decidió que en los casos en que las elecciones democráticas a la conferencia sean completamente irrealizables (por ejemplo, no se puedan convocar asambleas por condiciones policiales), admitir representantes elegidos no del todo democráticamente, pero elevando entonces la norma de representación, es decir, admitir 1 no por 50, sino por 75, por 100, etc.

Tomen ahora el número de votos impugnados y no impugnados. De los no impugnados, contando 1 delegado por cada 50 votos, tenemos: 37 bolcheviques y 16 mencheviques. De los impugnados, contando 1 delegado por cada 75 votos, tenemos: 4 bolcheviques y 12 mencheviques. En total 41 bolcheviques (más 1 de la organización militar, donde las elecciones democráticas son imposibles) y 28 mencheviques.

Por distritos, estos 70 mandatos definitivamente aprobados se distribuían así:

De aquí se desprende que las quejas sobre la composición de la conferencia son totalmente infundadas. Por supuesto, si ante un público ignorante se vocifera sobre la anulación del mandato de fulano, sobre el no reconocimiento de la credencial de mengano, esto puede causar impresión por un instante, si el público no reflexiona sobre el asunto. Pero esto no es una disputa, sino una estéril riña.

Basta con familiarizarse con todos los datos sobre la composición de la conferencia, y en seguida quedará claro que no hubo nada arbitrario en la elevación de la norma de representación para todos los votos impugnados. ¡Pues no fue casualidad que resultaran 2635 votos indiscutibles, no impugnados por nadie, y sólo 1246 votos impugnados! ¡Y no se puede afirmar seriamente que la masa de votos impugnados lo fueron por casualidad, sin fundamento alguno!

Piensen, por ejemplo, en lo que significa la votación «sin plataforma», que los mencheviques practicaron con tanta frecuencia (sólo por eso acumularon casi mil votos impugnados). Esto significa que no se realiza una encuesta a todos los miembros del partido sobre si están a favor de los acuerdos con los cadetes o en contra de los cadetes. La elección de delegados se produce sin tal encuesta o sin plataformas. Por consiguiente, ¡la conferencia no puede conocer con exactitud la opinión de los propios miembros del partido! Por consiguiente, a la masa misma no se le consulta sobre la cuestión en disputa (que concierne a la acción de la masa). ¿Acaso se puede con esto evitar las irregularidades?

¿Acaso un partidario sincero del democratismo en la organización puede defender semejantes votaciones? El democratismo no consiste en que la masa confíe por conocimiento personal en sus representantes particulares, sino en que toda la masa emita por sí misma, conscientemente, su voto sobre el fondo de las cuestiones más importantes.

Por último, las quejas sobre la composición de la conferencia han de considerarse completamente infundadas también porque en Petersburgo, en el último tiempo, ha habido una serie de conferencias semejantes. Hace un año hubo una conferencia sobre la cuestión del boicot. El predominio siguió estando del lado de los bolcheviques. Durante la primera Duma hubo una conferencia sobre la cuestión del apoyo a la demanda de un ministerio de la Duma (es decir, kadete). El predominio siguió estando del lado de los bolcheviques.

¿No es ridículo oír ahora que el predominio de los bolcheviques en la cuestión de los acuerdos electorales con los cadetes pudo ser casual?

II. La cuestión de la división de la conferencia

El Comité Central del partido, compuesto por un número predominante de mencheviques, exigió a la conferencia de Petersburgo que se dividiera en urbana y de la provincia. Los mencheviques intentan remitirse al incumplimiento de esta exigencia como justificación de su retirada.

Veamos, pues, si esta exigencia era legítima según los estatutos del partido, si era obligatoria para la conferencia, si era realizable.

