I

La disolución de la Duma ha marcado, sin duda, una grave crisis política en el curso de la revolución rusa. Como toda crisis, agudizó de inmediato y del modo más enérgico todas las contradicciones políticas, puso al desnudo el trasfondo de muchos fenómenos y planteó ante el pueblo, en toda su magnitud, tareas que hasta entonces apenas se esbozaban y no penetraban en la conciencia de las amplias masas. Como toda crisis que resume todo un período de desarrollo anterior, la disolución de la Duma debía inevitablemente desempeñar el papel de piedra de toque para probar y verificar una u otra orientación de los puntos de vista tácticos. Por un lado, la crisis cierra un determinado ciclo de desarrollo y ofrece así la posibilidad de determinar de manera palpable el acierto o desacierto de la apreciación general de ese desarrollo. Por otro lado, la crisis obliga a dar respuestas inmediatas a toda una serie de problemas que se plantean con agudeza, y esas respuestas a menudo son verificadas, por decirlo así, en el acto, debido al rápido curso de los acontecimientos.

La disolución de la Duma resultó ser precisamente esa "piedra de toque" para las "dos tácticas" que desde hacía tiempo se perfilaban en la socialdemocracia rusa. Durante el "período de la Duma" discutíamos con más o menos calma sobre estas dos tácticas, pues la situación política no suscitaba la necesidad de dar pasos políticos inmediatos de envergadura. La disolución de la Duma suscitó de golpe esa necesidad. Las "dos tácticas" fueron puestas a prueba ante la crisis política. Es necesario examinar con la mayor atención los resultados de esta prueba.

II

El Comité Central de nuestro partido está en manos de los socialdemócratas del ala derecha. De ellos se exigían ahora respuestas rápidas, precisas y claras a las nuevas cuestiones tácticas. ¿Y cuáles fueron esas respuestas?

A la cuestión fundamental sobre el carácter general de la lucha venidera, el CC respondió lanzando las siguientes consignas: primero, "por la reanudación de la sesión de la Duma". Los kadetes recogen esta consigna (véase "Rech" y la entrevista con el Sr. Kedrin en el periódico "Oko"{132}). El partido socialdemócrata la rechaza. Protestan los miembros bolcheviques del CC, protesta el Comité de San Petersburgo del partido. El CC abandona la primera consigna y lanza la segunda: "en defensa de la Duma contra la camarilla, para convocar una Asamblea Constituyente". Por último, de esta segunda consigna surge la última, la tercera: "por la Duma como órgano de poder que convoque la Asamblea Constituyente". A pesar de las protestas de los socialdemócratas del ala izquierda, el CC se mantiene en esta consigna. En cuanto a las consignas, reina la confusión total.

Otra cuestión: ¿qué forma de lucha recomendar? El CC se inclina ante todo por la huelga-manifestación. Querría llamar a la huelga inmediata, pero se queda solo entre todos los partidos y organizaciones revolucionarias. Entonces firma proclamas que llaman a la insurrección (las proclamas "Al ejército y a la armada" y "A todo el campesinado ruso"). Pero, habiendo dado un paso adelante de la huelga-manifestación a la huelga-insurrección, se apresura a dar después un paso atrás y llama a "manifestaciones parciales de protesta de masas".

Tercera cuestión fundamental: ¿con quién ir a la lucha? ¿En qué capas de la democracia burguesa contar o con cuáles contar preferentemente? ¿Con qué partidos u organizaciones buscar acercamiento? El CC, como hemos visto, ajusta tanto sus consignas como las formas de lucha que recomienda al nivel de "la Duma en su conjunto", al nivel de los kadetes. Pero, "¡echa a la naturaleza por la puerta, volverá por la ventana!". El CC se ve obligado a firmar proclamas al ejército, al campesinado y "A todo el pueblo" exclusivamente junto con las organizaciones revolucionarias, exclusivamente junto con los trudoviques (de los restos de la Duma). En sus razonamientos sobre la táctica, el CC, como todos los mencheviques, traza una línea divisoria entre kadetes y octubristas: a la derecha, "ellos"; a la izquierda, "nosotros" ("nosotros" con los kadetes). En sus llamamientos tácticos a la acción, en sus proclamas de combate, el CC traza una línea divisoria entre kadetes y trudoviques: los kadetes pasan ya sea a la derecha, ya sea a los neutrales en la lucha. "Nosotros" resulta que somos "nosotros" con los trudoviques, sin los kadetes. "Nosotros" resulta que es la oficina de información y coordinación de todas las organizaciones revolucionarias, incluido el "comité del Grupo Laborista", pero sin los kadetes. Resulta: "la caza es mortal, pero la suerte es amarga". Mortal es la caza de los socialdemócratas de derecha de ir juntos y avenidos con los kadetes, pero la suerte es amarga, porque los kadetes se apartan de los acuerdos de combate dictados por el curso de los acontecimientos.

