¿En qué consistía la principal diferencia entre el período del "torbellino revolucionario" y el actual período "kadete", desde el punto de vista de los diversos procedimientos de la actividad política, desde el punto de vista de los diferentes métodos de la creación histórica del pueblo? Ante todo y principalmente en que en el período del "torbellino" se aplicaron algunos métodos especiales de esta creación, ajenos a otros períodos de la vida política. He aquí los más sustanciales de estos métodos: 1) la "conquista" de la libertad política por el pueblo, su realización sin ningún derecho ni ley y sin ninguna limitación (libertad de reunión, aunque fuera en las universidades, libertad de prensa, de asociación, de congresos, etc.); 2) la creación de nuevos órganos de poder revolucionario: los Soviets de diputados obreros, soldados, ferroviarios, campesinos, nuevas autoridades rurales y urbanas, etc., etc. Estos órganos eran creados exclusivamente por las capas revolucionarias de la población; se creaban al margen de toda ley y norma, por vía enteramente revolucionaria, como producto de la creación original del pueblo, como manifestación de la iniciativa del pueblo que se había liberado o se liberaba de las viejas trabas policíacas. Eran, en fin, precisamente órganos de poder, a pesar de todo su carácter embrionario, espontáneo, no formalizado, difuso en su composición y en su funcionamiento. Actuaban como poder, confiscando, por ejemplo, imprentas (Petersburgo), arrestando a los funcionarios de policía que impedían al pueblo revolucionario ejercer sus derechos (también hubo ejemplos en Petersburgo, donde el correspondiente órgano del nuevo poder era más débil y el viejo poder más fuerte). Actuaban como poder, dirigiéndose a todo el pueblo con el llamamiento a no dar dinero al viejo gobierno. Confiscaban el dinero del viejo gobierno (comités de huelga ferroviarios en el sur) y lo destinaban a las necesidades del nuevo gobierno popular; sí, estos eran, indudablemente, los embriones de un nuevo gobierno popular o, si se quiere, revolucionario. Por su carácter sociopolítico, esto era, en embrión, la dictadura de los elementos revolucionarios del pueblo; ¿se asombran ustedes, señor Blank y señor Kizevetter? ¿No ven aquí una "custodia reforzada", equivalente para el burgués a la dictadura? Ya les hemos dicho que ustedes no tienen ni idea del concepto científico: dictadura. Ahora les explicaremos este concepto, pero antes señalaremos el tercer "método" de acción de la época del "torbellino revolucionario": la aplicación por el pueblo de la violencia respecto a los violentos contra el pueblo.

Los órganos de poder que hemos descrito eran, en embrión, una dictadura, porque este poder no reconocía ningún otro poder ni ninguna ley, ninguna norma, viniera de donde viniera. Un poder ilimitado, extralegal, que se apoya en la fuerza, en el sentido más directo de la palabra, eso es la dictadura. Pero la fuerza en que se apoyaba y buscaba apoyarse este nuevo poder no era la fuerza de la bayoneta acaparada por un puñado de militares, ni la fuerza de la "comisaría", ni la fuerza del dinero, ni la fuerza de ninguna institución anterior establecida. Nada de eso. Los nuevos órganos del nuevo poder no tenían ni armas, ni dinero, ni viejas instituciones. Su fuerza —¿pueden imaginárselo, señor Blank y señor Kizevetter?— no tenía nada en común con los viejos instrumentos de fuerza, nada en común con la "custodia reforzada", a no ser que se tenga en cuenta la custodia reforzada del pueblo contra la opresión de los órganos policíacos y otros del viejo poder.

¿En qué se apoyaba, pues, esta fuerza? Se apoyaba en la masa popular. He aquí la diferencia fundamental de este nuevo poder respecto a todos los órganos anteriores del viejo poder. Aquellos eran órganos de poder de la minoría sobre el pueblo, sobre la masa de obreros y campesinos. Estos eran órganos de poder del pueblo, de los obreros y campesinos, sobre la minoría, sobre un puñado de violentos policíacos, sobre un grupito de nobles y funcionarios privilegiados. Tal es la diferencia entre la dictadura sobre el pueblo y la dictadura del pueblo revolucionario. ¡Grábenselo bien en la memoria, señor Blank y señor Kizevetter! El viejo poder, como dictadura de la minoría, sólo podía sostenerse exclusivamente mediante artimañas policíacas, exclusivamente mediante el apartamiento, la exclusión de la masa popular de la participación en el poder, del control sobre el poder. El viejo poder desconfiaba sistemáticamente de la masa, temía la luz, se sostenía mediante el engaño. El nuevo poder, como dictadura de la inmensa mayoría, podía sostenerse y se sostenía exclusivamente mediante la confianza de la inmensa masa, exclusivamente porque atraía a toda la masa a la participación en el poder del modo más libre, más amplio y más fuerte. Nada oculto, nada secreto, ningún reglamento, ninguna formalidad. ¿Eres trabajador? ¿Quieres luchar por la liberación de Rusia de un puñado de violentos policíacos? Eres nuestro camarada. Elige a tu diputado. Enseguida, inmediatamente, elígelo como consideres conveniente; nosotros, con gusto y alegría, lo aceptaremos como miembro de pleno derecho de nuestro Soviet de diputados obreros, del comité campesino, del Soviet de diputados soldados, etc., etc. Este es un poder abierto a todos, que lo hace todo a la vista de la masa, accesible a la masa, que procede directamente de la masa, órgano directo e inmediato de la masa popular y de su voluntad. Tal era el nuevo poder, o, más exactamente, sus embriones, pues la victoria del viejo poder pisoteó los brotes de la joven planta muy temprano.

Preguntarán ustedes, quizás, señor Blank o señor Kizevetter: ¿a qué viene aquí la "dictadura", a qué la "violencia"? ¿Acaso la inmensa masa necesita violencia contra un puñado, acaso decenas y centenas de millones pueden ser dictadores sobre mil, sobre decenas de miles?

Esta pregunta la hacen usualmente personas que ven por primera vez aplicado el término dictadura en un significado nuevo para ellas. Las personas se han habituado a ver solo el poder policíaco y solo la dictadura policíaca. Les parece extraño que pueda haber un poder sin policía alguna, que pueda haber una dictadura no policíaca. ¿Dicen ustedes que los millones no necesitan violencia contra los miles? Se equivocan, y se equivocan porque examinan el fenómeno no en su desarrollo. Olvidan que el nuevo poder no cae del cielo, sino que crece, surge junto al viejo, contra el viejo poder, en lucha contra él. Sin violencias respecto a los violentos que tienen en sus manos los instrumentos y los órganos del poder, no se puede liberar al pueblo de los violentos.

He aquí un sencillo ejemplo, señor Blank y señor Kizevetter, para que puedan ustedes asimilar esta sabiduría inaccesible a la razón kadete, "vertiginosa" para el pensamiento kadete. Imagínense que Avrámov mutila y tortura a Spiridónova. Del lado de Spiridónova hay, supongamos, decenas y centenas de personas desarmadas. Del lado de Avrámov, un puñado de cosacos. ¿Qué haría el pueblo si las torturas a Spiridónova no ocurrieran en un calabozo? Aplicaría la violencia respecto a Avrámov y su séquito. Sacrificaría, quizás, a algunos combatientes, muertos a tiros por Avrámov, pero de todos modos desarmaría por la fuerza a Avrámov y a los cosacos, y, muy probablemente, mataría en el acto a algunos de estos, con perdón sea dicho, hombres, y a los restantes los encerraría en alguna prisión para impedirles seguir cometiendo tropelías y para entregarlos al tribunal popular.

