Así tituló K. Kautsky el último capítulo de su artículo en los números recién aparecidos de *Neue Zeit*: «Fuerzas motrices y perspectivas de la revolución rusa». Como otros trabajos de Kautsky, este artículo sin duda aparecerá pronto en traducción rusa. Es absolutamente necesario que todos los socialdemócratas lo conozcan, no porque quepa esperar de este teórico alemán del marxismo una respuesta a las candentes cuestiones de nuestra táctica (malos socialdemócratas rusos serían si aguardaran de lejos tales respuestas), sino porque Kautsky examina, con lógica notable, los fundamentos de toda la táctica socialdemócrata en la revolución burguesa rusa. A todos los miembros de nuestro partido, a todos los obreros conscientes, abrumados por el mezquino trabajo cotidiano y aturdidos por las trilladas vulgaridades de los plumíferos liberales burgueses carentes de principios, les resultan especialmente importantes obras como esta, fruto de socialdemócratas reflexivos, conocedores y experimentados, que nos permiten elevarnos sobre la rutina, ahondar en las cuestiones medulares de la táctica del proletariado y representarnos con mayor claridad las tendencias de principio y los propios métodos de pensamiento de las diferentes corrientes dentro de la socialdemocracia.

El reciente artículo de Kautsky reviste particular importancia en este sentido, pues brinda la posibilidad de comparar el carácter de las preguntas planteadas por Plejánov a Kautsky (entre otros socialistas extranjeros) con el modo en que este último responde a algunas de ellas.

Plejánov, a quien el kadete Melgunov dio hoy (10 de diciembre) en *Továrisch* el certero calificativo de «antiguo líder y teórico de la socialdemocracia rusa», preguntaba a Kautsky: 1) sobre el «carácter general» de la revolución rusa: ¿burguesa o socialista?; 2) sobre la actitud de la socialdemocracia hacia la democracia burguesa y 3) sobre la táctica socialdemócrata en las elecciones a la Duma.

El jefe de los oportunistas rusos quería sonsacarle a Kautsky una aprobación de los bloques con los kadetes. El jefe de los socialdemócratas revolucionarios alemanes adivinó que el autor de las preguntas le sugería una respuesta sobre lo que no se dice directamente en ellas y prefirió contestar con una aclaración tranquila, detallada y redactada en forma de propaganda sobre cómo debe un marxista plantear las cuestiones de la revolución burguesa y de la democracia burguesa en general. Analicemos con atención esta aclaración de Kautsky.

Sería superficial considerar la revolución rusa como un movimiento dirigido al derrocamiento del absolutismo. Hay que verla como un despertar de las amplias masas del pueblo a una actividad política independiente. Tal es la premisa fundamental de Kautsky.

Esto significa lo siguiente. Sería superficial aquel análisis de las tareas de la socialdemocracia que se limitara a señalar el logro de la libertad política (derrocamiento del absolutismo) y la «comunidad» de esta tarea entre las distintas clases. Hay que examinar la situación de las masas, las condiciones objetivas de su vida, la diferencia de las clases en su seno, el contenido real de la libertad a la que de hecho aspiran. No hay que deducir la unidad de intereses de una frase general, no hay que pasar de una «libertad política» en abstracto a la conclusión de la lucha conjunta de las distintas clases, sino, al revés, del análisis exacto de la situación y los intereses de las diferentes clases hay que deducir en qué medida y en qué sentido es idéntica o coincide (¿y si quiera coincide?) su lucha por la libertad, su aspiración a la libertad. No hay que razonar al modo kadete, ni al modo liberal, ni a la manera de los señores Prokopóvich y Cía., sino a la manera marxista.

Más aún. Si el punto de partida son los intereses de las masas, el eje de la revolución rusa es el problema agrario (cuestión de la tierra). Sobre la derrota o la victoria de la revolución hay que juzgar no partiendo de las violencias del gobierno y de las manifestaciones de la «reacción» (que acaparan por completo la atención de muchos socialdemócratas de tipo kadete), sino partiendo del balance de la situación de la masa en la lucha por la tierra.

