Hemos recibido el № 6 del *Diario* de Plejánov: doce páginas impresas en Ginebra. Nos sorprendió gratamente que la prensa liberal-burguesa rusa se abstuviera esta vez, como excepción, de elogiar a Plejánov. Seguramente la disolución de la Duma disipó el optimismo del camarada Plejánov —pensábamos, al leer en los periódicos liberales las noticias sobre la publicación del № 6 del *Diario*, sin las habituales citas compasivas.

Y, en efecto, en el № 6 del *Diario*, el camarada Plejánov abandona la posición del ala extrema derecha del menchevismo que ocupaba (junto con el camarada Rajmétov) durante la Duma. Se mantuvo completamente ajeno al afán de los mencheviques de debilitar la consigna revolucionaria: «¡por la Asamblea Constituyente!», mediante el añadido: «a través de la Duma» y «por la Duma», etc. Plejánov demuestra con razón que la única consigna puede ser la convocatoria de la Asamblea Constituyente, y critica con razón al manifiesto de Víborg por la ausencia de esta consigna. Plejánov se mantuvo también completamente ajeno al empeño menchevique de vincular forzosamente la «acción» con la Duma, aunque fuera una acción parcial en lugar de una general, aunque fuera inmediata y sin preparar en lugar de una más tardía y más madura. Plejánov, por último, no solo no adapta esta vez las consignas de la socialdemocracia a las kadetes, no solo no identifica a estas últimas con la democracia burguesa en general, sino que, por el contrario, critica directa y abiertamente las vacilaciones de los kadetes (¡por eso los periódicos kadetes callaron sobre Plejánov!), oponiéndoles del modo más resuelto al campesinado «trabajador».

Todo esto nos alegra en alto grado. Pero es lamentable que persista en Plejánov toda una serie de imprecisiones tácticas y vacilaciones tácticas.

Plejánov reprocha con razón a los autores del llamamiento de Víborg que se «limitaran» al llamamiento a negarse a pagar impuestos y a entregar reclutas, que intentaran mantenerse en el terreno de la legalidad. Era necesario, dice, decir: «Preparaos, porque el momento se acerca». Era necesario enarbolar la consigna de la Asamblea Constituyente.

Pero negarse a pagar impuestos, etc., es un medio de lucha. La convocatoria de la Asamblea Constituyente es el objetivo inmediato de la lucha. Al reprochar a los kadetes el afán de limitarse a un solo medio, era necesario señalar otros medios y analizar las condiciones de su aplicación, su significado, etc. Es incorrecto soslayar esta cuestión, como hace Plejánov con la observación «bástele a cada día su propio afán». La socialdemocracia está obligada a guiar al proletariado no solo en el planteamiento de consignas correctas, sino también en la elección de los medios de lucha más resueltos y más convenientes. La experiencia de la revolución rusa nos ha proporcionado ya no poco material sobre cómo, a medida que se amplían las tareas de la lucha y crece la masa que participa en ella, cambian también los medios, los modos y los métodos de lucha, volviéndose más resueltos, más ofensivos. Precisamente en un momento como el actual, no debemos silenciar, sino estudiar con especial atención la cuestión de los diversos medios de lucha, tales como la huelga política, la insurrección armada, etc. Esta es la cuestión candente del día, y los obreros avanzados nos exigen con razón una respuesta a estas preguntas.

Al examinar la cuestión de cómo se relacionan los intereses de las distintas clases con la reivindicación de la Asamblea Constituyente, Plejánov establece una diferencia entre tres clases. (1) Respecto al proletariado, constata la plena coincidencia de sus intereses de clase con los intereses nacionales. (2) Respecto al «campesinado trabajador», señala la posibilidad de que sus intereses diverjan en determinadas condiciones de los nacionales, pero subraya que «su interés de clase» exige la convocatoria de la Asamblea Constituyente. (3) Respecto a «aquellas capas representadas por el partido k.-d.», Plejánov reconoce que sus «intereses de clase» les harán mirar con desconfianza la convocatoria de la Asamblea Constituyente, que esto demostrará su «reconciliación» con los actos de los señores Stolypin, su temor a perder las tierras de los terratenientes sin indemnización alguna, etc. Y Plejánov declara que «no quiere lanzarse a hacer pronósticos» acerca de si los intereses de clase se impondrán a los intereses nacionales en los kadetes o viceversa.

Los pronósticos son sobre el futuro, pero el rechazo de los kadetes a la consigna de la Asamblea Constituyente y a la lucha revolucionaria por ella es el presente. Silenciarlo no solo es inútil, sino perjudicial. Y si no lo silenciamos, es evidente que habrá que reconocer: «El proletariado, junto con el campesinado trabajador consciente, contra los kadetes poco fiables y vacilantes». Plejánov se ha acercado mucho a esta directiva táctica, que se desprende inevitablemente de su actual planteamiento de la cuestión.