Ya lo ven, señor Blank y señor Kizevetter: cuando Avrámov con los cosacos tortura a Spiridónova, esto es una dictadura militar-policíaca sobre el pueblo. Cuando el pueblo revolucionario (capaz de luchar contra los violentos, y no solo de amonestaciones, edificaciones, lamentaciones, condenas, lloriqueos y gimoteos, no limitado pequeñoburguesamente, sino revolucionario) aplica la violencia a Avrámov y a los Avrámov, esto es la dictadura del pueblo revolucionario. Esto es dictadura, porque es el poder del pueblo sobre Avrámov, un poder no limitado por ley alguna (el pequeñoburgués, quizás, estaría en contra de arrebatar por la fuerza a Spiridónova de manos de Avrámov: ¿no es, se dirá, "según la ley"? ¿Tenemos acaso una "ley" tal que permita matar a Avrámov? ¿No han creado ciertos ideólogos del filisteísmo la teoría de la no resistencia al mal mediante la violencia?[58]). El concepto científico de dictadura no significa otra cosa que un poder ilimitado, no constreñido por ley alguna, por ninguna regla absoluta, que se apoya directamente en la violencia. El concepto "dictadura" no significa otra cosa que esto; grábeselo bien en la memoria, señores kadetes. Además, en el ejemplo que hemos tomado vemos la dictadura precisamente del pueblo, pues el pueblo, la masa de la población, no formalizada, reunida "casualmente" en el lugar dado, sale por sí misma y directamente a la escena, ejerce por sí misma la justicia y la represalia, aplica el poder, crea un nuevo derecho revolucionario. Finalmente, esta es la dictadura precisamente del pueblo revolucionario. ¿Por qué solo del revolucionario y no de todo el pueblo? Porque en todo el pueblo, que sufre constante y cruelísimamente las hazañas de los Avrámov, hay personas físicamente apaleadas, amedrentadas, personas moralmente apaleadas, por ejemplo, por la teoría de la no resistencia al mal mediante la violencia, o simplemente apaleadas no por la teoría, sino por el prejuicio, la costumbre, la rutina, personas indiferentes, lo que se llama filisteos, pequeñoburgueses, que son más capaces de apartarse de la lucha aguda, pasar de largo o incluso esconderse (¡no vaya a ser que en la pelea le alcancen a uno!). He aquí por qué la dictadura no la ejerce todo el pueblo, sino solo el pueblo revolucionario, que no teme en absoluto, sin embargo, a todo el pueblo, que revela a todo el pueblo las causas de sus acciones y todos sus detalles, que atrae gustosamente a todo el pueblo a participar no solo en la "administración" del Estado, sino también en el poder, y a participar en la propia organización del Estado.

Así pues, el sencillo ejemplo que hemos tomado contiene todos los elementos del concepto científico: "dictadura del pueblo revolucionario", así como del concepto: "dictadura militar-policíaca". De este sencillo ejemplo, accesible incluso al docto profesor kadete, podemos pasar a fenómenos más complejos de la vida social.

La revolución, en el sentido estrecho y directo de esta palabra, es precisamente ese período de la vida popular en que la cólera, acumulada durante siglos contra las hazañas de los Avrámov, irrumpe hacia afuera en acciones, y no en palabras, y en acciones de masas populares de millones, y no de individuos aislados. El pueblo despierta y se alza para liberarse de los Avrámov. El pueblo libera a las innumerables Spiridónovas de la vida rusa de los Avrámov, aplica la violencia a los Avrámov, toma el poder sobre los Avrámov. Esto ocurre, por supuesto, no de modo tan simple ni tan "de golpe" como en el ejemplo que hemos simplificado para el señor profesor Kizevetter; esta lucha del pueblo contra los Avrámov, lucha en el sentido estrecho y directo, este acto de quitarse al pueblo de encima a los Avrámov se extiende durante meses y años de "torbellino revolucionario". Este acto de quitarse el pueblo de encima a los Avrámov es precisamente el contenido real de lo que se llama la gran revolución rusa. Este acto de quitarse, si se lo examina desde el punto de vista de los métodos de creación histórica, tiene lugar en las formas que acabamos de describir al hablar del torbellino revolucionario, a saber: conquista por el pueblo de la libertad política, es decir, de aquella libertad cuya realización era impedida por los Avrámov; creación por el pueblo de un nuevo poder, revolucionario, poder sobre los Avrámov, poder sobre los violentos del viejo régimen policíaco; aplicación por el pueblo de la violencia respecto a los Avrámov para eliminar, desarmar y neutralizar a estos perros salvajes, a todos los Avrámov, Durnovó, Dubásov, Min y demás por el estilo.

¿Es bueno que el pueblo aplique métodos de lucha tan ilegales, desordenados, no planificados y no sistemáticos como la conquista de la libertad, la creación de un nuevo poder, formalmente no reconocido por nadie y revolucionario, que aplique la violencia sobre los opresores del pueblo? Sí, esto es muy bueno. Esta es la manifestación más alta de la lucha popular por la libertad. Esta es esa gran época en que los sueños de las mejores gentes de Rusia sobre la libertad se convierten en obra, obra de las propias masas populares, y no de héroes solitarios. Esto es tan bueno como es buena la liberación por la multitud (en nuestro ejemplo) de Spiridónova de manos de Avrámov, el desarme violento y la neutralización de Avrámov.

Pero he aquí que llegamos al punto central de los pensamientos ocultos y temores kadetes. El kadete es el ideólogo del filisteísmo precisamente porque traslada a la política, a la liberación de todo el pueblo, a la revolución, el punto de vista de ese filisteo que en nuestro ejemplo de la tortura de Spiridónova por Avrámov detendría a la multitud, aconsejaría no violar la ley, no apresurarse a liberar a las víctimas de manos del verdugo que actúa en nombre del poder legal. Por supuesto, en nuestro ejemplo, tal filisteo sería directamente un monstruo moral, pero en la aplicación a toda la vida social, la monstruosidad moral del filisteo es una cualidad, repetimos, en absoluto personal, sino social, condicionada, quizás, por los prejuicios fuertemente arraigados de la ciencia burguesa-filistea del derecho.

¿Por qué el señor Blank considera que ni siquiera requiere demostración que en el período del "torbellino" fueron olvidados todos los principios marxistas? Porque deforma el marxismo convirtiéndolo en brentanismo, considerando no marxistas "principios" tales como la conquista de la libertad, la creación del poder revolucionario, la aplicación de la violencia por el pueblo. Este punto de vista se transluce en todo el artículo del señor Blank, y no solo de Blank, sino de todos los kadetes, de todos los escritores del campo liberal y radical que ahora elogian a Plejánov por su amor a los kadetes, hasta los bernsteinianos de "Bez Zaglavia"{133}, los señores Prokopóvich, Kuskova y tutti quanti[59].

Examinemos cómo surgió este punto de vista y por qué debía surgir.

Surgió directamente de la comprensión bernsteiniana o, más ampliamente, oportunista de la socialdemocracia europea occidental. Aquellos errores de esta comprensión, que los "ortodoxos" en Occidente han desenmascarado sistemáticamente y en toda la línea, se trasladan ahora "a hurtadillas", bajo otra salsa y con otro motivo, a Rusia. Los bernsteinianos aceptaban y aceptan el marxismo con excepción de su lado directamente revolucionario. La lucha parlamentaria la consideran no como uno de los medios de lucha, apropiado especialmente en determinados períodos históricos, sino como la forma principal y casi exclusiva de lucha, que hace innecesaria la "violencia", las "conquistas", la "dictadura". Esta vulgar deformación pequeñoburguesa del marxismo es la que trasladan ahora a Rusia los señores Blank y otros panegiristas liberales de Plejánov. Están tan compenetrados con esta deformación, que ni siquiera consideran necesario demostrar el olvido de los principios e ideas marxistas en el período del torbellino revolucionario.

