Tras la disolución de la Duma, el gobierno sofocó la indignación del país únicamente mediante el terror militar. Las guardias reforzadas y extraordinarias, las detenciones sin fin, los tribunales militares de campaña, las expediciones punitivas: todo esto, en su conjunto, no puede calificarse más que de terror militar.

El gobierno probaba su fuerza con esta represión militar del movimiento de liberación. Si hay fuerzas suficientes, no convocaremos la Duma en absoluto y satisfaremos de inmediato los deseos de la Unión del Pueblo Ruso y de partidos «verdaderamente rusos» de las centurias negras similares. Si no hay fuerzas suficientes, la convocaremos una vez más, intentaremos modificar la ley electoral, intentaremos asegurar una Duma de las centurias negras o domar a la Duma kadete. Así razonaba el gobierno.

La fuerza militar para una represión implacable solo ha alcanzado hasta ahora, por lo menos, para despojar, mediante aclaraciones senatoriales y en contra de la ley, del derecho electoral a miles y decenas de miles de obreros, de campesinos pobres, de ferroviarios. Las dificultades financieras del gobierno se han agravado extremadamente. Hasta ahora no se logra obtener un empréstito. Amenaza una bancarrota inevitable. Dentro del país, el gobierno no puede apoyarse en ningún partido, oscilando entre las bandas de gamberros (los verdaderamente rusos) y los octubristas. Ni siquiera con los octubristas ha llegado a entenderse del todo.

En estas condiciones comienza la campaña electoral a la segunda Duma. El hombre de la calle está amedrentado. Sobre él ha ejercido una influencia deprimente los tribunales militares de campaña. Está bajo la impresión de la jactancia gubernamental de que la Duma será obediente. Cede al estado de ánimo general y está dispuesto a perdonar todos los errores a los kadetes, dispuesto a echar por la borda todo lo que le enseñó la primera Duma y a votar por el kadete con tal de que no salga un miembro de las centurias negras.

Por parte del hombre de la calle, semejante conducta es comprensible. El hombre de la calle nunca se guía por una firme concepción del mundo, por los principios de una táctica de partido integral. Siempre se deja llevar por la corriente, entregándose ciegamente al estado de ánimo. No puede razonar de otro modo que contraponiendo a la centuria negra al más modesto de los partidos de oposición. No está en condiciones de reflexionar por sí mismo sobre la experiencia de la primera Duma.

Pero lo que es natural para el hombre de la calle es imperdonable para un hombre de partido y completamente indecoroso para un socialdemócrata. Escuchen, en efecto, los argumentos de esos socialdemócratas que llaman a los obreros socialistas a votar por los kadetes (ya sea sólo por los kadetes allí donde los socialdemócratas se han negado en absoluto a presentar a su candidato, ya sea por el kadete junto con el socialdemócrata, donde hay una lista común). En lugar de argumentos escucharán un solo estribillo, un grito de miedo y de desesperación: ¡con tal de que no pasen los de las centurias negras! ¡votad todos por los kadetes! ¡formad listas comunes con los kadetes!

El socialdemócrata, miembro del partido obrero, no puede rebajarse a semejante mentalidad de hombre de la calle. Debe darse cuenta clara de cuáles son las fuerzas sociales reales que libran la lucha, cuál es el significado real de la Duma en general y, en particular, del partido de los kadetes que predominó en la primera Duma. Quien discurra sobre la política actual del proletariado sin haber reflexionado sobre todas estas cuestiones, nunca podrá llegar a conclusiones mínimamente acertadas.

¿Por qué se lucha ahora en Rusia? Por la libertad, es decir, por el poder de los representantes del pueblo en el Estado, y no del viejo gobierno. Por la tierra para los campesinos. El gobierno combate con todas sus fuerzas contra estas aspiraciones, defiende su poder, su tierra (pues los terratenientes más ricos pertenecen al número de las personas más nobles y más altamente colocadas en el Estado). El gobierno tiene en su contra a los obreros y a la masa del campesinado pobre, así como, naturalmente, a la población pobre de las ciudades, de la que no hace falta hablar por separado, pues no tiene intereses particulares distintos de los intereses fundamentales del proletariado y del campesinado.

¿Cómo se sitúan ante la lucha las clases superiores, los terratenientes y la burguesía? Al principio, hasta el 17 de octubre, la mayor parte de ellos era liberal, es decir, simpatizaba con la libertad, incluso ayudaba de uno u otro modo a la lucha de los obreros. La burguesía estaba descontenta con el orden autocrático de gobierno y reclamaba para sí también participación en los asuntos del Estado. La burguesía se llamaba a sí misma democrática, es decir, defensora de la libertad popular, a fin de encontrar apoyo en el pueblo para sus aspiraciones. Pero después del 17 de octubre, la burguesía se dio por satisfecha con lo obtenido, es decir, con la participación de los terratenientes y capitalistas en los asuntos del Estado y con las promesas de libertad por parte del viejo poder que sobrevivía. La burguesía se asustó de la lucha independiente del proletariado y del campesinado, proclamando: ¡basta de revolución!

