La cuestión de la acción guerrillera es de sumo interés para nuestro Partido y para las masas obreras. Ya nos hemos referido de paso a ella más de 
una vez, y ahora, tal como lo habíamos prometido, nos proponemos ofrecer una 
exposición más completa de nuestras ideas al respecto. 
 

I

Comencemos por el principio. ¿Cuáles son las exigencias fundamentales que 
todo marxista debe presentar para el análisis de la cuestión de las formas de 
lucha? En primer lugar, el marxismo se distingue de todas las formas 
primitivas del socialismo pues no liga el movimiento a una sola forma 
determinada de lucha. El marxismo admite las formas más diversas de lucha; 
además, no las "inventa", sino que generaliza, organiza y hace conscientes las 
formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen por sí mismas en el 
curso del movimiento. El marxismo, totalmente hostil a todas las fórmulas 
abstractas, a todas las recetas doctrinas, exige que se preste mucha atención a la lucha de masas en curso que, con el desarrollo del movimiento, el crecimiento de la conciencia de las masas y la 
agudización de las crisis económicas y políticas, engendra constantemente 
nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha El marxismo no se 
limita, en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un 
momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, 
desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura 
social. El marxismo, en este sentido, aprende, si puede decirse así, de la 
práctica de las masas, lejos de pretender enseñar a las masas formas de lucha 
inventadas por "sistematizadores" de gabinete. Sabemos -- decía, por ejemplo, 
Kautsky, al examinar las formas de la revolución social -- que la próxima 
crisis nos traerá nuevas formas de lucha que no podemos prever ahora. 
En segundo lugar, el marxismo exige que la cuestión de las formas de lucha 
sea enfocada históricamente. Plantear esta cuestión fuera de la situación 
histórica concreta significa no comprender el abecé del materialismo 
dialéctico. En los diversos momentos de la evolución económica, según las 
diferentes condiciones políticas, cultural-nacionales, costumbrales, etc., 
aparecen en primer plano distintas formas de lucha, y se convierten en las 
formas de lucha principales; y, en relación con esto, se modifican a su vez 
las formas de lucha secundarias, accesorias. Querer responder sí o no a 
propósito de un determinado procedimiento de lucha, sin examinar en detalle la 
situación concreta de un movimiento dado, la fase dada de su desenvolvimiento, 
significa abandonar completarnente la posición del marxismo. 

Estos son los dos principios teóricos fundamentales que deben guiarnos. La 
historia del marxismo en Europa Occidental nos suministra innumerables 
ejemplos que confirman lo dicho. La socialdemocracia europea considera, en el 
momento actual, el parlamentarismo y el movimiento sindical como las 
principales formas de lucha; en el pasado reconocía la insurrección y está 
plenamente dispuesta a reconocerla en el porvenir si la situación cambia, pese 
a la opinión de los liberales burgueses, como los kadetes1 y los 
bezzaglavtsi2 rusos. La socialdemocracia negaba la huelga general en la 
década del 70 como panacea social, como medio para derribar de golpe a la 
burguesía por la vía no política, pero admite plenamente la huelga política de 
masa (sobre todo, después de la experiencia rusa de 1905) como uno de los 
procedimientos de lucha, indispensable en ciertas condiciones. La 
socialdemocracia, que admitía la lucha de barricadas en la década del 40 del 
siglo XIX, y la rechazaba, basándose en datos concretos, a fines del siglo 
XIX, se ha declarado plenamente dispuesta a revisar esta última opinión y a 
reconocer la conveniencia de la lucha de barricadas después de la experiencia 
de Moscú, que ha iniciado según las palabras de Kautsky, una nueva táctica de 
las barricadas. 