Los estatutos de nuestro partido establecen de manera completamente definida su organización democrática. Toda la organización se construye desde abajo, sobre la base de la electividad. Las organizaciones locales están declaradas, según los estatutos del partido, como autónomas en su actividad local. El Comité Central, según los estatutos, unifica y dirige todo el trabajo del partido. De aquí se desprende claramente que no tiene derecho a intervenir en la determinación de la composición de las organizaciones locales. Si la organización se construye desde abajo, la intervención desde arriba en su composición sería una violación total de todo el democratismo, de todos los estatutos del partido. Supongamos que la organización, por unas u otras razones, une partes heterogéneas, por ejemplo, une conjuntamente la ciudad y la gubernia. Bajo un régimen democrático, no se puede mantener esta unión (o prescribirla) por orden desde arriba. Quiere decir que la división es posible solo por deseo desde abajo: la ciudad puede separarse de la gubernia, y nadie puede prohibírselo. La gubernia puede separarse de la ciudad, y nadie puede prohibírselo. Si desde abajo ni una sola parte medianamente grande, medianamente diferenciada de la organización ha planteado la exigencia de separación, ¡significa que el CC no ha podido convencer de la necesidad de la separación a ninguna parte influyente de la organización! Intentar en tales condiciones imponer la división desde arriba es una burla del democratismo, una burla de los estatutos del partido. Esto significa ni más ni menos que intentar usar el poder del CC para el mal, es decir, no en interés de la unidad del partido, sino en interés de una parte del partido (los mencheviques), usar el poder para tergiversar la voluntad y la decisión de los trabajadores locales. El CC sentía hasta tal punto la inconsistencia de su exigencia que, en su resolución general por escrito, se expresó con mucha cautela. La resolución general del CC recomienda a todas las organizaciones del partido «en la medida de lo posible» (¡expresión literal!) adecuar los marcos de la organización a los marcos de las circunscripciones electorales. De la obligatoriedad de tal consejo no podía ni hablarse, y no se habló. Que el CC perseguía algunos objetivos especiales precisamente con respecto a Petersburgo se ve por el hecho de que en ninguna otra ciudad de Rusia exigió el CC la división de la conferencia. Por ejemplo, en Vilna, en la conferencia de la ciudad entran también representantes socialdemócratas de establecimientos situados fuera de los límites de la ciudad, es decir, en otra circunscripción electoral. ¡El CC ni siquiera pensó en plantear la cuestión de la división de la conferencia de Vilna!

En Odesa también hubo una conferencia general única, aunque también allí una parte de los establecimientos se encuentra fuera de los límites policiales de la ciudad. ¿Acaso se puede nombrar una sola gran ciudad en la que los marcos de la organización correspondan a la división policial en ciudad y parte de la gubernia? ¿Se puede hablar seriamente de que en las grandes ciudades, centros del movimiento socialdemócrata obrero, se separen los suburbios, se separen las fábricas a menudo más grandes, los «arrabales» más proletarios? Esto es una burla tan grosera del sentido común que solo las personas menos escrupulosas en la búsqueda de un pretexto para la escisión pudieron aferrarse a tal pretexto.

Miren los distritos de Petersburgo para convencerse de la irrealizabilidad de la exigencia de dividir la conferencia. Para llevar a cabo la división de la organización en general, o de la conferencia en particular, en urbana y gubernial, es necesario o bien conocer la dirección, el lugar de residencia de cada miembro del partido, o bien tener ya células, secciones, distritos formados según el criterio territorial, es decir, distritos constituidos sobre la base del lugar de residencia de los miembros del partido o del lugar de ubicación de las fábricas en tal o cual comisaría de policía.

Y vemos que en San Petersburgo (como, probablemente, en la mayoría de las ciudades de Rusia) los distritos, subdistritos y células inferiores están formados no solo según el criterio territorial (local), sino también según el criterio profesional (tal o cual oficio, ocupación de los obreros y de la población en general) y según el criterio nacional (nacionalidad diferente, otra lengua).

Por ejemplo, en San Petersburgo existe el Distrito Ferroviario. Está constituido según el criterio profesional. ¿Cómo dividirlo en parte urbana y gubernial? ¿Según el lugar de residencia de cada ferroviario individual: Petersburgo, Kolpino, otras estaciones? ¿O según el lugar de ubicación de los trenes que, por desgracia para nuestro CC, tienen la costumbre de desplazarse de la «ciudad» de Petersburgo «a la gubernia» e incluso a diferentes gubernias?

