Esto tenía que suceder y sucedió. Desde ayer hay una pequeña parte en el presupuesto del gobierno autocrático de los pogromistas que ha sido aprobada por los «representantes del pueblo», si se les puede llamar así. Sólo el primer paso cuesta, dice el proverbio francés. O en ruso: la primera copita es un palo, la segunda halcón, las demás — pajarillos. La primera copita ha sido bebida por los kadetes junto con los autócratas.

Restablezcamos con más precisión todo el curso de este acontecimiento histórico. Los ministros del Interior y de Hacienda pidieron a la Duma que asignara 50 millones de rublos para ayudar a los hambrientos. Sin la decisión de la Duma, los ministros, «según la ley», no habrían podido obtener ese dinero, no habrían podido tomar en sus manos la campaña de abastecimiento. Sobre quién debía dirigir esa campaña, los ministros no preguntaron a la Duma: «según la ley», este asunto está, de todos modos, en manos del gobierno de los pogromistas. Sobre de dónde sacar el dinero, los ministros tampoco dijeron nada en su propuesta: «facultar al ministro de Hacienda para buscarlo» y nada más. Sólo en la comisión los ministros plantearon precisamente el empréstito como medio de obtener el dinero. Y ayer, en la sesión de la Duma, el ministro de Hacienda declaró abiertamente: «La competencia de la Duma de Estado consiste en otorgar poderes para buscar fuentes, mientras que el orden de la búsqueda (citamos según «Rech» y no nos responsabilizamos del estilo) pertenece al poder supremo». Así pues, a los ministros en realidad les hacía falta obtener de la Duma la asignación en general, y se preocupaban menos de las fuentes.

En la Duma se perfilaron en seguida dos soluciones fundamentales al problema, señaladas por nosotros anteayer[51]. Los kadetes se pronunciaron por la asignación de 15 millones de rublos, con la exigencia de rendición de cuentas sobre su gasto y con cargo a los «ahorros previstos» según el presupuesto de 1906. Eso fue todo. Y el ministro de Hacienda respondió con la mayor sangre fría a los kadetes: «si la Duma de Estado aprueba la decisión de conceder 15 millones de rublos, el ministerio de Hacienda los entregará, pero no a cuenta de los ahorros, sino a cuenta de otros gastos asegurados». Después de realizar el gasto, el ministro «vendrá de todos modos a la Duma de Estado y dirá: ustedes nos obligaron a realizar un gasto para el cual no encontramos remanentes».

La cosa, por tanto, está más clara que el agua. El ministro escupió directamente en la cara de la Duma kadete: aprovecharemos el permiso para tomar 15 millones de rublos, pero en cuanto a los «ahorros», su decisión es un sonido hueco. El ministro no tiene reparo en declarar que no habrá ahorros. El ministro no tiene reparo en declarar que está de acuerdo en recibir el dinero según las asignaciones de la Duma, pero se burla de los consejos de la Duma sobre los «ahorros».

¿Qué papel desempeñó, de hecho, la Duma kadete? El papel de testigos instrumentales llamados por la policía para aprobar sus acciones de gasto del dinero saqueado al pueblo. «Según la ley», se requiere la firma de testigos instrumentales en la asignación del dinero. La policía lo exigió. La Duma kadete firmó. A la policía solo le hacía falta eso. Y el hecho de que los testigos instrumentales hayan refunfuñado un poco, es una bagatela.

