Al hablar de las opiniones del señor Blank, este típico exponente de la política kadete, casi no hemos abordado en absoluto las opiniones de los camaradas mencheviques. Pero las conclusiones respecto a su posición se desprenden por sí solas de lo dicho. Los celosos elogios que les prodigan los kadetes ya insinúan algún error que están cometiendo. La prensa kadete —que constituye casi las nueve décimas partes de toda la prensa política de Rusia en la actualidad—, si toda esta prensa burguesa comienza a elogiar, sistemática y constantemente, hoy a Plejánov, mañana a Potrésov ("Nasha Zhizn"), pasado mañana la resolución de todos los mencheviques, esto ya es un indicio seguro, aunque, por supuesto, indirecto, de que los camaradas mencheviques cometen o se disponen a cometer algún error. No puede ser que la opinión pública de toda la prensa burguesa difiera tajantemente del instinto de clase de la burguesía, la cual es muy sensible a hacia dónde sopla el viento.

Pero, repetimos, esto es solo un indicio indirecto. La exposición anterior conduce también a una formulación directa de los errores que se perfilan en los proyectos de resolución mencheviques. No es este el lugar para analizar detalladamente estas resoluciones; solo podemos señalar brevemente lo más importante en relación con la cuestión de "las victorias de los kadetes y las tareas del partido obrero".

El error de los mencheviques consiste en que no formulan en absoluto, e incluso, al parecer, olvidan por completo una tarea política tan esencial del proletariado socialdemócrata consciente en el momento actual como es la lucha contra las ilusiones constitucionales. El proletariado socialista, que observa estrictamente el punto de vista de clase, que aplica de manera consecuente la concepción materialista de la historia a la valoración de la contemporaneidad, hostil a todo sofisma y engaño pequeñoburgués, no puede, en un momento como el que atraviesa ahora Rusia, ignorar esta tarea. Al ignorarla, dejará de ser el luchador de vanguardia por toda la libertad popular, un luchador que se sitúa por encima de la estrechez democrático-burguesa. Al ignorarla, se arrastrará impotente a la zaga de los acontecimientos, que hacen precisamente ahora de estas ilusiones constitucionales un instrumento de corrupción burguesa del proletariado, tal como la teoría de la "paz social" fue recientemente en Europa el principal instrumento de la burguesía para apartar a los obreros del socialismo.

Las ilusiones constitucionales son toda una fase de la revolución rusa, que sobrevino de forma natural tras la represión del primer levantamiento armado (al que seguirá un segundo) y tras las victorias electorales de los kadetes. Las ilusiones constitucionales son un veneno político-oportunista y burgués que ahora millones de ejemplares de la prensa kadete vierten en los cerebros del pueblo, aprovechando el silencio forzoso de los periódicos socialistas. He aquí ante nosotros el periódico "Tovarisch" {140}, órgano de los kadetes que van "al pueblo" y, en especial, a la clase obrera. En su primer número se entona un ditirambo a los kadetes: "En su programa, ella (el partido KD) promete (¡ejem! ¡ejem! ¡pro-me-te!)... defender los intereses de los campesinos (¿al estilo Kaufmann?) y de los obreros (¡pues claro!) y los derechos políticos de todos los ciudadanos rusos sin distinción. Si obtiene la mayoría de votos en la Duma de Estado, el actual gobierno, que tanto mal ha causado al pueblo, deberá irse, y el Estado será gobernado por gente nueva (¿los Muraviov en lugar de los Witte?), que escuchará la voz del pueblo". Sí, sí... ¡Escuchar la voz del pueblo!... ¡Qué bonito escriben los kadetes!

Estamos seguros de que no se encontrará ni un solo socialista que no se sienta indignado por esta desvergonzada mentira burguesa, que no reconozca plena e incondicionalmente la necesidad de la lucha más enérgica contra esta corrupción burguesa de la clase obrera, una corrupción tanto más peligrosa cuanto que los kadetes tienen en sus manos un sinnúmero de periódicos, mientras que nosotros, a pesar de una interminable serie de intentos de poner en marcha el más moderado, el más contenido y el más modesto periódico socialista, no tenemos ninguno.

