En un ambiente de lucha política medianamente abierta, la vida somete a verificación cada paso táctico con una rapidez y una claridad asombrosas. Seguramente, aún no todos los delegados a la conferencia de toda Rusia del POSDR han logrado llegar a sus localidades e informar a las organizaciones del partido, cuando la cuestión discutida de los bloques con los k.-d. ha recibido una luz completamente nueva. Y esta cuestión se halla ahora en el centro de todos los problemas políticos del día.

En la conferencia del POSDR, a ninguno de los delegados se le pasó siquiera por la cabeza la idea de que los s.-d. pudieran debilitar en lo más mínimo, o siquiera modificar, sus consignas tácticas independientes en la campaña electoral. Formalmente, en la resolución propuesta por el Comité Central del partido y aprobada por 18 votos contra 14 (bolcheviques, polacos, letones), la plena independencia de la plataforma y las consignas del POSDR fue colocada en primer plano. Quedan absolutamente inadmitidos todos los acuerdos, por poco permanentes que sean, con otros partidos sobre la base de cualquier «suavización» de nuestra plataforma. Y toda la polémica entre el ala derecha y el ala izquierda de la s.-d. giró exclusivamente en torno a si los s.-d. de derecha mantienen de hecho esta posición de principio, si no caen en contradicción con ella al permitir los bloques con los k.-d., y si no es artificial, ficticia y meramente verbal la distinción entre acuerdos «técnicos» e ideológicos.

Pero... parece que también en nuestro partido, es decir, en su «constitución» real, existe una institución parecida al senado, existe la posibilidad de transformar, mediante las «interpretaciones senatoriales», las «leyes» del partido, las decisiones de los órganos oficiales del partido, en su contrario directo. Una nueva interpretación senatorial de los acuerdos del POSDR apareció, como era de esperar, desde Ginebra. Fue publicada en el periódico kadete «Tovarishch» bajo la forma de una «Respuesta pública» (¡exactamente como en Lassalle!) de G. Plejánov a un lector de dicho periódico, «que no se considera ni burgués ni socialdemócrata»{78}. Nuestro partidario casi-Lassalle se apresuró en auxilio del lector de un periódico que es, de hecho, el órgano de los renegados de la socialdemocracia.

El lector del «Tovarishch» preguntaba a G. Plejánov, entre otras cosas, sobre «cuál podría ser, en su opinión, la plataforma electoral común de los partidos de izquierda y de extrema izquierda». G. Plejánov respondió: «a esta pregunta no hay ni puede haber otra respuesta que estas dos palabras: Duma plenipotenciaria».

«No hay ni puede haber otra respuesta»... Estas palabras de nuestro casi-Lassalle están destinadas, probablemente, a hacerse «históricas», al menos en el sentido gogoliano de la palabra. G. Plejánov se ha dignado, en su momento, escuchar el informe de que existe un tal Comité Central del POSDR, de que se reúne una tal conferencia de toda Rusia de este partido, de que tanto el CC como esa conferencia elaboran su propia respuesta a las cuestiones que interesan no solo a la señora Kuskova y al señor Prokopóvich, actuales colaboradores de G. Plejánov, sino también a los obreros socialistas de Rusia. Sin inmutarse lo más mínimo, G. Plejánov proclamó: «no hay ni puede haber otra respuesta que la mía». Y estas altísimas y graciosas palabras se publican en el periódico kadete precisamente en el momento en que toda la Rusia que lee conoce ya la otra respuesta, dada por todos los representantes, tanto de las instituciones regionales como de la institución central de todo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

Resulta, verdaderamente, una «historia» de esas cuyo héroe fue más de una vez Nozdriov{79}.

Pero pasemos a la esencia de la respuesta única en su género e inimitable de nuestro inimitable G. Plejánov.