El papel de testigos instrumentales de la policía lo desempeñó precisamente la Duma kadete. Los diputados socialdemócratas adoptaron una posición completamente distinta, correcta. Su intervención fue precisamente en el espíritu que nosotros habíamos señalado anteayer. «Yo digo, señores —dijo magníficamente el camarada Ramishvili—, que si entregamos aunque sea un solo kopek en manos del gobierno, ese kopek nunca llegará al pueblo». Y en su resolución, publicada por nosotros ayer, los socialdemócratas declararon con toda razón que es inadmisible dar dinero al gobierno autocrático, que la Duma de Estado debe formar su propio comité de abastecimiento, enviar a sus miembros a las localidades, incorporar a las «organizaciones sociales libres». Los socialdemócratas hicieron de su resolución un llamamiento revolucionario al pueblo, flagelando al gobierno como «el verdadero culpable de las hambrunas», que dilapida el dinero del pueblo, arrojándolo a la guerra contra el pueblo. Los socialdemócratas exigieron la supresión de los gastos en gendarmería, policía política, guardias rurales, etc., exigieron la reducción de los sueldos y pensiones de los altos parásitos y la verificación de la existencia y las cuentas del tesoro. Con plena razón exigieron también que se destinaran a la ayuda a los hambrientos los ingresos de las propiedades del gabinete, de la familia imperial, de la Iglesia y de los monasterios. Los socialdemócratas presentaron una acusación directa contra todo el viejo poder y todos sus órganos en general, así como una crítica de todo el presupuesto.

¿Cómo fue la votación? Los kadetes, naturalmente, vencieron. Por los socialdemócratas votaron los trudovikis, según el testimonio unánime de varios periódicos (desgraciadamente, no hubo votación nominal). La agrupación política se define una y otra vez de manera clara. Los octubristas y los kadetes, por el pacto con el viejo poder. Los socialdemócratas y los trudovikis, decididamente en contra. La intervención unida de los socialdemócratas no solo arrastró a los campesinos, sino que incluso introdujo cierta escisión en el seno de los kadetes: no solo el izquierdista Galetski, sino también el derechista Kuzmín-Karavaev se avergonzaron del papel de testigo instrumental de la policía. Los kadetes, y solo los kadetes, llevaron a cabo la vergonzosa refrendación de la asignación de dinero en manos de los pogromistas por parte de los «representantes del pueblo».

La importancia de principio de esta refrendación por parte de la Duma kadete es enorme. Los ingenuos y los políticos miopes dicen a menudo: acusar a los kadetes de traición y de pacto con la burocracia es infundado, prematuro. Pero la asignación de dinero en manos del gobierno de los pogromistas es precisamente ese pacto —y, hablando con rigor, no el primero—. Miren con qué míseros subterfugios se justifican los kadetes. Es un compromiso, grita «Nasha Zhizn», pero se justifica por las circunstancias temporales. —Por supuesto, señores, todos los compromisos de la burguesía con la autocracia policial siempre se han explicado por las circunstancias temporales.

Pero ¡hay que ayudar a los campesinos inmediatamente! —¿No han traicionado a los campesinos los diputados campesinos, eh, señores kadetes? Pues los diputados campesinos votaron en contra, sabiendo mejor que ustedes adónde va el dinero a través de las manos de la policía. ¿Y por qué la propia Duma de Estado no podía encargarse del asunto?

Eso es utópico, eso es irrealizable, hay que contar con la organización existente, mientras no sea modificada según la ley, claman a una voz los Geiden, los Kokovtsov, los Miliukov e incluso los bernsteinianos de «Nasha Zhizn». —Sí, señores, la burguesía siempre considera una utopía la eliminación de todos los órganos del viejo poder, porque la burguesía necesita esos órganos contra el proletariado y contra el campesinado revolucionario. En el Estado policial de clase siempre habrá un abismo de gastos «inaplazables»: hay que alimentar a los funcionarios una vez contratados, hay que pagar los pedidos hechos, etc., etc. Siempre existirá también la «organización existente» (precisamente la policial-burocrática), que «no se puede» modificar de golpe, sin el consentimiento del Consejo de Estado, etc., etc.

Tales excusas siempre existirán. Con tales excusas los burgueses liberales alimentan en todas partes del mundo al pueblo confiado. Tales excusas son el encubrimiento natural de la traición burguesa a la causa de la libertad del pueblo.

Contra todo este juego hipócrita se alzará siempre el proletariado. Él llamará al pueblo a la lucha contra todos los órganos e instituciones del viejo poder, a la lucha por medio de las organizaciones libres de la clase obrera y del campesinado revolucionario.

Escrito el 24 de junio (7 de julio) de 1906.

Publicado el 25 de junio de 1906 en el periódico «Ejo» Nº 4.

Se imprime según el texto del periódico.