Hace mucho que se sabe que los reaccionarios son hombres audaces y los liberales, cobardes.

Una nueva confirmación de esta vieja verdad la ofrece el proyecto kadete de llamamiento de la Duma Estatal al pueblo sobre la cuestión de la tierra. Por desgracia, también el proyecto de los trudoviques no es mejor que el kadete: los trudoviques marchan esta vez completamente desamparados a la zaga de la burguesía liberal. ¿Acaso los socialdemócratas en la Duma no acudirán en su auxilio?

Recuerden cómo surgió todo el asunto de este llamamiento de la Duma Estatal al pueblo. En el discurso de respuesta, la Duma Estatal se pronunció a favor de la expropiación forzosa de las tierras de propiedad privada en beneficio del campesinado. El ministerio de Goremykin respondió breve, claramente, con magnífica firmeza y determinación: «es inadmisible».

El ministerio no se limitó, sin embargo, a esta tosca negativa policial. No, a los ministros la revolución les ha enseñado algo. Los ministros no quieren agotar sus deberes con una respuesta formal a las preguntas formales de la Duma. Los reaccionarios no son formalistas, sino hombres de acción. Saben que la verdadera fuerza no reside en la Duma, sino en el pueblo. Quieren hacer agitación entre el pueblo. Redactaron, sin demora alguna, sin perder un tiempo precioso, un llamamiento al pueblo. Ese comunicado gubernamental (del 20 de junio) fue lo que engendró la idea del llamamiento de la Duma al pueblo. El gobierno mostró el camino. La Duma fue arrastrada por el gobierno, sin haber sabido antes emprender la senda digna de una auténtica representación popular.

¿Cómo se redactó, entonces, el comunicado gubernamental? Como un verdadero manifiesto de combate del partido monárquico reaccionario. ¡Ah, los reaccionarios no se andan con miramientos! Saben escribir con lenguaje combativo. Hablan directamente en su «comunicado» en nombre del gobierno. ¿Por qué guardar ceremonias, en efecto? Esos profesores liberales aseguran que vivimos bajo un régimen constitucional, que la Duma también es parte del gobierno. ¡Que charlen los profesores! ¡Que adormezcan al pueblo con pasatiempos constitucionales! Nosotros, los reaccionarios, somos hombres de acción. Sabemos que, de hecho, el gobierno somos nosotros. Así lo decimos, y sobre la leguleyería y el formalismo de esos pedantes liberales, escupimos. Decimos directa y abiertamente: campesinos, no comprendéis vuestros propios intereses. La expropiación forzosa no os conviene, y nosotros, el gobierno, no la toleraremos. Todas las habladurías campesinas sobre la tierra son mentira, engaño. Quien mejor se ocupa del campesinado es el gobierno. También ahora quiere dar limosnas. Y que los campesinos sepan que «no de las revueltas y la violencia» deben esperar mejoras, sino del «trabajo pacífico» (trabajo para los terratenientes, habría que añadir) y de las constantes preocupaciones por el campesinado de nuestro gobierno autocrático.

Así era el comunicado gubernamental. Es una auténtica declaración de guerra a la revolución. Es un verdadero manifiesto de la autocracia reaccionaria al pueblo: ¡no lo toleraré! ¡destruiré!

Ahora los kadetes y, completamente subyugados por ellos esta vez, los trudoviques se han dispuesto a responder al desafío del gobierno. Hoy se han publicado el proyecto kadete y el proyecto trudovique. ¡Qué impresión tan desdichada, verdaderamente lamentable, producen estos dos proyectos!

La camarilla reaccionaria no vacila en violar la ley y presentar al desnudo órgano formal de gobierno como el verdadero gobierno en su conjunto. Los kadetes y trudoviques, como los sabios gudgeones de Shchedrín, se esconden bajo las hojas de bardana de la ley: nos golpean con la ilegalidad, sollozan estos, permítaseme la expresión, representantes «populares», ¡mientras nosotros nos defendemos con la ley! La Duma actúa de acuerdo con la ley y se pronuncia por la expropiación forzosa. Según la ley, sin el consentimiento de la Duma «ninguna propuesta del gobierno puede adquirir fuerza». Tenemos una comisión, por ley, grande, de 99 personas...{116} Elabora «una ley cuidadosamente reflexionada y correctamente redactada»... Y que la población «espere tranquila y pacíficamente la conclusión de los trabajos de promulgación de tal ley» (¡los trudoviques suprimieron este final, absolutamente indigno y servil! Les remordió la conciencia. Pero en su lugar insertaron una referencia a la organización de «instituciones locales de tierra», silenciando pérfidamente el hecho de que la Duma, es decir, su mayoría kadete, quiere a sabiendas una organización terrateniente-burocrática de dichas instituciones).