 

II

Establecidos los principios generales del marxismo, pasemos a la 
revolución rusa. Recordemos el desarrollo histórico de las formas de lucha que 
ha hecho aparecer. Primero, las huelgas económicas de los obreros (1896-1900), 
después, las manifestaciones políticas de obreros y estudiantes (1901-1902), 
las revueltas campesinas (1902), el principio de las huelgas políticas de masas combinadas de diversos modos con las manifestaciones (Rostov 1902, las huelgas del verano de 1903, el 9 de enero de 1905), la huelga política en toda Rusia con casos locales de combates de barricadas (octubre de 1905), la lucha masiva de barricadas y la insurrección armada (diciembre de 1905), la lucha parlamentaria pacífica (abril-junio de 1906), los alzamientos militares parciales (junio de 1905-julio de 1906), las sublevaciones parciales de campesinos (otoño de 1905-otoño de 1906). Tal es el estado de cosas en el otoño de 1906, desde el punto de vista de las formas de lucha en general. La forma de lucha con que la autocracia 
"contesta" es el pogromo de las centurias negras, comenzando por el de 
Kishiniov en la primavera de 1903, y terminando por el de Siedlce en el otoño 
de 1906. Durante todo este período la organización de pogromos por las 
centurias negras y las matanzas de judíos, estudiantes, revolucionarios, 
obreros conscientes han ido constantemente en aumento y se han ido 
perfeccionando, uniéndose la violencia de la chusma sobornada a la violencia 
de las tropas centurionegristas, llegando hasta utilizar la artillería en 
aldeas y ciudades, en combinación con expediciones punitivas, trenes de 
represión, etc. 

Tal es el fondo esencial del cuadro. Sobre este fondo se dibuja -- 
evidentemente como algo particular, secundario, accesorio -- el fenómeno a 
cuyo estudio y apreciación está consagrado el presente artículo. ¿En qué 
consiste este fenómeno? ¿Cuáles son sus formas? y ¿cuáles sus causas? ¿Cuándo 
surgió y hasta dónde se ha extendido? ¿Cuál su significación en la marcha 
general de la revolución? ¿Cuáles son sus relaciones con la lucha de la clase 
obrera, organizada y dirigida por la socialdemocracia? Estas son las 
cuestiones que debemos abordar ahora, después de haber bosquejado el fondo general del cuadro. 

El fenómeno que nos interesa es la lucha armada. Sostienen esta lucha 
individuos aislados y pequeños grupos. Unos pertenecen a las organizaciones 
revolucionarias otros (la mayoría, en cierta parte de Rusia) no pertenecen a 
ninguna organización revolucionaria. La lucha armada persigue dos fines 
diferentes, que es preciso distinguir rigurosamente : en primer lugar, esta 
lucha se propone la ejecución de personas aisladas, de los jefes y subalternos 
de la policía y del ejército; en segundo lugar, la confiscación de fondos 
pertenecientes tanto al gobierno como a particulares. Parte de las sumas 
confiscadas va al partido, parte está consagrada especialmente al armamento y 
a la preparación de la insurrección, parte a la manutención de los que 
sostienen la lucha que caracterizamos. Las grandes expropiaciones (la del 
Cáucaso, de más de 200.000 rublos; la de Moscú, de 875.000 rubios) estaban 
destinadas precisamente a los partidos revolucionarios ante todo; las pequeñas 
expropiaciones sirven en primer lugar, e incluso a veces enteramente, al 
sostenimiento de los "expropiadores". Esta forma de lucha ha tomado un amplio 
desarrollo y extensión, indudablemente, tan sólo en 1906, es decir, después de 
la insurrección de diciembre. La agudización de la crisis política hasta 
llegar a la lucha armada y, sobre todo, la agravación de la miseria, del 
hambre y del paro en las aldeas y en las ciudades han desempeñado un 
importante papel entre las causas que han originado la lucha de que tratamos. 
El mundo de los vagabundos, el "lumpenproletariat" y los grupos anarquistas 
han adoptado esta forma de lucha como la forma principal y hasta exclusiva de 
lucha social. Como forma de lucha empleada en "respuesta" por la autocracia, 
hay que considerar: el estado de guerra, la movilización de nuevas tropas, los pogromos de las centurias negras (Siedlce) y los consejos de guerra. 