¿Por qué debía surgir tal punto de vista? Porque corresponde del modo más profundo a la posición de clase y a los intereses de la pequeña burguesía. El ideólogo de la sociedad burguesa "depurada" admite todos los métodos de lucha de la socialdemocracia, excepto precisamente aquellos que aplica el pueblo revolucionario en las épocas de "torbellino" y que la socialdemocracia revolucionaria aprueba y ayuda a aplicar. Los intereses de la burguesía exigen la participación del proletariado en la lucha contra la autocracia, pero solo una participación que no pase a ser hegemonía del proletariado y del campesinado, solo una participación que no elimine por completo los viejos órganos de poder autocrático-feudales y policíacos. La burguesía quiere conservar estos órganos, solo que subordinándolos a su control directo; los necesita contra el proletariado, al que el completo aniquilamiento de estos órganos facilitaría demasiado su lucha proletaria. He aquí por qué los intereses de la burguesía como clase exigen tanto la monarquía como la cámara alta, exigen no permitir la dictadura del pueblo revolucionario. Lucha contra la autocracia, dice la burguesía al proletariado, pero no toques los viejos órganos de poder, los necesito. Lucha "parlamentariamente", es decir, dentro de los límites que yo te prescriba por acuerdo con la monarquía, lucha mediante organizaciones, solo que no tales como los comités generales de huelga, los Soviets de diputados obreros, soldados, etc., sino mediante aquellas que reconoce y limita, neutraliza respecto al capital, la ley promulgada por mí de acuerdo con la monarquía.

De aquí se comprende por qué la burguesía habla del período del "torbellino" con desdén, desprecio, rabia, odio[60], y del período del constitucionalismo custodiado por Dubásov con entusiasmo, embeleso, con infinito enamoramiento pequeñoburgués... hacia la reacción. Esta es la misma cualidad constante e invariable de los kadetes: el afán de apoyarse en el pueblo y el miedo a su iniciativa revolucionaria.

Se comprende también por qué la burguesía teme más que al fuego la repetición del torbellino, por qué ignora y difumina los elementos de la nueva crisis revolucionaria, por qué apoya y difunde entre el pueblo las ilusiones constitucionales.

Ahora hemos explicado plenamente por qué el señor Blank y sus semejantes declaran que en el período del "torbellino" fueron olvidados todos los principios e ideas marxistas. El señor Blank, como todos los filisteos, reconoce el marxismo con la deducción de su lado revolucionario, reconoce los procedimientos de lucha socialdemócratas con la deducción de los procedimientos más revolucionarios y directamente revolucionarios.

La actitud del señor Blank hacia el período del "torbellino" es en extremo característica, como ilustración de la incomprensión burguesa de los movimientos proletarios, del miedo burgués ante la lucha aguda y decidida, del odio burgués hacia todas las manifestaciones del modo abrupto, que rompe las viejas instituciones, revolucionario en el sentido directo de la palabra, de resolver los problemas histórico-sociales. El señor Blank se ha delatado, ha delatado de golpe toda su limitación burguesa. Ha oído y leído que los socialdemócratas cometieron "errores" en el período del torbellino; se ha apresurado a concluir y declarar con aplomo, inapelablemente, sin pruebas, que todos los "principios" del marxismo (¡de los que no tiene ni idea!) fueron olvidados. Observemos a propósito de estos "errores": ¿acaso hubo algún período en el desarrollo del movimiento obrero, en el desarrollo de la socialdemocracia, en que no se cometieran tales o cuales errores, en que no se observaran tales o cuales desviaciones a la derecha o a la izquierda? ¿Acaso la historia del período parlamentario de la lucha socialdemócrata alemana —ese período que a todos los burgueses limitados del mundo entero les parece el límite que no se ha de traspasar— no está llena de tales errores? Si el señor Blank no fuera un completo ignorante en cuestiones de socialismo, recordaría fácilmente a Mühlberger, a Dühring, la cuestión de la Dampfersubvention{134}, a los "jóvenes"{135}, la bernsteiniada, y mucho, mucho más. Pero al señor Blank no le importa el estudio del curso real del desarrollo de la socialdemocracia; solo necesita rebajar el ímpetu proletario de la lucha para ensalzar la miseria burguesa de su partido kadete.

En realidad, si vemos el asunto desde el punto de vista de las desviaciones de la socialdemocracia de su camino habitual, "normal", veremos que también en este sentido el período del "torbellino revolucionario" muestra una mayor, y no menor, cohesión y unidad ideológica de la socialdemocracia en comparación con el anterior. La táctica de la época del "torbellino" no alejó, sino que acercó las dos alas de la socialdemocracia. En lugar de las discrepancias de antaño, se obtuvo la unidad de puntos de vista sobre la cuestión de la insurrección armada. Los socialdemócratas de ambas fracciones trabajaron en los Soviets de diputados obreros, esos órganos peculiares del poder revolucionario embrionario, atrajeron a los soldados, a los campesinos a estos Soviets, publicaron manifiestos revolucionarios conjuntamente con los partidos revolucionarios pequeñoburgueses. Las viejas disputas de la época prerrevolucionaria fueron sustituidas por la solidaridad en las cuestiones prácticas. El ascenso de la ola revolucionaria desplazó las discrepancias, obligando a reconocer la táctica combativa, eliminando la cuestión de la Duma, colocando a la orden del día la cuestión de la insurrección, acercando a la socialdemocracia y a la democracia burguesa revolucionaria en el trabajo inmediato y directo. En "Séverni Gólos"{136}, los mencheviques junto con los bolcheviques llamaban a la huelga y a la insurrección, llamaban a los obreros a no cesar la lucha hasta que el poder no estuviera en sus manos. La situación revolucionaria dictaba por sí misma las consignas prácticas. Las disputas se referían solo a detalles en la apreciación de los acontecimientos: "Nachalo"{137}, por ejemplo, consideraba los Soviets de diputados obreros como órganos de autogobiernos revolucionarios, "Nóvaya Zhizn", como órganos embrionarios del poder revolucionario que unían al proletariado y la democracia revolucionaria. "Nachalo" se inclinaba a la dictadura del proletariado. "Nóvaya Zhizn" se situaba en el punto de vista de la dictadura democrática del proletariado y del campesinado. Pero ¿acaso cualquier período en el desarrollo de cualquier partido socialista europeo no nos muestra tales y semejantes discrepancias en el seno de la socialdemocracia?

