Considerando:

1) que, con la destrucción masiva de las fuerzas productivas y la inaudita ruina del pueblo, la crisis económica y financiera que atraviesa Rusia no solo no se atenúa, sino que, por el contrario, se extiende y se agudiza, engendrando un terrible desempleo en las ciudades y hambre en las aldeas;

2) que, aunque en el seno de la clase de los grandes capitalistas y terratenientes, atemorizada por la iniciativa revolucionaria del pueblo que amenaza sus privilegios e intereses rapaces, se produce un viraje brusco desde la oposición hacia el pacto con la autocracia con el fin de sofocar la revolución, en cambio, las reivindicaciones por la realización efectiva de la libertad política y de las transformaciones socioeconómicas se amplían y se fortalecen en nuevas capas de la pequeña burguesía y del campesinado;

3) que el actual gobierno reaccionario, esforzándose de hecho por conservar la vieja autocracia, pisoteando todas las libertades por él proclamadas, otorgando solamente voz consultiva a las capas superiores de las clases poseedoras, falseando groseramente la representación popular, instaurando un régimen de represiones militares, ejecuciones feroces y fusilamientos en masa en todo el país, intensificando hasta proporciones inauditas la arbitrariedad policial y administrativa, provoca con ello efervescencia y descontento entre amplios sectores de la burguesía, exasperación e indignación entre las masas del proletariado y del campesinado, y prepara el terreno para una nueva crisis política, más amplia y más aguda;

4) que el curso de los acontecimientos de finales de 1905 —las huelgas de masas en las ciudades, la indignación en las aldeas y la insurrección armada de diciembre, provocada por el afán de defender las libertades conquistadas por el pueblo y arrebatadas por el gobierno, y, a continuación, la despiadada represión militar del movimiento de liberación— ha mostrado la vanidad de las ilusiones constitucionales y ha abierto los ojos a las amplias masas del pueblo sobre el perjuicio de tales ilusiones en una época en que la lucha por la libertad ha alcanzado la tensión de una guerra civil abierta;

Reconocemos y proponemos al congreso que adopte:

1) que la revolución democrática en Rusia no solo no está en decadencia, sino que, por el contrario, marcha hacia un nuevo ascenso, y el actual período de relativa calma debe considerarse no como una derrota de las fuerzas de la revolución, sino como un período de acumulación de energía revolucionaria, de asimilación de la experiencia política de las etapas recorridas, de incorporación de nuevas capas del pueblo al movimiento y, por consiguiente, de preparación de un nuevo embate revolucionario aún más poderoso;

2) que la forma principal del movimiento de liberación en el momento actual no es la lucha legal sobre una base cuasiconstitucional, sino el movimiento directamente revolucionario de las amplias masas populares, que rompen las leyes policiaco-feudales, crean derecho revolucionario y destruyen por medios violentos los órganos de opresión del pueblo;

3) que los intereses del proletariado, como clase de vanguardia de la sociedad moderna, exigen una lucha despiadada contra las ilusiones constitucionales que difunde la burguesía liberal-monárquica (incluido el partido de los constitucionalistas-demócratas), encubriendo con ello sus estrechos intereses de clase, y que en el período de guerra civil ejercen la influencia más corruptora sobre la autoconciencia política del pueblo.