Después de la fracasada combinación con un ministerio de kadetes, octubristas y funcionarios, el gobierno trató de amedrentar a los kadetes con la dictadura. Ahora los kadetes amedrentan al gobierno con la revolución. "Riech" escribe:

"El incendio se extiende, tal es la impresión que producen las noticias que el telégrafo nos trae de todos los confines de Rusia… No arde ya la intelectualidad revolucionaria, ni siquiera la clase obrera; arde el campesinado, arden las tropas. Es decir, para decirlo con más propiedad, arde toda Rusia… Los campesinos, al menor pretexto, empiezan a reunirse en multitudes de decenas de miles y a ejercer su propia justicia contra las autoridades, contra los terratenientes, contra las haciendas y cortijos."

Con motivo de este "incendio", el prof. Gredeskul se apresura a mostrar la profundidad de su comprensión de los acontecimientos históricos:

"Estamos, sin duda, en vísperas de acontecimientos decisivos. O el gobierno entra en razón en los próximos días y entrega el poder a un ministerio de la Duma, o nos conduce a las mayores catástrofes."

O la revolución o el ministerio kadete. Nada tiene de extraño que el kadete lo utilice todo, y sobre todo la iniciativa revolucionaria del pueblo, para demostrar la necesidad de un ministerio kadete. Sólo que en vano se engaña: contra el veneno de la iniciativa revolucionaria del pueblo, contra la aspiración, que la misma "Riech" constata, de las masas a ejercer su derecho a la libertad de reunión (no la libertad de reunión kadete, sino plena) y a la totalidad de la tierra, resultará ineficaz el antídoto —el ministerio kadete— que ahora recetan a la revolución los curanderos kadetes.

Esfuércense, señores; la revolución pudo con el sistema Witte-Durnovó, podrá también con los antídotos kadetes.

O la revolución o el ministerio kadete, dice "Riech" y añade: nosotros, permítanme decirles, no le tememos a la revolución, pero a ustedes les irá peor. Mas el valor de semejantes discursos lo conocen todos los que en momentos de lucha saben mantenerse en posiciones combativas. El órgano de los organizadores de progromos y de los sargentos de caballería, "Nóvoye Vremia", comprende también perfectamente que los señores Gredeskul mencionan la revolución sólo porque le tienen más miedo que al fuego. Y por eso "N. Vremia", en nuestra opinión, desenmascara mucho mejor la psicología y la esencia política de la combinación que se prepara cuando declara: "a la revolución, señores kadetes, ustedes y nosotros le tenemos el mismo miedo; pero nosotros casi hemos agotado ya nuestros recursos para luchar contra ella, mientras que a ustedes aún les quedan algunos; por consiguiente, prueben y no prolonguen el asunto". Exactamente. Los kadetes dicen: podemos esperar; y los señores de "Nóvoye Vremia" los apremian: vengan pronto, que la revolución está venciendo.

En el último número, "N. Vremia" escribe:

"… se producirá una explosión, la responsabilidad de la cual recaerá no sólo sobre el ministerio actual, sino también sobre el partido kadete, culpable de que, no queriendo por timidez perder una parte de su popularidad ante la extrema izquierda, ha llevado a la Duma de Estado al camino de un conflicto fatal y prolongado, y ha cometido un crimen contra la ley de la evolución pacífica, insistiendo en la realización inmediata y combativa del programa político, cuando esto requiere un tiempo muy, muy largo."

Así marchan las cosas: regatean, se amedrentan unos a otros, y luego se ponen de acuerdo: la obra es la misma, y el objetivo es el mismo.