No, la deformación del asunto por el señor Blank, su clamorosa tergiversación de la historia de ayer se explica únicamente porque tenemos ante nosotros un modelo de engreída vulgaridad burguesa, al que los períodos de torbellino revolucionario le parecen locura ("todos los principios olvidados", "la idea misma y la simple razón casi desaparecen"), y los períodos de aplastamiento de la revolución y de "progreso" pequeñoburgués (custodiado por los Dubásov) le parecen una época de actividad razonable, consciente y planificada. Esta valoración comparativa de los dos períodos (el período del "torbellino" y el período kadete) recorre como un hilo rojo todo el artículo del señor Blank. Cuando la historia de la humanidad avanza a la velocidad de una locomotora, esto es un "torbellino", un "torrente", la "desaparición" de todos los "principios e ideas". Cuando la historia se mueve con la rapidez del transporte de tiro, esto es la razón misma y la planificación misma. Cuando las masas populares mismas, con toda su virginal primitividad, con simple y tosca decisión, empiezan a crear historia, a encarnar en la vida directa e inmediatamente los "principios y teorías", entonces el burgués siente miedo y vocifera que "la razón pasa a segundo plano" (¿no será al revés, oh héroes del filisteísmo? ¿No es precisamente en esos momentos cuando aparece en la historia la razón de las masas, y no la razón de personalidades aisladas? ¿No es precisamente entonces cuando la razón de masas se convierte en fuerza viva, actuante, y no de gabinete?). Cuando el movimiento directo de las masas está aplastado por los fusilamientos, las ejecuciones, los azotes, el paro y el hambre, cuando salen de sus rendijas las chinches de la ciencia profesoral mantenida con el dinero de los Dubásov y empiezan a disponer los asuntos por el pueblo, en nombre de las masas, vendiendo y traicionando sus intereses a puñados de privilegiados, entonces a los caballeros del filisteísmo les parece que ha llegado la época del progreso calmado y tranquilo, "ha llegado el turno del pensamiento y la razón". El burgués siempre y en todas partes es fiel a sí mismo: ya tomen ustedes "Poliárnaia Zvezdá" o "Nasha Zhizn", ya lean a Struve o a Blank, en todas partes una y la misma cosa, en todas partes esta valoración limitada, profesoralmente pedante, burocráticamente mortecina de los períodos revolucionarios y reformistas. Los primeros son períodos de locura, tolle Jahre, desaparición del pensamiento y la razón. Los segundos, períodos de actividad "consciente, sistemática".

No malinterpreten mis palabras. No digan que hablo de la preferencia de los señores Blank por tales o cuales períodos. No se trata en absoluto de preferencia; el cambio de los períodos históricos no depende de nuestra preferencia subjetiva. Se trata de que en el análisis de las propiedades de tal o cual período (completamente con independencia de nuestra preferencia o de nuestras simpatías) los señores Blank tergiversan desvergonzadamente la verdad. Se trata de que precisamente los períodos revolucionarios se distinguen por una mayor amplitud, mayor riqueza, mayor conciencia, mayor planificación, mayor sistematización, mayor audacia y brillantez de la creación histórica en comparación con los períodos de progreso pequeñoburgués, kadete, reformista. ¡Y los señores Blank presentan el asunto al revés! Hacen pasar la miseria por riqueza histórico-creadora. Consideran la inactividad de las masas aplastadas o amedrentadas como el triunfo de la "sistematización" en la actividad de los funcionarios, de los burgueses. Gritan sobre la desaparición del pensamiento y la razón cuando, en lugar del recorte de proyectos de ley por toda clase de oficinistas y penny-a-liner's liberales (escritorzuelos que viven del pago por línea), llega un período de actividad política directa del "pueblo llano", que de manera simple, directa, inmediatamente, rompe los órganos de opresión del pueblo, conquista el poder, toma para sí lo que se consideraba perteneciente a toda clase de saqueadores del pueblo, en una palabra, cuando precisamente despierta el pensamiento y la razón de millones de personas apaleadas, despierta no para leer solo libritos, sino para la obra, la obra viva, humana, para la creación histórica.

Miren con qué magnificencia razona este caballero kadete: "El torbellino giró y se calmó en el mismo lugar". Pues si aún viven los filisteos liberales, si no los han liquidado los Dubásov, es precisamente gracias a este torbellino. "En el mismo lugar", ¿dicen ustedes? ¿Rusia en la primavera de 1906 está en el mismo lugar que en septiembre de 1905?

Pues durante todo el período "kadete", los Dubásov y los Durnovó arrastran y arrastrarán a Rusia "consciente, planificada y sistemáticamente" hacia atrás, para devolverla a septiembre de 1905, pero no les alcanza la fuerza, porque durante el torbellino, con la rapidez de una locomotora, movió a toda Rusia hacia adelante el proletario, el ferroviario, el campesino, el soldado amotinado.

Si este irrazonable torbellino realmente se hubiera calmado, entonces la Duma kadete estaría condenada a ocuparse de cuestiones sobre el estañado de lavabos.

Pero el señor Blank ni siquiera sospecha que la cuestión de si se ha calmado el torbellino es una cuestión independiente y puramente científica, cuya respuesta predetermina toda una serie de cuestiones de táctica, y sin cuya respuesta, por el contrario, no se puede en absoluto orientarse con algún sentido en las cuestiones de la táctica actual. El señor Blank no ha llegado a la conclusión de la ausencia actual de condiciones para el movimiento en forma de torbellino sobre la base de tal o cual análisis de datos y consideraciones (tal conclusión, si estuviera fundamentada, tendría realmente una importancia cardinal para determinar la táctica, pues, repetimos, esta determinación no es permisible basarla en la simple "preferencia" de tal o cual camino); no, él expresa directa y simplemente su profunda (y profundamente miope) convicción de que no puede ser de otra manera. El señor Blank mira el "torbellino" exactamente igual, en rigor, que como lo miran los señores Witte, Durnovó, Bülow y otros funcionarios alemanes, que declararon hace ya mucho el año 1848 como "el año loco". No expresa una convicción científica el señor Blank con las palabras sobre el calmamiento del torbellino, sino una miopía filistea, para la cual todo torbellino y el torbellino en general es una "desaparición del pensamiento y la razón".

"La socialdemocracia ha vuelto a su punto de partida", nos asegura el señor Blank. La nueva táctica de los mencheviques dirige el movimiento socialdemócrata ruso por el camino por el que se mueve toda la socialdemocracia internacional.

Ya ven ustedes: el camino parlamentario es declarado por el señor Blank, no se sabe por qué, "punto de partida" (aunque para Rusia no podía ser el punto de partida de la socialdemocracia). El camino parlamentario es considerado por el señor Blank, por así decirlo, como el camino normal, principal e incluso exhaustivo, único, exclusivo de la socialdemocracia internacional. El señor Blank ni siquiera sospecha que en este sentido repite por completo la deformación burguesa del socialdemocratismo, predominante en la prensa liberal alemana y adoptada en su momento por la bernsteiniada. Uno de los procedimientos de lucha le parece al burgués liberal el único procedimiento. La concepción brentaniana del movimiento obrero y de la lucha de clases se manifiesta aquí plenamente. De que por el camino parlamentario la socialdemocracia europea emprendió y pudo emprender solo cuando las condiciones objetivas quitaron del orden del día histórico la cuestión de llevar hasta el fin la revolución burguesa, solo cuando el régimen parlamentario se convirtió realmente en la forma principal del dominio de la burguesía y en la arena principal de la lucha social, el señor Blank ni siquiera lo sospecha. Ni siquiera reflexiona sobre si en Rusia existe un parlamento y un régimen parlamentario, y ya decide inapelablemente: la socialdemocracia ha vuelto a su punto de partida. La razón burguesa se representa exclusivamente revoluciones democráticas inconclusas (pues en la base de los intereses burgueses está el no llevar la revolución hasta el fin). La razón burguesa rehúye todos los procedimientos de lucha no parlamentarios, todas las intervenciones abiertas de las masas, toda revolución en el significado directo de la palabra. El burgués se apresura instintivamente a declarar, proclamar y aceptar cualquier parlamentarismo falso como auténtico, para poner fin al "vertiginoso torbellino" (peligroso no solo para la cabeza de muchos burgueses de cabeza débil, sino también para su bolsillo). He aquí por qué la cuestión científica y realmente importante de si se puede reconocer en Rusia el procedimiento parlamentario de lucha como de importancia sustancial y el movimiento en forma de "torbellino" como agotado, esta cuestión los señores kadetes ni siquiera están en condiciones de comprenderla. Y el sustrato material, de clase, de esta incomprensión es completamente claro: que apoyen a la Duma kadete con una huelga pacífica u otra intervención, pero con tal de que no piensen en una lucha seria, decidida, de exterminio, en una insurrección contra la autocracia y la monarquía.