Ante todo, vemos que él no admite siquiera la idea de la posibilidad de acuerdos en la primera etapa sin una plataforma electoral común. A nosotros, los bolcheviques, este punto de vista nos gusta sobremanera. Al reconocerlo, G. Plejánov les hace un flaco favor a los mencheviques. Nosotros señalamos constantemente en la conferencia, en las discusiones con los mencheviques y los bundistas, así como en el núm. 8 de «Proletari» [30], que los acuerdos en la primera etapa no pueden dejar de influir en nuestra actuación partidaria ante las masas, que, por consiguiente, esos acuerdos, inevitable e ineludiblemente, mal que pese a nuestros deseos y planes, adquirirán el matiz de un cierto acercamiento ideológico, de una cierta confusión, debilitamiento, embotamiento de la independencia política s.-d. G. Plejánov, con la habilidad y el tacto partidario que le caracterizan, apoyó nuestro ataque contra los mencheviques. Incluso reconoció francamente más de lo que nosotros insistíamos, reconociendo una plataforma común, es decir, un bloque ideológico directo con los k.-d.

Resulta que, no solo en el Estado ruso, sino también en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, las interpretaciones senatoriales ponen en evidencia a aquel en cuyo favor se escriben.

Sigamos. Que el lector reflexione sobre el sentido directo de la consigna plejanoviana «kadete-socialdemócrata»: «Duma plenipotenciaria», independientemente de la actitud que ante ella tengan los distintos partidos. Las palabras «Duma plenipotenciaria» significan la exigencia de plenipotencia para la Duma. ¿Para qué Duma? Evidentemente, para aquella a la cual van a elegir ahora diputados, sobre la base de la ley del 11 de diciembre y de las interpretaciones senatoriales, los ciudadanos rusos. Para esta Duma, G. Plejánov propone exigir la plenipotencia. Evidentemente, él está convencido de que esta Duma no será una Duma de las centurias negras, pues para una Duma de las centurias negras él no podría exigir la plenipotencia. Lanzar la consigna: «Duma plenipotenciaria» y, al mismo tiempo, gritar sobre el grave peligro de una Duma de las centurias negras significa contradecirse a sí mismo. Significa confirmar la opinión de los bolcheviques de que, en realidad, no existe un grave peligro de una Duma de las centurias negras, y que los kadetes inventan o exageran en casos aislados este peligro con sus fines egoístas, concretamente, para debilitar en los obreros y en toda la democracia revolucionaria la fe en sus propias fuerzas, para apartar del partido de los k.-d. el «peligro por la izquierda» que realmente lo amenaza. El propio «Rech», órgano oficial de los k.-d., reconoció este peligro en el informe de los kadetes sobre la situación de la campaña electoral en la provincia de Petersburgo.

Pasemos al contenido político real de la consigna plejanoviana. Su inventor está entusiasmado con ella. «Esta fórmula común —escribe—, en su forma algebraica, expresa con absoluta precisión la tarea política más perentoria ahora tanto para la izquierda como para la extrema izquierda», permitiendo conservar, sin recortes, toda la plenitud de todas las demás exigencias propias. «Los kadetes no pueden imaginarse la Duma plenipotenciaria tal y como deben imaginársela los socialdemócratas. Pero tanto unos como otros necesitan una Duma plenipotenciaria. Por eso, tanto unos como otros están obligados a luchar por ella».

De estas palabras de Plejánov se desprende claramente que él mismo es consciente de la inevitable comprensión diferente de esta consigna por los kadetes y por los socialdemócratas. La consigna es una, «común», pero los kadetes no pueden «imaginarse» el significado de esta consigna tal y como lo hacen los socialdemócratas.

Cabe preguntar, ¿para qué entonces una consigna común? Y ¿para qué, en general, lanzar consignas y plataformas ante las masas?

¿Acaso para guardar una apariencia decente? ¿Para encubrir algo que no puede ser aclarado ante las masas? ¿Para realizar a espaldas del pueblo una maniobra parlamentaria que prometa toda suerte de ventajas? ¿O para elevar la autoconciencia de clase de las masas y aclararles de verdad sus auténticas tareas políticas?