III

El juicio habitual sobre la lucha que estamos describiendo, se reduce a lo 
siguiente: esto es anarquismo, blanquismo, el antiguo terrorismo, actos de 
individuos aislados de las masas que desmoralizan a los obreros, que apartan 
de ellos a los amplios círculos de la población, desorganizan el movimiento y 
perjudican a la revolución. En los hechos comunicados todos los días por los 
periódicos se encuentran, sin dificultad, ejemplos para confirmar este juicio. 

Pero ¿son convincentes estos ejemplos? Para comprobarlo tomemos el hogar 
en que esta forma de lucha está más desarrollada: la región de Letonia. He 
aquí en qué términos se lamenta Nóvoie Vremia3 (del 9 y del 12 de 
septiembre), de la actividad de la socialdemocracia letona. El Partido Obrero 
Socialdemócrata Letón (sección del POSDR) publica regularmente 30.000 
ejemplares de su periódico; en las columnas de anuncios de éste se publican 
listas de confidentes cuya supresión constituye un deber para cada hombre 
honrado; los que ayudan a la policía son declarados "enemigos de la 
revolución" y deben ser ejecutados, y, además, confiscados sus bienes; se 
llama a la población a no dar dinero para el Partido Socialdemócrata más que 
contra recibo sellado; en la última rendición de cuentas del Partido figuran, 
entre los 48.000 rublos de ingreso del año, 5.600 rublos de la sección de 
Libava para la compra de armas, procurados mediante expropiaciones. Como es 
natural, Nóvoie Vremia lanza rayos y centellas contra esta "legislación revolucionaria", contra este "gobierno de terror". 
Nadie se atreverá a calificar de anarquismo, de blanquismo, de terrorismo, 
estas acciones de los socialdemócratas letones. Pero, ¿por qué? Porque en este 
caso es evidente la relación de la nueva forma de lucha con la insurrección 
que estalló en diciembre y que madura de nuevo. En lo que concierne a toda 
Rusia, esta relación no es tan perceptible, pero existe. La extensión de la 
lucha de "guerrillas", precisamente después de diciembre, su relación con la 
agravación de la crisis no sólo económica, sino también política, son 
innegables. El viejo terrorismo ruso era obra del intelectual conspirador; 
ahora, la lucha de guerrillas la mantiene, por regla general, el obrero 
combatiente o simplemente el obrero sin trabajo. Blanquismo y anarquismo se 
les ocurren fácilmente a gentes que gustan de los clichés, pero en la 
atmósfera de insurrección, que de un modo tan evidente existe en la región de 
Letonia, es indudable que estas etiquetas aprendidas de memoria no tienen 
ningún valor. 
El ejemplo de los letones demuestra perfectamente que el método, tan común 
entre nosotros, de analizar la guerra de guerrillas al margen de las 
condiciones de una insurrección, es incorrecto, anticientífico y 
antihistórico. Hay que tener en cuenta esta atmósfera insurreccional, 
reflexionar sobre las particularidades del período transitorio entre los 
grandes actos de la insurrección, comprender qué formas de lucha surgen 
necesariamente como consecuencia de ello y no salir del paso con un surtido de 
palabras aprendidas de memoria, que son empleadas lo mismo por los kadetes y 
por la gente de Nóvoie Vremia : ¡anarquismo, pillaje, rufianismo! 
Las operaciones de guerrillas, se dice, desorganizan nuestro trabajo. 
Apliquemos este razonamiento a la situación 
creada después de diciembre de 1905, a la época de los pogromos de las 
centurias negras y de la ley marcial. ¿Qué es lo que desorganiza más el 
movimiento en dicha época: la falta de resistencia o bien la lucha organizada 
de los guerrilleros? Comparad la Rusia Central con sus confines del Oeste, con 
Polonia y la región de Letonia. La lucha de guerrillas ha adquirido 
indudablemente mucha más difusión y desarrollo en esos confines occidentales. 
Y es no menos innegable que el movimiento revolucionario en general y el 
movimiento socialdemócrata en particular, están más desorgenizados en la Rusia 
Central que en las regiones del Oeste. Evidentemente, ni siquiera se nos 
ocurre la idea de deducir que si los movimientos socialdemócratas polaco y 
letón están menos desorganizados es gracias a la guerra de guerrillas. No. La 
única conclusión que se desprende de ello es que no puede imputarse a la 
guerra de guerrillas el estado de desorganización del movimiento obrero 
socialdemócrata en la Rusia de 1906. 
Se invocan frecuentemente las particularidades de las condiciones 