Y más aún. No se puede sino estar de acuerdo en que esta mentira burguesa, este ofuscamiento de la conciencia revolucionaria del pueblo, no tiene el carácter de salidas de tono casuales, sino de toda una campaña. Es más: la Duma kadete (si la Duma resulta ser kadete) es, por así decirlo, la encarnación viva de las ilusiones constitucionales, su foco, el foco de todos aquellos aspectos de la vida política que más saltan a la vista (y que a la mirada superficial e idealista del pequeño burgués le parecen la esencia, o al menos el fenómeno principal, de la vida política contemporánea). Ante nosotros no solo está la campaña sistemática de toda la prensa burguesa, de todos los ideólogos burgueses, que se esfuerzan por tomar a remolque al proletariado; ante nosotros está una institución representativa de toda Rusia, que posee toda el aura del primer, con perdón de la expresión, "parlamento" y que está llamada a consolidar esta transformación de la clase obrera en un apéndice del partido kadete. Recuerde el lector la opinión arriba citada de "las esferas": sería bueno que los kadetes en la Duma suscitaran la confianza de la sociedad en la Duma y concentraran en ella todas las esperanzas sociales. La Duma debe ser un apósito de distracción de la revolución: en esto, en esencia, coinciden nuestros kadetes con los Durnovó y los Dubásov. Es un hecho. "Estrella Polar" lo ha mostrado de manera especialmente patente. Mejor las reformas planificadas y sistemáticas que el torbellino revolucionario en el que desaparecen el pensamiento y la razón, dicen los Blank. Mejor regatear en la Duma con los kadetes que batirse con tropas poco fiables contra obreros y campesinos, dicen Durnovó y Dubásov. Les beaux esprits se rencontrent. Dios los cría y ellos se juntan.

Todos dicen de nosotros que calumniamos a los liberales. Nos llamaron calumniadores cuando ya en "Zariá" y en el viejo "Iskra" recibimos "con bayonetas" los primeros números de "Osvobozhdenie" {141}. Las calumnias resultaron ser un análisis marxista de la ideología burguesa, plenamente confirmado por la realidad. No nos sorprenderá, por tanto, ni nos entristecerá, que ahora se nos acuse de calumniar al partido de la "libertad popular".

Cada época política plantea ante la socialdemocracia, como representante de la única clase revolucionaria hasta el fin, una tarea específica y particular que se sitúa en el orden del día y que siempre es oscurecida, de uno u otro modo relegada a un segundo plano, por los sectores oportunistas de la democracia burguesa. En la actualidad, una tarea política específica del momento, que solo puede cumplir la socialdemocracia revolucionaria y que está obligada a cumplir si no quiere traicionar los intereses sólidos, radicales y esenciales del proletariado, es la lucha contra las ilusiones constitucionales. Los oportunistas pequeñoburgueses siempre se contentan con el minuto, con el brillo de la última novedad, con el minuto de "progreso"; nosotros debemos mirar más lejos y más hondo, mostrar en ese progreso, ahora mismo e inmediatamente, aquellos aspectos suyos que son la base y la garantía del retroceso, que expresan la unilateralidad, la estrechez, la fragilidad de lo alcanzado y suscitan la necesidad de una lucha ulterior en otras formas, bajo otras condiciones.

Cuanto más decidida sea la victoria de los kadetes y de la oposición en general en las elecciones, cuanto más probable y cercana sea la Duma kadete, tanto más peligrosas se vuelven las ilusiones constitucionales, tanto más agudamente se siente la contradicción entre la preservación total, e incluso el reforzamiento, de la política reaccionaria de la autocracia, que sigue teniendo todo el poder en sus manos, y la representación "popular". Esta contradicción crea con enorme rapidez una nueva crisis revolucionaria, inconmensurablemente más amplia y profunda, más consciente y aguda que todas las anteriores. En 1906 vivimos, en verdad, una reproducción de la revolución, según la acertada expresión de algún socialdemócrata. La historia de 1905 parece repetirse, empezando de nuevo desde el principio, con la autocracia omnipotente, continuando con la excitación social y el movimiento opositor de una fuerza inaudita que abarca todo el país, y terminando... ¿quién sabe con qué?... quizá con la "reproducción" de la diputación liberal veraniega (de 1905) ante el zar en forma de un mensaje o resolución de la Duma kadete; quizá con la "reproducción" del ascenso otoñal de 1905. Sería ridículo intentar predecir las formas y fechas exactas de los futuros pasos de la revolución. Lo importante es tener en cuenta la amplitud incomparablemente mayor del movimiento, la mayor experiencia política de todo el pueblo. Lo importante es no olvidar que lo que se avecina es precisamente una crisis revolucionaria, en modo alguno parlamentaria. La lucha "parlamentaria" en la Duma es una pequeña etapa; es, en efecto, una pequeña estación de ferrocarril: la "Plataforma Kadete" en el camino de la constitución a la revolución. La lucha en la Duma no puede decidir la suerte de la libertad popular debido a las peculiaridades fundamentales del momento sociopolítico actual; no puede ser la forma principal de lucha, porque este "parlamento" no es reconocido, a sabiendas, por ninguno de los dos bandos beligerantes, ni por Durnovó, Dubásov y Cía., ni por el proletariado y el campesinado.