"Ahora ha llegado de nuevo el turno del pensamiento y la razón", dice con entusiasmo el señor Blank sobre el período de las victorias de los Dubásov. ¿Sabe usted qué, señor Blank? ¡En Rusia no hubo época sobre la que en tal grado se pudiera decir: "ha llegado el turno del pensamiento y la razón", como sobre la época de Alejandro III! De veras que sí. Precisamente en esa época el viejo populismo ruso dejó de ser una simple mirada soñadora hacia el futuro y dio investigaciones de la realidad económica de Rusia que enriquecieron el pensamiento social ruso. Precisamente en esa época trabajó con la mayor intensidad el pensamiento revolucionario ruso, creando las bases de la concepción del mundo socialdemócrata. Sí, nosotros, los revolucionarios, estamos lejos de la idea de negar el papel revolucionario de los períodos reaccionarios. Sabemos que la forma del movimiento social cambia, que los períodos de creación política directa de las masas populares son sustituidos en la historia por períodos en que reina una calma exterior, en que callan o duermen (aparentemente duermen) las masas apaleadas y agobiadas por el trabajo forzado y la miseria, en que se revolucionizan con particular rapidez los modos de producción, en que el pensamiento de los representantes avanzados de la razón humana hace el balance del pasado, construye nuevos sistemas y nuevos métodos de investigación. Así, también en Europa, el período posterior al aplastamiento de la revolución de 1848 se distinguió por un progreso económico inaudito y un trabajo del pensamiento que creó, por ejemplo, El Capital de Marx. En una palabra, "el turno del pensamiento y la razón" llega a veces en los períodos históricos de la humanidad de la misma manera que la estancia de un militante político en la cárcel contribuye a sus trabajos y ocupaciones científicas.

Pero la desgracia de nuestro filisteo burgués es que no se da cuenta de este carácter, por así decirlo, carcelario o dubásoviano de su observación. No advierte la cuestión fundamental: ¿está aplastada la revolución rusa o marcha hacia un nuevo ascenso? ¿Ha cambiado la forma del movimiento social de revolucionaria a adaptativa a la época de Dubásov? ¿Están agotadas las fuerzas para el "torbellino" o no? La razón burguesa no plantea estas cuestiones, porque para ella, en general, la revolución es un torbellino irrazonable, y la reforma, el turno del pensamiento y la razón.

Vean su razonamiento instructivísimo sobre la organización. "La primera tarea" del pensamiento y la razón, nos anuncia, "debe ser la adopción de medidas preventivas contra la repetición de lo que ocurrió en el primer período de la revolución rusa, en su Sturm-und-Drang-Zeit[61], es decir, contra las acciones destructivas de las corrientes y huracanes revolucionarios. El único medio efectivo para esto solo puede ser la ampliación y el fortalecimiento de la organización".

Ya ven ustedes: el kadete piensa el asunto de tal modo que el período del huracán destruía las organizaciones y la organización (véase "Nóvoe Vremia", o más bien, "Poliárnaia Zvezdá" con los artículos de Struve contra la anarquía, la espontaneidad, el desgobierno en la revolución, etc., etc.), y el período del pensamiento y la razón custodiado por Dubásov es un período de creación de organizaciones. La revolución es mala, destruye, es un huracán, un torbellino vertiginoso. La reacción es buena, crea, es viento favorable y la época de la actividad consciente, planificada, sistemática.

De nuevo el filósofo del partido kadete calumnia a la revolución y revela todo su enamoramiento de las formas y condiciones burguesamente limitadas del movimiento. ¡El huracán destruía las organizaciones! ¡Qué clamorosa mentira! Señalen un período tal en la historia rusa o mundial, encuentren seis meses o seis años tales, en que se haya hecho tanto por las organizaciones libres y espontáneas de las masas populares como en las seis semanas del torbellino revolucionario ruso, cuando fueron olvidados, según las palabras de los calumniadores de la revolución, todos los principios e ideas, cuando desaparecieron la razón y el pensamiento. ¿Qué fue la huelga general de toda Rusia? ¿Eso no es organización, según ustedes? No está registrada en los libros de policía, no es una organización permanente, no quieren ustedes considerarla. Tomen las organizaciones políticas. ¿Saben ustedes que el pueblo obrero, la masa gris, nunca fue tan gustosamente a las organizaciones políticas, nunca aumentó tan gigantescamente la composición de las uniones políticas, nunca creó organizaciones originales semipolíticas como los Soviets de diputados obreros? Pero ustedes temen a las organizaciones políticas del proletariado. A ustedes, como genuinos brentanistas, les parecen más seguras para la burguesía (y por ello más sólidas, más serias) las organizaciones sindicales. Tomemos las organizaciones sindicales, y veremos, a pesar de todas las habladurías filisteas sobre su ignorancia en el momento revolucionario, que en Rusia nunca se creó tal abismo de organizaciones sindicales obreras como en esos días. Las páginas de los periódicos socialistas, y precisamente socialistas, tanto de "Nóvaya Zhizn" como de "Nachalo", estaban atestadas de informaciones sobre nuevas y nuevas organizaciones sindicales. Capas tan atrasadas del proletariado, a las que durante decenios apenas se logra poner en movimiento en el período de progreso pequeñoburgués "planificado y sistemático", como el servicio doméstico, manifestaban la mayor inclinación y capacidad para la organización. Tomen la Unión Campesina. Ahora es muy fácil encontrar a un kadete que hable con magnífico desdén de esta unión: ¡qué, dicen, si es una organización casi ficticia! ¡Ahora no quedan ni rastros de ella! Sí, señores, ¡ya me gustaría ver cuánto quedaría de sus organizaciones kadetes si tuvieran que luchar contra las expediciones punitivas, contra los innumerables Luzhénovski, Riman, Filónov, Avrámov y Zhdánov rurales! La Unión Campesina creció con rapidez fabulosa en el período del torbellino revolucionario. Era una organización realmente popular, de masas, que compartía, por supuesto, una serie de prejuicios campesinos, dúctil a las ilusiones pequeñoburguesas del campesino (como son dúctiles a ellas también nuestros socialistas-revolucionarios), pero indiscutiblemente una organización "telúrica", real de las masas, indiscutiblemente revolucionaria en su base, capaz de aplicar métodos de lucha realmente revolucionarios, que no restringía, sino que ampliaba el ímpetu de la creación política del campesinado, que ponía en escena a los propios campesinos con su odio a los funcionarios y terratenientes, y no a semiintelectuales, que tan a menudo son propensos a inventar toda clase de proyectos de pactos entre el campesinado revolucionario y los terratenientes liberales. No, en el desdén corriente hacia la Unión Campesina se manifiesta más que nada la limitación filisteo-burguesa del kadete, que no cree en la iniciativa revolucionaria del pueblo y teme tal iniciativa. La Unión Campesina en los días de libertad fue una de las realidades más potentes, y se puede predecir con seguridad que si los Luzhénovski y los Riman no matan aún a decenas de miles de jóvenes campesinos avanzados, si sopla aún un poco de viento libre, esta unión crecerá no por días, sino por horas, será una organización en comparación con la cual los actuales comités kadetes parecerán una mota de polvo[62].

Resumamos: la creación organizadora del pueblo, particularmente del proletariado, y luego también del campesinado, se manifiesta en los períodos de torbellinos revolucionarios en millones de veces más fuerte, más rica, más productiva que en los períodos del llamado progreso histórico tranquilo (de carreta). La opinión contraria de los señores Blank es una tergiversación burguesa-burocrática de la historia. Al buen burgués y al honrado funcionario les parecen organizaciones "auténticas" solo aquellas que están bien registraditas en los libros de policía y conformadas cuidadosamente con toda clase de "reglas provisionales". Sin reglas provisionales, no puede imaginar la planificación y la sistematización. No hay que engañarse, pues, sobre el verdadero significado de las sonoras palabras del kadete cuando habla del romántico desprecio a la legalidad y del aristocrático menosprecio a la economía. El significado real de estas palabras es uno: miedo burgués-oportunista ante la iniciativa revolucionaria del pueblo.

