Ayer publicamos las principales resoluciones del V Congreso de la Socialdemocracia polaca{107}. Los camaradas polacos, que ahora han ingresado en nuestro partido, de 25 a 30 mil miembros, se han manifestado resueltamente contra la táctica del Comité Central respecto a la Duma de Estado. Condenando esta táctica en general, no consideraban necesario detenerse en los errores particulares derivados de una táctica errónea, como el famoso apoyo al ministerio kadete. Pero es obvio –y quienes asistieron al congreso polaco lo saben perfectamente– que los socialdemócratas polacos se oponen incondicionalmente a este «apoyo». La conferencia de todos los socialdemócratas de Petersburgo también rechazó tajantemente el apoyo al ministerio kadete{108}. La conferencia regional de los socialdemócratas del distrito central de Moscú se ha pronunciado igualmente en su contra{109}.

En la conferencia de Petersburgo estuvieron representados unos 4 mil miembros del partido; en la regional de Moscú, cerca de 14 mil. Así pues, alrededor de 20 mil miembros del partido, es decir, la mayor parte del mismo (en el último congreso estuvieron representados de 31 a 33 mil), han condenado la táctica del CC en la cuestión del apoyo al ministerio de la Duma. La mayoría del partido está contra el apoyo. Nuestro ministerio intrapartidario, es decir, el CC de nuestro partido, ha dejado de expresar la voluntad del partido: su deber político elemental es acelerar la convocatoria de un congreso extraordinario inmediato. De lo contrario, se convertirá en un grupito aferrado al poder partidario mediante triquiñuelas formales y dilaciones, contra la voluntad ya esencialmente expresada del partido. En cualquier caso, el partido sabrá conseguir ahora el congreso.

La táctica de apoyo al ministerio de la Duma, es decir, kadete, condenada por la mayoría del partido, sigue siendo defendida por los mencheviques (aunque una parte de ellos, como han mostrado los debates en Piter, ha logrado adoptar una posición independiente en esta cuestión y apartarse del oportunismo). Detengámonos una vez más en el análisis de los argumentos corrientes del ala derecha de la socialdemocracia.

Conseguir el ministerio de la Duma, nos dicen, significa «arrancar el poder de las manos de la camarilla», «hacer que el poder ejecutivo responda ante la representación popular»; esto constituye «el paso de un régimen seudoconstitucional a una constitución real» («Golos Trudá», núm. 5).

Esto es una enorme mentira. El ministerio de la Duma, es decir, kadete, será designado (si se satisface la exigencia kadete) precisamente por la camarilla. ¿Acaso se puede calificar de arrancar el poder el nombramiento de ministros liberales por la camarilla? Nombrando ministros a su antojo, la camarilla puede destituirlos en cualquier momento: la camarilla no entrega el poder, sino que juega a repartírselo; prueba si los lacayos liberales le convienen o no. Los miembros inteligentes de la camarilla, como, por ejemplo, Pobedonóstsev y Trépov (según informaciones de algunos periódicos), calculan directamente: nos resulta más cómodo nombrar ministros liberales. Con esto tranquilizaremos no solo a los kadetes (es decir, a la mayoría de la Duma), sino también a los socialdemócratas kadetizantes. Y es mucho más fácil ajustar cuentas con ministros desagradables que, por lo menos, con la Duma. Ganaremos tiempo, barajaremos las cartas, sembraremos el mayor caos, la desconfianza mutua, las disputas por las carteras ministeriales en la mitad derecha, es decir, mayor, de la Duma. Enturbiaremos las aguas, engañaremos a los kadetes igual que los engañamos en la cuestión de la ayuda a los hambrientos. Los obligamos allí a desempeñar «voluntariamente» el papel de testigos policiales, de igual modo los obligaremos ahora, en el cargo ministerial, a representar el papel de lacayos policiales.

Quien esté medianamente familiarizado con la historia de los kadetes rusos, así como de los «kadetes» en otros países, sabe que la camarilla siempre ha logrado engañar a los burgueses monárquico-liberales. Para impedir esto, solo hay un medio: desarrollar la conciencia política independiente de los proletarios y de los campesinos revolucionarios. Y precisamente esa conciencia es la que los socialdemócratas de derecha oscurecen y ofuscan. Precisamente para conservar en las clases revolucionarias una total claridad de conciencia política y una plena independencia combativa, los socialdemócratas debemos dejar solos a los kadetes enredándose a los pies de la camarilla por las poltronas ministeriales. Implicar al proletariado en este asunto sería una traición a los intereses del proletariado y a los intereses de la revolución.