Tal es, en sus rasgos fundamentales, la historia real de la táctica menchevique después de la disolución de la Duma. Esta historia está registrada en unos pocos documentos. Lean las "cartas" (núm. 4 y núm. 5) del CC a las organizaciones del partido y las proclamas "Al ejército y a la armada" (fracción socialdemócrata y comité del Grupo Laborista), "A todo el campesinado ruso" (comité del Grupo Laborista, fracción socialdemócrata, Unión Campesina de toda Rusia, CC del partido socialista revolucionario, CC del partido socialdemócrata, Unión Ferroviaria de toda Rusia, Unión de Maestros de toda Rusia), "A todo el pueblo" (las mismas organizaciones sin las tres uniones, pero más el Partido Socialista Polaco —PPS{133}— y el Bund), lean, por último, la protesta de 3 miembros del CC (editada "sólo para los miembros del partido"){134}, y conocerán todo el material sobre la táctica oportunista de los socialdemócratas después de la disolución de la Duma.

¿Cuál es el balance general de esta historia externa, fáctica, de las directivas tácticas mencheviques? El balance es claro: oscilación entre la burguesía liberal-monárquica y la democracia burguesa revolucionaria. En efecto, ¿a qué se reducen las oscilaciones del CC en la cuestión de la consigna? A la oscilación entre la vía legal-constitucional como vía exclusiva, única (consigna: "reanudación de la sesión de la Duma") y el reconocimiento o admisión de la vía revolucionaria (consigna: "Asamblea Constituyente", debilitada por la obligada inclusión de la Duma). Es una oscilación entre los kadetes (que aceptan plenamente y han aceptado la "reanudación de la sesión") y el campesinado revolucionario (trudoviques, socialistas revolucionarios, Unión Campesina, Unión Ferroviaria y de Maestros, que firmaron junto con el CC del POSDR el llamado a la insurrección a favor de la Asamblea Constituyente). Nuestro CC o nuestros oportunistas socialdemócratas están un poco a la izquierda de los kadetes y bastante a la derecha de la democracia burguesa revolucionaria. Tal es el balance general que se desprende de las oscilaciones del CC tanto en la cuestión de las consignas, como en la de la forma de lucha y en la de la agrupación de los partidos políticos.

A lo largo de todo el período de la Duma, las divergencias tácticas entre el ala derecha y el ala izquierda de la socialdemocracia se fueron aclarando cada vez más y se redujeron de modo cada vez más estrecho a la cuestión fundamental de la línea divisoria dentro de la democracia burguesa, o a la cuestión de con quién ir. Los socialdemócratas del ala derecha dirigían todos sus esfuerzos a ir junto con los kadetes (apoyo a la Duma en su conjunto, apoyo a la reivindicación del nombramiento de un ministerio de la Duma). Los socialdemócratas revolucionarios, por el contrario, orientaban su táctica a separar de los kadetes a la democracia burguesa revolucionaria, a liberar sus elementos del yugo de los kadetes y a agruparlos con el proletariado para los objetivos de combate. La disolución de la Duma resumió el período de la Duma. ¿Y qué resultó? Resultó que los socialdemócratas del ala derecha se vieron obligados a apartarse de los kadetes y a unirse a la democracia revolucionaria. Sólo quedaron como kadetes ciertos aditamentos a sus consignas. La vida obligó a trazar la línea divisoria precisamente allí donde la habían señalado siempre los socialdemócratas del ala izquierda. La inconsecuencia de las consignas del CC y su "inutilidad" se pusieron de relieve con especial nitidez.

