No. Tanto las consideraciones teóricas como la decencia política y la práctica de la socialdemocracia europea se pronuncian en contra de semejante participación. Es sabido que en uno de los recientes congresos de los socialdemócratas alemanes se planteó y discutió esta cuestión{52}. Es sabido que nuestros camaradas alemanes condenan severamente la participación de los socialdemócratas en la prensa burguesa, luchan resueltamente para que el partido del proletariado revolucionario tampoco en este terreno admita bloques ni acuerdos, sino conserve su independencia, para que los literatos del partido obrero estén organizados de hecho, y no sólo de palabra, subordinados a control, en una palabra, sean rigurosamente partidistas.

¿Tenemos derecho a apartarnos de estas reglas aquí, en Rusia?

Se nos objetará: la excepción a la regla siempre es posible. Es indiscutible. No se puede condenar al deportado que recurre a un periódico cualquiera. A veces es difícil condenar a un socialdemócrata que, por un salario, trabaja en alguna sección secundaria de un periódico burgués. Puede justificarse la inserción de un desmentido urgente y práctico, etcétera, etcétera.

Pero veamos lo que ocurre entre nosotros. Con el pretexto de desmentir los «malentendidos» provocados por el periódico socialdemócrata «Nuestra Causa», L. Martov escribe casi dos columnas en un periódico kadete, exponiendo con toda tranquilidad las opiniones de unos socialdemócratas, polemizando con otros, tergiversando las opiniones de los socialdemócratas que no le son gratos, sin preocuparse en absoluto del placer que con su «bloque» literario con los kadetes proporciona a todos los enemigos del proletariado. Los periódicos kadetes recogen el artículo de L. Martov en la prensa kadete, lo pregonan, añaden por su cuenta algunas cosas a la mentira que él lanzó sobre los socialdemócratas revolucionarios, le dan palmaditas en la espalda a Martov («Rech»), etcétera. Cherevanin se siente tentado. Ya que Martov, en «Továrishch», desmentía los «malentendidos» de Cherevanin y hablaba de paso de mil cosas y de otras muchas, ¿por qué no ha de ocuparse también Cherevanin en «Továrishch» de desmentir los «malentendidos» de L. Martov? Y, de paso, ¿por qué no aprovechar la ocasión para abrir en la prensa kadete (¡en la socialdemócrata sería vergonzoso!) la discusión sobre si los socialistas no deben votar, incluso sin acuerdo previo, a favor de candidaturas burguesas[11]?

Y así, en los periódicos kadetes se ha abierto una sección especial: la correspondencia literario-familiar de los oportunistas socialdemócratas. Como su tema es la admisibilidad de los bloques con los kadetes e incluso del voto a favor de los kadetes, los kadetes ceden gustosamente un rincón a los socialdemócratas «progresivos» sin techo, que se apartan de las «conservadoras» reglas de la socialdemocracia revolucionaria.

Los generales de la literatura mencheviques viven a dos casas. En la parte noble conversan con los buenos señores sobre los bloques con los kadetes y, de paso, cuentan anécdotas acerca de los socialdemócratas revolucionarios. En la parte de servicio —en algún periódico obrero, o en una publicación socialdemócrata o en una hoja volante—, allí ofrecen a los obreros el «congreso obrero sin partido» y los instruyen sobre lo absurdo y descabellado de la lucha por la Asamblea constituyente. Que los obreros esperen un poquito y tengan paciencia: cuando en el periódico kadete «Továrishch» termine la discusión socialdemócrata sobre los bloques de los socialistas con la burguesía, entonces los obreros se enterarán de algo… Y, guiándose por la regla de vida de un personaje de Turguénev{53}, nuestros partidarios del congreso obrero escriben una carta tras otra a «Továrishch», repitiendo: nuestro partido es un partido de intelectuales…

¿Es posible que los obreros socialdemócratas no intervengan para poner fin a esta indignidad? ¿Es posible que esto sea indiferente para todos los miembros de nuestro partido en general?

Escrito en octubre, posterior al 13 (26) de 1906.

Publicado según el texto del folleto.