La cuestión de la insurrección armada fue la última que se discutió con cierta profundidad y de manera principista en el congreso. Las demás cuestiones fueron ya despachadas de forma atropellada o resueltas sin debates.

La resolución sobre las acciones combativas guerrilleras se aprobó como un apéndice de la resolución sobre la insurrección armada. Yo no estaba presente en ese momento en la sala de sesiones y no oí de los camaradas nada sobre ningún debate mínimamente interesante acerca de esta cuestión. Y es que esta cuestión, por supuesto, no es de principio.

Las resoluciones sobre los sindicatos y sobre la actitud hacia el movimiento campesino fueron adoptadas por unanimidad. En las comisiones encargadas de preparar las resoluciones, los bolcheviques y los mencheviques llegaron a un acuerdo sobre estas cuestiones. Destaco en la resolución sobre el movimiento campesino la valoración completamente correcta del partido kadete y el reconocimiento de la insurrección como «el único medio» para conquistar la libertad. Ambas tesis deben ser tenidas en cuenta con mayor frecuencia en el trabajo de nuestra agitación cotidiana.

La unificación con los partidos socialdemócratas nacionales ocupó algo más de tiempo. La fusión con los polacos fue aprobada por unanimidad. La fusión con los letones, según recuerdo, también, en cualquier caso, sin grandes debates. En torno a la cuestión de la fusión con el Bund se libró una gran batalla. La fusión fue aprobada, recuerdo, por 54 votos o aproximadamente esa cifra. Votaron a favor los bolcheviques (casi todos), el centro y los mencheviques menos inclinados al fraccionalismo. Se estableció la unidad de los comités dirigentes locales del POSDR y la elección de delegados al congreso sobre bases comunes. Se adoptó una resolución que reconoce la necesidad de luchar por los principios centralistas de organización (nosotros propusimos otra resolución, de redacción distinta pero idéntica en su sentido, en la que se subrayaba la importancia práctica de la concesión que habíamos hecho al Bund y se reconocía la necesidad de una lucha consecuente por una cohesión más estrecha y más renovada de las fuerzas del proletariado).

Algunos mencheviques se acaloraron mucho a propósito de la unificación con el Bund y nos acusaron de apartarnos de los principios del Segundo Congreso. La mejor respuesta a estas acusaciones es una consulta al n.º 2 de *Noticias del Partido*. Los bolcheviques publicaron allí, mucho antes del congreso, un proyecto de resolución que proponía una serie de concesiones ulteriores a todos los partidos socialdemócratas nacionales, incluida la «representación proporcional en las instituciones locales, regionales y centrales del partido»[18]. Los mencheviques respondieron en ese mismo n.º 2 de *Noticias del Partido* a nuestras resoluciones con sus contrarresoluciones, sin hacer la más mínima salvedad sobre su desacuerdo con nuestro plan de hacer nuevas concesiones al Bund y a otros partidos socialdemócratas nacionales.

Me parece que este hecho da la mejor respuesta a esa cuestión controvertida: si fueron los bolcheviques quienes, por fraccionalismo, votaron a favor del Bund, o fueron los mencheviques quienes, por fraccionalismo, votaron en contra del Bund.

Los estatutos del partido fueron aprobados muy rápidamente. Yo estuve en la comisión encargada de elaborar el proyecto de estatutos. Los mencheviques quisieron elevar a 2/3 el número de miembros del partido necesario para convocar un congreso extraordinario. Yo declaré entonces, junto con mis colegas bolcheviques, categóricamente, que el más mínimo intento de disminuir ese mínimo de autonomía y de derechos de la oposición que el fraccional III Congreso había reconocido en los estatutos, significaría una escisión inevitable. De ustedes depende, camaradas mencheviques: si desean observar la lealtad, respetar todos los derechos de la minoría, todos los derechos de la oposición[19], entonces nosotros nos someteremos, introduciremos a nuestros partidarios en el Comité Central y condenaremos la escisión. Si no lo desean, entonces la escisión es inevitable.

Los mencheviques accedieron a rebajar los 2/3 a 1/2. Los estatutos fueron aprobados por unanimidad: tanto el artículo 1 como el principio del centralismo democrático. Las divergencias las suscitaron únicamente dos puntos.

El segundo punto de divergencia concernía a las relaciones entre el Comité Central y el Órgano Central. Los mencheviques hicieron aprobar la elección del Órgano Central en el congreso y la incorporación del Órgano Central al Comité Central en cuestiones de política (un punto poco claro que probablemente provocará malentendidos). Los bolcheviques, remitiéndose a la triste experiencia de los choques literarios en los partidos ruso y alemán[20], se pronunciaron por el nombramiento de la redacción del Órgano Central por el Comité Central y por su derecho a cambiar dicha redacción. La decisión de los mencheviques, a mi juicio, muestra indudablemente que en el ala derecha de nuestro partido existe una anormalidad también en la relación entre los literatos, por un lado, y los dirigentes práctico-políticos, por el otro.