III

Examinemos ahora los razonamientos del CC. Están expuestos de la manera más completa en la cuarta "carta a las organizaciones del partido" (esta carta no tiene fecha ni número, pero la carta que la sigue se titula quinta). Esta carta es verdaderamente un ejemplo notable de pensamiento oportunista: valdría la pena reeditarla una y otra vez, incluirla en antologías, en manuales de socialismo, para explicar con un ejemplo patente cómo no deben razonar los socialdemócratas sobre la táctica.

El núcleo de la carta consiste en el análisis de la cuestión que sus propios autores formulan así: "¿a manos de quién puede pasar ahora el poder?".

"Quién es —sigue la carta— o puede ser en el momento actual, a los ojos del pueblo de 140 millones, el sucesor natural del poder estatal arrancado de manos del gobierno zarista?... Porque, cuando comienza un movimiento de todo el pueblo por la conquista del poder estatal, en la conciencia popular debe existir también la idea de quién ocupará el lugar del gobierno derrocado... En cada período dado del movimiento, algún colectivo u organización debe desempeñar ese papel en la conciencia de todo el pueblo."

Hemos subrayado aquellos pasajes de los razonamientos citados que muestran de inmediato su total inconsistencia. En la cuestión de la conquista del poder, el CC se coloca de buenas a primeras en un punto de vista pequeñoburgués-idealista, y no proletario-materialista. Deduce la "sucesión natural" del poder de la "conciencia" ("a los ojos" del pueblo) más ampliamente difundida, y no de las condiciones reales de la lucha. No comprende que el "sucesor natural" no será aquel que "desempeña ese papel" en la "conciencia" de quien sea, sino aquel que de hecho derribe al gobierno, que de hecho conquiste el poder, que venza en la lucha. No será la "conciencia de todo el pueblo" la que determine el desenlace de la lucha, sino la fuerza de tales o cuales clases y elementos de la sociedad.

De este modo, el CC se aparta por completo del problema. En lugar de examinar las condiciones de la lucha real, tal como se ha librado y se libra, empieza a especular del peor modo, idealista, sobre la "conciencia" y la "idea" de "quién ocupará el lugar del derrocado", y no sobre quién derriba y derribará. Para obtener conclusiones oportunistas, fue preciso desechar todo el método marxista, que exige estudiar qué intereses de qué clases exigen el derrocamiento y cuáles la limitación del poder; qué condiciones materiales engendran la lucha revolucionaria ("el derrocamiento") y cuáles el arreglo de una coexistencia constitucional entre los derrocados y los derrocadores. Si el CC no hubiera olvidado el abecé del marxismo, habría examinado, al menos basándose en la experiencia de la revolución rusa, qué clases se ven obligadas entre nosotros, por el curso mismo del movimiento, a menudo independientemente de su "conciencia" (e incluso contra su conciencia monárquica), a derrocar las instituciones del poder que les cierran el paso. La historia del movimiento obrero y campesino en Rusia del siglo XX habría dado a nuestro CC bastantes ejemplos de derrocamiento parcial y local de instituciones del poder como para juzgar sobre el derrocamiento general y completo del poder central a la manera marxista, y no a la manera de Ledru-Rollin.

En sus ulteriores razonamientos sobre este tema, el CC, que ha tomado un camino falso, se enreda cada vez más. Empieza a repasar las combinaciones posibles y probables de la composición del "gobierno revolucionario provisional".

A los Soviets de diputados obreros, así como al comité ejecutivo del grupo laborista y a la fracción socialdemócrata, el CC los declara inadecuados. A los primeros no los seguirá "el campesinado de cien millones", al segundo, "una parte considerable de la pequeña burguesía urbana, de la burguesía media, de los soldados, cosacos, oficiales, etc. Y entre tanto, sería el más peligroso de los errores pensar que un nuevo poder estatal pueda ser establecido contra la voluntad de todos estos elementos".