¡Prueben a dividir el Distrito Letón! Y después aún están el Distrito Estonio y la organización militar.

Incluso los distritos territoriales no se pueden dividir. Los obreros lo señalaron ellos mismos en la conferencia. Se levanta un obrero del Distrito de Moscú y dice: conozco las fábricas en nuestro distrito situadas no lejos de los límites de la ciudad. Cuando terminan los trabajos, se ve de inmediato que una parte de los obreros se dirige a la «ciudad», la otra «a la gubernia». ¿Cómo vamos a dividir ahora aquí? Y los obreros directamente se reían de la propuesta del CC.

Solo personas muy ingenuas pueden no notar el trasfondo, cosido con hilo blanco, de todo el incidente. Solo personas muy ingenuas pueden decir: de todos modos, había que intentar dividirse «aproximadamente», «en la medida de lo posible».

Si se divide aproximadamente, significa que hay que admitir cierta arbitrariedad, ya que es imposible dividir exactamente los distritos Letón, Ferroviario y otros. Y cualquier arbitrariedad provocaría nuevas, interminables protestas, quejas, nuevas resoluciones del CC, daría un sinfín de nuevos pretextos para la escisión. Miren la lista de distritos (citada más arriba) y verán que podrían encontrarse personas que declararían como puramente urbanos, indudablemente urbanos, solo cuatro distritos: el de Vasílievski, el de la Ciudad, el de Výborg, el de Petersburgo. ¿Por qué solo estos? Porque en ellos resultaría el predominio de los mencheviques. ¿Y de qué manera se podría justificar tal arbitrariedad?

¿Y de qué manera justificó el CC la arbitrariedad de que a Vilna ni siquiera pensó en dividirla, mientras que a San Petersburgo le exigió la división? Si ustedes comienzan a discutir contra la arbitrariedad, ¿quién resolverá definitivamente su discusión? Pues el mismo CC…

Incluso las personas más ingenuas comprenderán ahora que las quejas sobre la composición de la conferencia y sobre su negativa a dividirse son una simple cortina de humo. Y la esencia del asunto es que los mencheviques decidieron no someterse a la mayoría de la organización de Petersburgo y llevar a cabo una escisión en vísperas de las elecciones, para pasarse de los socialistas-obreros a los cadetes.

III. ¿Qué significa la partida de los mencheviques de la conferencia?

La conclusión que hemos sacado puede parecerle a algún lector demasiado tajante. Pero nosotros pensamos que ocultar, disimular la verdad en un asunto político serio es algo indigno de un socialista. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Hay que desenmascarar todo tipo de evasivas y cortinas de humo para que la masa obrera comprenda con toda claridad la esencia del asunto. Solo los partidos burgueses ven las elecciones como un juego entre bastidores y un reparto del botín. El partido obrero, en cambio, debe ante todo conseguir que el pueblo comprenda correctamente la relación entre los partidos, comprenda correctamente sus intereses y las tareas de la lucha, comprenda correctamente la esencia de lo que ocurre detrás de los bastidores.

Hemos visto que las quejas sobre la composición de la conferencia de la organización de Petersburgo del POSDR, sobre su falta de deseo de dividirse, son evasivas vacías. Sabíamos que la esencia del asunto es simple. Los mencheviques deseaban a toda costa un acuerdo con los cadetes. Los mencheviques sabían que la mayoría de los miembros de la organización de Petersburgo no comparte este punto de vista. Los mencheviques decidieron en la Conferencia de toda Rusia someterse en cada localidad a la decisión de la organización local. Ahora han violado su promesa, intentando mediante la escisión alcanzar sus objetivos.

Los 31 mencheviques que se marcharon de la conferencia ya han anunciado hoy (13 de enero) en los periódicos de Petersburgo que proponen un bloque tanto a los cadetes como a todos los partidos laboristas, no solo a los socialistas-revolucionarios y trudoviques (a los que la conferencia propuso un acuerdo), sino también a los «socialistas populares».