nacionales, lo cual revela manifiestamente la debilidad de la argumentación 
corriente. Si se trata de las condiciones nacionales, es que no se trata de 
anarquismo, de blanquismo, de terrorismo -- pecados comunes a toda Rusia e 
incluso específicamente rusos --, sino de algo diferente. ¡Analizad este algo 
diferente de un modo concreto, señores! Veréis entonces que la opresión o el 
antagonismo nacionales no explican nada, pues siempre han existido en los 
confines occidentales, mientras que la lucha de guerrillas ha sido engendrada 
solamente por el período histórico actual. Hay muchos sitios en que existen la 
opresión y el antagonismo nacionales, pero no la lucha de guerrillas, que se 
desarrolla a veces sin que se dé la opresión nacional. Un análisis 
concreto de la cuestión muestra que no es del yugo nacional de lo que se 
trata, sino de las condiciones de la insurrección. La lucha de guerrillas es 
una forma inevitable de lucha en un momento en que el movimiento de masas ha 
llegado ya realmente a la insurrección y en que se producen intervalos más o 
menos considerables entre "grandes batallas" de la guerra civil. 
No son las acciones de guerrillas las que desorganizan el movimiento, sino 
la debilidad del Partido, que no sabe tomar en sus manos tales acciones. Por 
eso, entre nosotros, los rusos, los anatemas lanzados habitualmente contra las 
acciones de guerrillas, coinciden con acciones de guerrillas clandestinas, 
accidentales, no organizadas, que realmente desorganizan al Partido. Incapaces 
de comprender cuáles son las condiciones históricas que engendran esta lucha, 
somos igualmente incapaces de contrarrestar sus aspectos perjudiciales. La 
lucha no por eso deja de continuarse, pues la provocan potentes factores 
económicos y políticos. No tenemos fuerza para suprimir estos factorcs ni esta 
lucha. Nuestras quejas contra la lucha de guerrillas son quejas contra la 
debilidad de nuestro Partido en materia de insurrección. 
Lo que hemos dicho de la desorganización se aplica también a la 
desmoralización. No es la guerra de guerrillas lo que desmoraliza, sino el 
carácter inorganizado, desordenado, sin partido de las acciones de guerrillas. 
De esta evidentísima desmoralización no nos salvaremos ni un ápice condenando 
o maldiciendo las acciones de guerrillas; pues estas condenaciones y 
maldiciones son absolutamente impotentes para detener un fenómeno provocado 
por causas económicas y políticas profundas. Se nos objetará que si somos 
incapaces de detener un fenómeno anormal y desmoralizador, esto no 
es razón para que el Partido adopte procedimientos de lucha anormales y 
desmoralizadores. Pero tal objeción sería puramente liberal-burguesa y no 
marxista, pues un marxista no puede considerar en general anormales y 
desmoralizadoras la guerra civil o la guerra de guerrillas, como una de sus 
formas. Un marxista se basa en la lucha de clases y no en la paz social. En 
ciertos períodos de crisis económicas y políticas agudas, la lucha de clases, 
al desenvolverse, se transforma en guerra civil abierta, es decir, en lucha 
armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista está 
obligado a tomar posición por la guerra civil. Toda condenación moral de ésta 
es completamente inadmisible desde el punto de vista del marxismo. 
En una época de guerra civil, el ideal del Partido del proletariado es un 
partido de combate. Esto es absolutamente incontrovertible. Estamos 
completamente dispuestos a conceder que, desde el punto de vista de la guerra 
civil se puede demostrar, y se demuestra, la inconveniencia de unas u otras 
formas de guerra civil en uno u otro momento. Admitimos plenamente la crítica 
de las diversas formas de guerra civil desde el punto de vista de la 
conveniencia militar y estamos incondicionalmente de acuerdo en que, en esta 
cuestión, el voto decisivo corresponde a los militantes activos 
socialdemócratas de cada localidad. Pero, en nombre de los principios del 
marxismo, exigimos absolutamente que nadie intente sustraerse al análisis de 
las condiciones de la guerra civil con frases triviales y rutinarias sobre el 
anarquismo, el blanquismo y el terrorismo; que no se haga de los 
procedimientos insensatos empleadGs en la guerra de guerrillas en un cierto 
momento por cierta organización del Partido Socialista Polaco, un espantajo en 
la cuestión de la participación de la socialdemocracia en la guerra de 
guerrillas en general. 