Proponemos al lector que coteje la primera parte de este razonamiento con el proyecto de resolución bolchevique sobre el gobierno provisional (véase núm. 2 de "Partiinye Izvestia", 20 de marzo de 1906, reproducido en el "Informe sobre el congreso" de Lenin, pág. 92){135}. En ese proyecto se enumeran directamente aquellas organizaciones que desempeñaron de hecho el papel de órganos del poder revolucionario en la insurrección de diciembre. Además de los Soviets de diputados obreros, se mencionan allí, naturalmente, los comités de soldados, ferroviarios y campesinos, así como los órganos rurales electivos en el Cáucaso y en la región del Báltico. La historia, por consiguiente, ya ha respondido a la cuestión que el CC intenta ahora resolver tan impotentemente. La historia ya ha mostrado qué clases y qué elementos de la población participan en la insurrección y crean los órganos de la insurrección. Pero los oportunistas de la socialdemocracia no sólo olvidan (o no saben comprender) el pasado reciente de la revolución, sino que, en general, no comprenden lo que es un gobierno revolucionario provisional. Basta una pequeña reflexión para convencerse de que semejante gobierno es un órgano de la insurrección (y no sólo el resultado de la insurrección, como se supone erróneamente en el proyecto de resolución menchevique sobre el gobierno provisional; véase el mismo "Informe", pág. 91, o el núm. 2 de "Partiinye Izvestia").

Además, la segunda parte del razonamiento citado es aún más incorrecta. Está construida según el procedimiento habitual de los oportunistas: demostrar la mayor sensatez de la consigna más moderada por el hecho de que en torno a ella se puede unir una mayor cantidad de elementos sociales. Bernstein decía: por la revolución social está sólo una parte del proletariado, mientras que por la reforma social están muchos elementos social-liberales. ¡No os hagáis ilusiones de que se puede instaurar el socialismo contra su voluntad! ¡Convertíos mejor en partido de reformas democrático-socialistas! Los mencheviques dicen: por la victoria real de nuestra revolución está sólo el proletariado y la parte revolucionaria de la pequeña burguesía (en primer lugar, el campesinado). Pero por la limitación liberal de la vieja monarquía están "la burguesía media, los oficiales, etc.". ¡Así que llamemos victoria de la revolución al pacto de los liberales con el zar, y sustituyamos al gobierno realmente revolucionario, como órgano de la insurrección, por la Duma!

No, camaradas. La aritmética política conoce procedimientos algo más complejos que el simple recuento de todos los elementos "oposicionistas". La adición de la oposición vacilante y traicionera a los elementos revolucionarios realmente combativos no siempre da un más, a menudo da un menos. Aquellos cuyos intereses les obligan a aspirar a la limitación de la monarquía y a temer la derrota de la monarquía, no son en ningún caso capaces de crear un órgano de insurrección enérgico y audaz. Tratar de cortar de antemano el futuro órgano de la insurrección a la medida de esos elementos kadetes es lo mismo que cortar la revolución social en Europa a la medida de un Naumann o un Clemenceau.

¡Y en qué contradicción cómica se han metido nuestros oportunistas! Quieren la alianza con la burguesía media y los oficiales, en una palabra, con los elementos del partido kadete. Pero entonces hay que desechar por completo la consigna de la Asamblea Constituyente, ¡porque los kadetes la desechan! Lanzar la consigna de la Asamblea Constituyente, inaceptable para la burguesía media y los oficiales, y al mismo tiempo tratar de atraerlos imponiendo a la Duma moderada y leal el papel más revolucionario (¡derribar al gobierno y convertirse en gobierno revolucionario provisional!) — he ahí el absurdo al que ha llegado nuestro CC.

Por lo demás, en materia de absurdos, la carta del CC nos ofrece perlas aún mejores. ¿Les parece?: "Si en el momento actual fuese realmente imposible destacar como portador del poder otra cosa que los Soviets de diputados obreros, se puede decir de antemano que la victoria sobre el gobierno en la lucha por el poder (y esta victoria presupone forzosamente la participación del ejército en esa lucha) no conduciría a otra cosa que a una dictadura militar del ejército que se hubiera pasado 'al lado del pueblo'". (Cursiva del original.)