¡Vergüenza y oprobio, señores representantes del pueblo! Da vergüenza fingir que no se comprende lo que ahora entiende hasta el mujique ruso más remoto, a saber: que la ley de papel y la verdad de la vida se han separado radicalmente en Rusia, que por una vía pacífica, supuestamente constitucional, de trabajo estrictamente apegado a la ley, no es posible lograr de hecho el traspaso de toda la tierra a los campesinos y la plena libertad para todo el pueblo. No había que haber emprendido la respuesta al ministerio si no teníais ni tenéis la decisión de escribir con la misma firmeza, de decir con la misma franqueza vuestra verdad revolucionaria en respuesta a la verdad reaccionaria de la camarilla. El llamamiento al pueblo no está previsto en las leyes sobre la Duma: quedaos, sapientísimos legalistas, con vuestras «interpelaciones» y no os metáis en un terreno en el que no tenéis ni audacia, ni franqueza, ni capacidad para competir con los reaccionarios, ¡hombres de acción, hombres de lucha!

Y si se escribe un llamamiento al pueblo, hay que escribir la verdad, toda la verdad, la verdad más amarga y sin ningún adorno. Hay que decirle al pueblo:

¡Campesinos! El ministerio ha publicado su llamamiento a vosotros. Los ministros no quieren daros ni tierra ni libertad. Los ministros hablan, sin recato, en nombre de todo el gobierno, hablan contra la Duma, aunque sobre el papel la Duma se considere parte del gobierno.

¡Campesinos! Los ministros son, de hecho, precisamente el gobierno autocrático de Rusia. No tienen en cuenta para nada a vuestros representantes populares en la Duma, se burlan de ellos, demorando el asunto con leguleyería policial. Se mofan de las demandas del pueblo, prosiguiendo, como si tal cosa, la vieja política de asesinatos, violencia, saqueos y pogromos.

¡Campesinos! Sabed que la Duma es impotente para daros tierra y libertad. La Duma está atada de pies y manos por las leyes del gobierno policial. Hay que conseguir que los representantes del pueblo tengan pleno poder, todo el poder estatal en sus manos. ¿Queréis tierra y libertad? ¡Conseguid una Asamblea Constituyente de todo el pueblo, conseguid la destitución total, en todas partes, del viejo poder, la plena libertad de elecciones!

¡Campesinos! Sabed que nadie os liberará si no os liberáis vosotros mismos. Los obreros lo han comprendido, y con su lucha han arrancado las concesiones del 17 de Octubre. Comprendedlo también vosotros. Sólo entonces os convertiréis en un pueblo revolucionario, es decir, un pueblo que sabe por qué luchar, un pueblo que sabe luchar, un pueblo que sabe vencer a los opresores. Aprovechad, pues, a vuestros diputados en la Duma, a vuestros delegados a la Duma, uníos más estrecha y fraternalmente por toda Rusia y preparaos para la gran lucha. Sin lucha no habrá ni tierra ni libertad. Sin lucha os impondrán por la fuerza una redención ruinosa, os impondrán comités de tierra de terratenientes y funcionarios, que os enredarán y despojarán igual que en 1861.

¡Campesinos! Nosotros hacemos todo lo que podemos por vosotros en la Duma. Acabad, pues, vuestra propia obra vosotros mismos, si de verdad queréis que en Rusia no sean tales las condiciones que siguen imperando ahora, después de la Duma.

Pero semejante llamamiento es ridículo incluso proponerlo en la Duma.

¿En serio? Al contrario, ¿no es ridículo escribir «llamamientos al pueblo» en ese lenguaje acartonado de un leguleyo ruso de mollera estrecha con el que escriben los kadetes y (para vergüenza suya hay que decirlo) los trudoviques? ¿El pueblo para la Duma, o la Duma para el pueblo? ¿La libertad para la Duma, o la Duma para la libertad?

¡Que lean en cualquier asamblea campesina el llamamiento de los kadetes, el llamamiento de los trudoviques y nuestro llamamiento! Veremos qué dicen los campesinos a la pregunta: ¿dónde está la verdad?

«Eco» núm. 12, 5 de julio de 1906.

Se imprime según el texto del periódico «Eco».