El argumento de que la guerra de guerrillas desorganiza el movimiento debe 
ser apreciado de manera crítica. Toda forma nueva de lucha, que trae aparejada 
consigo nuevos peligros y nuevos sacrificios, "desorganiza", 
indefectiblemente, las organizaciones no preparadas para esta nueva forma de 
lucha. Nuestros antiguos círculos de propagandistas se desorganizaron al 
recurrir a los métodos de agitación. Nuestros comités se desorganizaron al 
recurrir a las demostraciones. En toda guerra, cualquier operación lleva un 
cierto desorden a las filas de los combatientes. De esto no puede deducirse 
que no hay que combatir. De esto es preciso deducir que hay que aprender a 
combatir. Y nada más. 
Cuando veo a socialdemócratas que declaran arrogante y presuntuosamente: 
nosotros no somos anarquistas, ni ladrones, ni bandidos; estamos por encima de 
todo eso, rechazamos la guerra de guerrillas, me pregunto: ¿comprenden esas 
gentes lo que dicen? En todo el país se libran encuentros armados y choques 
entre el gobierno centurionegrista y la población. Es un fenómeno 
absolutamente inevitable en la fase actual de desarrollo de la revolución. 
Espontáneamente, sin organización -- y, precisamente por eso, en formas a 
menudo poco afortunadas y malas --, la población reacciona también mediante 
colisiones y ataques armados. Estoy de acuerdo en que, a causa de la debilidad 
o de la falta de preparación de nuestra organización, podemos renunciar, en 
una localidad y en un momento dado, a colocar esta lucha espontánea bajo la 
dirección del Partido. Estoy de acuerdo en que esta cuestión debe ser resuelta 
por los militantes locales activos, en que no es cosa fácil reajustar el 
trabajo de organizaciones débiles y no preparadas. Pero cuando veo que un 
teórico o que un publicista de la socialdemocracia, no lamenta esta falta de 
preparación, sino que repite con orgullosa suficiencia y entusiasmo narcisista las frases aprendidas en su 
primera juventud sobre el anarquismo, el blanquismo y el terrorismo, me causa 
una gran pena el ver rebajar así la doctrina más revolucionaria del mundo. 
Se dice que la guerra de guerrillas aproxima al proletariado consciente a 
la categoría de los vagabundos borrachines y degradados. Es cierto. Pero de 
esto sólo se desprende que el partido del proletariado no puede nunca 
considerar la guerra de guerrillas como el único, ni siquiera como el 
principal procedimiento de lucha; que este procedimiento debe estar 
subordinado a los otros, debe ser proporcionado a los procedimientos 
esenciales de lucha, ennoblecido por la influencia educadora y organizadora 
del socialismo. Sin esta última condición, todos, absolutamente todos los 
procedimientos de lucha, en la sociedad burguesa, aproximan al proletariado a 
las diversas capas no proletarias, situadas por encima o por debajo de él, y, 
abandonados al curso espontáneo de los acontecimientos, se desgastan, se 
pervierten, se prostituyen. Las huelgas, abandonadas al censo espontáneo de 
los acontecimientos, degeneran en Alliances, en acuerdos entre obreros y 
patronos contra los consumidores. El parlamento degenera en un burdel, donde 
una banda de politicastros burgueses comercia al por mayor y al por menor con 
la "libertad popular", el "liberalismo", la "democracia", el republicanismo, 
el anticlericalismo, el socialismo y demás mercancías de fácil colocación. La 
prensa se transforma en alcahueta barata, en instrumento de corrupción de las 
masas, de adulación grosera de los bajos instintos de la muchedumbre, etc., 
etc. La socialdemocracia no conoce procedimientos de lucha universales que 
separen al proletariado con una muralla china de las capas situadas un poco 
más arriba o un poco más abajo de él. La socialdemocracia emplea, en diversas épocas, diversos procedimientos, rodeando siempre su aplicación de 
condiciones ideológicas y de organización rigurosamente determinadas*. 

