El gobierno zarista continúa incansablemente «trabajando» en la falsificación de la Duma. Advirtiendo a los crédulos ciudadanos rusos que no se dejen seducir por el constitucionalismo, ya antes de que comenzara esta falsificación (núm. 5 de *Proletari* del 30 de septiembre de 1906) escribíamos que se preparaba un nuevo golpe de Estado, a saber: se preparaba la modificación de la ley electoral del 11 de diciembre de 1905 ante la inminencia de la segunda Duma. «Es indudable —escribíamos entonces— que el gobierno estudia ahora con la mayor atención» la cuestión de «si mantener o no la antigua ley electoral»[43].

Sí, el gobierno del zar ha estudiado, estudia y, tal vez, hasta ha terminado ya de estudiar esta cuestión. Ha preferido modificar la ley electoral mediante aclaraciones del Senado{114}. Ahora da nuevos pasos para restringir la libertad de agitación (si es que aún se puede restringir más la libertad rusa) y manipular las elecciones. Hace unos días apareció una instrucción que prohíbe entregar los formularios de las listas electorales a los partidos no legalizados{115}. El cierre de periódicos se aplica cada vez más por procedimientos de justicia sumaria. Se intensifican las detenciones. Se llevan a cabo registros y redadas con el propósito más que transparente de conseguir los nombres de los electores y de los votantes influyentes, y «quitar de en medio» a unos y otros. En una palabra, la campaña electoral está en pleno apogeo —bromea el ruso.

Hasta qué límite llegará el gobierno en su falsificación sumarísima de la Duma, nadie lo sabe. ¿Por qué no habrían de detener a los electores incluso el mismo día de las elecciones o después de ellas? En la ley —¡todavía se mantiene en Rusia esa estúpida palabra!— se habla de la inmunidad de los diputados de la Duma, pero de la inmunidad de los electores no se dice ni una palabra. Nuestra prensa ya señaló esta circunstancia durante las elecciones a la primera Duma. Entonces «Witte dejó escapar la ocasión», como piensa la banda zarista de las centurias negras, pero en realidad, entonces el gobierno era aún demasiado débil después de la insurrección de diciembre para pasar a ocupar la siguiente línea de fortificaciones de la revolución. Ahora la contrarrevolución ha reunido fuerzas y actúa de manera completamente acertada desde su punto de vista, demoliendo la constitución (en la que sólo los ingenuos kadetes podían creer). La gente de la reacción no tiene nada que ver con los liberales Balaláikin{116}. Ellos son hombres de acción. Ven y saben por experiencia que la más mínima libertad en Rusia conduce inevitablemente al ascenso de la revolución. Por eso se ven obligados a ir cada vez más y más atrás, a destruir más y más la constitución de octubre, a ir cerrando cada vez más con toda clase de compuertas la válvula política que había empezado a abrirse.

Hay que tener toda la inconmensurable estupidez del kadete ruso o del intelectual sin partido progresista para clamar, a propósito de esto, sobre la locura del gobierno y para tratar de convencerle de que emprenda la vía constitucional. El gobierno no puede actuar de otro modo si defiende el poder zarista y las tierras de los terratenientes contra la presión latente, oprimida pero no destruida, desde abajo. Y nosotros le diremos al gobierno: ¡pues bien! cerrad vuestras compuertas, taponad las válvulas entreabiertas. Mientras las válvulas estuvieron entreabiertas, el aire fresco avivaba el fuego de la caldera. Cuando cerréis las válvulas, puede producirse la explosión más deseable para nosotros. Nuestra tarea consiste en aprovechar lo más ampliamente posible ante las masas populares la magnífica agitación de Stolypin, las magníficas aclaraciones de Stolypin sobre «la esencia de la constitución».

Pero aquí se revela todo el abismo que separa la táctica de la burguesía liberal-monárquica de la táctica del proletariado socialista. La socialdemocracia predica la lucha, explica al pueblo, mediante todas y cada una de las lecciones de la historia, la inevitabilidad de la lucha, se prepara para ella, responde al recrudecimiento de la reacción con el recrudecimiento de la agitación revolucionaria. Los liberales no pueden predicar la lucha, porque la temen. Al recrudecimiento de la reacción responden con lloriqueos constitucionales que corrompen la conciencia del pueblo y... con el fortalecimiento de su oportunismo. Los liberales actúan tal como lo retrató con precisión y plasticidad el trudovik Sedélnikov en el mitin del 9 de mayo en la casa de Pánina{117}. Cuando insultan a un liberal, él dice: gracias a Dios que no me han pegado. Cuando le pegan, da gracias a Dios porque no le han matado. Cuando le maten, dará gracias a Dios por haber liberado su alma inmortal de la perecedera envoltura terrenal.