Finalmente, examinemos el último punto de la "teoría" kadete del señor Blank: la relación entre la democracia obrera y la burguesa. Los razonamientos del señor Blank sobre este tema merecen una enorme atención por parte de la socialdemocracia, pues son un modelo de cómo, mediante referencias a Marx, se deforma a Marx. Exactamente de la misma manera que Brentano, Sombart, Bernstein y Cía. sustituían el marxismo por el brentanismo, usando la terminología de Marx, refiriéndose a afirmaciones aisladas de Marx, falsificando el marxismo, exactamente así también nuestros kadetes se ocupan del "trabajo fino" de falsificar a Marx en la cuestión de la relación entre la democracia obrera y la burguesa.

Sin la coordinación de las acciones de la democracia obrera y de la burguesa, es imposible el éxito de la revolución democrático-burguesa. Santa verdad. Verdad indiscutible. ¿Les parece a ustedes, señores Blank, Izgóev y Cía., que los revolucionarios socialdemócratas olvidaban esto especialmente en los días del "torbellino"? Se equivocan o sustituyen conscientemente el concepto de democracia burguesa revolucionaria por el concepto de democracia burguesa en general, incluida también la monárquico-liberal, incluida también la oportunista, incluso principalmente la monárquico-liberal. Tomen "Nóvaya Zhizn" y verán que allí se habla de la acción conjunta, del acuerdo combativo de la democracia obrera con la democracia revolucionario-burguesa casi en cada número. Del significado de la Unión Campesina y del movimiento campesino se habla allí en los términos más enérgicos. Contrariamente a los cuentos kadetes sobre la intolerancia y el estrecho doctrinarismo de los marxistas, allí se reconoce plenamente el significado de las uniones y organizaciones sin partido[63], pero solo precisamente de las organizaciones sin partido revolucionarias. He aquí el quid de la cuestión, hábilmente difuminado por nuestros brentanistas en política: ¿qué elementos de la democracia burguesa son capaces de llevar hasta el fin la revolución democrático-burguesa, cuando esta revolución se encuentra, por así decirlo, en la mitad de su camino? ¿Aquellos elementos que aceptan el programa monárquico-liberal, se empantanan por completo en ilusiones constitucionales y cubren los períodos revolucionarios, los procedimientos revolucionarios de creación histórica con la baba de su filistea indignación, condena, lamentación? ¿O aquellos que aceptan el programa de la victoria completa de la insurrección campesina (en lugar del pacto de los campesinos con los terratenientes), de la victoria completa de la democracia (en lugar del pacto de la cámara baja democrática con la cámara alta y la monarquía)? ¿Han pensado ustedes alguna vez sobre esta cuestión, señores Blank e Izgóev? ¿Con los conciliadores democrático-burgueses debemos "golpear juntos" en el tiempo presente, o con los revolucionarios democrático-burgueses?

¿No han oído ustedes, honorables amantes de citar y deformar a Marx, con qué despiadada dureza flagelaba él a los conciliadores democrático-burgueses en Alemania en 1848?{138} Y, sin embargo, esos conciliadores no estaban sentados en una mísera Duma de Estado, sino en la Asamblea Nacional; eran demócratas mucho más "decididos" (de palabra) que nuestros kadetes.

Y esos mismos Marx y Engels, unos quince años después, en la época del "conflicto constitucional" prusiano, aconsejaban al partido obrero que apoyara a los demócratas burgueses-progresistas, que no eran en nada mejores que los demócratas de Fráncfort{139}. Según ustedes, ¿esto es una contradicción e inconsecuencia de Marx y Engels? Según ustedes, ¿esto es una prueba de cómo en ellos, durante el "torbellino revolucionario", también casi desaparecieron "el pensamiento y la razón" (de este punto de vista se atiene la mayoría de los bernsteinianos y kadetes)? En realidad, no hay aquí ninguna contradicción: en el período de lucha revolucionaria, Marx flagelaba con la mayor fuerza las ilusiones constitucionales y a los conciliadores constitucionales. Cuando todas las fuerzas del "torbellino" revolucionario se agotaron, cuando ya no podía haber ninguna duda de que los kadetes alemanes habían traicionado definitivamente la revolución, cuando las insurrecciones estaban absoluta y decididamente aplastadas y la prosperidad económica hacía desesperanzada su repetición, entonces y solo entonces (Marx y Engels no se distinguían por la pusilanimidad y la caída de la fe en la insurrección después de la primera derrota), solo entonces reconocieron la forma parlamentaria como la principal forma de lucha. En el parlamento, una vez que se ha entrado en él, no solo se puede, sino que se debe, en ciertas condiciones, apoyar al tránsfuga Izgóev contra Shílov, a Shílov contra Durnovó. En la lucha por el parlamentarismo real, a veces no hay nada más peligroso que los "conciliadores" kadetes.

Si quieren referirse a Marx, señores, intenten demostrar que nuestra Duma es ya un órgano del dominio de la burguesía en la Rusia libre, y no una hoja de parra de la autocracia. Dirán ustedes que lo segundo puede convertirse en lo primero mediante una serie de pequeños cambios, y que las elecciones kadetes son precisamente tal, no pequeño, sino gran "convertirse".

Bien. Pero con eso solo aplazan la cuestión, no la resuelven. Y bien, ahora, la Duma actual, ¿ha rebasado ya hasta tal punto sus marcos que puede ser un órgano de poder? Aquellos de ustedes que piensan así y tratan de hacer pensar así al pueblo, esos difunden directamente las más nocivas ilusiones constitucionales, esos son directamente contrarrevolucionarios. En cambio, aquellos que admiten la probabilidad de que "Durnovó se queda para disolver la Duma"[64], o que comprenden que sin el empuje extra-"parlamentario", revolucionario, nada está aún asegurado[65], esos mismos revelan la inestabilidad de su posición. Con sus confesiones, muestran claramente que la política de los kadetes es una política del momento, y no una política de defensa seria de los intereses sólidos y fundamentales de la revolución. Estas confesiones muestran que de los kadetes, en el momento del desenlace de la nueva crisis revolucionaria que ahora madura, se desprenderá toda una masa de elementos revolucionarios democrático-burgueses, a los que la burla de los señores Durnovó hacia la Duma empujará a las barricadas. O sea, toda la diferencia está solo en que ustedes quieren limitar, atar, restringir esta inevitable nueva batalla con la tarea de apoyar a la Duma kadete, y nosotros queremos dirigir todos los pensamientos, todos los esfuerzos, todo nuestro trabajo de agitación, propaganda y organización a ampliar el ímpetu de esta batalla más allá de los programas kadetes, ampliarlo hasta el derrocamiento completo de la autocracia, hasta la victoria completa de la insurrección campesina, hasta la convocatoria por vía revolucionaria de una asamblea constituyente de todo el pueblo.