IV

Las formas de lucha de la revolución rusa, comparadas con las revoluciones 
burguesas de Europa, se distinguen por su extraordinaria variedad. Kautsky lo 
había previsto en parte cuando decía en 1902 que la futura revolución (tal vez 
con excepción de Rusia, añadía) sería no tanto una lucha del pueblo contra el 
gobierno, como una lucha entre dos partes del pueblo. En Rusia vemos que esta 
segunda lucha toma indudablemente un desarrollo más extenso que en las 
revoluciones burguesas de Occidente. Los enemigos de nuestra revolución son poco numerosos entre el pueblo, pero se organizan más y 
más a medida que la lucha se agudiza y reciben apoyo de las capas 
reaccionarias de la burguesía. Es, pues, completamente natural e inevitable 
que en una época semejante, en una época de huelgas políticas en escala 
nacional, la insurrección no puede adoptar la antigua forma de actos aislados, 
limitados a un lapso de tiempo muy breve y a una zona muy reducida. Es 
completamente natural e inevitable que la insurrección tome formas más 
elevadas y complejas de una guerra civil prolongada y que abarca a todo el 
país, es decir, de una lucha armada entre dos partes del pueblo. Semejante 
guerra no puede concebirse más que como una serie de pocas grandes batallas, 
separadas unas de otras por intervalos relativamente considerables y una gran 
cantidad de pequeños encuentros librados durante estos intervalos. Si esto es 
así -- y lo es sin duda --, la socialdemocracia debe sin falta plantearse la 
tarea de constituir organizaciones que sean lo más aptas posibles para dirigir 
a las masas en estas grandes batallas y, en lo posible, en estos pequeños 
encuentros. La socialdemocracia debe proponerse, en la época en que la lucha 
de clases se agudiza hasta llegar a la guerra civil, no solamente tomar parte 
en esta guerra civil, sino también desempeñar la función dirigente en ella. La 
socialdemocracia debe educar y preparar a sus organizaciones para que 
realmente sean capaces de actuar como una parte beligerante, no dejando pasar 
ninguna ocasión de asestar un golpe a las fuerzas del adversario. 
Esta es -- no es posible negarlo -- una tarea difícil, que no se puede 
resolver de golpe. Lo mismo que todo el pueblo se reeduca y se instruye en la 
lucha en el curso de la guerra civil, nuestras organizaciones deben ser 
educadas, deben ser reorganizadas sobre la base de lo que enseña la experiencia, a fin de estar a la altura de su misión. 
No tenemos la menor pretensión de imponer a los militantes activos una 
forma de lucha cualquiera inventada por nosotros, ni siquiera resolver, desde 
nuestro gabinete, la cuestión del papel que una u otra forma de guerra de 
guerrillas puede desempeñar en el curso general de la guerra civil en Rusia. 
Lejos de nosotros la idea de ver en la apreciación concreta hecha de una u 
otra acción de guerrillas una cuestión de tendencia en la socialdemocracia. 
Pero consideramos que constituye para nosotros un deber contribuir en la 
medida de nuestras fuerzas a la justa apreciación teórica de las formas nuevas 
de lucha que la vida hace aparecer; que debemos combatir sin cuartel la rutina 
y los prejuicios que impiden a los obreros conscientes plantear como conviene 
esta nueva y difícil cuestión y abordar como es debido su solución. 

