Los periódicos están repletos de noticias sobre los preparativos de las elecciones. Casi a diario nos enteramos, ya sea de una nueva «aclaración» del gobierno, que tacha a una categoría más de ciudadanos poco fiables de las listas electorales, ya sea de nuevas persecuciones, prohibiciones de reuniones, cierres de periódicos, detenciones de presuntos electores y candidatos. Los de las Centurias Negras han levantado cabeza. Gritan y abuchean con mayor descaro que nunca.

Los partidos que no son del agrado del gobierno también se preparan para las elecciones. Estos partidos confían, y con toda razón, en que la masa de electores sabrá decir su palabra, expresar por medio de las elecciones su verdadera convicción, a pesar de todas las artimañas, triquiñuelas, pequeñas y grandes vejaciones dirigidas contra el elector. Esta confianza se basa en que las más feroces persecuciones, las más insufribles triquiñuelas, arrebatarán, a lo sumo, cientos, miles, supongamos que decenas de miles, de electores en toda Rusia. Pero con ello no cambiará el estado de ánimo de la masa ni su actitud hacia el gobierno. Se puede eliminar de la lista a 10 o 20 mil electores, por ejemplo, en Petersburgo, pero la masa de ciento cincuenta mil electores de la capital, por eso, solo se repliega sobre sí misma, se encierra, se oculta, se aquieta temporalmente, pero no desaparece y no cambia su estado de ánimo masivo, y si cambia, por supuesto no será a favor del gobierno. Por eso, mientras no se modifique de raíz la ley electoral, mientras no sean pisoteados definitivamente todos los restos de la legalidad electoral (¡aún pueden pisotearse mediante la detención sistemática de los electores: de Stolypin hay que esperar lo peor!), hasta entonces seguirá siendo indudable que el estado de ánimo de la masa decidirá los resultados de las elecciones y, por supuesto, no a favor del gobierno con sus Centurias Negras.

Y todos los que no están del lado del gobierno depositan sus esperanzas en la masa electoral. Pero si observamos en qué consiste propiamente la esperanza en la masa, cómo se relacionan unos u otros partidos con la masa, veremos todo un abismo de diferencia entre los partidos burgueses y el partido del proletariado.

Los kadetes están a la cabeza de los partidos liberal-burgueses. En las elecciones a la primera Duma traicionaron vergonzosamente la causa de la lucha, renunciaron al boicot, acudieron sumisamente ellos mismos a las elecciones y arrastraron consigo a la masa falta de desarrollo. Ahora confían en el atraso de esta masa, en las trabas a la agitación y a la campaña electoral de los partidos de izquierda. La esperanza kadete en la masa consiste en la esperanza en la falta de desarrollo y el abatimiento de la masa: se dice que la masa no comprenderá nuestro programa y táctica, no irá más allá de la protesta pacífica y legal, la más pacífica y la más tímida; no porque no quiera, sino porque no la dejarán. Votarán por nosotros, porque los izquierdistas no tienen periódicos, ni reuniones, ni hojas volantes, ni garantías contra las detenciones arbitrarias y las persecuciones; así piensa el kadete. Y alza orgullosamente los ojos al cielo: ¡te doy gracias, Señor, porque no soy como uno de esos «extremistas»! No soy revolucionario, sabré adaptarme, adaptarme de la manera más sumisa y más rastrera a cualesquiera medidas, incluso conseguiré las papeletas electorales[45] de los renovacionistas pacíficos.

Por eso toda la campaña preelectoral de los kadetes está orientada a amedrentar a la masa con el peligro de las Centurias Negras, a amedrentar a la masa con el peligro de los partidos de extrema izquierda, a adaptarse a la mentalidad filistea, a la cobardía y flojedad del pequeñoburgués, a asegurarle que los kadetes son los más seguros, los más modestos, los más moderados, los más puntuales. ¿Te has asustado, pequeñoburgués? –preguntan cada día al lector los periódicos kadetes–. ¡Confía en nosotros! No te asustaremos, estamos contra las violencias, somos sumisos al gobierno, ¡confía solo en nosotros y te lo arreglaremos todo «en la medida de lo posible»! Y a espaldas de los pequeñoburgueses amedrentados, los kadetes ponen en juego todas las artimañas para convencer al gobierno de su lealtad, convencer a los izquierdistas de su amor a la libertad, convencer a los renovacionistas pacíficos de su cercanía a su partido y a sus papeletas.

Ninguna ilustración de la conciencia de las masas, ninguna agitación que eleve a las masas, ninguna aclaración de las consignas consecuentemente democráticas, comercio de mandatos a espaldas del pequeñoburgués amedrentado: he aquí la campaña preelectoral de todos los partidos de la burguesía liberal, desde los sin partido (de «Továrisch») hasta el partido de las reformas democráticas.