Piensen tan sólo en esta monstruosa tirada: ¡si los SDO derrotaran al gobierno con ayuda de una parte del ejército, ese paso "al lado del pueblo"[63] del ejército llevaría a su dictadura militar!! No sé si incluso en la literatura kadete se pueden encontrar muestras de semejante intimidación ante un desenlace victorioso de la lucha. No sé si incluso el Sr. Struve llegó a decir tales cosas cuando, en "Osvobozhdenie", en el verano de 1905, y en "Poliárnaya Zvezdá"{136}, en la primavera de 1906, fustigaba la idea de la insurrección armada por su pretendida cercanía a la idea de la dictadura militar. Si el CC hubiera consultado al menos las reivindicaciones habituales de los soldados y marineros durante sus innumerables "motines" del último año, habría visto que esas reivindicaciones se reducen de hecho a transformar el ejército de casta en ejército popular, es decir, en milicia. Los soldados y marineros no siempre supieron, y en la mayoría de los casos no supieron, formular el balance de sus reivindicaciones, pero ¿acaso no está claro para nadie que el cumplimiento del servicio militar en la patria, con libertad de mítines, etc., equivale precisamente a la institución de la milicia? ¿Acaso el CC ha perdido hasta tal punto el instinto revolucionario elemental que no distingue la diferencia entre el espíritu revolucionario nobiliario de los decembristas, el espíritu revolucionario de los oficiales de la Intelligenzia heterogénea de los populistas, y el espíritu revolucionario profundamente democrático, proletario y campesino de los soldados y marineros en la Rusia del siglo XX? ¿Acaso nunca le ha saltado a la vista la diferencia radical entre el espíritu revolucionario de los oficiales en la época de la Voluntad del Pueblo, con la casi total indiferencia de la masa de soldados, y la actual actitud reaccionaria de los oficiales en medio de un pujante movimiento precisamente de la masa militar gris? Pensar que el paso del soldado o marinero ruso de hoy al lado de los Soviets de diputados obreros, en la lucha contra el gobierno, puede ser un paso hacia la dictadura militar, ver un remedio contra ello en atraer a los oficiales con la consigna moderada de "¡por la Duma!", para eso hace falta haber perdido todo olfato para la realidad o haberse ido a la derecha más allá del señor Struve y compañía. El Comité Central del partido socialdemócrata quiere luchar contra la tendencia del soldado ruso a la dictadura militar atrayendo a su lado a los oficiales: he ahí a dónde nos han llevado los oportunistas.

A continuación, el CC trata de defender su posición sin esperanza diciendo que no vale la pena andar buscando artificialmente un nuevo gobierno, pues la Duma o sus restos están ahí, "pueden declararse Duma de Estado", y "el pensamiento popular, que no discierne las sutilezas de la constitución escrita, consideraba y considera a la Duma de Estado como un órgano de poder... Si las tropas que han negado obediencia al gobierno zarista pueden pasar al servicio de uno nuevo, ese nuevo gobierno es la Duma de Estado".

¡Magnífico! Si mañana el "pensamiento popular" considera a otra institución sublegal como "poder", nosotros deberemos obligarnos a difundir semejante prejuicio; no está mal, ¡vaya una buena comprensión de las tareas del partido revolucionario! Comprended, por fin, queridos camaradas, que el poder hay que tomarlo por la fuerza, mediante la lucha, mediante la insurrección. ¿Están dispuestos los kadetes a ello? Si es así, entonces bienvenidos, no rechazaremos a ningún aliado en la lucha. Pero si no, si temen incluso llamar directamente a la insurrección (semejante llamamiento es, sin embargo, cuando quienes llaman son sinceros, el primer paso hacia la obra, y este paso lo dieron, de toda la Duma, sólo los socialdemócratas y los trudoviques), entonces todas las habladurías sobre la Duma como "órgano de poder que convoque la Asamblea Constituyente" no son más que una perniciosa manilovshchina, un engaño al pueblo.

En otra atmósfera, los restos de la Duma habrían actuado de otro modo, dice el CC, justificando a los kadetes, que se asustaron incluso de la proclama de Výborg. — Sí, es verdad, habrían actuado de otro modo. ¿Qué se deduce de eso? Que debemos esforzarnos por crear esa otra atmósfera. ¿Cómo se debe aspirar a ello? Elevando a los elementos capaces de luchar hasta la conciencia revolucionaria, elevando su conciencia por encima del nivel kadete, por encima de las consignas kadetes. ¡Y vosotros justificáis la timidez kadete con la atmósfera no revolucionaria, y al mismo tiempo rebajáis esa atmósfera sustituyendo las consignas revolucionarias por las kadetes!

IV

La conclusión práctica del CC de su famosa 4ª carta reza: "Es necesario ahora mismo organizar en todas partes manifestaciones locales de protesta de masas". El objetivo de las mismas está definido textualmente así: "Crear una atmósfera de preparación para una próxima lucha decisiva...". ¡No prepararse para la próxima lucha decisiva, sino crear una atmósfera de preparación!...