* Se acusa frecuentemente a los socialdemócratas bolcheviques de asumir 
una actitud irreflexiva y parcial frente a las acciones de guerrillas. Por 
esto no será superfluo recoldar que en el proyecto de resolución sobre las 
acciones de guerrillas (Nƒ 2 de Partinie Izvestia4 e informe de Lenin 
acerca del Congreso5) el sector de bolcheviques que las defiende ha puesto 
las condiciones siguientes para su aprobación: no son toleradas en absoluto 
las "expropiacioncs" de bienes privados; las "expropiacioncs" de bienes del 
Estado no son recomendadas; sólo son toleradas a condición de que se hagan 
bajo el control del Partido y de que los recursos sean destinados a las 
necesidades de la insurrección. Las acciones de guerrillas que revisten la 
forma de actos terroristas son recomendadas contra los opresores 
gubernamentales y los elementos activos de las "centurias negras", pero con 
las condiciones siguientes: 1) tener en cuenta el estado de ánimo de las 
grandes masas; 2) tomar en consideración las condiciones del movimiento obrero 
local; 3) preocuparse de no gastar inútilmente las fuerzas del proletariado. 
La diferencia práctica entre este proyecto y la resolución adoptada en el 
Congreso de Unificación6 consiste, exclusivamente, en que las 
"expropiaciones" de bienes del Estado no han sido admitidas.

NOTAS

1 Kadetes ("Los demócratas constitucionalistas"): principal partido 
burgués de Rusia; partido de la burguesía monárquica liberal, se constituyó en 
octubre de 1905. Su lider fue P. Miliukov. Encubriéndose con falsas 
apariencias de democratismo, se llamaron a sí mismo el partido de la "libertad 
del pueblo", se esforzaban por atraer a su lado a los campeshlos. Aspiraban a 
conservar el zarismo como una monarquía constitucional. Más tarde, el partido 
constitucional demócrata se convirtió en un partido burgués del imperialismo. 
Después de la victoria de la Revolución Socialista de Octubre, los kadetes 
organizaron complots y sublevaciones contrarrevolucionarias para derrocar la 
República Soviética.

2 Bezzaglavtsi : organizadores y colaboradores de la revista Bez 
Zaglavia ("Sin Titulo"), editada en Petersburgo en 1906 por S. N. Prokopóvich, 
E. D. Kuskova, V. I. Bogucharski y otros. Los Bezzglavtsi se declaraban 
abiertamente partidarios del revisionismo, apoyaban a los mencheviques y 
liberales, y actuaban contra la política independiente del proletariado. Lenin 
llamó a los Bezzaglavtsi kadetes tipo menchevique, o sea, mencheviques tipo 
kadete.

3 Nóvoie Vremia ("Tiempos Nuevos"): diario que se publicó en Petersburgo 
desde 1868 hasta 1917. Primero fue liberal moderado, y desde 1876, se 
trasformó en vocero de los circulos reaccionarios de la nobleza y la 
burocracia, luchó no solamente contra el movimiento revolucionario, sino 
también contra el de la burguesía liberal. A partir de 1905 se convirtió en 
órgano de los centurionegristas. Lenin lo llamaba "modelo de periódico venal". 
Después de la Revolución Democrático burguesa de Febrero apoyó sin reservas la 
politica contrarrevolucionaria del gobierno provisional burgués y desató una 
furiosa campaña contra los bolcheviques. Fue clausurado el 8 de noviembre de 
1917 por el Comité Militar Revolucionario adjunto al Soviet de Petrogrado.