Cuando la banda stolypiniana de las centurias negras lanzó un grito contra los kadetes e inició una campaña contra su carácter revolucionario, los kadetes clamaron: ¡no es cierto, no somos revolucionarios, somos gente de orden! ¡Abajo el Manifiesto de Viborg, abajo los bloques con las izquierdas, abajo la consigna incluso del más derechista de los socialdemócratas, Plejánov, de «Duma con plenos poderes», abajo las dañinas ilusiones revolucionarias! Vamos a la Duma a legislar. Cuando la banda de las centurias negras declaró que a los kadetes, como partido no legalizado, no se les darían los formularios de las listas electorales, los kadetes clamaron: ¡esto «cambia el planteamiento de la cuestión de los acuerdos» (editorial de *Rech* del 13 de diciembre)! Esto «refuerza la importancia del único partido de oposición registrado, el de la Renovación Pacífica». «¡En los acuerdos hay que tener esto en cuenta!» Y cuando al elector kadete, que se ha deslizado a rastras en la lista de los renovadores pacíficos, lo arrastren a la comisaría, los kadetes darán gracias a Dios porque no nos han quitado del todo la constitución. El único partido completamente seguro son los octubristas —dirán entonces nuestros caballeros del derecho—, y ¿acaso no hemos dicho siempre que nos mantenemos sobre la base del manifiesto del 17 de octubre?

¿Qué piensan de esto los camaradas mencheviques? ¿No convendría apresurarse a convocar una nueva conferencia del partido y declarar admisibles los acuerdos con los renovadores pacíficos, e incluso con los octubristas? ¡Pues ellos también quieren «media libertad», como argumenta hoy (14 de diciembre) el desconcertado Plejánov en el periódico de los ex socialdemócratas!{118}

La cuestión de los renovadores pacíficos no ha surgido por casualidad entre los kadetes. Ya se planteaba antes, antes de la instrucción sobre los formularios de las listas electorales. Incluso los kadetes de izquierda de *Továrisch* (a los que algunos bromistas llaman «casi socialistas») ya en el número del 5 de diciembre incluían a los renovadores pacíficos entre los partidos progresistas, contando en total 6 partidos progresistas (k.-d., s.-d., s.-r., s.-p., p. d. r. y r. p.). En el mismo número de *Továrisch*, los ex socialdemócratas arremetieron con terrible ira contra el cartel sobre los tres partidos principales, adjunto al núm. 8 de *Proletari*[44]. ¡Es una «falta de probidad política» —clamaban los amigos de Plejánov— clasificar a Heiden entre las centurias negras!

Nos alegramos mucho de haber obligado a los renegados de la socialdemocracia a defender al octubrista de ayer, que después de la disolución de la Duma protestó contra el Manifiesto de Viborg y conversó con Stolypin sobre un ministerio.

¡Pero habría que defenderlo con más habilidad, señores colaboradores de Plejánov! Todos saben que en las primeras elecciones los octubristas (Heiden y Shípov entre ellos) estuvieron en bloque con las centurias negras. ¿Están ustedes dispuestos a olvidarlo por un cambio de nombre del partido? Pero en esa misma (cuarta) página de *Továrisch* del 5 de diciembre leemos que en la «Unión del 17 de Octubre» hay una corriente partidaria de un acuerdo con el partido de la «Renovación Pacífica» y que esta corriente predomina incluso en la sección petersburguesa de la Unión. Y un poco más abajo se reproduce la noticia de que «la administración central del Pueblo Ruso Unido» admite el bloque con los octubristas, razón por la cual *Továrisch* se niega a reconocer a los octubristas como constitucionalistas.

¿Verdad que es bueno? Nos negamos a llamar constitucionalistas a los octubristas porque las centurias negras admiten el bloque con ellos. Y a los renovadores pacíficos los llamamos progresistas, a pesar de que los octubristas admiten el bloque con ellos.

¡Oh, sapientísimos peces sabios de la famosa «intelectualidad» progresista!