El asunto, por tanto, está completamente claro. El proletariado consciente decidió llevar a cabo una campaña electoral independiente. La pequeña burguesía (incluidos los trudoviques) vacila, se lanza de un lado a otro, es capaz de preferir un pacto con los cadetes a la lucha de principios. Los mencheviques son la parte pequeñoburguesa del partido obrero. En el último minuto, agarrándose a los pretextos más nimios, abandonan al proletariado revolucionario y se pasan al lado de los cadetes.

La exactitud de esta conclusión la confirman del mejor modo los periódicos kadetes. ¡Y a los kadetes ya nadie los sospechará de simpatizar con las concepciones de la socialdemocracia petersburguesa, es decir, bolchevique!

Fíjense en el órgano central del partido kadete, el periódico Rech. Todo el mundo sabe perfectamente que, junto con el periódico Tovarishch, empujaba constantemente a los mencheviques a la escisión y se esforzaba por elogiarlos de todas las maneras, separándolos cuidadosamente de los bolcheviques. En cuanto se supo que los mencheviques se habían retirado de la conferencia socialdemócrata, Rech publicó en seguida (el 11 de enero) un editorial titulado «La conferencia socialdemócrata y los acuerdos». Este artículo saluda directamente la «decisión» de los mencheviques, saluda la escisión iniciada por ellos. Este artículo declara directamente que «fuera del bloque de los partidos revolucionarios en sentido estricto» (es decir, fuera de los socialdemócratas petersburgueses y de aquellos a quienes propusieron el acuerdo, o sea, los socialistas revolucionarios y el comité del Grupo del Trabajo) quedan los mencheviques y los socialistas populares (el más moderado, semicadete, de los partidos pequeñoburgueses del trabajo).

Y los kadetes declaran directamente que están dispuestos a «reanudar» las negociaciones con estos «ambos partidos socialistas moderados». Declaran directamente que «la diferenciación (división) producida en el seno de los partidos socialistas promete aproximar hasta cierto punto las concepciones de los socialistas moderados sobre la táctica en la Duma a nuestras propias (es decir, kadetes) concepciones».

Estas palabras del principal periódico kadete son sumamente importantes. Los kadetes no solo evalúan los resultados prácticos del giro menchevique. Los kadetes ven claramente que la escisión organizada por los mencheviques tiene un significado de principio, es decir, que esta escisión modifica de hecho la actitud de los mencheviques hacia las concepciones fundamentales sobre la lucha política, sobre las tareas de la clase obrera. Los kadetes han comprendido perfectamente que los mencheviques giraron no solo en el sentido de la admisión práctica de acuerdos, sino también en el sentido de las concepciones fundamentales de la burguesía, se alejaron de la política proletaria, se aproximaron a la política burguesa. Rech dice directamente que los socialistas moderados (es decir, los mencheviques) se aproximan a la táctica kadete, reconocen de hecho la primacía y la dirección kadetes. Sin saber aún si los socialistas revolucionarios y los trudoviques aceptarán la propuesta de la conferencia socialdemócrata, los kadetes ya tienen en cuenta una correlación de fuerzas políticas completamente definida: la burguesía liberal dirige a la pequeña burguesía moderada y a la parte pequeñoburguesa del proletariado; el proletariado revolucionario avanza de manera independiente, arrastrando tras de sí, en el mejor de los casos (el mejor para nosotros, el peor para los kadetes), solo a una parte de la pequeña burguesía.

Así es exactamente como pintan el asunto los kadetes. Y no se puede dejar de reconocer que los kadetes tienen toda la razón en esto. Como el sol en una pequeña gota de agua, en el pequeño incidente petersburgués se refleja la correlación constante, inevitablemente propia de todos los países capitalistas, de la política de la burguesía liberal, de la clase obrera y de la pequeña burguesía. En todas partes y siempre la burguesía liberal se esfuerza por sobornar con puestecillos a las masas subdesarrolladas, para apartarlas de la socialdemocracia revolucionaria. Los kadetes empiezan a aplicar en Rusia el método «inglés» de lucha de la burguesía contra el proletariado, una lucha no por la violencia, sino por el soborno, la adulación, la división, el ablandamiento de los «moderados», llevándolos a puestos de ministros, diputados, electores, etcétera.