Todo el mundo sabe que los políticos burgueses siempre y en todas partes lanzan ante el pueblo toda clase de consignas, programas y plataformas para engañar al pueblo. Los políticos burgueses siempre se autodenominan, especialmente antes de las elecciones, liberales, progresistas, demócratas e incluso «radicales-socialistas», solo para conseguir votos y engañar al pueblo. Este es un fenómeno absolutamente universal de todos los países capitalistas. Marx y Engels hablaban por eso de los diputados burgueses, die das Volk vertreten und zertreten, que representan al pueblo y lo oprimen mediante sus poderes de diputados{80}.

¡Y he aquí que el «más antiguo» socialdemócrata ruso, el fundador de la socialdemocracia, para la primera campaña electoral general del partido, lanza una plataforma que ¡a sabiendas será interpretada por los kadetes en un sentido y por los socialdemócratas en otro! ¿Qué es esto? ¿Cómo es esto?

Pues si los k.-d. y los s.-d. no pueden imaginarse de la misma manera la Duma plenipotenciaria, eso significa que tampoco en las amplias masas populares puede haber una idea uniforme sobre ella, ya que tanto los k.-d. como los s.-d. expresan determinados intereses de unas u otras clases, determinadas aspiraciones o prejuicios de las mismas. Plejánov, evidentemente, considera incorrecta la idea kadete de la Duma plenipotenciaria, y toda idea incorrecta de las tareas políticas es perjudicial para el pueblo. Por consiguiente, Plejánov lanza la consigna bajo una forma que a sabiendas es perjudicial para el pueblo, dejando sin aclarar y encubierta cierta idea incorrecta. Hablando clara y llanamente, eso significa engañar a los obreros y a todo el pueblo en aras de la apariencia de unidad entre los k.-d. y los s.-d.

¿En qué consiste el carácter incorrecto de la idea de los kadetes sobre la Duma plenipotenciaria? Plejánov lo silencia. Este silenciamiento, en primer lugar, demuestra que Plejánov utiliza la campaña electoral (la presentación de una plataforma electoral ya es un paso de la campaña electoral) no para desarrollar la conciencia del pueblo, sino para enturbiarla. Y, en segundo lugar, este silenciamiento echa por tierra todo el sentido de la conclusión plejanoviana: «tanto los k.-d. como los s.-d. necesitan una Duma plenipotenciaria». Esto es simplemente un absurdo encubierto con malabarismos verbales: ¡decir que dos partidos distintos necesitan una misma cosa, entendiéndola de modo diferente! Significa que no es la misma: el primero que llegue pillaría a Plejánov en un desliz lógico. Se podría, acaso, llamar tanto a la monarquía autocrática como a la república democrática con la letra «a» y decir que los distintos partidos son libres de poner diferentes magnitudes aritméticas bajo esa fórmula algebraica común. Esto sería pura lógica plejanoviana o, más exactamente, pura sofística plejanoviana.

En cuanto a la esencia del asunto, Plejánov dice una falsedad directa cuando afirma que tanto los k.-d. como los s.-d. necesitan una Duma plenipotenciaria, o aún más: una representación popular plenipotenciaria, de la que se habla sin cesar en la segunda mitad de su artículo. La representación popular plenipotenciaria es la Asamblea Constituyente, y, además, una Asamblea Constituyente que no exista al lado del monarca, sino sobre la base del derrocamiento del gobierno zarista. Si Plejánov ha olvidado esta simple verdad, le aconsejamos que lea el programa del POSDR y, sobre todo, su último párrafo, que trata precisamente de esto.

Los kadetes no necesitan una representación popular de ese tipo, verdaderamente plenipotenciaria; es peligrosa para ellos y funesta para los intereses que representan. Excluye la monarquía, tan grata a su corazón y tan cara al bolsillo burgués. Les priva de la esperanza del rescate por las tierras de los latifundistas. Esto es tan cierto que incluso Plejánov, en el núm. 6 de su «Dnevnik», hablaba de la desconfianza clasista y egoísta de los k.-d. hacia la idea de la Asamblea Constituyente, de que, por miedo a la Asamblea Constituyente, los kadetes se concilian con la banda de Stolypin.

