El camarada N. Rajmétov diserta en *Golos Truda* sobre «las tareas políticas de la socialdemocracia rusa». Cuatro columnas del folletín están dedicadas a demostrar que

«al proletariado, como una de las clases que actúan en Rusia, no le conviene en absoluto abandonar la Duma a su suerte: ello equivaldría a borrarse de la lista de las fuerzas políticas vivas, llevaría únicamente a que el proletariado estuviera muy lejos de utilizar la revolución burguesa rusa en toda la plenitud para él accesible».

«Basta con plantear así la cuestión —declara N. Rajmétov— para ver que no puede haber dos respuestas a ella». Completamente justo, camarada Rajmétov, pero todo el mal está en que eso no es el "planteamiento de la cuestión", sino un lugar común trillado.

La «cuestión» jamás se ha planteado así. Mientras tanto, el camarada Rajmétov evidentemente sabe cómo se planteaba —y se plantea— la cuestión, cuando de la tirada antes citada saca de manera completamente inesperada la siguiente conclusión:

«El proletariado está obligado —tanto ante sí mismo como ante todo el país— no sólo a no apoyar una neutralidad pasiva en la lucha de la Duma contra la autocracia, sino a ponerse en esta lucha audaz y resueltamente al lado de la Duma contra el gobierno».

Aquí empieza ya la «cuestión». Y el propio camarada Rajmétov lo comprende, pues prevé que

«el periódico *Svetoch*, probablemente, acogerá con gran escepticismo una táctica semejante. Este periódico escribe: "El esquema dialéctico impecable de la 'revolución a través de la Duma' adolece del olvido de un solo hecho prosaico y cotidiano: el hecho de que la Duma existente es una institución compuesta en su mayoría por elementos burgueses que temen a la revolución y, en virtud de ello, le son hostiles". Semejantes razonamientos pueden servir de óptimo indicador de cómo no debe razonar jamás y en ningún caso un socialdemócrata. El socialdemócrata está obligado a saber que la táctica política del proletariado no está dictada por el estado de ánimo de los otros grupos sociales, sino por aquel proceso histórico objetivo que obligará a esos grupos a acciones determinadas. El socialdemócrata está obligado a saber y a tener en cuenta lo que deberán hacer las clases con las cuales tiene que vérselas. Y, planteando así la cuestión, se convence de lo siguiente: al expresar su disposición a apoyar de manera revolucionaria a la Duma contra el zarismo, el proletariado con ello mismo fuerza a la Duma a una mayor actividad revolucionaria. Se necesita una dosis considerable de inmadurez política para no comprender esta simple "verdad"».

¡Extraño razonamiento! Según el camarada Rajmétov resulta que, incluso si nuestra burguesía está en un estado de ánimo contrarrevolucionario, es posible aun así forzarla a volverse revolucionaria.

Para ello, al parecer, hace falta «rodear a la Duma con un anillo de fuego del empuje revolucionario». Entonces ante la Duma se planteará la «cuestión»: «o arder o fundirse con la llama común», la «cuestión de la vida o la muerte».

Tememos mucho por el camarada Rajmétov; no vaya el camarada Plejánov a pillarlo por su «planteamiento» metafísico «de la cuestión», por su incapacidad de plantear dialécticamente la cuestión política más importante. Pues los ex mencheviques y el camarada Plejánov han protestado tan a menudo contra semejantes «o – o» en las cuestiones políticas. ¿Por qué, forzosamente, «o arder o fundirse con la llama común»? ¿Acaso piensa el camarada Rajmétov que para la fracción de los señores Guertsenstein y Nabókov no hay una tercera salida? ¿Y por qué no habrían ellos de intentar, verbigracia, en alianza con los burócratas más «decentes», romper ese «anillo de fuego del empuje revolucionario»?

Nosotros, por ejemplo, pensamos que, si la ola de la revolución, que crece victoriosamente, fuerza a algo a los elementos dirigentes del partido cadete, será justamente a esa tercera salida, es decir, simple y llanamente a un trato con los burócratas.

Que el «Partido de la Libertad Popular», en su forma actual, pueda «arder» en esa empresa es plenamente verosímil, pero ¿cuándo entenderán por fin los camaradas Rajmétov que todo el ruido de la libertad popular fue para los cadetes un simple artilugio para alcanzar las carteras ministeriales y de ningún modo para esa «lucha contra el zarismo» que tan infructuosamente se esfuerzan en endilgarles los camaradas Rajmétov? Y, en general: los dueños de la Duma —por ahora— son el centro cadete; ustedes quieren «rodear esta Duma con un cinturón de fuego del empuje revolucionario». Eso está muy bien, eso es indudablemente importante y necesario. Pero ¿acaso no sería preciso al mismo tiempo prevenir incansablemente a «los que empujan» que con su empuje, inevitablemente… empujarán a los actuales dueños de la Duma a los brazos de los burócratas? ¿No debería ser así, camarada Rajmétov?

Escrito el 22 de junio (5 de julio) de 1906.

Publicado el 23 de junio de 1906 en el periódico *Ejo*, núm. 2.

Se publica según el texto del periódico.