4 Partinie Izvestia ("Noticias del Partido"): periódico clandestino del 
CC Unificado del POSDR, se publicó en Petersburgo en visperas del IV Congreso 
(de Unificación) del Partido. Sólo aparecieron dos números: el 20 de febrero y 
el 2 de abril de 1906. La redacción estaba integrada por los redactores del 
periódico bolchevique (Proletari) y por igual número de redactores de la 
nueva Iskra menchevique. Representaban a los bolcheviques Lenin, Lunacharski y 
otros.

En Partinie Izvestia se incluyeron dos articulos de Lenin: "La situación 
actual en Rusia y la táctica del partido obrero " y "La revolución rusa y las 
tareas del proletariado ", con la firma Bolchevique. (V. I. Lenin, Obras 
Completas, t. X.) Después del Congreso, Partinie Izvestia dejó de aparecer.

5 Se alude al "Informe sobre el Congreio de Unificación del POSDR" -- 
Carta a los obreros de Petersburgo. (V. I. Lenin, Obras Completas, t. X.) 

6 El IV Congreso (de Unificación) del POSDR se realizo en Estocolmo 
entre el 23 de abril y 8 de mayo de 1906. 

Asistieron al Congreso 112 delegados con derecho a voto, en representacion 
de 57 organizaciones locales del POSDR, y 22 delegados con voz pero sin voto. 
Las organizaciones nacionales también estuvieron representadas: tres delegados 
por la socialdemocracia de Polonia y Lituania, tres por el Bund, tres por el 
partido obrero socialdemócrata de Letonia, un delegado del Partido Obrero 
Socialdemócrata de Ucrania y uno del Partido Obrero de Finlandia. Además, 
asistió un representante del Partido Obrero Socialdemócrata de Bulgaria. De 
los delegados, 46 eran bolcheviques y 62 mencheviques. El Congreso analizó los 
siguientes principales problemas: problema agrario; apreciación de la 
situación actual y de las tareas de clase del proletariado; la actitud hacia 
la Duma del Estado; problema organizativo. La discusión de cada problema 
provocaba áspera lucha entre bolcheviques y mencheviques. Lenin presentó 
informes e intervino acerca del problema agrario, de la situación en ese 
momento, de la táctica respecto a la elección en la Duma, la insurrección 
armada y otros problemas. 

La superioridad numérica de los mencheviques, aunque mezquina, determinó 
el carácter de las resoluciones: con respecto a muchos problemas el Congreso 
tomó resoluciones mencheviques (resoluciones sobre el problema agrario, la 
actitud hacia la Duma, etc.). En lo que se refiere a los estatutos, el 
Congreso adoptó la formulación de Lenin para el articulo 1. Se aprobó una 
resolución sobre la unificación con la socialdemocracia de Polonia y de 
Lituania y con el Partido Obrero Socialdemócrata de Letonia, que se 
incorporaron al POSDR como organizaciones territoriales. Asimismo el Congreso 
prejuzgó la cuestión de Bund de formar parte de POSDR. 

Integraban el Comité Central, elegido en el Congreso, tres bolcheviques y 
siete mencheviques. La Redacción del Organo Central estaba compuesta sólo por 
mencheviques. 

El análisis detallado de la labor del Congreso aparece en el artículo 
"Informe sobre el Congreso de Unificación del POSDR". (V. I. Lenin, Obras 
Completes, t. X.) "El momento actual y el Congreso de Unificación del Partido 
Obrero" y "Prólogo del autor al primer tomo". (J. Stalin, Obras, t. I.)