La agricultura es la base de la economía nacional rusa. La agricultura está en decadencia, los campesinos arruinados. Hasta los liberales (Kautsky cita a los kadetes Petrunkévich y Manuílov) lo reconocen. Pero, señalando esa coincidencia de la opinión de liberales y socialistas, Kautsky no se contenta con ello. No se permite extraer de ahí la conclusión kadete: «por tanto, los socialdemócratas deben apoyar a los kadetes». Pasa de inmediato al análisis de los intereses de clase y muestra la inevitabilidad de la tibieza de los liberales en la cuestión agraria. Aunque reconocen la decadencia de la agricultura en general, los liberales no comprenden el carácter capitalista de la agricultura ni la cuestión que de ello se deriva sobre las causas particulares que traban precisamente la evolución capitalista, y no otra.

Y Kautsky examina detalladamente una de esas causas particulares, a saber, la falta de capital en Rusia. En nuestro país el capital extranjero desempeña un papel singularmente destacado. Esto frena el desarrollo capitalista de la agricultura. Conclusión de Kautsky: «La decadencia de la agricultura, unida al crecimiento de las fuerzas del proletariado industrial, constituye la causa principal de la actual revolución rusa».

Como se ve, Kautsky estudia, con atención y cuidado, el carácter especial de la revolución burguesa en Rusia, y no soslaya esas peculiaridades, al igual que los kadetes y los socialdemócratas de tipo kadete, mediante una remisión doctrinaria al «carácter general» de toda revolución burguesa.

A continuación Kautsky examina la solución de la cuestión agraria. Tampoco se conforma aquí con la manida frase liberal: también la Duma kadete está a favor de tierra para los campesinos (véanse los escritos de Plejánov). No. Muestra que ampliar la parcela sin una enorme ayuda en dinero al campesino es nada. El absolutismo es incapaz de ayudar realmente al campesinado. ¿Y los liberales? Ellos exigen rescate. Y el rescate no puede menos que arruinar a los campesinos. «Solo la confiscación de la gran propiedad agraria» (subrayado de Kautsky) es capaz de aumentar considerablemente la parcela del campesino sin imponerle una nueva carga. Pero los liberales se oponen del modo más resuelto a la confiscación.

Conviene detenerse en este razonamiento de Kautsky. Todo el que conozca con cierto detalle los matices de partido en los círculos revolucionarios de Rusia sabe que los oportunistas de ambos partidos revolucionarios, precisamente en la cuestión del rescate, no solo se contagiaron de la opinión liberal, sino que además tergiversaron a Kautsky. Nuestros mencheviques, tanto en el Congreso de Unificación como en toda una serie de reuniones en Petersburgo (por ejemplo, Dan en sus informes de verano sobre el congreso ante los obreros de Petersburgo), señalaban que era errónea aquella cláusula del programa agrario que se aprobó con ayuda de los bolcheviques, quienes exigieron incluir sin falta la confiscación en lugar de la «enajenación» (véase el proyecto inicial de Máslov). Nuestros mencheviques decían que eso era incorrecto, que solo un vulgar revolucionarismo podía insistir en la confiscación, que para una revolución social no importaba si había rescate o no, y a este respecto remitían al folleto de Kautsky *La revolución social*, donde Kautsky, refiriéndose a la revolución socialista en general, explica la admisibilidad del rescate. Y los mencheviques eseristas, los semikadetes eneses, defendían también de idéntica manera su giro hacia el liberalismo en la cuestión del rescate (en uno de los números de *Naródno-Sotsialistícheskoe Obozrénie*), y también remitían a Kautsky.

Probablemente Kautsky no conoce ni la conducta de los mencheviques en esta cuestión ni el significado de la política de los eneses y de su grupo. Pero, con su planteamiento de la cuestión del rescate en la revolución rusa, ha vuelto a dar a todos nuestros oportunistas una notable lección sobre cómo no se debe razonar. De premisas generales acerca de la relación entre rescate y confiscación en distintas revoluciones, o en la revolución socialista en general, no cabe sacar conclusiones sobre el rescate en Rusia en 1905–1906. Hay que proceder al revés. Hay que analizar qué clases en nuestro país, en Rusia, originaron las peculiaridades de nuestro planteamiento de la cuestión del rescate, deducir de los intereses de esas clases el significado político de dicha cuestión en la revolución dada, y entonces valorar lo correcto o incorrecto de las opiniones de los distintos partidos.