A ustedes les parece que en Rusia no hay ninguna democracia burguesa revolucionaria, que los kadetes son la única o, por lo menos, la principal fuerza de la democracia burguesa en Rusia. Pero esto les parece solo porque son miopes, porque se satisfacen con la observación superficial de los fenómenos políticos, porque no ven y no comprenden "la esencia de la constitución". Políticos del día de hoy, son ustedes los más típicos oportunistas, pues tras los intereses momentáneos de la democracia no ven sus intereses más profundos y cardinales, tras las tareas del momento olvidan las tareas de mañana, y más serias, tras el letrero no ven el contenido. Democracia burguesa revolucionaria en Rusia existe, no puede no existir, mientras exista un campesinado revolucionario, vinculado por miles de millones de hilos también con la plebe urbana. Esta democracia se ha agazapado exclusivamente gracias a la labor de los Riman y los Luzhénovski. Y el día de mañana inevitablemente pondrá al desnudo las ilusiones kadetes. O bien el régimen de represiones seguirá como antes, los Riman y los Luzhénovski "harán su trabajo", la Duma kadete charlará; entonces la miseria de esta Duma y la miseria del partido que en ella domina se harán claras de inmediato a las enormes masas de la población. Sobrevendrá una explosión aguda, en la que participarán, por supuesto, no los kadetes como partido, sino precisamente esos elementos de la población que constituyen la democracia revolucionaria. O bien el régimen de represiones se debilitará, el gobierno hará algunas concesiones, la Duma kadete, naturalmente, empezará a derretirse con las primeras concesiones y a conciliarse no ya en Shílov, sino quizás en algo aún peor. La naturaleza contrarrevolucionaria de los kadetes (manifestada en los días del "torbellino" con particular brillo y que se revela constantemente en su literatura) se manifestará a plenitud. Pero el primer soplo del viento libre, el primer debilitamiento de las represiones comenzará de nuevo inevitablemente a llamar a la vida a centenares y miles de organizaciones, uniones, grupos, círculos, empresas de carácter revolucionario-democrático. Y este fenómeno, igualmente inevitable, conducirá de nuevo al "torbellino", a la repetición de la lucha de octubre-diciembre, solo que en una escala inconmensurablemente más amplia. Los kadetes, que ahora brillan, se difuminarán de nuevo entonces. ¿Por qué? Porque los gusanos pululan alrededor de los cadáveres, y no alrededor de personas vivas.

En otras palabras, los kadetes pueden, como diría Durnovó, "engolosinar" definitivamente al pueblo con respecto a la "libertad popular", pero en ningún caso, en absoluto, pueden llevar a cabo una lucha real por una libertad popular real, sin comillas, sin pacto de la libertad con la autocracia. Esta lucha inevitablemente habrá que llevarla aún, y la llevarán otros partidos, otros elementos sociales, y no los kadetes. Se comprende de aquí que la socialdemocracia revolucionaria no envidia en absoluto los éxitos de los kadetes y continúa dirigiendo toda su atención a esta lucha venidera real, y no de utilería.

El señor Blank cita palabras de Marx sobre el alto significado de la democracia burguesa. Para expresar la verdadera opinión de Marx, habría que añadir: y el alto significado traicionero. Marx habló de esto miles de veces en diferentes lugares de sus diferentes obras. El camarada Plejánov, que se inclina al brentanismo en la política actual, ha olvidado estas indicaciones de Marx. El camarada Plejánov ni siquiera sospecha a qué puede traicionar la democracia liberal. La respuesta es muy simple, camarada Plejánov: el partido de la "libertad popular" ha traicionado y traicionará la libertad popular.

El señor Blank nos alecciona que no hay que empujar a la democracia burguesa "a la reacción, a la contrarrevolución". Preguntaremos a este sabio kadete: ¿quieren tomar el mundo de las ideas, teorías, programas, líneas tácticas? ¿o el mundo de los intereses materiales de clase? Tomemos ambos. ¿Quién empujó a la contrarrevolución a su amigo, el señor Struve, y cuándo? El señor Struve fue contrarrevolucionario en 1894, cuando hacía salvedades brentanianas al marxismo en sus "Notas críticas". Y, a pesar de los esfuerzos de algunos de nosotros por "empujarlo" del brentanismo al marxismo, el señor Struve se fue definitivamente al brentanismo. Y las notas contrarrevolucionarias nunca desaparecieron de las páginas de "Osvobozhdenie", de "Osvobozhdenie" ilegal. ¿Qué es esto, casualidad? ¿Es casualidad que precisamente la época del "torbellino", la época de la iniciativa revolucionaria del pueblo, incitara al señor Struve a crear el órgano modelo del refunfuño reaccionario: "Poliárnaia Zvezdá"?

¿Quién empuja en general al pequeño productor en la producción mercantil hacia el lado de la reacción y la contrarrevolución? Su posición entre la burguesía y el proletariado en la sociedad capitalista. El pequeño burgués inevitable e ineludiblemente, en todos los países y en todas las combinaciones políticas, oscila entre la revolución y la contrarrevolución. Quiere liberarse de la opresión del capital y consolidar su posición como pequeño propietario. Tal tarea es insoluble por esencia, y las oscilaciones del pequeño burgués son inevitables e ineliminables por la esencia misma de la estructura de la sociedad moderna. Por eso solo los ideólogos de la pequeña burguesía pueden imaginarse que son concebibles manifestaciones tales de la iniciativa revolucionaria de los obreros o de los campesinos que se sublevan contra la propiedad terrateniente, que no empujaran a una parte conocida de la democracia burguesa a la reacción. Solo los caballeros del filisteísmo pueden lamentarse de esto.

¿Acaso los señores Blank e Izgóev (o el camarada Plejánov) se imaginan, por ejemplo, que sea posible la victoria completa de la insurrección campesina, la completa "confiscación de la tierra" (consigna de Plejánov) a los terratenientes sin indemnización, que no empujaran a la contrarrevolución a las tres quintas partes de la "democracia burguesa" kadete? ¿No deberíamos, pues, empezar a regatear con los kadetes sobre un programa campesino "razonable"? ¿Qué piensan ustedes, camarada Plejánov? ¿Qué opinan, señores Blank e Izgóev?

Y ahora el final de los razonamientos políticos de nuestro kadete: si la democracia burguesa en el momento actual está contra la insurrección armada, entonces de ella no puede ni debe hablarse.

En estas palabras se expresa toda la esencia y todo el sentido de la política kadete: subordinar el proletariado a los kadetes, tomarlo a remolque en la cuestión fundamental de su conducta política y de su lucha política. No hay que cerrar los ojos ante esto. El señor Blank desvía la mirada con bastante habilidad: no habla de los kadetes, sino de la democracia burguesa en general. Habla del "momento actual", y no de la insurrección en general. Pero solo un niño podría engañarse respecto a que esto es precisamente un desvío de la mirada y que el verdadero sentido de la conclusión de Blank es precisamente el que hemos indicado: hemos mostrado ya en una serie de ejemplos que el señor Blank (como todos los kadetes) ignora sistemáticamente a la democracia burguesa más izquierdista que la kadete, que él, de acuerdo con toda su posición de defensor de las ilusiones constitucionales, identifica a los kadetes con la democracia burguesa, ignora la democracia burguesa revolucionaria. Solo nos queda mostrar que los kadetes están en general contra la insurrección armada, y no solo contra la elección fallida del "momento" (una y otra cosa se confunden con sorprendente frecuencia, y a los kadetes les resulta especialmente ventajoso confundirlas, encubrir su negación de la insurrección con razonamientos sobre el momento de la misma). Mostrar esto no hay nada más fácil: basta referirse a "Osvobozhdenie" ilegal, donde el señor Struve, en la primavera y verano de 1905, después del 9 de enero y antes del 9 de octubre, combatía contra la insurrección armada, demostrando que su prédica era "insensata y criminal". Los acontecimientos refutaron suficientemente a este contrarrevolucionario. Los acontecimientos mostraron que solo la combinación de la huelga general con la insurrección armada, prevista por los marxistas y enarbolada por ellos como consigna, conquistó para Rusia el reconocimiento de la libertad y los rudimentos del constitucionalismo. Solo algunos socialdemócratas absolutamente aislados, sin partidarios en Rusia (como Plejánov), hablaron pusilánimemente de la insurrección de diciembre: "no había que haber empuñado las armas". Por el contrario, la inmensa mayoría de los socialdemócratas están de acuerdo en que la insurrección fue una réplica necesaria a la confiscación de las libertades, en que elevó todo el movimiento a un escalón superior y demostró la posibilidad de luchar contra el ejército. Esta última circunstancia fue reconocida también por un testigo tan imparcial, no apasionado y prudente como Kautsky.