Como curiosidad, cabe señalar además que los mencheviques hicieron aprobar en el congreso la confirmación de la resolución del Congreso Socialista Internacional de Ámsterdam sobre la actitud hacia los partidos burgueses{38}. Esta decisión pasará a la historia de nuestros congresos socialdemócratas precisamente como una curiosidad. En efecto, ¿acaso no son obligatorias todas las resoluciones de los congresos socialistas internacionales para los partidos socialdemócratas de todos los países? ¿Qué sentido tiene entonces destacar y confirmar una de esas resoluciones? ¿Dónde y cuándo se ha visto que los partidos socialdemócratas nacionales, en lugar de resolver la cuestión de la actitud hacia tal o cual partido burgués de su país, se remitan a la actitud común a todos los países hacia todos los partidos burgueses en general? Antes del congreso, tanto los bolcheviques como los mencheviques prepararon proyectos de resolución sobre la actitud hacia los partidos burgueses en Rusia en el año de gracia de 1906. Si no hubo tiempo en el congreso para examinar esta cuestión, habría que haberla aplazado simplemente. Pero escoger una vía «intermedia» semejante: no examinar la cuestión de los partidos rusos, pero confirmar la resolución internacional sobre la cuestión general, significaba únicamente mostrar ante el mundo entero su propia perplejidad. ¡No sabemos, vaya, cómo resolver por nuestra propia cabeza lo referente a los partidos rusos, así que repitamos al menos la resolución internacional! Esta fue la forma más desafortunada, que sólo podía suscitar burlas, de dejar la cuestión abierta.

Y la cuestión es sumamente importante. El lector encontrará en el apéndice los proyectos de las correspondientes resoluciones de la mayoría y de la minoría. Propongo a quienes se interesen por esta cuestión (¿y qué militante práctico, agitador o propagandista puede no interesarse por esta cuestión?) que comparen estos proyectos de vez en cuando con las «lecciones de la revolución», es decir, con aquellos hechos políticos de la vida de los partidos que la vida rusa brinda ahora en tal abundancia. Quien quiera hacer esta comparación, verá que la revolución confirma cada vez más nuestra valoración de las dos corrientes principales en la democracia burguesa: la liberal-monárquica (principalmente, los kadetes) y la democrático-revolucionaria.

En cambio, la resolución menchevique ostenta las huellas evidentes precisamente de ese desamparo y perplejidad que condujeron en el congreso a la salida curiosa: confirmar la resolución internacional. La resolución menchevique consiste únicamente en frases generales, sin intento de resolver (o esbozar la solución) de las cuestiones concretas de la realidad política rusa. Hay que criticar a todos los partidos, dice esta resolución perpleja, hay que desenmascararlos, hay que reconocer que no hay partidos democráticos plenamente consecuentes. Pero cómo precisamente se debe «criticar y desenmascarar» a los diversos partidos burgueses de Rusia o a los diversos tipos de estos partidos, eso la resolución no lo sabe. Dice que hay que «criticar», pero no sabe criticar, pues la crítica marxista de los partidos burgueses consiste precisamente en el análisis concreto de tal o cual base de clase de los diversos partidos burgueses. La resolución dice, desamparada: no hay partidos democráticos plenamente consecuentes, y no sabe definir las diferencias en la consecuencia de los partidos democrático-burgueses rusos, diferencias que ya se han manifestado y se manifiestan en el curso de nuestra revolución. Tras las frases huecas, tras los lugares comunes de la resolución menchevique, desaparecieron incluso las fronteras de los tres tipos fundamentales de nuestros partidos burgueses: el tipo octubrista, el tipo kadete, el tipo de los demócratas revolucionarios. Y estos socialdemócratas nuestros del ala derecha, ridículamente desamparados a la hora de valorar las bases de clase y las tendencias de los distintos partidos de la Rusia burguesa, ¡acusan aún a los socialdemócratas de izquierda de «verdadero socialismo», es decir, de ignorar el papel históricamente concreto de la democracia burguesa! Una vez más: esto es realmente cargar las culpas de la cabeza enferma sobre la sana.

Me he desviado un poco del tema de mi exposición. Pero ya advertí al comienzo de mi folleto que al informe sobre el congreso me proponía añadir algunas reflexiones a propósito del congreso. Y pienso que, para una evaluación consciente del congreso por los miembros del partido, es necesario reflexionar no sólo sobre lo que el congreso hizo, sino también sobre lo que el congreso no hizo, aunque debió haber hecho. Y la necesidad del análisis marxista de los diferentes partidos democrático-burgueses de Rusia es cada día más clara para todo socialdemócrata que reflexiona.

Las elecciones transcurrieron en el congreso en unos minutos. Todo estaba acordado, en esencia, antes de las sesiones generales del congreso. El quinteto del Órgano Central fue compuesto por los mencheviques enteramente con mencheviques; en el Comité Central acordamos introducir a tres junto a siete mencheviques. Cuál será su situación, como una especie de controladores y garantes de los derechos de la oposición, eso lo mostrará aún el futuro.