Se sobreentiende que, procediendo de este modo, Kautsky no llegó a emborronar la diferencia entre liberales y revolucionarios en la cuestión del rescate (a lo que siempre llegan los plejanovistas y los eneses), sino a poner de relieve la profundidad de esa diferencia. Plejánov, al formular sus preguntas a Kautsky, encubría la diferencia entre el movimiento «de oposición» y el «revolucionario» marginando las cuestiones concretas. Kautsky hizo a un lado esos encubrimientos plejanovistas, sacó a la luz del día la importante cuestión del rescate y mostró a Plejánov que contra el movimiento revolucionario del campesinado no solo luchan «a su modo» los centurias negras, sino también los liberales.

«Sin la abolición del ejército permanente —escribe Kautsky—, sin poner fin a la construcción de la flota de guerra, sin la confiscación de toda la fortuna de la familia del zar y de los monasterios, sin la bancarrota del Estado, sin la confiscación de los grandes monopolios, en la medida en que aún se hallen en manos privadas —ferrocarriles, fuentes de petróleo, minas, fundiciones de hierro, etc.—, no hay de dónde obtener las inmensas sumas que son necesarias para la agricultura rusa a fin de sacarla de su espantoso estado».

Recuerden los discursos mencheviques habituales sobre el utopismo y el fantasear de los bolcheviques, por ejemplo, los discursos de Plejánov en el congreso acerca de la exigencia de unir al radicalismo de las reivindicaciones agrarias el radicalismo político (abolición del ejército permanente, elección popular de los funcionarios, etc.). ¡Plejánov se mofaba de la abolición del ejército permanente y de la elección popular de los funcionarios! La revista plejanovista *Sovreménnaya Zhizn* aprueba la orientación de *Náshe Delo*, calificando al oportunismo político de «materialismo político» (¿?) y contrapone este a la «romántica revolucionaria».

¡Resulta que el prudente Kautsky va mucho más lejos que el más extremo de los bolcheviques, plantea exigencias mucho más «utópicas» y «románticas» (desde el punto de vista del oportunista) en relación con la cuestión agraria!

Kautsky exige no solo la confiscación de las tierras de los terratenientes, no solo la abolición del ejército permanente, sino también la confiscación de los grandes monopolios capitalistas.

Y Kautsky observa, con entera consecuencia, inmediatamente después del pasaje citado: «Está claro que los liberales se asustan ante tan gigantescas tareas, ante tan resueltas modificaciones en las relaciones de propiedad existentes. En el fondo, quieren continuar aplicando la política actual, dejando intactos los fundamentos de la explotación de Rusia por los capitales extranjeros. Se mantienen firmes en favor del ejército permanente, que a sus ojos es lo único que puede asegurar el orden y preservarles su propiedad...»

Plejánov protesta: han procedido injustamente con él; ¡solo preguntaba a Kautsky sobre el apoyo a los partidos de oposición en las elecciones a la Duma, y le responden fuera de tema! ¡Elecciones a la Duma y abolición del ejército permanente! ¡Qué extravagancia del pensamiento anarquista de un fantasioso, qué romántica revolucionaria en lugar del «materialismo político» que exigía el oportunista!

Mas Kautsky prosigue, «con falta de tacto», criticando a los liberales en respuesta a la pregunta sobre las elecciones a la Duma. Les acusa de querer seguir exprimiendo al pueblo ruso mil millones de rublos al año para los gastos militares y los pagos de los empréstitos. «Ellos (los liberales) creen que la institución de la Duma basta para obtener por milagro de debajo de la tierra miles de millones.» «El liberalismo es tan poco capaz de esto (satisfacer a los campesinos rusos) como el zarismo.» Kautsky dedica un capítulo especial a aclarar las relaciones del liberalismo con la socialdemocracia. Señala que en Rusia no existe la democracia burguesa del viejo patrón, en la que la pequeña burguesía urbana ocupaba una posición preponderante. A diferencia de Occidente, en Rusia la pequeña burguesía urbana «nunca será un firme sostén de los partidos revolucionarios».