Nuestro partido, con rara unanimidad, ha condenado y rechazado ya esta consigna del CC. Su campaña de "manifestaciones parciales de protesta de masas" ya ha fracasado. Lo absurdo de andar haciendo manifestaciones, organizando protestas, en una situación de guerra civil agudizada hasta proporciones inauditas, es algo que salta demasiado a la vista. Las resoluciones de toda una serie de comités y conferencias del partido{137}, que publicamos en este número, muestran con suficiente claridad la indignación que provocó esta consigna del CC y toda su política después de la disolución de la Duma. No malgastaremos, por tanto, palabras de más para refutar la consigna del CC, ya refutada por la vida y rechazada por el partido. Hay que señalar únicamente el significado de principio de su error, en primer lugar, y en segundo lugar, los torpes intentos del CC, en la carta núm. 5, de salir de la posición imposible en que ha caído.

Desde el punto de vista de principio, el error del CC se reduce a una total incomprensión por su parte de la diferencia entre la huelga-manifestación y la huelga-insurrección. Después de diciembre, semejante incomprensión es del todo imperdonable. Sólo se puede explicar teniendo en cuenta que el CC, en ninguna de sus cartas, ha hablado directamente de la insurrección armada. Evadir el planteamiento directo de la cuestión de la insurrección es el anhelo constante y viejo de nuestros oportunistas, que se deriva inevitablemente de toda su posición. Este anhelo nos explica por qué el CC habla obstinadamente sólo de la huelga-manifestación y silencia la huelga-insurrección.

Al adoptar tal posición, el CC no podía dejar de quedar a la cola de todos los demás partidos y organizaciones revolucionarias. Se puede decir que todos, excepto los oportunistas socialdemócratas, tenían conciencia de la inevitabilidad del planteamiento de la cuestión de la insurrección. Sobre esto llamó, como era de esperar, especial atención la Unión Ferroviaria de toda Rusia (véase su resolución y el informe del buró, que publicamos en este número){138}. Esto se desprende con toda claridad de toda una serie de proclamas firmadas por varias organizaciones revolucionarias (las ya mencionadas proclamas: "Al ejército y a la armada", "A todo el campesinado ruso", etc.). ¡Nuestro CC firmaba estas proclamas como a regañadientes, como contra su propia convicción!

En efecto, firmar esas proclamas y no notar la diferencia entre la huelga-manifestación y la huelga-insurrección es francamente imposible. La contradicción en la conducta del CC, su veletismo, saltan a la vista: en sus propias producciones (cartas núm. 4 y núm. 5) no dice ni palabra sobre la insurrección. En cambio, al actuar conjuntamente con otras organizaciones revolucionarias, ¡firma llamamientos a la insurrección! Abandonado a solas consigo mismo, nuestro CC se desvía inevitablemente hacia la posición kadete, gasta todas sus fuerzas en idear consignas aceptables, o que parecen aceptables, para los kadetes. Marchando en fila y en formación con otras organizaciones revolucionarias, el CC "se empaqueta", se avergüenza de sus consignas kadetes y se porta decentemente.

Por primera vez, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia ha caído en tan indigna situación. Por primera vez, a la vista de todos, lo llevan a remolque. Por primera vez está en la retaguardia. Nuestro deber, el deber de todos los miembros del POSDR, es conseguir, cueste lo que cueste y lo antes posible, que esto sea por primera y última vez.

La incapacidad de comprender la causa del fracaso de la huelga de julio (la última) se reduce por entero al error de principio arriba señalado. Cualquiera puede equivocarse al fijar el momento de la lucha. No tenemos la menor intención de culpar de ello al CC. Pero equivocarse en el carácter de la acción, equivocarse a pesar de las advertencias de una serie de organizaciones con las que el CC firmaba conjuntamente llamamientos a la insurrección, es imperdonable.

En la carta núm. 5, el CC se dedica a una especie de polémica mezquina y pequeña contra los socialistas revolucionarios (demostrando únicamente que el representante de los trudoviques razonaba con más consecuencia que ellos —¿y a quién puede interesarle todo esto?—) y se asombra de que precisamente los obreros avanzados, conscientes, no respondieran al llamamiento a la huelga de julio. ¡Los obreros atrasados respondieron, pero los avanzados, no! Y el CC se indigna, se revuelve, casi insulta.

