Tomando en consideración:

1) que la socialdemocracia siempre ha reconocido la necesidad de apoyar todo movimiento opositor y revolucionario dirigido contra el orden social y político existente en Rusia;

2) que en el momento actual, cuando la revolución provoca la manifestación abierta de las diversas clases y sobre esta base comienzan a formarse los partidos políticos, es una tarea urgente de la socialdemocracia determinar el contenido de clase de estos partidos, evaluar la correlación de clases en el momento dado y, en correspondencia con ello, definir su actitud hacia los distintos partidos;

3) que la tarea principal de la clase obrera en el momento actual de la revolución democrática es llevarla hasta el fin, y por ello la socialdemocracia, al definir su actitud hacia los otros partidos, debe considerar especialmente en qué medida uno u otro partido es capaz de contribuir activamente a este objetivo;

4) que desde este punto de vista, todos los partidos no socialdemócratas existentes en Rusia (con excepción de los reaccionarios) se dividen en dos grupos principales: partidos liberal-monárquicos y partidos revolucionario-democráticos;

Reconocemos y proponemos al congreso reconocer:

1) que el ala derecha de los partidos liberal-monárquicos (Unión del 17 de Octubre, Partido del Orden Legal, Partido Comercial-Industrial, etc.) constituye organizaciones clasistas de terratenientes y de la gran burguesía comercial-industrial, abiertamente contrarrevolucionarias, pero que aún no han cerrado el trato definitivo sobre el reparto del poder con la burocracia autocrática; que el partido del proletariado, utilizando en su provecho este conflicto aún no concluido, debe al mismo tiempo librar contra dichos partidos la lucha más implacable;

2) que los partidos liberal-monárquicos del ala izquierda (Partido de las Reformas Democráticas, demócratas-constitucionalistas, etc.), sin ser organizaciones clasistas definidas, oscilan constantemente entre la pequeña burguesía democrática y los elementos contrarrevolucionarios de la gran burguesía, entre la aspiración de apoyarse en el pueblo y el temor a su autoactividad revolucionaria, y no superan en sus aspiraciones los límites de una sociedad burguesa ordenada, protegida por la monarquía y un sistema bicameral contra las usurpaciones del proletariado; la socialdemocracia debe utilizar, en interés de la educación política del pueblo, la actividad de estos partidos, contrapoñendo a su fraseología hipócritamente democrática el democratismo consecuente del proletariado y desenmascarando implacablemente las ilusiones constitucionales que ellos difunden;

3) que los partidos y organizaciones revolucionario-democráticos (Partido de los Socialistas-Revolucionarios, Unión Campesina, sectores de uniones semiprofesionales y semipolíticas, etc.) expresan del modo más cercano los intereses y el punto de vista de las amplias masas del campesinado y de la pequeña burguesía, manifestándose resueltamente contra la propiedad terrateniente y el estado feudal, aspirando a aplicar consecuentemente el democratismo y revistiendo sus tareas, en esencia democrático-burguesas, con una ideología socialista más o menos nebulosa; la socialdemocracia reconoce la posibilidad y la necesidad de acuerdos de combate con tales partidos, desenmascarando al mismo tiempo de modo perseverante su carácter pseudosocialista y combatiendo su aspiración a encubrir la oposición de clase entre el proletario y el pequeño propietario;

4) que el objetivo político inmediato de dichos acuerdos temporales de combate entre la socialdemocracia y la democracia revolucionaria es la convocatoria por vía revolucionaria de una asamblea constituyente de todo el pueblo, dotada de plenitud de poderes, sobre la base del sufragio universal, directo, igual y secreto;

5) que los acuerdos temporales de combate son posibles y convenientes en el momento actual solo con elementos que reconozcan la insurrección armada como medio de lucha y que contribuyan activamente a ella.