Ayer señalábamos[53] que no es razonable que Trépov rompa con los kadetes únicamente por la inadmisibilidad en principio de la enajenación forzosa de la tierra en favor de los campesinos, desde el momento en que los kadetes arrancan a los campesinos buenos dineros "según una valoración justa" por la tierra enajenada. Hoy "Slovo" dice:

"La reforma agraria es la piedra angular de todos los rumores sobre la formación de un nuevo gabinete de la mayoría de la Duma. En los rumores que nos han llegado de otras fuentes, el terreno sobre el cual puede realizarse un acuerdo en la cuestión de la formación del gabinete de la Duma es el terreno de un nuevo empréstito. El objetivo del empréstito es, ante todo, resolver la acuciante cuestión de la tierra. Según los cálculos realizados, para resolver esta cuestión, soslayando la idea inaceptable de la enajenación forzosa, se necesitan dos mil millones de rublos. La segunda mitad del empréstito debería ser asignada a la disposición incontrolada de los ministerios de Guerra y de Marina para fortalecer la preparación combativa del ejército y la flota."

Así, pues, el asunto marcha viento en popa: a cambio de dos mil millones para indemnizar a los terratenientes y demás que serán expropiados, más dos mil millones a la disposición incontrolada de los ministerios de Guerra y de Marina, Trépov está dispuesto a poner a los kadetes en el poder, prescindiendo ya de los principios. No pide caro, ¿verdad, señores kadetes?

"Nasha Zhizn" se inquieta por la idea de un nuevo congreso de nuestro partido. Se esfuerza por presentar el próximo congreso como una especie de catástrofe, como un síntoma de una enfermedad incurable del partido. "¡Otro congreso!" – exclama horrorizada. Sí, otro congreso – como salida inevitable de la situación creada en el partido, cuando el Comité Central y sus directivas resultaron estar en contradicción con la conciencia de todo el partido. El partido está ahora reorganizado sobre bases democráticas, y nosotros preguntaríamos a los demócratas de "Nasha Zhizn": ¿cómo puede ser expresada la opinión organizada de un partido democrático, si no es a través de un congreso? Estos señores citan en su periódico los datos publicados en "Ejo" acerca del número de organizaciones y de votos que se han manifestado contra la política del CC, y al mismo tiempo se horrorizan del congreso.

No, la idea de un nuevo congreso no es una catástrofe, es un signo de la vida del partido, un signo de la fuerza de la opinión pública en el partido, un signo de que el partido encuentra, de manera simple y fácil, la salida de la situación difícil creada por las circunstancias. Y estamos seguros de que a nadie en el partido, y menos aún a nuestro ministerio responsable – el CC –, el congreso puede parecerle una catástrofe. Para el partido ahora el congreso es una necesidad, para el CC una obligación; para los kadetes y sus comparsas, quizás un contratiempo. Pero, ¡qué hacer! Sabemos que, sea cualquiera el triunfo del congreso, éste será un grave contratiempo para la burguesía.

En el periódico "Golos Truda" (núm. 7) se ha publicado:

"Hemos concedido al camarada Rajmétov el derecho a expresarse libremente. Por nuestra parte, nos mantenemos en el terreno de la resolución de Amsterdam y lo hemos demostrado con suficiente claridad y precisión en los artículos de fondo sobre las más diversas cuestiones de la política actual, desde el primer día de la aparición del partido k.-d. en la arena de la vida política."

No sabemos qué es lo que en realidad escribió a la redacción de "Golos Truda" el camarada K. P—v, pero no podemos por menos de sentir perplejidad: ¿acaso la redacción necesitaba recibir esta carta para "comprender" el artículo de N. Rajmétov? Y si comprendía, aun sin la carta del camarada K. P—v, que no estaba de acuerdo con N. Rajmétov, ¿cómo podía imprimir artículos de fondo de principio, sin hacer constar su disconformidad con ellos? Además, la extensión del artículo, interesante, en esencia, sólo por su mordacidad y por lo "extremado" de sus conclusiones y consignas, indujo a error a no pocos lectores, que supusieron que el autor se hallaba próximo a los círculos dirigentes del partido. Pero al sentimiento de perplejidad se une en nosotros, con todo, un sentimiento de cierta satisfacción: a "Golos Truda", es cierto, le ha hecho falta una semana para desolidarizarse de N. Rajmétov; mas, con todo, más vale tarde que nunca.

Escrito el 28 de junio (11 de julio) de 1906.

Publicado el 29 de junio de 1906 en el periódico "Ejo", núm. 7.

Se publica según el texto del periódico.