La frase sobre la «reanudación» de las negociaciones en el periódico kadete Rech también es completamente clara. Mientras los socialdemócratas estaban unidos, y los socialdemócratas revolucionarios predominaban entre ellos, las negociaciones estaban interrumpidas. Ahora, cuando «ambos partidos socialistas moderados» se escindieron de la revolución, ahora los kadetes declaran: «las negociaciones podrían reanudarse».

Si al lector no le queda del todo claro el sentido práctico de estas palabras, se lo explicaremos nosotros. Los kadetes daban dos puestos (de seis) a la izquierda, a saber: un puesto para la curia obrera, otro para los socialistas en general. Las negociaciones se rompieron. Ahora los kadetes vuelven a llamar a los «socialistas moderados»: vuelve, cliente, ¡podríamos llegar a un acuerdo! O bien damos ahora un puesto al menchevique, otro al «socialista popular», o incluso nos mostramos espléndidos y damos tres puestos.

¡He aquí lo que significan las palabras de los kadetes sobre la «reanudación» de las negociaciones: a los izquierdistas no les cedíamos, ¡pero a los moderados de entre los izquierdistas sí les cederemos!

Una persona ingenua o inexperta en política puede menear la cabeza cuanto quiera, expresar dudas, condolerse, etcétera; el asunto no cambiará por ello. Pues no es importante cómo exactamente se obtuvo un determinado resultado, lo importante es el resultado mismo (es decir, para los kadetes esto no es importante, pero para la masa obrera que desea tener una actitud consciente ante la política, esto es muy importante).

Cómo se llevaron exactamente las negociaciones de los mencheviques con los kadetes, no lo sabemos, si por escrito, de palabra o incluso por un simple indicio. Es posible que destacados mencheviques moderados simplemente insinuaran ante los líderes kadetes la probable escisión entre los socialdemócratas, insinuaran la admisibilidad de acuerdos por distritos. Y los kadetes, por supuesto, captaron al vuelo la insinuación: «ellos» escindirán a los socialdemócratas petersburgueses, ¡y nosotros «los» meteremos en la lista de distrito! «Ellos» para nosotros, y nosotros para «ellos». ¿Acaso esto es menos eficaz, menos práctico, menos sólido como trato que si «ellos» hubieran ido directamente a Kutler, a Miliukov o a Nabókov y hubieran dicho: nosotros les escindimos la conferencia socialdemócrata de Petersburgo, y ustedes nos colocan a través de alguna lista de distrito?

Es un hecho que tal es precisamente la política de los burgueses liberales y de los oportunistas socialdemócratas en todos los países constitucionales. Los obreros rusos deben aprender a comprender esta política, si no quieren que los lleven de la nariz con facilidad. Ya Chernyshevski dijo: quien teme mancharse las manos, que no se dedique a la actividad política. Quien participa en las elecciones y teme mancharse las manos, hurgando en la suciedad del politiquerismo burgués, que se marche. Los ingenuos de manos limpias solo perjudican en política con su miedo a mirar directamente la esencia del asunto.

Otra reseña de la prensa burguesa, que confirma plenamente nuestra valoración de la escisión, es la reseña de la señora Kuskova en Tovarishch (10 de enero). Ella, exactamente igual, saluda a los mencheviques, los incita a la escisión definitiva, les desaconseja los «compromisos» con los bolcheviques, les promete ayuda en nombre de los «rabochedeltsy».

Para entender este artículo de la señora Kuskova, hay que saber quién es ella. Lo contaremos, pues la mayoría de los obreros no lo sabe.