Escribe: «Todos los partidos que participan en este movimiento (la lucha por la Asamblea Constituyente) deberían ponerse de acuerdo de inmediato entre sí para la ayuda mutua en esta causa». ¡Correcto! ¿Qué partidos son esos? Los que están a la izquierda de los kadetes y que deben ser llamados partidos de la democracia revolucionaria burguesa y pequeñoburguesa (pues la consigna de la Asamblea Constituyente es una consigna revolucionaria, a diferencia de la consigna opositora y «leal» de los kadetes: «una nueva Duma cuanto antes»). Por tanto, un acuerdo de combate del partido del proletariado con los partidos de la democracia revolucionaria.

Esto es precisamente en lo que siempre hemos insistido. Solo queda desear que Plejánov mantenga en adelante este punto de vista de manera consecuente. Para mantenerlo consecuentemente, será necesario poner como condición de tal acuerdo de combate no solo el reconocimiento de la consigna democrático-revolucionaria (la Asamblea Constituyente), sino también el reconocimiento del medio revolucionario de lucha al que ya ha llegado nuestro movimiento y que inevitablemente tendrá que aplicar en la lucha por la Asamblea Constituyente, es decir, el reconocimiento de la insurrección popular. Además, para explicar realmente la consigna de la Asamblea Constituyente, y no solo repetirla, será necesario plantear también la cuestión del gobierno revolucionario provisional. Sin plantear esta cuestión, Plejánov no delimitará correctamente los intereses del campesinado «trabajador» de los intereses de clase de «aquellas capas representadas por el partido kadete». Sin plantear esta cuestión, Plejánov dejará un vacío enorme en nuestra propaganda y agitación, pues todo agitador se preguntará: ¿quién debe, en opinión del partido obrero, convocar la Asamblea Constituyente?

La cuestión de la insurrección, al igual que la cuestión de los medios de lucha en general, Plejánov, como ya hemos señalado, la esquiva de manera totalmente infundada. Escribe: «En el momento actual, la insurrección solo podría ser un estallido de indignación popular, solo una revuelta que las autoridades aplastarían sin dificultad; pero nosotros no necesitamos revueltas, estallidos; necesitamos una revolución victoriosa».

Esto es como si Nogi, en agosto de 1905, hubiera dicho: «No necesitamos ataques a Port Arthur, sino la toma de Port Arthur». Se pueden contraponer ataques inoportunos a ataques oportunos, ataques sin preparar a ataques preparados, pero no se puede contraponer los ataques en general a la «toma» de la fortaleza. Esto es un error. Significa soslayar la cuestión de los medios para tomar la fortaleza. Y es precisamente este error el que comete el camarada Plejánov.

O bien se calla algo, o bien la cuestión no le está clara a él mismo.

La diferencia entre una huelga-manifestación y una huelga-insurrección es clara. La diferencia entre las «manifestaciones masivas parciales de protesta» y una acción general y de toda Rusia es clara. La diferencia entre las insurrecciones parciales y locales y una insurrección general, de toda Rusia, apoyada por todos los partidos y elementos revolucionarios, también es clara. Si usted llama a las manifestaciones, las protestas parciales, las insurrecciones parciales «estallidos», su pensamiento también será claro, y su protesta contra el «estallidismo» será totalmente justa.

Pero decir: «no necesitamos estallidos, sino una revolución victoriosa» significa no decir nada. Peor aún: significa dar a una vacuidad un aspecto de gran significado. Significa aturdir al lector con el repiqueteo de una frase efectista pero hueca. Es muy difícil encontrar a dos revolucionarios que no hayan perdido el juicio y que no coincidan en que necesitamos «no estallidos, sino una revolución victoriosa». Pero al mismo tiempo, no es muy fácil encontrar a dos revolucionarios plenamente sensatos que coincidan en qué medio de lucha, en qué momento preciso, no será un «estallido», sino un paso seguro hacia la revolución victoriosa. Al repetir con aspecto efectista aquello de lo que nadie duda, y al soslayar aquello en lo que consiste la verdadera dificultad de la cuestión, Plejánov no avanza mucho.

Para concluir, no se puede dejar de señalar que Plejánov, por supuesto, intenta «pellizcar» de pasada a los bolcheviques: que si son blanquistas, porque boicotearon la Duma, que si «frívolos», porque supuestamente no sabían (hasta la enseñanza del camarada Plejánov en el № 6 del *Diario*) de la necesidad de un trabajo intensificado en las tropas. A estos pellizcos basta con señalarlos, no merece la pena responder. Si el camarada Plejánov cree que con su actual posición táctica fortalece a los mencheviques en nuestro partido y debilita a los bolcheviques, no tenemos nada en contra de dejarlo en este agradable error.

*Proletari* № 2, 29 de agosto de 1906.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*.