¡Camaradas! No voy a leeros la resolución de los bolcheviques, pues esta resolución probablemente os es ya conocida a todos. (Ante la exigencia de los miembros del congreso, el orador lee, no obstante, una vez más el texto de la resolución bolchevique.) La comparación de esta resolución con la resolución menchevique nos muestra los siguientes cuatro puntos fundamentales de divergencia, o cuatro defectos fundamentales de la resolución menchevique.

1) En la resolución menchevique no hay una valoración de las elecciones, no se hace balance de los resultados objetivos de nuestra experiencia política a este respecto.

2) En esta resolución se trasluce por doquier una actitud imprudente, por decirlo suavemente, u optimista hacia la Duma de Estado.

3) En la resolución no hay una división clara de las distintas corrientes o partidos dentro de la democracia burguesa desde el punto de vista de nuestra táctica hacia ellos.

4) Vuestra resolución decreta formar una fracción parlamentaria en un momento y bajo unas condiciones en las que de ningún modo puede demostrarse el provecho de tal medida para el partido del proletariado.

Tales son las divergencias reales entre nosotros, si examinamos las divergencias con seriedad, sin aferrarnos a las palabras o a las nimiedades. Analicemos, pues, estos cuatro puntos.

El balance de la experiencia respecto a las elecciones tiene una importancia enorme si queremos basar nuestras conclusiones no en frases generales sobre el parlamentarismo en abstracto, etc., sino en la correlación real de fuerzas políticas. En efecto, nosotros sostuvimos y sostenemos la tesis perfectamente definida de que la participación en las elecciones significa en realidad el apoyo a los kadetes, que la participación es imposible sin bloques con los kadetes. ¿Analizáis en esencia esta consideración? ¿Examináis la realidad desde el punto de vista de los datos fácticos sobre esta cuestión? Nada de eso. Axelrod soslayó por completo la primera mitad de las cuestiones, y respecto a la segunda dio dos afirmaciones contradictorias. Primero se expresó sobre los bloques con los kadetes en general en los términos más despectivos. Luego dijo que no tendría nada en contra de tales bloques, pero, naturalmente, no en forma de los viejos y mezquinos "cuchicheos" y acuerdos en la oscuridad, sino en forma de pasos abiertos y directos, visibles para todo el proletariado. Esta última "tesis" de Axelrod es un magnífico ejemplo de ensoñaciones "kadetes", de auténticos "inocentes deseos" engendrados por las ilusiones constitucionales. Nosotros no tenemos constitución de hecho, no hay base para nuestras intervenciones abiertas, sino que tenemos el "constitucionalismo" de Dubásov. Los sueños de Axelrod seguirán siendo sueños vacíos, mientras que los kadetes extraerán un provecho real de los acuerdos, tácitos o firmados, formales o informales.

Y cuando se habla de nuestra "autoexclusión" de las elecciones, se olvida siempre que fueron precisamente las condiciones políticas, y no nuestra voluntad, las que excluyeron de facto a nuestro partido, lo excluyeron de los periódicos, de las reuniones, de la presentación de miembros destacados del partido como candidatos. Y sin todas estas condiciones, el parlamentarismo es mucho más un juego vacío y lamentable que un medio de educación del proletariado: es ingenuo tomar el parlamentarismo "en estado puro", en la "idea", y no en su marco real.

Cuando se habla de las elecciones, se olvida habitualmente que, de hecho, luchaban sobre el terreno del constitucionalismo de Dubásov dos "partidos" fuertes: los kadetes y las centurias negras. Los kadetes tenían razón al decir a los electores que toda dispersión de votos, toda presentación de "terceros" candidatos podía conducir solo a la victoria de las centurias negras. Tomad ejemplos como el de Moscú: Guchkov obtiene, digamos, 900 votos, el kadete 1.300. Bastaría con que los socialdemócratas reunieran 401 votos para que el centurionegrista venciera. Por consiguiente, la comprensión kadete de la participación socialdemócrata en las elecciones correspondía a la realidad (los kadetes dieron a los obreros de Moscú un escaño en la Duma de Estado por la participación obrera en las elecciones), mientras que vuestra comprensión, la menchevique, no corresponde a la realidad, es un sueño vacuo y ocioso. O no emprender el parlamentarismo y no hablar de él en lugares comunes, o emprenderlo en serio. De lo contrario, resulta una postura completamente inútil.

Segundo punto. Axelrod, en su discurso, acentuó aún más los defectos de la resolución que yo señalé. En la resolución se habla de convertir la Duma en un instrumento de la revolución. Vosotros consideráis la Duma exclusivamente desde el punto de vista de la presión gubernamental sobre nosotros, de la represión gubernamental contra la revolución. Nosotros consideramos la Duma de Estado como la representación de una clase determinada, como una institución con una composición partidista definida. Vuestro razonamiento es completamente incorrecto, incompleto, no construido de manera marxista. No tenéis en cuenta la estructura interna de la Duma según la composición clasista del partido k.-d. Decís que el gobierno ahoga la revolución, y olvidáis añadir que los k.-d. también han revelado ya plena y enteramente su tendencia a extinguir la revolución. La Duma kadete no puede dejar de manifestar las propiedades del partido kadete. El ejemplo del Parlamento de Fráncfort, cuando la institución representativa en una época revolucionaria reveló claramente su tendencia a extinguir la revolución (a causa de la limitación pequeño burguesa y la cobardía de los charlatanes de Fráncfort), este ejemplo lo perdéis de vista por completo.