La actitud del partido obrero hacia la masa es diametralmente opuesta. Para nosotros no es importante asegurarnos un escaño en la Duma mediante componendas. Al contrario, estos mismos escaños son importantes solo porque y en la medida en que pueden servir al desarrollo de la conciencia de las masas, a la elevación de su nivel político, a su organización no en nombre del bienestar pequeñoburgués, no en nombre de la «tranquilidad», el «orden» y el «pacífico (burgués) bienestar», sino en nombre de la lucha, de la lucha por la completa liberación del trabajo de toda explotación y de toda opresión. Solo por eso y en esa medida son importantes para nosotros los escaños en la Duma y toda la campaña electoral. El partido obrero deposita todas sus esperanzas en la masa, pero en una masa no amedrentada, que no se somete pasivamente, que no lleva sumisamente el yugo, sino en una masa consciente, exigente, luchadora. El partido obrero debe tratar con desprecio el procedimiento liberal habitual: amedrentar al pequeñoburgués con los fantasmas del peligro de las Centurias Negras. Toda la tarea de los socialdemócratas es desarrollar en la masa la conciencia de en qué consiste el peligro real, la tarea real de la lucha de aquellas fuerzas que no tienen su fuente en la Duma, que no encuentran plena expresión en los debates de la Duma, que no resolverán en la Duma la cuestión del porvenir de Rusia.

El partido obrero previene, por lo tanto, a las masas contra las artimañas electorales entre bastidores de la burguesía kadete, contra su grito que embrutece la conciencia: ¡confiadnos a nosotros, abogados, profesores e ilustrados terratenientes, la causa de la lucha contra el peligro de las Centurias Negras!

Confiad solo en vuestra conciencia socialista y en vuestra organización socialista –dice a las masas el partido obrero–. Otorgar la primacía en la lucha y el derecho a dirigirla a los burgueses liberales significa vender la causa de la libertad por el estruendo de las frases, por la hojarasca de los rótulos vistosos y de moda. Ningún peligro de las Centurias Negras en la Duma causará tanto daño como la corrupción de la conciencia de las masas, que marchan ciegamente tras la burguesía liberal, tras sus consignas, tras sus listas de candidatos, tras su política.

Entre aquellas masas a las que se dirige el partido obrero, predomina numéricamente el campesinado y todos los posibles estratos de la pequeña burguesía. Ellos son más resueltos que los kadetes, más honrados que ellos, mil veces más capaces de luchar, pero en política van a remolque con demasiada frecuencia de los charlatanes kadetes. Ellos vacilan todavía ahora entre el proletariado combativo y la burguesía conciliadora.

Los predicadores de bloques con los kadetes perjudican no solo al proletariado y a toda la causa de la libertad. Perjudican el desarrollo de la conciencia de los pobres de la ciudad y del campo. No cumplen con su deber directo: liberarlos de la influencia de la burguesía liberal. Mirad a los trudoviques, a los «socialistas populares» y a los socialistas revolucionarios. Ellos vacilan y también se ocupan principalmente de proyectos de componendas con los kadetes. Los dirigentes de los trudoviques, al no haber sabido crear su propio partido, multiplican por diez sus errores en la Duma, llamando a las masas a votar por los kadetes (Anikin a través de los reporteros de los periódicos, Zhilkin en «Továrisch»{125}, etc.). Esto es una traición directa a la causa de la lucha campesina, una entrega directa del mujik al terrateniente liberal, que despojará a los campesinos con el rescate según una valoración «justa», de la misma manera que sus antepasados despojaron al mujik en 1861. ¿Y los «socialistas populares»? Incluso los kadetes, riéndose, los llaman «kadetes de la segunda llamada» (Milyukov en «Rech»{126}). Sus dirigentes (Annenski y otros) también llaman a los bloques con los kadetes. Su minúsculo partido (según los datos de «Továrisch», que los favorece, es más débil incluso que el partido del despojo pacífico: ¡unos 2000 individuos en toda Rusia!) es un simple apéndice de los kadetes. Los socialistas revolucionarios también se comportan de manera ambigua: tanto en el período de octubre como en el período de la primera Duma encubrieron su escisión con los socialistas populares, marcharon junto con ellos, llevaron los mismos periódicos. Ahora no libran ninguna lucha abierta e independiente, ni se pronuncian con suficiente amplitud, franqueza y dureza contra los «kadetes de la segunda llamada», ni proporcionan a las masas material exhaustivo alguno para la crítica de este partido, ni despliegan ninguna valoración de principio de toda la campaña electoral y de todos los acuerdos electorales en general.

Una gran obligación histórica del partido obrero es contribuir a la creación de un partido político independiente de la clase obrera. A esta causa la perjudican los predicadores de bloques con los kadetes.

Otra gran obligación es liberar a las masas del pequeñoburguesado y del campesinado que se arruina, pasa privaciones y perece, de la influencia de las ideas y los prejuicios de la burguesía liberal. A esta causa también la perjudican los predicadores de bloques con los kadetes. Ellos no separan al mujik del liberal, sino que refuerzan este vínculo antinatural, fatal para la causa de la libertad y para la causa del proletariado. Ellos no previenen a la masa campesina contra la política liberal entre bastidores (o, mejor dicho, politiqueo con el reparto de escaños en la Duma), sino que santifican este politiqueo con su participación en él.

¡Abajo todos los bloques! El partido obrero debe ser de hecho independiente en su campaña electoral, y no solo de palabra. Debe dar a todo el pueblo y, especialmente, a toda la masa proletaria un ejemplo de crítica ideológica, firme y audaz. Con esto, y solo con esto, atraeremos a las masas a la participación real en la lucha por la libertad, y no al liberalismo de juguete de los kadetes traidores a la libertad.

«Las Espinas del Trabajo» núm. 2, 31 de diciembre de 1906.