Y sin embargo, si el CC no hubiera adoptado una posición radicalmente errónea, no se hubiera apartado en principio de la vanguardia del proletariado, comprendería fácilmente de qué se trata. Los obreros atrasados podían aún desconocer la diferencia entre la huelga-manifestación y la huelga-insurrección, pero los avanzados conocían esa diferencia perfectamente. Cuando había esperanza de poder apoyar a Sveaborg y Kronstadt en su insurrección —y hubo un momento así—, la declaración de la huelga general era natural. Pero, por supuesto, habría sido (y fue) una huelga no con el objetivo de protestar contra la disolución de la Duma (como barruntó el CC), sino con el objetivo de apoyar a los insurrectos, de extender la insurrección.

Pero he aquí que en uno o dos días quedó definitivamente claro que la insurrección en Sveaborg y Kronstadt había sido sofocada esta vez. La huelga para apoyar a los insurrectos resultó inoportuna, y la huelga de protesta, la huelga-manifestación, los obreros avanzados no la quisieron en ningún momento. Todo el tiempo decían del modo más claro y resuelto (y sólo nuestro CC se las agenció para no saberlo o no comprenderlo) que irían al combate general, decisivo, pero que de ningún modo irían a una huelga para la manifestación.

De esta manera, el fracaso de la huelga de julio clavó, por así decirlo, la estaca de álamo en la táctica de los oportunistas socialdemócratas. Fracasó decidida y definitivamente la idea de la huelga-manifestación. Fracasó decidida y definitivamente la consigna de las "manifestaciones parciales de protesta de masas".

Pero para quien esté más o menos familiarizado con el estado de ánimo de los obreros en los grandes centros de Rusia, para quien observe lo que ocurre ahora en el campesinado, para ése está completamente claro que la idea de la huelga-insurrección, la consigna de la preparación para la insurrección, no sólo no han perdido su significado, no sólo no se han empañado, sino que, por el contrario, maduran y se fortalecen por doquier.

V

Resumamos nuestro breve análisis de la táctica menchevique durante los días críticos posteriores a la disolución de la Duma.

Durante todo el período de la Duma, los mencheviques predicaron el apoyo a la Duma en su conjunto, el apoyo a los kadetes (bajo la apariencia de apoyo a la reivindicación del nombramiento de un ministerio de la Duma). Los bolcheviques se esforzaban por desgajar a los trudoviques de los kadetes y apoyaban la idea de formar un "comité ejecutivo de los grupos de izquierda de la Duma".

Ahora bien, ¿cuál táctica se ha confirmado después de la disolución de la Duma? Junto con los kadetes, sólo se consiguió lanzar la tímida proclama de Výborg. Los kadetes, como partido, no la apoyaron, no tomaron parte en la agitación partidaria por ella ni en la continuación de semejante trabajo. La insuficiencia de esta proclama fue reconocida de inmediato incluso por nuestros mencheviques. A la tímida proclama de Výborg siguieron otras más definidas y más audaces. A la unión de algunos ex miembros de la Duma por separado siguió la unión de los "comités" de dos grupos de la Duma, los cuales firmaron una serie de proclamas, participaron en una serie de reuniones revolucionarias y asistieron al consejo militar de la revolución.

¿Y cuáles fueron esos dos grupos que, como grupos, como colectivos, sobrevivieron a la derrota de la Duma, que no se perdieron al perder el suelo "constitucional" bajo sus pies?

Fueron los socialdemócratas y los trudoviques. El "comité ejecutivo de los grupos de izquierda" que predicaban los bolcheviques, apoyando la idea de la formación de semejante comité, se realizó. El Grupo Laborista dio a luz una nueva organización revolucionaria, que tiene nuevas vinculaciones en el campesinado, mientras que los kadetes murieron políticamente, exactamente como predecían los bolcheviques, subrayando que "los gusanos anidan alrededor de los cadáveres, no de las personas vivas"[64].

El acuerdo de combate de los socialdemócratas con los trudoviques, los socialistas revolucionarios, etc., se convirtió en un hecho, documentado por las proclamas arriba enumeradas. Hemos perdido, y por supuesto perdido mucho, por habernos puesto a esta tarea tarde, sin haberla pensado antes, sin haber preparado el terreno paulatinamente, como los bolcheviques recomendaban hacer ya en el proyecto de resoluciones para el Congreso de Unificación.

