Estamos en vísperas del discurso de la fracción socialdemócrata parlamentaria en la Duma de Estado. No cabe duda de que esta fracción puede prestar ahora un gran servicio a la causa del movimiento obrero y a la causa de la revolución con su intervención resuelta y consecuente, proclamando con determinación irrevocable las reivindicaciones y consignas del democratismo consecuente y de la lucha de clases proletaria por el socialismo. Ahora que la cuestión de la intervención de los socialdemócratas en la Duma ha sido resuelta por el Congreso de Unificación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, no hay dos opiniones entre los socialdemócratas al respecto. Y consideramos que nuestros camaradas del Cáucaso han obrado con toda razón al firmar la famosa «promesa solemne» de los miembros de la Duma de Estado{95}, haciendo al mismo tiempo la conocida declaración en los periódicos: firmamos «para tener la posibilidad de cumplir la tarea que nos ha encomendado el pueblo, y subrayamos que reconocemos obligaciones políticas de cualquier género únicamente respecto al pueblo».

Cuanto más importante es para nuestro partido la intervención de sus representantes en la Duma de Estado, tanto más necesario es sopesar con el mayor cuidado los principios de la táctica socialdemócrata en el momento actual. Y hay que reconocer que la marcha de los acontecimientos políticos, que se ha acelerado extraordinariamente en las últimas semanas, arroja mucha luz sobre cuestiones que ayer aún no estaban claras, ayuda a definir de manera clara y precisa la posición, borra muchas divergencias entre el ala derecha y el ala izquierda de nuestro partido.

A este respecto, debemos destacar con especial satisfacción las reflexiones de los camaradas ex mencheviques en el número de hoy de «Kurier». El editorial «Las "leyes" de la Duma» comienza, ciertamente, con una salida algo equívoca contra el calificar de charlatanería insustancial la elaboración de leyes en la Duma. Pero resulta que los camaradas no en vano ponen entre comillas la palabra «leyes». Ellos defienden —y en esto tienen mil veces razón— la elaboración de tales leyes, que no deben ser leyes, sino que deben ser una «declaración», una «proclamación de los derechos del pueblo a la libertad», una «proclamación de la abolición de las viejas barreras».

Completamente justo. El pensamiento popular, en efecto, se extravía irremediablemente en las marañas del proyectismo legislativo «orgánico». Este proyectismo ofusca, embrutece y corrompe el pensamiento popular, porque «esas leyes, de todos modos, no serán plasmadas en la vida. Para plasmarlas, es necesario ante todo arrancar el poder de las manos de quienes lo detentan ahora. Y arrancar el poder sólo puede hacerlo un movimiento popular que ponga en lugar de la propia Duma una institución mucho más poderosa y democrática, que no está obligada en absoluto a tener en cuenta las "leyes" elaboradas por la Duma». Este desplazamiento de la atención popular hacia la necesidad incondicional de arrancar el poder, hacia la institución «mucho más poderosa», que no hace caso de las leyes de la Duma kadete, valora en sumo grado acertadamente las tareas fundamentales del proletariado revolucionario y las necesidades del momento actual.

Por no comprender estas tareas, los camaradas de «Kurier», en el mismo artículo, fustigan magníficamente a los kadetes. Los kadetes redactan sus proyectos de ley «como auténticos legisladores, olvidando que en realidad no tienen ni un ápice de poder legislativo». «Redactan sus "proyectos de ley" como si mañana mismo los tribunales tuvieran que juzgar los actos de los ciudadanos según las nuevas leyes kadetes».

Es vergonzoso sostener semejante punto de vista, alecciona «Kurier» a los kadetes. De esta aleccionadora advertencia, tres veces justa, no queda sino sacar una sola conclusión, y esta conclusión se impone por sí misma. ¡La socialdemocracia revolucionaria no puede ni debe apoyar la reivindicación de nombrar un ministerio responsable salido de la mayoría de la Duma! Pues ese ministerio será un ministerio kadete, y en realidad tendrá que imponer castigos por los abusos de la libertad mañana mismo. Ese ministerio, mientras no se haya arrancado aún el poder a la cámara estrellada{96}, no puede ser más que una pantalla liberal del viejo poder. ¡Ese ministerio no puede ser ahora más que un nuevo disfraz con que se cubran por un tiempo los mismos perpetradores de pogromos! Nosotros desenmascararemos, por supuesto, este encubrimiento, y muy pronto. Utilizaremos por todos los medios esta nueva situación, cuando se cree y cuando no sólo el viejo poder, sino también los kadetes junto con él, se enreden en el nuevo disfraz y sean arrastrados por la ola. Pero no debemos, ni directa ni indirectamente, ni con declaraciones ni con silencios, cargar sobre nosotros, sobre el partido del proletariado, ni una sombra de responsabilidad por ese disfraz del viejo poder. No debemos lanzar a las masas la consigna de que apoyamos la reivindicación de formar un ministerio responsable de la mayoría de la Duma. Semejante consigna, independientemente de nuestra voluntad, equivaldrá inevitablemente, en virtud de las condiciones objetivas de la situación política actual, a que sobre el partido del proletariado recaiga una parte de la responsabilidad por ese disfraz, por ese trato de la burguesía con el viejo poder. Semejante consigna contiene indirectamente la aprobación de los «proyectos de ley» kadetes tan magníficamente criticados por «Kurier», pues no se puede negar en efecto la relación que existe entre el modo en que los kadetes proyectan castigar los abusos de la libertad y el modo en que proyectan obtener, en forma de ministerio, un pedacito de poder para aplicar esos castigos, obtener un pedacito de poder del viejo poder, para fortalecer el viejo poder, mediante un trato con el viejo poder, a manera de pantalla que proteja el embate del pueblo contra el viejo poder.

Y semejante consigna no es en absoluto necesaria para el partido obrero. Todo su trabajo de propaganda, de agitación entre las masas y de creación de amplias organizaciones puede realizarlo aún mejor, de manera más integral, sistemática y audaz sin esa consigna, contrapiendo a la insolencia de los perpetradores de pogromos, a los «proyectos de ley» de los kadetes, nuestros «decretos», «proclamaciones», llamamientos socialdemócratas al pueblo a través de la fracción socialdemócrata en la Duma (y, en determinadas condiciones, también de los trudoviques junto con ella), y, por último, esos «llamamientos a la población para que forme una milicia popular, la única capaz de proteger su vida y su honor», esos llamamientos que nosotros aconsejábamos en el número 9 de «Vperiod»[43], que recomienda el órgano del Bund «Volkszeitung»{97} y que «Kurier» aprueba tan justamente.

¡Hacia la unidad, camaradas! La unidad de las intervenciones políticas del proletariado se está forjando con fuerza incontenible bajo la presión de toda la atmósfera revolucionaria. No entorpezcamos esa unidad introduciendo en nuestra táctica consignas no obligatorias y discutibles. ¡Aprovechemos la posibilidad que se nos presenta de alcanzar el pleno acuerdo de todos los socialdemócratas en un momento que quizá resulte ser el momento más importante de la gran revolución rusa!

*Escrito el 9 (22) de junio de 1906.*

*Publicado el 10 de junio de 1906 en el periódico «Vperiod» nº 14.*

*Se reproduce según el texto del periódico.*