Vean ahora a qué se reduce la moraleja de los señores Blank: el proletariado no debe pensar en la insurrección si el partido kadete (que nunca fue revolucionario) no simpatiza con la insurrección (aunque tanto en el momento dado como en todos los demás está contra la insurrección). ¡No, señor Blank! El proletariado tendrá en cuenta indefectiblemente a la democracia burguesa tanto en la cuestión de la insurrección en general como en la cuestión del momento de la insurrección en particular, pero solo precisamente no a la kadete, sino a la democracia burguesa revolucionaria; no a las corrientes y partidos liberal-monárquicos, sino a los revolucionario-republicanos; no a los charlatanes que se satisfacen con un parlamento de juguete, sino a la masa campesina (también democracia burguesa), que determina su actitud hacia la insurrección de otro modo que los kadetes.

"Los kadetes están contra la insurrección". Pues nunca han estado ni nunca pueden estar a favor de ella. Le temen. Se imaginan ingenuamente que de su deseo —del deseo de elementos intermediarios, que se mantienen al margen de la lucha más aguda y directa— depende la decisión de la cuestión de la insurrección. ¡Qué error! La autocracia se prepara para la guerra civil y la prepara precisamente ahora con particular sistematización. En conexión con la Duma madura una nueva crisis política, mucho más amplia y profunda. Y tanto la masa campesina como el proletariado conservan aún en su seno una masa de elementos combativos que exigen irrevocablemente la libertad popular, y no pactos que la mutilen. ¿Acaso de la voluntad de tal o cual partido depende, en tales condiciones, si habrá o no insurrección?

De igual modo que el pequeñoburgués europeo-occidental, en vísperas de la revolución socialista, sueña con la atenuación de las contradicciones de clase de la burguesía y el proletariado, llama a este último a no empujar a la reacción a los representantes de la primera, se pronuncia por la paz social y con sentimiento de profunda indignación moral rechaza la idea no científica, estrecha, conspiradora, anárquica, etc., de la catástrofe, de modo semejante el pequeñoburgués ruso, a medio camino de nuestra revolución democrático-burguesa, sueña con la atenuación de la contradicción entre la autocracia y la libertad popular, llama a los revolucionarios, es decir, a todos los partidarios decididos y consecuentes de esta última, a no empujar a la reacción a la burguesía liberal, se pronuncia por la vía constitucional y con sentimiento de verdadera indignación, reforzada por el idealismo filosófico, rechaza la idea no científica, estrecha, conspiradora, anárquica, etc., de la insurrección. Al pequeñoburgués europeo-occidental, el obrero consciente le dice: la catástrofe no dependerá de los elementos intermediarios, sino de la agudización de los extremos. Al pequeñoburgués ruso (y el kadete es el pequeñoburgués ideal en política), el obrero consciente le dice: la insurrección no depende de la voluntad de los liberales, sino de las acciones de la autocracia y del crecimiento de la conciencia y la indignación en el campesinado y el proletariado revolucionarios. Los pequeñoburgueses europeo-occidentales dicen al proletariado: no apartes de ti al pequeño campesino y, en general, a la pequeña burguesía, ilustrada, social-liberal, reformista; no te aísles; solo la reacción quiere aislarte. El proletario responde: de los conciliadores de la burguesía con el proletariado debo aislarme en interés de toda la humanidad trabajadora, pues estos conciliadores me aconsejan desarmarme, pues ejercen la influencia más nociva, inmediata y prácticamente nociva, sobre la conciencia de la clase oprimida con su prédica de la conciliación, la atenuación, etc. Pero de toda esa enorme masa de pequeños burgueses, de la masa trabajadora, que es capaz de situarse en el punto de vista del proletariado, de no soñar con la conciliación, de no entusiasmarse con la consolidación de la pequeña economía en la sociedad capitalista, de no renunciar a la lucha contra el propio régimen capitalista, de esa masa no me aíslo.

En otro marco, en otro período histórico, en vísperas (y ni siquiera en vísperas, sino en medio) de la revolución democrático-burguesa, y no socialista, ocurre algo análogo también en Rusia. El pequeñoburgués dice al proletariado: la reacción quiere aislarte, debes aislar a la reacción, no apartes, pues, de ti al kadete, al kadete ilustrado, políticamente liberal, deseoso de reformas. El proletario responde: de los conciliadores de la autocracia con la representación popular debo aislarme en interés de la lucha real por la libertad real, pues estos conciliadores nos aconsejan desarmarnos, oscurecen la conciencia civil del pueblo con su prédica de la "paz política" y de las ilusiones constitucionales. Pero estos conciliadores, todos estos kadetes, no son en absoluto el pueblo, no son en absoluto la masa, no son en absoluto la fuerza, como les parece a personas que se someten al estado de ánimo del momento y a las impresiones del momento, que gritan ahora sobre el peligro del aislamiento del proletariado. La masa real es el campesinado revolucionario, es la verdadera plebe de la población urbana. Y de esta masa no me aíslo, la llamo a liberarse de las ilusiones constitucionales, la llamo a la verdadera lucha, la llamo a la insurrección. Con el estado de ánimo y el curso del desarrollo de la conciencia de esta masa (en absoluto de los conciliadores kadetes) tendré en cuenta del modo más serio al determinar el momento de la insurrección, pero por el éxito del momento, por el oropel del parlamentarismo kadete (o del parlamentarismo de Dubásov, sería más exacto decir quizás), no olvidaré ni por un minuto la lucha revolucionaria contra la autocracia, que madura muy rápidamente, que se avecina, probablemente, en un futuro no lejano.

Hubo un tiempo, no hace mucho, en que en Europa brillaba, hacía ruido, imponía sus alianzas y acuerdos al proletariado el social-liberal, el pequeño burgués conciliador. El ala intelectual de los partidos socialdemócratas picó el anzuelo, se dejó seducir por la política del momento, creó la famosa bernsteiniada, etc. Pasó un año u otro, la niebla de la "paz social" se disipó por completo, y la justeza de la posición del ala revolucionaria de la socialdemocracia, que se mantenía consecuentemente en el punto de vista proletario, se esclareció plenamente.

Ahora, en Rusia, a todos les hacen girar la cabeza las victorias kadetes y la futura Duma kadete. Existe el peligro de que el ala intelectual de nuestro partido se deje arrastrar por este brillo, se entusiasme con los bloques electorales con los k.-d., con la idea de su apoyo, con la política de "actitud táctica" hacia los kadetes, no quiera definir clara y nítidamente, desde el punto de vista proletario, la naturaleza de clase pequeñoburguesa de este partido, el daño de sus ilusiones constitucionales, el peligro palpitante de su táctica de "conciliación". Pasarán —ni siquiera años, sino quizás meses— y la niebla se disipará, los puntos de vista de la socialdemocracia revolucionaria serán confirmados por la realidad, las páginas de los periódicos y revistas kadetes dejarán de estar moteadas de elogios ofensivos para el proletariado, que testimonian una cierta enfermedad dentro de la socialdemocracia, dirigidos a ciertos socialdemócratas.