Por eso, la socialdemocracia, teniendo en cuenta todas las particularidades concretas del momento histórico dado, debe reconocer de manera decidida e inculcar sistemáticamente en las mentes de los obreros y de los campesinos conscientes que la forma principal del movimiento social en la Rusia contemporánea sigue siendo el movimiento directamente revolucionario de las amplias masas populares, que rompen las viejas leyes, destruyen los órganos de opresión del pueblo, conquistan el poder político y crean un nuevo derecho. La Duma, convocada por los Dubásov y los Durnovó y custodiada por estos respetables señores, jugará un enorme papel en el movimiento, pero en ningún caso cambiará su forma principal. La opinión contraria, adelantada y difundida ya por los kadetes, es un engaño al pueblo, es una utopía filistea pequeñoburguesa.

Y en relación con esto se plantea la cuestión sobre la democracia burguesa y el apoyo a esta por el proletariado. También en este terreno, las resoluciones de los mencheviques son en parte insuficientes, en parte erróneas. Los kadetes se desviven tratando de identificar a su partido con la democracia burguesa en general, tratando de presentar a su partido como el principal representante de la democracia burguesa. Esto es una grandísima mentira. Y cualquier falta de claridad de los socialdemócratas en la definición del concepto de "democracia burguesa" hace el juego a esta mentira. La tarea política concreta de apoyo a la democracia burguesa debemos resolverla sobre la base de una consideración plenamente definida de las orientaciones, corrientes y partidos concretos dentro de la democracia burguesa. Y la tarea fundamental del momento a este respecto consiste precisamente en separar a la democracia burguesa revolucionaria —es decir, aquella que, aunque no sea plenamente consciente políticamente, con una serie de prejuicios, etc., es capaz de una lucha decidida e irrevocable contra todos los vestigios de la Rusia feudal—, en separar a esa democracia burguesa de la democracia burguesa liberal-monárquica, oportunista, capaz de todo tipo de compromisos con la reacción y que en cada momento crítico pone de relieve sus tendencias contrarrevolucionarias. La existencia de capas extraordinariamente amplias de democracia revolucionaria en Rusia está fuera de dudas; su falta de organización, su carencia de partido, su estado de abatimiento por las represiones actuales pueden inducir a error solo a los observadores más desatentos y superficiales. Con esta democracia, y solo con esta, debemos ahora "ir separados, golpear juntos", con el fin de llevar hasta el final la revolución democrática, desenmascarando del modo más implacable la falta de fiabilidad del partido kadete, que hoy "predomina".

Y proponiéndose como objetivo llevar hasta el final la revolución democrática, el partido del proletariado socialista debe no solo ser capaz de desenmascarar siempre toda ilusión constitucional, no solo de separar del conjunto de la democracia burguesa los elementos capaces de luchar, sino también de definir con precisión y directamente, de plantear con claridad ante la masa las condiciones de esta victoria decidida de la revolución, de mostrar a la masa y revelar en toda su propaganda y agitación en qué debe consistir precisamente esta victoria decidida de la revolución. Si no hacemos esto (y esto no lo han hecho los camaradas mencheviques en sus resoluciones), nuestras palabras sobre "llevar la revolución hasta el final" quedarán como palabras vacías y huecas.

El señor Blank rememora en su artículo a la "socialdemocracia" francesa de 1848–1849. El dignísimo kadete no comprende que escribe una caricatura de sí mismo. Pues precisamente los kadetes repiten ahora los errores de los "socialdemócratas" franceses, que en esencia no eran en absoluto socialdemócratas, es decir, marxistas. No eran un partido de clase de los obreros, sino un auténtico partido pequeñoburgués; estaban completamente imbuidos de ilusiones constitucionales y de la fe en los métodos "parlamentarios" de lucha en cualesquiera condiciones, incluso en las revolucionarias. Precisamente por eso sufrieron, a pesar de una serie de deslumbrantes éxitos parlamentarios, puramente "kadetes", el vergonzoso fiasco que tan ridiculizado fue por Marx {142}.

También nuestro partido, si se lanzara imprudentemente a todo tipo de bloques, acuerdos y componendas electorales con los kadetes; si dejara en la sombra la tarea de la lucha contra las ilusiones constitucionales; si, buscando un acercamiento con la democracia burguesa, identificara con esta última a su ala oportunista, es decir, a los kadetes; si olvidara la necesidad de prepararse seriamente para los métodos de lucha extraparlamentarios en una época como la que atravesamos, también nuestro partido correría el grave peligro de repetir la triste suerte de la cuasi-socialdemocracia pequeñoburguesa francesa de 1848–1849.

No tenemos motivo para envidiar los éxitos de los kadetes. Las ilusiones pequeñoburguesas y la fe en la Duma son todavía bastante fuertes en el pueblo. Deben ser superadas. Cuanto más completo sea el triunfo de los kadetes en la Duma, más rápido serán superadas. ¡Saludamos los éxitos de los girondinos {143} de la gran revolución rusa! Tras ellos se alzará una masa popular más amplia, surgirán capas más enérgicas y revolucionarias; se agruparán en torno al proletariado; llevarán a la victoria total nuestra gran revolución burguesa; abrirán la época de la transformación socialista en Occidente. 28 de marzo de 1906.