Un camarada observó recientemente que estamos reuniendo material de agitación contra las decisiones del congreso. Respondí en aquel momento que llamar así a las votaciones nominales es más que extraño. Todo aquel que esté descontento con las decisiones del congreso siempre hará agitación contra ellas{159}. El camarada Vorobiov dijo que con nosotros, los «bolcheviques», los «mencheviques» no pueden trabajar en un mismo partido. Me alegro de que haya sido precisamente el camarada Vorobiov el primero en hablar sobre este tema. No dudaría de que sus palabras sirvieran como «material de agitación». Pero, por supuesto, es más importante el material de agitación sobre cuestiones de principio. Y no podríamos imaginar mejor material de agitación contra el presente congreso que vuestra resolución contra la insurrección armada{160}.

Plejánov habló de la necesidad de una discusión serena de una cuestión tan importante. Esto es mil veces cierto. Pero la discusión serena se manifiesta, por supuesto, no en la ausencia de debates antes y durante el congreso, sino en el contenido verdaderamente sereno y objetivo de las resoluciones que se someten a discusión. Y precisamente desde este punto de vista es especialmente instructiva la comparación de ambas resoluciones. No es la polémica lo que no nos gusta en la resolución de los «mencheviques» —Plejánov comprendió de manera completamente errónea las palabras del camarada Wínter a este respecto—; no es la polémica lo que no nos gusta, sino la polémica mezquina y minúscula que impregna la resolución de los «mencheviques». Tomemos la cuestión de la valoración de la experiencia del pasado, de la crítica del movimiento del proletariado por parte de la expresión consciente del movimiento del proletariado, la socialdemocracia. La crítica y la «polémica» son aquí obligatorias, pero sólo una crítica abierta, directa, manifiesta y clara, y no una crítica capciosa, ni pullas, ni alfilerazos intelectualoides. Y he aquí que nuestra resolución, al resumir de manera científica los resultados del último año, critica directamente: la huelga pacífica ha demostrado ser un «despilfarro de fuerzas», está caducando. La insurrección se convierte en la forma principal de lucha, y la huelga, en auxiliar. Tomad la resolución de los «mencheviques». En lugar de una discusión serena, en lugar de un balance de la experiencia, en lugar del estudio de la correlación entre huelga e insurrección, veis una renuncia oculta, mezquinamente oculta, a la insurrección de diciembre. La opinión de Plejánov: «no había que empuñar las armas» impregna por completo toda vuestra resolución (aunque la mayoría de los «mencheviques» rusos manifestaba su desacuerdo con Plejánov). El camarada Cherevanín se delató inmejorablemente en su discurso cuando, para defender la resolución de los «mencheviques», tuvo que presentar la insurrección de diciembre como una manifestación desesperada de «desesperación», como una insurrección que no demostró posibilidad alguna de lucha armada.

Kautsky, como sabéis, se pronunció de otro modo. Reconoció que la insurrección de diciembre en Rusia obliga a «revisar» la opinión de Engels sobre la imposibilidad de la lucha de barricadas, que la insurrección de diciembre es el comienzo de una nueva táctica. Se comprende de por sí que la opinión de K. Kautsky pueda ser errónea, que los «mencheviques» puedan tener más razón. Pero si valoramos una discusión «serena» y una crítica seria, y no mezquina, estamos obligados a expresar en la resolución nuestra opinión de manera directa y clara: «no había que empuñar las armas»; pero es inadmisible expresar esta opinión en la resolución de forma oculta, sin formularla directamente. Esta desautorización mezquina y encubierta de la insurrección de diciembre, no fundamentada en la más mínima crítica de la experiencia pasada, es precisamente el defecto fundamental y enorme de vuestra resolución. Este defecto suyo es el que proporciona un enorme material de agitación contra una resolución que, en esencia, se inclina hacia la opinión del camarada Akímov, ocultando tan sólo sus aristas afiladas{161}.

El primer punto de vuestra resolución adolece del mismo defecto. Este punto comienza con la frase de que «el gobierno, con su obstinación, empuja a la insurrección». Pero empujar a la insurrección aún no significa crear las condiciones necesarias para la insurrección, pues la «obstinación obtusa» es una propiedad de todos los gobiernos reaccionarios, pero de esto sólo no se deduce en modo alguno la necesidad ni la inevitabilidad de la insurrección. «Arrancar el poder» es lo mismo que «conquistar el poder», y es curioso que quienes discutían contra el segundo término hayan aceptado el primero. Con ello demostraron la vacuidad de su declamación contra el populismo, etc. La propuesta de Plejánov de decir en lugar de «arrancar el poder», «arrancar sus derechos» es especialmente desafortunada, pues ofrece ya una formulación netamente kadete. Lo principal, repito, es que vuestra resolución aborda la cuestión del «arrancar el poder» y de la insurrección armada no sobre la base del estudio y balance de la experiencia del pasado y de los datos fácticos sobre el crecimiento del movimiento, sino a partir de lugares comunes indemostrados e indemostrables{162}.