En el núm. 8 de «Proletari» ya hemos citado estos pasajes del núm. 6 del «Dnevnik» de Plejánov [31], señalando que Plejánov debe ahora renegar de sus declaraciones de ayer. Su frase: «también los kadetes necesitan una Duma plenipotenciaria» es precisamente esa negación de sus propias palabras.

De la falsedad fundamental de Plejánov se desprenden con inevitable lógica otras varias. Es falso que «la representación popular plenipotenciaria sea por sí misma la condición previa para la realización de todas las demás... exigencias de todos los partidos avanzados», que «sin ella no se realizará ni una sola de esas exigencias», que la lucha de la izquierda y la extrema izquierda comenzará cuando «ella (la representación popular plenipotenciaria) sea un hecho». La representación popular plenipotenciaria es la culminación de la revolución, su realización hasta el fin, su victoria completa. ¡Y los kadetes quieren detener la revolución, ponerle fin a base de pequeñas concesiones, y lo dicen abiertamente! Insinuando a los obreros y a todo el pueblo la fe en que los kadetes son capaces de luchar por la victoria completa de la revolución, Plejánov engaña por triplicado a las masas populares.

«Por ahora, solo tenemos un señor plenipotenciario: el señor Stolypin», escribe Plejánov. No sabemos si es un lapsus o también una imitación de los kadetes («Duma plenipotenciaria = Duma zarista con ministros nombrados por el zar entre la mayoría de la Duma»), o una treta por mor de la censura. Stolypin no solo no es plenipotenciario, sino que es un lacayo absolutamente insignificante del zar y de la banda de las centurias negras de la corte zarista. Si a Plejánov no le convencieron de esto las revelaciones de la Duma sobre los pogromos, que lea los periódicos liberales sobre la influencia todopoderosa de la «Unión del Pueblo Ruso».

«Ahora —dice Plejánov—, tanto los partidos de izquierda como los de extrema izquierda están obligados a actuar juntos contra aquellos que no quieren una representación popular plenipotenciaria y, acaso, ninguna en absoluto».

Por consiguiente, están obligados a actuar contra los kadetes, que no quieren una representación popular plenipotenciaria.

Plejánov se ha derrotado felizmente a sí mismo, mostrándonos, bajo la apariencia de una lucha contra el doctrinarismo, un modelo del peor, del jesuítico, doctrinarismo. Desde el punto de vista fraccional, los bolcheviques podrían alegrarse de su intervención, pues no cabría imaginar un golpe más fuerte a la táctica menchevique. Como miembros del POSDR unificado, experimentamos una sensación de vergüenza por la intervención de G. Plejánov.

El órgano oficial de los k.-d., «Rech», respondió a Plejánov de tal manera que hasta los más mansos s.-d. se curarán ahora, seguramente, de sus ilusiones oportunistas. La primera respuesta de «Rech», el editorial del núm. 226 (25 de noviembre), es una pura burla contra Plejánov, que le tendió la mano, y burla, además, por parte de un liberal que no ha olvidado los ataques de Plejánov y sus colegas en «Iskra» contra el oportunismo de los liberales. «En el caso presente —escribía, riéndose de Plejánov, el órgano de los k.-d.—, el señor Plejánov realiza un esfuerzo digno de todo respeto y reconocimiento para desplazar a sus camaradas un poquito hacia la derecha, desde la más derecha de las posiciones ocupadas por ellos». Pero... nosotros tenemos que objetar de todos modos.