Si la camarilla nombrase ministros a los kadetes, haría «responsable al poder ejecutivo ante la representación popular» («Golos Trudá»).

Esto es una enorme mentira. Cuando los profesores kadetes la dicen, Dios se lo perdone. Cuando los socialdemócratas la repiten, es imperdonable. El poder ejecutivo es responsable, estimados corifeos, no ante la «representación popular», sino ante el poder legislativo. Reténganlo. Ahora se lo explicamos más detalladamente. ¿A quién pertenece ahora en Rusia el poder legislativo? 1) Al poder supremo; 2) Al Consejo de Estado; 3) A la Duma de Estado.

¿Han comprendido ahora su error? Los ministros kadetes serán responsables tanto ante la Duma como ante el Consejo de Estado y ante la camarilla. Presentar el asunto como si fueran responsables solo ante la Duma significa mentir al pueblo.

Sigamos. ¿Cuál será la situación de los ministros responsables ante las más diversas instituciones? Una situación falsa. Los ministros deberán observar y proteger todas las leyes existentes, mientras no sean modificadas por las tres instancias legislativas arriba enumeradas. No en vano los demagogos kadetes, como Ródichev, ya se desgañitan ahora en la Duma gritando que son el escudo de la dinastía. Los kadetes saben dónde se esconde la liebre. Y los socialdemócratas de derecha repiten como loros sin entender el asunto.

¿Por qué los kadetes han convertido ahora en centro de su agitación el ministerio? ¿Por qué no gritan con el mismo celo, frecuencia y fuerza: abajo el Consejo de Estado, abajo tales y cuales leyes que impiden a la representación popular convertirse en poder legislativo? ¿Por qué mil veces más débilmente agitan por la amnistía completa, por la libertad plena, por el sufragio universal, que por las poltronas ministeriales? ¿Han pensado en esto? No, no han pensado en esto. Los kadetes llaman ante todo a la puerta trasera, porque no quieren la libertad plena (recuerden sus proyectos de ley sobre reuniones), no quieren la abolición total del Consejo de Estado (recuerden la cámara alta en su programa), ante el cual también serán responsables igual que ante la Duma, etcétera. Los kadetes no quieren plantear la exigencia de otorgar primero la amnistía completa, primero abolir el Consejo de Estado, primero instaurar la libertad plena, primero conceder el sufragio universal, etc., y luego nombrarlos ministros. ¿Por qué no quieren esto los kadetes? Porque saben dónde se esconde la liebre, y los corifeos kadetizantes no lo saben.

Los kadetes dicen: ¡cuando seamos ministros, entonces lucharemos por todas esas libertades! No se puede todo de golpe, ¿verdad? Y el corifeo se lo cree y se esfuerza...

El kadete comprende que el ministro es responsable ante la misma vieja ley policial rusa, responsable tanto ante la Duma como ante la camarilla y ante el Consejo de Estado. Por eso, al ministro no se le pueden pedir cuentas: yo estaría encantado, yo con toda el alma, pero «allí» no están de acuerdo, pero el Consejo de Estado todavía se muestra un poquito terco. Tengan paciencia, señores: nadie mejor que yo, el kadete, hará entrar en razón ni a la camarilla ni al Consejo de Estado.

Grábate esto, corifeo: para luchar contra esta táctica traicionera de los kadetes, no hay que hacerles coro, sino conservar una total independencia, es decir, prevenir al proletariado y al campesinado contra la confianza en los kadetes, contra la repetición de las consignas kadetes. Con su táctica, ustedes dificultan la lucha independiente de la clase obrera y del campesinado revolucionario. Ustedes venden la primogenitura revolucionaria por un plato de lentejas del reformismo kadete.

No necesitamos explicar con igual detalle la tercera mentira, según la cual el nombramiento de ministros kadetes por la camarilla constituye un «viraje decisivo», el paso hacia una «constitución real». El lector ve ahora por sí mismo que con el nombramiento de Ródichev como ministro por Trépov no cambia ni siquiera la constitución escrita. Hablar de un cambio de la constitución real en virtud de tal nombramiento significa ya, como suele decirse, haber perdido completamente el hilo.

En la próxima ocasión analizaremos otro argumento corriente: «de todos modos, el ministerio kadete será mejor. No hay de dónde elegir. Hay que apoyar lo que es mejor». Veremos si este argumento es socialdemócrata y cuánto vale.

«Eco», núm. 5, 27 de junio de 1906.

Se publica según el texto del periódico «Eco».