Volentem ducunt fata, nolentem trahunt; en ruso esto significa, aproximadamente: el político consciente va por delante de los acontecimientos, al inconsciente lo arrastran ellos. Los bolcheviques insistían desde hacía meses, si no un año, en la inevitabilidad de acuerdos de combate precisamente con la democracia revolucionaria y en la importancia de un acercamiento combativo del proletariado precisamente con el campesinado avanzado. La disolución de la Duma obligó a emprender este camino, y los mencheviques, como ya hemos mostrado al analizar todos los episodios de la táctica del CC, resultaron no estar preparados, "arrastrados", contra su voluntad y al margen de su conciencia, por el giro "inesperado" de los acontecimientos.

Consideremos la cuestión de la insurrección. Los mencheviques la "esquivaban" con todas sus fuerzas. Incluso adoptaron en el Congreso de Unificación una resolución contra la insurrección armada. Ahora callan sobre la insurrección en las cartas núm. 4 y núm. 5 que escribe el CC por sí solo, sin la indicación de otras organizaciones revolucionarias. Pero he aquí que cuando escribe algo junto con ellas, siguiendo sus indicaciones, leemos entonces llamamientos directos y resueltos a la insurrección. Entonces las consignas aparecen revolucionarias. Entonces ya no se dice ni una palabra no sólo sobre la reanudación de la sesión de la Duma, sino incluso sobre la convocatoria de la Asamblea Constituyente por medio de la Duma. Al contrario, entonces leemos (proclama "A todo el pueblo"): "No una Duma sin poder, sino una Asamblea Constituyente con plenos poderes, sobre la base del voto, etc., he ahí el objetivo que debe proponerse el pueblo. Y no los ministros zaristas, sino un poder apoyado en el pueblo revolucionario, debe convocar esa Asamblea" (cursiva nuestra). ¡He ahí qué lenguaje tan enérgico emplea nuestro CC cuando se encuentra en compañía de revolucionarios pequeñoburgueses, como el comité del Grupo Laborista y el partido socialista polaco!

Consideremos, por último, la cuestión del gobierno revolucionario provisional. Durante año y medio nos han demostrado nuestros mencheviques, con Plejánov a la cabeza, que la participación en él de los socialdemócratas junto con los revolucionarios burgueses es inadmisible, y que lanzar la consigna de instituir un gobierno revolucionario provisional es blanquismo, jacobinismo y todos los demás pecados mortales.

¿Y bien? Disolvieron la Duma, y el CC se ve obligado a plantear la cuestión precisamente del gobierno revolucionario provisional, de quién debe componerse. La total falta de preparación para esta cuestión se manifiesta de inmediato: no hay siquiera comprensión de que el gobierno revolucionario provisional es un órgano de la insurrección. El CC propone declarar gobierno revolucionario provisional a los restos de la Duma: socialdemócratas, trudoviques y una parte de los kadetes. Pero, ¿en qué queda esto, echad un vistazo, camaradas? ¡Estáis proponiendo que los socialistas participen en el gobierno revolucionario provisional junto con los revolucionarios burgueses! ¡Y hacéis esto a pesar de que los socialdemócratas están en una minoría insignificante entre los trudoviques y los kadetes de izquierda! ¡Ay, ay! La cháchara doctrinaria sobre la inadmisibilidad de la participación de los socialdemócratas junto con los revolucionarios burgueses en el gobierno provisional se desmorona hecha polvo al primer contacto con la realidad. Todos los estiramientos con los que se trataba de justificar esta falsa decisión con referencias inexactas a Marx, desaparecen como el humo. ¡Es más, además de los revolucionarios burgueses (trudoviques, socialistas revolucionarios, p.p.s., parte de las uniones campesina, ferroviaria y de maestros), nuestros "rigurosos" pseudo-marxistas meten por las buenas o por las malas en el futuro gobierno provisional también a los conciliadores burgueses (kadetes)!

Sí, es difícil imaginar un fracaso más completo de la táctica oportunista que el experimentado por nuestro CC después de la disolución de la Duma. Antes de que sea tarde, hay que sacar a nuestro partido de este pantano.

"Proletari" núm. 1, 21 de agosto de 1906

Se publica según el texto del periódico "Proletari"