La defensa de los renovadores pacíficos por los radicales intelectuales, el giro del órgano central del partido k.-d. hacia la Renovación Pacífica inmediatamente después de las instrucciones sobre los formularios, son todas muestras típicas de la táctica liberal. El gobierno da un paso a la derecha, ¡y nosotros damos dos pasos a la derecha! De este modo, volvemos a ser legales y pacíficos, tácticos y leales, nos adaptamos incluso sin los formularios, ¡nos adaptamos siempre de manera oportunista a la vileza!

Esto le parece a la burguesía liberal una política realista. Están orgullosos de este realismo rastrero (según la excelente expresión de un s.-d.), lo consideran la cumbre del tacto político y de una táctica diplomático-sabia. Pero en realidad, no sólo es la táctica más estúpida y más traidora, sino también la más estéril, gracias a la cual los kadetes alemanes, desde los charlatanes de Fráncfort{119} hasta los nacional-liberales que se arrastraban ante Bismarck{120}, consolidaron durante más de medio siglo después de la revolución burguesa el poder estatal en manos de los junkers (los terratenientes de las centurias negras: los Dórrer, Bulatsel, Purishkévich, dicho en ruso) y en manos del «absolutismo militar revestido de formas parlamentarias»{121}.

Ya es hora de que también nuestros mencheviques, que se dejan seducir por esa política de los kadetes y la imitan, comprendan que la única política real en el buen sentido, y no en el vulgar de la palabra, es la política del marxismo revolucionario. A las artimañas y los giros de la reacción hay que responder no con la adaptación a la derecha, sino profundizando y ampliando la prédica revolucionaria entre las masas proletarias, desarrollando el espíritu de la lucha revolucionaria de clase y las organizaciones revolucionarias de clase. Es así, y sólo así, como se fortalece la fuerza de los únicos luchadores contra la reacción, cualesquiera que sean los giros y artimañas de ésta. En cambio, al responder a las maniobras de las centurias negras del gobierno con adaptaciones de vuestra táctica a la derecha, dispersáis y debilitáis con ello a la única fuerza capaz de luchar, la fuerza de las clases revolucionarias, obstruís su autoconciencia revolucionaria con la hojarasca de las «maniobras» politiqueras.

Los mencheviques al principio estaban en contra de los acuerdos con los kadetes. Mártov condenó los acuerdos. Y. Larin los rechazó con indignación. Incluso Nik. I-ski los desaprobaba. Bajo la influencia de las aclaraciones del Senado (nuestros senados reaccionarios en Ginebra y en Petersburgo), Mártov y Cía. se adaptaron a la derecha. ¡Están por los bloques con los kadetes, pero no más a la derecha que los kadetes, ¡Dios nos libre! Con los partidos «opositor-demócratas» (resolución de la Conferencia de toda Rusia, aprobada por 18 votos contra 14, a propuesta del Comité Central), ¡nada más a la derecha!

Pero ahora los kadetes giran hacia los renovadores pacíficos. ¿Y vosotros también, camaradas mencheviques? En respuesta a las aclaraciones del Senado: bloques con los k.-d.; en respuesta a la confiscación de los formularios: ¿bloques con los renovadores pacíficos? ¿Qué haréis en respuesta a las detenciones de los electores?

Vuestra renuncia a una prédica verdaderamente revolucionaria entre las masas es ya un hecho. Ya no lucháis contra las ilusiones de la vía pacífica y contra los portadores de estas ilusiones, los kadetes. Sólo os preocupáis por el peligro de las centurias negras. Y vuestras «sutiles maniobras» de listas conjuntas con los k.-d. están construidas sobre arena. Debilitáis el contenido real del trabajo socialdemócrata revolucionario entre las masas, y la ganancia del politiqueo no será para vosotros —tal vez ni siquiera para los kadetes—, tal vez ni siquiera para los renovadores pacíficos, ¡sino para los octubristas! A la falsificación de la Duma respondéis con la falsificación de la táctica socialdemócrata revolucionaria; con ello ni mejoraréis la Duma, ni fortaleceréis el socialismo, ni haréis avanzar la revolución.

La política del practicismo sin principios es la política más impracticable.

A la falsificación de la Duma la clase obrera debe responder no con el embotamiento, sino con la agudización de su agitación revolucionaria, separándose en su campaña electoral de los miserables traidores kadetes.

Escrito el 14 (27) de diciembre de 1906.

Publicado el 20 de diciembre de 1906 en el periódico *Proletari*, núm. 10.