El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia fue fundado en 1898. En 1899, la señora Kuskova y el señor Prokopóvich eran miembros del partido, concretamente: miembros de su organización en el extranjero, al frente de la cual se encontraba entonces Plejánov, que era en aquel tiempo socialdemócrata revolucionario. La señora Kuskova, ya entonces como ahora, era oportunista, defendía concepciones pequeñoburguesas en la socialdemocracia, defendía el bernsteinianismo, es decir, en última instancia el sometimiento de la clase obrera a la política liberal. Del modo más claro expresó la señora Kuskova sus concepciones en el famoso «Credo» (se lee: «kredo», significa símbolo de fe, programa, exposición de la cosmovisión). En este «Credo» se decía: los obreros deben llevar la lucha económica, y los liberales la política. Los «rabochedeltsy» (denominación de entonces de los oportunistas en la socialdemocracia) gravitaban en esencia hacia la misma concepción. Plejánov declaró a estas concepciones una guerra a muerte (en lo que le ayudaron los socialdemócratas revolucionarios rusos) y escindió sobre esta base la organización en el extranjero del POSDR. Publicó contra los oportunistas y especialmente contra la señora Kuskova el folleto «Vademecum» («Guía» para los rabochedeltsy).

Entonces la señora Kuskova fue expulsada del partido socialdemócrata. Junto con el señor Prokopóvich se fue a los liberales, a los kadetes. Después se fue también de los kadetes, se convirtió en escritora «sin partido» en el periódico «sin partido»-kadete Tovarishch.

La señora Kuskova no es un caso aislado. Es una muestra típica de la intelectualidad pequeñoburguesa que introduce el oportunismo en el partido obrero y que deambula de los socialdemócratas a los kadetes, de los kadetes a los mencheviques, etcétera.

He aquí qué clase de gente toca el tambor y grita hurra, saludando la escisión organizada por los mencheviques entre los socialdemócratas petersburgueses.

He aquí a qué clase de gente entregan la causa del proletariado los obreros que siguen a los mencheviques.

IV. Los partidos políticos y las próximas elecciones en Petersburgo

¿Cómo está entonces la situación de las elecciones ahora en Petersburgo?

Ahora ya está claro que en las elecciones habrá tres listas principales de candidatos: la lista de los Centurias Negras, la lista kadete y la lista socialdemócrata.

A los primeros se sumarán los octubristas; a los segundos, probablemente, los mencheviques y los socialistas populares; y a los terceros, tal vez, los trudoviques y los socialrevolucionarios, aunque es muy posible que estos partidos vacilantes, que hasta ahora no han dado una respuesta definitiva, también terminen apoyando a los kadetes (en parte debido a la escisión entre los socialdemócratas).

¿Existe en Petersburgo el peligro de las Centurias Negras, es decir, el peligro de una victoria de los centurionegristas en las elecciones? Los mencheviques, que ahora transitan de los socialistas a los kadetes, dicen que sí.

Dicen una mentira flagrante.

Incluso en el periódico kadete *Rech*, cauteloso, diplomático, que en cada detalle protege los intereses de los liberales, incluso en *Rech* leemos al señor Vergezhski que en las asambleas electorales el octubrista está completamente marginado, que el elector vacila entre los kadetes y los socialistas.

Todos los datos sobre todas las asambleas preelectorales, sobre la impresión causada por la *lidvaliada*{130}, el juicio a los asesinos de Herzenstein{131}, las revelaciones de las hazañas de los centurionegristas, etc., muestran claramente que entre los electores los partidos de derecha no gozan de ningún respeto.

Quien hoy todavía habla del peligro centurionegrista en las elecciones, se engaña a sí mismo y engaña a la masa obrera. Ahora se ve con claridad que los gritos sobre el peligro centurionegrista son un intento kadete de atraer a la masa poco consciente hacia su lado.

El peligro centurionegrista no consiste en el peligro de una votación centurionegrista, sino en las posibles violencias del gobierno, en las posibles detenciones de los compromisarios, etc. Contra este peligro hay que buscar medios no en un acuerdo con los kadetes, sino en el desarrollo de la conciencia revolucionaria y de la decisión revolucionaria de las masas. Y son precisamente los kadetes quienes más obstaculizan el desarrollo de esta conciencia y de esta decisión.