Hasta el 17 de octubre existía un amplio partido liberal-burgués de los *zemtsi*, que celebraban sus famosos congresos semilegales y publicaban en el extranjero la revista «Osvobozhdenie» (Liberación). Tras el 17 de octubre, los participantes de los congresos de los *zemtsi* se escindieron: los negociantes capitalistas y los terratenientes más grandes o que explotaban sus fincas al modo de la servidumbre se fueron al partido de los octubristas, es decir, se pasaron directamente al lado del gobierno. La otra parte, en especial los abogados, profesores y demás intelectualidad burguesa, formaron el partido k.-d. (constitucionalistas-demócratas). Este partido también dio la espalda a la revolución, también se asustó de la lucha obrera, también proclamó: ¡basta! Pero quería y quiere detener la lucha con medios más sutiles: con pequeñas concesiones al pueblo, el rescate de la tierra para los campesinos, etc. El partido kadete prometió al pueblo la libertad y a los campesinos la tierra si el pueblo elegía a los kadetes a la Duma. Los socialdemócratas comprendían que esto era un engaño al pueblo, y por eso boicotearon la Duma. Pero los campesinos ignorantes y los hombres de la calle amedrentados llevaron de todos modos a los kadetes a la Duma. Los kadetes, en lugar de luchar por la libertad, empezaron a llamar desde la Duma al pueblo a la calma, mientras ellos mismos buscaban ser nombrados ministros del zar. Y la Duma fue disuelta por discursos indeseables, porque los socialdemócratas y los diputados más audaces se dirigieron al pueblo desde la tribuna de la Duma y lo llamaron a la lucha.

Ahora incluso las personas más ciegas o más ignorantes deben comprender qué es el partido kadete. No es un partido de luchadores populares, sino de gestores burgueses, de intermediarios traficantes. Sólo entonces los obreros y los campesinos conscientes estarán en condiciones de alcanzar sus objetivos, cuando la masa deje de creer en el partido k.-d., cuando la masa comprenda la necesidad de la lucha independiente. Por eso, votar por los kadetes y predicar tal voto significa debilitar la conciencia de las masas, su cohesión y su disposición a la lucha.

Ante los obreros conscientes se alza ahora una tarea completamente distinta. Contra la confusión y la falta de principios propias del hombre de la calle, deben salir en la campaña electoral con una prédica consecuente, firme, coherente y socialista.

La tarea inmediata de los obreros conscientes es explicar a toda la masa del proletariado y a todos los representantes avanzados del campesinado cuál es la verdadera lucha, cuál es la verdadera situación de las distintas clases en esta lucha.

Los obreros han avanzado más que todas las clases durante nuestra revolución. Toda su masa tiende ahora hacia la socialdemocracia. Aquí es necesaria, naturalmente, una labor más intensa, más amplia, pero ésta ya se encauza por una senda trillada. Lo más importante y lo más difícil es el trabajo entre el campesinado. Los campesinos son la clase de los pequeños propietarios rurales. Esta clase está situada en condiciones mucho menos ventajosas para la lucha por la libertad y por el socialismo que los obreros. Los campesinos no están unidos por grandes empresas, sino dispersos por la pequeña explotación parcelaria y aislada. Los campesinos no ven ante sí a un enemigo tan abierto, tan patente y único como los obreros ven al capitalista. Los campesinos mismos son en parte dueños y propietarios; por eso siempre tienden hacia la burguesía, quieren imitarla, sueñan con el desarrollo y fortalecimiento de su pequeña propiedad, y no con la lucha común de la clase obrera contra la clase de los capitalistas.

He aquí por qué toda la masa del campesinado pobre, siempre y en todos los países, ha resultado menos firme en la lucha por la libertad y por el socialismo que los obreros. He aquí por qué también entre nosotros, en Rusia, los diputados campesinos en la Duma, los trudoviques, no han sabido todavía, a pesar de todas las lecciones de la traición kadete, librarse de la influencia de la burguesía liberal, de sus concepciones, de sus prejuicios, de sus procedimientos en política: procedimientos supuestamente astutos, sutiles, consistentes en hermosas «maniobras», y en realidad estúpidos, ociosos y vergonzosos para todo verdadero luchador.

¡Obreros conscientes! ¡Aprovechad la campaña electoral para abrir por completo los ojos al pueblo! No os dejéis convencer por esas personas bienintencionadas, pero débiles e inconsistentes, que os llaman a formar listas comunes con los kadetes, a enturbiar la conciencia de las masas mediante consignas comunes con los kadetes. Acoged con espíritu crítico los gritos, lamentos y miedos corrientes acerca del peligro de las centurias negras. El peligro real y fundamental para la revolución rusa es la falta de desarrollo de la masa del campesinado, su inconsistencia en la lucha, su incomprensión de toda la vacuidad y de toda la traición del liberalismo burgués. Luchad contra este peligro, decid toda la verdad abiertamente y hasta el fin a toda la masa popular; con ello la apartaréis de los charlatanes kadetes y la atraeréis al apoyo a la socialdemocracia. Sólo así, y sólo así, podréis vencer el verdadero peligro de las centurias negras. Y ninguna aclaración senatorial, ninguna ejecución, ninguna detención podrá arrebatar al pueblo una labor como ésta: la labor de elevar la conciencia cívica y de clase de las masas, la labor de organizarlas en nombre de los objetivos independientes, y no liberal-burgueses, de la lucha.

«Ternii Truda» (Espinas del Trabajo) nº 1, 24 de diciembre de 1906.

Se publica según el texto del semanario «Ternii Truda».

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Las tareas del partido obrero y el campesinado». — 1906.