Las primeras elecciones políticas en Rusia tienen una grandísima importancia política y social. Pero los cadetes, ebrios por su triunfo y sumidos de lleno en las ilusiones constitucionales, son completamente incapaces de comprender el verdadero significado de estas elecciones.

Ante todo, examinemos qué elementos de clase se agrupan en torno a los cadetes. Las elecciones proporcionan sobre esta cuestión un material sumamente instructivo y valioso, que aún está muy lejos de ser completo. Sin embargo, ya se perfila algo que merece especial atención. He aquí los datos sobre los compromisarios hasta el 18 de marzo (es decir, antes de las elecciones de Petersburgo), que tomamos de *Rússkie Védomosti*:

* A la izquierda hemos situado a los socialdemócratas (2), cadetes (304), partido de las reformas democráticas (4), progresistas, por ejemplo (59), liberales moderados (17), unión para la igualdad de los judíos (3) y nacionalistas polacos (7). A la derecha, a los octubristas (124), partido comercial-industrial (51), constitucional-monárquicos (7), partido del orden legal (5), derechistas (49), monárquicos (54).

Por escasos que sean aún estos datos, de ellos se desprende, no obstante (y las elecciones de Petersburgo no hacen sino reforzar esta conclusión), que el movimiento de liberación ruso en general, y el partido de los cadetes en particular, atraviesa cierto desplazamiento social. El centro de gravedad de este movimiento se traslada más a las ciudades. El movimiento se democratiza. El pequeño burgués urbano, la «gente menuda», pasa a primer plano.

Entre los terratenientes predominan los derechistas (si se admite que los sin partido se dividen por mitades entre izquierda y derecha, suposición que peca más bien, probablemente, de pesimismo excesivo que de optimismo). Entre los electores urbanos, el predominio de la izquierda es incomparablemente mayor.

El terrateniente ha abandonado a los cadetes para pasarse a la Unión del 17 de Octubre y partidos semejantes. En cambio, la pequeña burguesía, al menos la urbana (sobre la rural aún no hay datos, y además será más difícil obtenerlos antes de la Duma), sale claramente a la palestra política, gira de forma explícita hacia la democracia. Si en el movimiento liberal-burgués (y «liberaciónista») de los congresos de los zemstvos predominaban los terratenientes, ahora las insurrecciones campesinas y la revolución de Octubre han arrojado a la mayoría de ellos decididamente al campo de la contrarrevolución. El partido de los cadetes sigue siendo dual: en él vemos tanto a la pequeña burguesía urbana como a los terratenientes liberales, aunque estos últimos, según parece, ya forman una minoría dentro del partido. Predomina la democracia pequeñoburguesa.

Con gran probabilidad, casi con certeza, podemos sacar, por consiguiente, las dos conclusiones siguientes: 1) la pequeña burguesía se está formando políticamente y se enfrenta de manera definida al gobierno; 2) el partido constitucional-demócrata se convierte en el partido «parlamentario» de la democracia pequeñoburguesa.

Estas conclusiones no coinciden entre sí, como podría parecer a primera vista. La segunda conclusión es mucho más restringida que la primera, pues los constitucional-demócratas no abarcan todos los elementos democráticos pequeñoburgueses, y además no son más que un partido «parlamentario» (es decir, naturalmente, cuasi-parlamentario, un partido de juguete parlamentario). En cuanto al significado, por ejemplo, de las elecciones de Petersburgo, todos los testimonios coinciden de manera sorprendente –desde la vivaracha y pseudoradical *Rus*, pasando por el señor Nabókov, miembro del Comité Central de los cadetes y candidato a la Duma, hasta *Nóvoe Vremia*– en que no fueron tanto votaciones a favor de los cadetes como votaciones contra el gobierno. El triunfo de los cadetes se debió en buena medida tan solo a que resultaron ser (gracias a Durnovó y Cía.) el partido de la extrema izquierda. Los partidos realmente de izquierda fueron eliminados mediante la violencia, las detenciones, las masacres, la ley electoral, etc. Todos los elementos descontentos, irritados, exasperados, vagamente revolucionarios, se vieron obligados por la fuerza de las cosas, por la lógica de la lucha electoral, a agruparse en torno a los cadetes[51]. La unión de todos los compromisarios progresistas con los cadetes, que hemos reflejado en el cuadro anterior, se produjo también en la realidad. Luchaban, en esencia, dos grandes fuerzas: a favor del gobierno (el terrateniente contrarrevolucionario, el capitalista y el funcionario embrutecido) y contra el gobierno (el terrateniente liberal, la pequeña burguesía y toda clase de elementos indefinidos de la democracia revolucionaria). Que los elementos situados a la izquierda de los cadetes les entregaron sus votos es indudable a partir del cuadro general de las elecciones de Petersburgo[52], lo confirman los testimonios directos de numerosos testigos (el voto de la «gente sencilla» por la «libertad», etc., etc.), y se ve también de manera indirecta por el traslado masivo al campo cadete de la prensa democrática, un poquito más de izquierda que la prensa cadete. Por consiguiente, si el núcleo del actual partido cadete lo forman indudablemente personas que con certeza no sirven para nada serio fuera de la verborrea parlamentaria de juguete, eso no puede decirse en absoluto de toda la masa de electores pequeñoburgueses que votaron a los cadetes. «Con nosotros ha sucedido, en esencia, lo mismo que en Alemania les sucede en las elecciones a los socialdemócratas –dijo un cadete al reportero del periódico cadete (o semicadete) *Nasha Zhizn* (n.º 401, 23 de marzo)–; muchos votan por ellos porque son el partido más opositor frente al gobierno.»

Esto está muy bien dicho. Solo falta un pequeñísimo añadido: los socialdemócratas alemanes, como partido combativo y, en el pleno sentido de la palabra, de vanguardia socialista, agrupan a su alrededor a muchos elementos relativamente atrasados. Los cadetes rusos, como partido democrático atrasado y no combativo en el pleno sentido de la palabra, han arrastrado consigo a muchos elementos democráticos avanzados y capaces de lucha, gracias a la eliminación violenta de la palestra de los partidos verdaderamente democráticos. Dicho de otro modo: los socialdemócratas alemanes arrastran con ellos a los que marchan detrás; los constitucional-demócratas rusos marchan ellos mismos detrás de la revolución democrática y arrastran con ellos a muchos elementos avanzados solo cuando quienes van por delante de ellos pueblan fundamentalmente las cárceles y los lugares de eterno descanso…[53]. Esto dicho de paso, para que nuestros cadetes no se imaginen demasiado de sí mismos a cuenta de compararse con los socialdemócratas alemanes.

Gracias a la eliminación de la escena de la lucha parlamentaria de juguete de los elementos democráticos avanzados, y por el tiempo que dure tal eliminación, los cadetes tienen naturalmente posibilidades de adueñarse de ese parlamento de juguete que se llama la Duma de Estado rusa. Si tomamos las cifras antes citadas, tenemos en cuenta la victoria de Petersburgo y otras victorias posteriores de los cadetes, calculamos aproximadamente el enorme predominio de los compromisarios rurales sobre los urbanos, unimos a los electos de los terratenientes los electos campesinos, entonces en conjunto habrá que reconocer como plenamente posible e incluso probable la hipótesis de que la Duma sea cadete.