La lucha realmente seria en Petersburgo se libra entre los kadetes y los socialdemócratas. Los partidos trudoviques han demostrado su debilidad, la han demostrado al marchar detrás del partido más moderado y semikadete, el "socialista popular", y al no mostrar en general ninguna independencia ni firmeza.

Si los mencheviques no hubieran traicionado a los socialistas en vísperas de las elecciones, es indudable que los trudoviques y los socialrevolucionarios habrían aceptado nuestras condiciones. Es indudable que la masa de electores, compuesta en Petersburgo, como en todas partes, por la gente pobre, habría seguido a los socialistas y trudoviques, y no a los kadetes. Las elecciones en Petersburgo habrían tenido entonces el significado de un combate serio, que plantearía ante toda Rusia de forma clara y nítida los problemas fundamentales sobre el futuro de la revolución rusa[50].

La traición de los mencheviques nos dificulta la labor electoral, pero con ello adquiere una importancia aún mayor el significado de principio de una campaña independiente de los socialdemócratas. El proletariado no tiene ni puede tener otros medios contra las vacilaciones de la pequeña burguesía que el desarrollo de la conciencia y la cohesión de clase de las masas, su educación en la experiencia del desarrollo político.

Mientras los trudoviques vacilan, mientras los mencheviques regatean, nosotros debemos realizar con todas nuestras fuerzas una agitación independiente. Que todos sepan que los socialdemócratas presentarán su propia lista en todo caso y sin condiciones. Y que todas las capas pobres de electores sepan que les espera la disyuntiva entre los kadetes y los socialistas.

Los electores deben reflexionar sobre esta disyuntiva. Esta reflexión aporta en cualquier caso una gran ganancia en la obra del desarrollo de la conciencia de las masas, una obra más importante que la obtención de un escañito para Fulano o Mengano de parte de los kadetes. Si las masas de la gente pobre de la ciudad una vez más se dejan llevar por las promesas de los kadetes, si una vez más se dejan seducir por el ruido de las frases liberales y de los señuelos liberales de progreso "pacífico", de legislación "pacífica" de los señores Gurkó y de los señores Kútler-Miliukov, entonces los acontecimientos pronto desenmascararán las últimas ilusiones.

La socialdemocracia revolucionaria debe decir toda la verdad a las masas y seguir firmemente su propio camino. Quien valore las conquistas reales de la revolución rusa, logradas mediante la lucha proletaria, quien tenga el instinto de persona trabajadora y explotada, ese seguirá al partido del proletariado. Y la justeza de las concepciones de este partido será cada vez más clara para las masas con cada etapa del desarrollo de la revolución rusa.

Posdata

El editorial de *Rech* del 14 de enero brinda nuevas confirmaciones de lo dicho más arriba sobre el significado del tránsito menchevique de los socialistas a la burguesía. *Rech* se regocija de que su previsión se haya cumplido, de que los mencheviques se estén escindiendo en Petersburgo y creando su propia organización particular. "Así ha ocurrido —dice el periódico, remitiéndose a sus números anteriores—. Una parte de la socialdemocracia, aunque no la más influyente, pero sí la más propensa a la actividad parlamentaria, ha salido al encuentro de nuestras proposiciones".

Sí, es verdad. Los mencheviques salieron al encuentro del afán de los burgueses liberales de escindir la parte oportunista del partido obrero y someterla a la dirección de los kadetes. Hemos visto más arriba que *Rech* ya separó a los mencheviques y a los socialistas populares de los partidos revolucionarios, llamándolos "socialistas moderados". Ahora *Rech* da un paso más. Dice que los socialpopulistas (socialistas populares) probablemente también preferirán un bloque con los kadetes. Dice: "los mencheviques han salido resueltamente al encuentro de la creación de un bloque opositor común". "La posibilidad de un bloque opositor de kadetes, mencheviques y socialpopulistas debe considerarse que ha aumentado considerablemente después de la negativa de los bolcheviques".