Y las objeciones del kadete son la típica respuesta del fabricante al obrero que se ha dirigido a él con una petición, apartándose de sus compañeros obreros, que se dirigen colectivamente con una exigencia respaldada por la huelga. — ¿Has venido con una petición? Te alabo. Pero, ¿qué gano yo contigo, si tus insensatos colegas no obran como tú? ¿Qué gano contigo, si no llegas hasta el final? ¿Duma plenipotenciaria? ¡Cómo no! ¡Voy yo a comprometerme ante los ojos de la gente de orden! Hay que decir: un ministerio salido de la mayoría de la Duma. ¡Entonces aceptaremos una plataforma común con los s.-d.!

Tal es el contenido de la respuesta de «Rech», salpicada de finas burlas tanto sobre la ingenua «álgebra» de Plejánov como sobre el hecho de que en noviembre de 1904 él formaba parte del colegio dirigente de la s.-d. (Plejánov era entonces miembro de la redacción del Órgano Central y presidente del «Consejo» supremo del POSDR), colegio que renunció al «famoso acuerdo de París» con la democracia burguesa{81}. Entonces se trataba precisamente de un «signo algebraico», ironiza «Rech», a saber: «régimen democrático». Nosotros entendíamos por ello la monarquía constitucional. Los eseristas, que aceptaron el acuerdo, la república democrática. ¡Usted renunció entonces, G. V. Plejánov! ¿Se ha vuelto más sensato ahora? Nosotros, los kadetes, lo elogiamos a usted, pero para la causa debe ir aún más a la derecha.

Y «Rech» confiesa abiertamente que los k.-d., con la consigna de «Asamblea Constituyente», también llevaban al pueblo de las narices. Nosotros, los k.-d., queríamos una Asamblea Constituyente «con conservación de la prerrogativa (es decir, de los derechos) del monarca», y de ningún modo una Asamblea Constituyente republicana. Nos era ventajoso atraer la simpatía de las masas con este engaño, pero ahora nos es más importante atraer la simpatía de la banda zarista. Por eso, ¡abajo la consigna «peligrosa», «equivoca», «desesperada», «que halaga las perniciosas ilusiones revolucionarias» de «Duma plenipotenciaria»! Exigimos a los s.-d. su consigna anterior, la del CC: apoyo a un ministerio de la mayoría de la Duma, y además «con las consecuencias» que se derivan de esta consigna. Y estas consecuencias son: ¡no debilitar, sino reforzar (¡sic!) la mayoría kadete en la Duma!

Y en el número siguiente de «Rech», un artículo de redacción aclara especialmente a la banda zarista de las centurias negras (bajo la apariencia de aclarar la cuestión a Plejánov) que los kadetes no necesitan una Duma «plenipotenciaria». Declarar plenipotenciaria a la Duma sería un golpe de Estado. Los kadetes nunca llegarán a eso. «Nosotros, los kadetes, no aspiramos en absoluto ni estamos obligados a aspirar a una Duma plenipotenciaria». «¿Acaso el señor Plejánov, en contra de su perspicacia habitual, no ha extraído del curso de los acontecimientos» esta lección?

Sí, la burla de los kadetes sobre la perspicacia habitual de Plejánov no dio en el clavo por casualidad. De todo el curso de los acontecimientos de la revolución rusa, Plejánov no ha aprendido a comprender a los kadetes. Está castigado con razón, castigado por el hecho de que los kadetes han rechazado con desprecio la mano tendida por un socialdemócrata que actuó independientemente de su partido y contra su voluntad.

La respuesta de «Rech» a Plejánov tiene además un significado político general. Los kadetes se derechizan no por días, sino por horas. Dicen sin miramientos que entrarán en un trato con la monarquía de las centurias negras y que destruirán las «perniciosas ilusiones revolucionarias».

Los obreros de toda Rusia, estamos seguros, extraerán no poca enseñanza de esta lección. En lugar de los bloques con los k.-d., emprenderán una campaña electoral independiente, atraerán a su lado a la burguesía revolucionaria y empujarán definitivamente al hoyo de la traición política a la banda de políticos burgueses, que embaucan al pueblo con la fraseología sobre la «¡libertad popular»!

«Proletari» núm. 9, diciembre de 1906.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».