Es ya del todo desafortunada la referencia en la resolución s.-d. al "poder reconocido por el zar y aprobado por la ley". La Duma no es un poder de hecho. La referencia a la ley no consolida, sino que debilita toda vuestra argumentación y todas vuestras consignas de agitación que se derivan de esta resolución. A la "ley" y a la "voluntad del zar" será a lo que con mayor gusto se remita Witte, obstaculizando el menor intento de la Duma de salirse de los límites de su competencia, reducida hasta lo ridículo. No son los socialdemócratas, sino "Rússkoe Gosudarstvo" quien extrae provecho de argumentos como la referencia al zar y a la ley.

Paso al tercer punto. La ausencia de una caracterización clara de los kadetes, la renuncia a desenmascarar toda su táctica, el no distinguir a los kadetes de la democracia campesina y revolucionaria, es el error fundamental de la resolución, un error estrechamente vinculado con todos los anteriores. Y sin embargo, precisamente los kadetes son los dueños de la situación en la presente Duma. Y estos kadetes han revelado ya más de una vez sus traiciones a la "libertad popular". Cuando el buen charlatán Vodovozov, deseando situarse a la izquierda de los kadetes, les recordó después de las elecciones las promesas que habían hecho sobre la asamblea constituyente y demás, "Rech", adoptando un tono de "gran potencia", respondió a Vodovozov de manera grosera, grosera a nivel de plaza pública, que no necesitaba consejos no solicitados.

E igualmente errónea es vuestra resolución en la cuestión de la tendencia a debilitar la revolución. Como ya he dicho, tal tendencia existe no solo en el gobierno, sino también en esos pequeños burgueses conciliadores que más ruido hacen ahora en la superficie de nuestra vida política.

Vuestra resolución dice que la Duma tiende a apoyarse en el pueblo. Esto es cierto solo a medias y por ello no es cierto. ¿Qué es la Duma de Estado? ¿Nos es lícito limitarnos a una referencia general a esta institución en lugar de analizar las clases y partidos que determinan su contenido y significado reales? ¿Qué Duma tiende a apoyarse en el pueblo? No la octubrista, pues a los octubristas les es completamente ajena tal tendencia. Y no la Duma campesina, pues los diputados campesinos son ya parte inseparable del pueblo, y no tienen por qué "tender a apoyarse en el pueblo". La tendencia a apoyarse en el pueblo es característica precisamente de la Duma kadete. Pero a los kadetes les es igualmente propia tanto la tendencia a apoyarse en el pueblo como el miedo a la iniciativa revolucionaria del pueblo. Al señalar un aspecto de la cuestión y silenciar completamente el segundo, vuestra resolución siembra no solo ideas incorrectas, sino directamente perjudiciales. El silencio sobre este segundo aspecto —subrayado en nuestra resolución sobre la actitud hacia los demás partidos— es una mentira, si tomamos el significado objetivo de tal omisión.

No, de ningún modo es permisible definir nuestra táctica hacia la democracia burguesa silenciando a los kadetes, renunciando a una crítica tajante de los mismos. Podemos y debemos buscar apoyo solo en la democracia campesina y revolucionaria, y de ningún modo en quienes atenúan las contradicciones políticas del momento actual.

Finalmente, examinemos la propuesta de formar una fracción parlamentaria. Que la utilización por la socialdemocracia de la nueva arma, el "parlamentarismo", debe revestirse de una particular prudencia, ni siquiera los mencheviques se atreven a negarlo. Están plenamente dispuestos a reconocerlo "en principio". Pero ahora no se trata en absoluto del reconocimiento de principio, sino de un balance correcto de las condiciones concretas. No vale nada el reconocimiento "de principio" de la prudencia si las condiciones reales transforman este reconocimiento en una ensoñación inocente y ociosa. Bien dicen, por ejemplo, los caucasianos sobre las elecciones independientes, sobre los candidatos puramente partidistas, sobre su rechazo de los bloques con los kadetes. ¿Pero qué valen estas buenas palabras si al mismo tiempo uno de los camaradas caucasianos, en conversación conmigo, comunicó que en Tiflis, ese centro del Cáucaso menchevique, probablemente saldrá elegido el kadete de izquierda Argutinski y, probablemente, no sin la ayuda de los s.-d.? ¿Qué valen nuestros deseos de amplias y abiertas declaraciones ante las masas si nosotros tendremos, como ahora, las "Izvestia del Partido" del Comité Central frente a un abismo de periódicos kadetes?

Notad además que los más optimistas entre los s.-d. esperan sacar adelante a sus candidatos solo a través de las curias campesinas. Pretenden, pues, "iniciar el parlamentarismo" en la práctica del partido obrero precisamente no con las curias obreras, sino con las pequeñoburguesas, semieseristas. Pensad: ¿una política obrera socialdemócrata o no socialdemócrata tiene más posibilidades de surgir de toda esta situación?