Así pues, los propios kadetes han reconocido ahora tres bloques o, en todo caso, tres fuerzas políticas fundamentales en las elecciones: el bloque gubernamental, el bloque opositor, el bloque revolucionario. Esta división es completamente correcta. Señalamos que la fuerza de las cosas lleva a los kadetes a reconocer nuestras indicaciones de larga data y persistentes. Y señalamos también que en el "bloque" revolucionario, por ahora, solo la socialdemocracia revolucionaria se mantiene plenamente firme. Otros elementos, y en particular la pequeña burguesía revolucionaria ("socialistas revolucionarios"), todavía vacilan.

La importancia de principio del tránsito de los mencheviques al lado de los kadetes se clarifica cada vez más. Las buenas palabras de las plataformas electorales mencheviques y de las resoluciones de principio (por ejemplo, en la Conferencia Panrusa de la socialdemocracia), palabras sobre que desenmascararán las ilusiones de la vía pacífica, que aconsejan elegir para la Duma no a gestores, sino a luchadores, etc., etc., etc., —todas estas palabras resultaron ser sólo palabras. En los hechos, los mencheviques actuaron de tal modo que los kadetes los llevaron tras de sí, tras de su política. En los hechos, los mencheviques resultaron estar en el "bloque opositor", es decir, se convirtieron en un simple apéndice de los kadetes.

Más aún. El editorial de *Rech* del 14 de enero revela también el precio que los kadetes piensan pagar a los mencheviques por su apoyo a los kadetes y por su ingreso en el bloque opositor. Ese precio es un lugar en la Duma, arrebatado a la curia obrera. Escuchen:

"Dado que al mismo tiempo (es decir, junto con la formación del bloque opositor de kadetes, mencheviques y socialistas populares) disminuyó el número de pretendientes a los escaños en la Duma, entonces, tal vez, con la nueva combinación resulte posible aceptar la proposición del partido de la libertad popular y limitarse a dos escaños de los seis. Por supuesto, ahora en esta proposición habrá que introducir, con toda probabilidad, algún cambio. El escaño que se destinaba a una persona elegida por la curia obrera, después de la decisión de la conferencia, evidentemente, ya no puede ser concedido a un obrero bolchevique. Con la nueva composición del bloque, los mencheviques podrían considerar este escaño como su legítima propiedad. El otro escaño, de los dos cedidos por el partido de la libertad popular, quedaría en ese caso para el bloque socialista popular".

¡Un trato excelente! ¡Cabe felicitar a los kadetes por la barata compra! ¡Todo por los mismos dos escañitos "cedidos" para ganarse tanto a todos los partidos pequeñoburgueses como a la parte pequeñoburguesa del partido obrero, y además a costa de los obreros!

Los obreros deben perder el derecho a su representante por la curia obrera a consecuencia de que los mencheviques renunciaron a los socialdemócratas y se convirtieron en un partido socialista moderado (según la valoración de *Rech*), entraron en el bloque opositor. Los obreros de Petersburgo pierden el derecho, que les habían concedido los kadetes, a disponer de su escaño porque los mencheviques no siguieron a los socialdemócratas revolucionarios, sino a los kadetes. Por el "tratito" con los kadetes, los mencheviques obtienen una "cedencia" no a costa de los kadetes, sino a costa de los obreros… ¡Qué magnífico ejemplo de concesiones burguesas al "pueblo"! A los paladines del "pueblo", la burguesía está dispuesta a darles un escañito si estos paladines se pasan al lado de la burguesía…

Los delegados y electores de la curia obrera seguramente verán ahora las ventajas —no solo de principio, sino también prácticas— que les reporta el acuerdo con los kadetes. ¿Acaso no está claro que los kadetes daban (no dan, sino daban) un puesto a la curia obrera por sincera simpatía hacia sus intereses y hacia la libertad real del pueblo real, y en absoluto para atraer hacia el lado de la burguesía a la masa ignorante y necesitada?