«En Rusia no hay un sólido armazón de democracia burguesa.» Esta conclusión de Kautsky se basa tanto en el análisis de la situación especial de la pequeña burguesía en las ciudades como en el balance del hecho de que el antagonismo de clase entre capitalistas y proletariado está mucho más fuertemente desarrollado en Rusia que en las épocas de revoluciones burguesas «del viejo patrón». Y la importancia de esta conclusión es enorme. Precisamente en este punto radica el centro de gravedad de toda la «enmienda» que Kautsky introdujo en el planteamiento de la cuestión por Plejánov, enmienda equivalente a un cambio radical.

Plejánov en sus preguntas opera con el viejo patrón de la democracia burguesa, nada más. Emplea una palabra trillada, olvidando por completo determinar, a partir de los datos de Rusia, qué grado de democratismo, qué solidez del mismo, etc., poseen las distintas capas que ahora en Rusia actúan como democracia burguesa. El mérito de Kautsky consiste en haber advertido este pecado fundamental de Plejánov y haberse puesto a explicarle en la práctica el método con que hay que llegar a una comprensión real de la democracia burguesa en Rusia. Y, bajo el diestro análisis de Kautsky, del trillado y viejo patrón empiezan a emerger los perfiles de las fuerzas sociales vivas de Rusia: la pequeña burguesía urbana, la clase de los terratenientes que liberalizan por un kopek y apoyan la contrarrevolución centurianegra por un rublo, los capitalistas que temen al proletariado como al fuego, y, por último, el campesinado.

La nebulosa cuestión de la actitud hacia la «democracia burguesa» (¿de tipo francés de los años cuarenta del siglo pasado?) quedó difuminada. La niebla se disipó. ¡Y era con esa niebla con la que nuestros Prokopóvich, Kuskov, Izgóiev, Struve y demás liberales, a quienes Plejánov hace el juego, cegaban los ojos al pueblo! En lugar de la niebla de los viejos patrones, el análisis auténticamente marxista nos mostró una correlación por completo singular del democratismo de las diferentes capas y elementos de la burguesía rusa.

Con ayuda de este análisis, Kautsky determina la peculiar relación entre el liberalismo ruso y la combatividad revolucionaria del campesinado, ¡relación que los kadetes ocultan conscientemente y muchos socialdemócratas no ven por ceguera! «Cuanto más revolucionario se vuelve el campesino, tanto más reaccionario se torna el gran terrateniente, tanto más deja de ser, como antes lo era, un pilar del liberalismo, tanto más inestables se vuelven los partidos liberales, tanto más se corren a la derecha los profesores y abogados liberales en las ciudades para no perder definitivamente el vínculo con su anterior soporte.» Este proceso «acelera la quiebra del liberalismo».

Solo después de poner al descubierto las raíces de esta quiebra del liberalismo ya en la revolución rusa actual, Kautsky pasa a la respuesta directa a las preguntas de Plejánov. Antes de contestar si hay que apoyar a la «oposición», hay que saber comprender —aclara Kautsky— cuál es la base de clase y la esencia de clase de esa «oposición» (o del liberalismo ruso) y en qué relación se halla el desarrollo de la revolución y de las clases revolucionarias con la situación y los intereses del liberalismo. Aclarando esto en primer lugar, Kautsky llega primero a la quiebra del liberalismo, y solo después introduce al lector en la cuestión que interesa a Plejánov: ¿apoyar a la oposición en las elecciones a la Duma? No es de extrañar que Kautsky no necesitara en absoluto responder a dos tercios de las preguntas de Plejánov...

En cambio las respuestas de Kautsky, sin satisfacer a Plejánov, ayudarán a pensar correctamente a la masa de los socialdemócratas rusos.

