La situación política se esclarece con asombrosa rapidez.

Hace algunos meses no se podía afirmar con certeza si la Duma Estatal se reuniría y qué representaría. Hace algunas semanas aún no se veía, al menos para las amplias masas populares, en qué terreno y bajo qué forma se desarrollaría la siguiente etapa de la lucha por la libertad. Creía en la Duma el ingenuo campesino, que no podía admitir la idea de que las ardientes súplicas y declaraciones de todos los emisarios del pueblo quedaran sin consecuencias; creía en la Duma el liberal burgués, que intentaba impulsar al gobierno a hacer concesiones «de buen grado». No sería exagerado decir que, en unos pocos días, esta fe se desmorona ante nuestros ojos: la fe de las masas populares, de personas en las que todos sus intereses alimentaban y fortalecían esa fe. Creían porque querían creer, creían porque el futuro político inmediato aún era oscuro, creían porque el crepúsculo político dejaba lugar a toda clase de ambigüedades, a toda clase de vacilaciones, a toda clase de decaimiento del ánimo.

Ahora todo vuelve a aclararse. La previsión de las personas que parecían unos excéntricos pesimistas en la época de las elecciones a la Duma o en los primeros días de la Duma, se justifica. La Duma sesiona ya cinco o seis semanas, y ya las personas que con toda el alma aspiran a desarrollar y desplegar la actividad en la Duma y en torno a ella reconocen franca y honestamente el gran hecho: «Qué cansado está el pueblo de esperar».

No se cansó de esperar durante decenas de años, pero ahora se ha cansado en pocas semanas; no se cansaba de esperar mientras dormía o vegetaba, mientras en la situación externa de su vida no existían circunstancias que inmediatamente pusieran patas arriba su existencia, su estado de ánimo, su conciencia, su voluntad; se ha cansado de esperar en pocas semanas porque en su interior se despertó con increíble rapidez la sed de acción, y las palabras más ardientes y cordiales, incluso desde una tribuna tan alta como la Duma, le empezaron a parecer opacas, aburridas, carentes de interés; se cansaron de esperar los obreros, la ola de huelgas comenzó a crecer más y más; se cansaron de esperar los campesinos; ninguna persecución ni tortura, que superan los horrores de la inquisición medieval, detiene su lucha por la tierra, por la libertad; se cansaron de esperar los marineros en Kronstadt y Sebastopol, los soldados de infantería en Kursk, Poltava, Tula, Moscú, los guardias en Krásnoe Seló, incluso los cosacos se cansaron de esperar. Todos ven ahora dónde y cómo se enciende la nueva gran lucha, todos comprenden su inevitabilidad, todos sienten la grandísima necesidad de la resistencia, la firmeza, la preparación, la simultaneidad y la coordinación de las acciones del proletariado y del campesinado. Sienten que para ello es necesario esperar... Estamos en vísperas de los más grandes acontecimientos históricos, estamos en vísperas de la segunda gran etapa de la revolución rusa. La socialdemocracia, portavoz consciente de la lucha de clases del proletariado, permanecerá en su puesto como un solo hombre y cumplirá con su deber hasta el final.

«Rabótnik» núm. 1, 8 de junio de 1906. Firmado: N. Lenin

Se publica según el texto del periódico «Rabótnik»