1) ¿Revolución burguesa o socialista en Rusia?

No se puede plantear así la cuestión, dice Kautsky. Eso es un viejo patrón. La revolución rusa, por supuesto, no es socialista. De dictadura socialista del proletariado (su «dominio exclusivo») no puede ni hablarse. Pero esta revolución tampoco es burguesa, pues «la burguesía no pertenece a las fuerzas motrices del actual movimiento revolucionario en Rusia». «Allí donde el proletariado actúa independientemente, la burguesía deja de ser una clase revolucionaria.»

Y Kautsky declara, con energía que supera las habituales «faltas de tacto» de los bolcheviques contra los liberales, que nuestra burguesía teme más a la revolución que a la reacción, que odia al absolutismo porque engendra la revolución, ¡que quiere la libertad política para detener la revolución! (¡Y Plejánov identificaba inocentemente en sus preguntas la lucha de la oposición contra el antiguo régimen y la lucha contra las tentativas del gobierno de aplastar el movimiento revolucionario!)

Esta primera respuesta de Kautsky constituye la más brillante confirmación de todo el fundamento básico de la táctica del bolchevismo. Comenzando por los periódicos ginebrinos *Vperiod* y *Proletari*, y continuando con el folleto *Dos tácticas*, los bolcheviques rusos siempre han visto la base de su lucha contra el menchevismo en la tergiversación por parte de los socialdemócratas de derecha del concepto de «revolución burguesa». Cientos de veces dijimos y mostramos con innumerables declaraciones de los mencheviques que comprender la categoría «revolución burguesa» en el sentido de reconocerle a la burguesía la primacía y el papel dirigente en la revolución rusa equivale a vulgarizar el marxismo. Revolución burguesa a pesar de la inestabilidad de la burguesía, mediante la parálisis de la inestabilidad de la burguesía: así formulaban los bolcheviques la tarea fundamental de la socialdemocracia en la revolución.

El análisis de Kautsky nos proporciona la más plena satisfacción. Kautsky ha confirmado por completo aquello a lo que aspirábamos: defender la posición de la socialdemocracia revolucionaria contra el oportunismo, y no en modo alguno crear una corriente «original» bolchevique. Y esta confirmación es tanto más valiosa cuanto que se ofrece mediante la exposición de la esencia del asunto y no con una simple «aprobación» de general hacia tal o cual fracción.

2) Kautsky no solo considera «muy posible» que en el «curso de la revolución la victoria corresponda al partido socialdemócrata», sino que declara igualmente un deber de los socialdemócratas «infundir a sus partidarios la confianza en la victoria, pues no se puede luchar exitosamente renunciando de antemano a ella».

Esta conclusión de Kautsky es la segunda brillante confirmación de la táctica del bolchevismo. Cualquiera medianamente familiarizado con la literatura de las dos orientaciones en la socialdemocracia debe saber que los mencheviques se esforzaban con todas sus fuerzas en negar la posibilidad y la conveniencia de la victoria de la socialdemocracia en la actual revolución rusa. Los mencheviques, ya en su conferencia de la primavera de 1905 (con la participación de Plejánov, Axelrod y otros), adoptaron una resolución en el sentido de que el partido socialdemócrata no debe aspirar a la conquista del poder. Y desde entonces esta idea —los socialdemócratas no pueden aspirar a la victoria socialdemócrata en la revolución burguesa— atraviesa como un hilo rojo (o negro) toda la literatura y toda la política del menchevismo.

Esta política es oportunismo. La victoria de la socialdemocracia en la actual revolución rusa es muy posible. Estamos obligados a infundir la confianza en esta victoria a todos los partidarios del partido obrero. No se puede luchar exitosamente si de antemano se renuncia a la victoria.

Estas verdades simples y claras, enturbiadas por la sofística y la escolástica plejanovistas, deben ser meditadas y asimiladas por todo nuestro partido.

3) Pensar que «todas las clases y partidos que aspiran a la libertad política deben, simple y llanamente, actuar conjuntamente para alcanzarla» significa «fijarse solo en la superficie política de lo que acontece».

Esta es la tercera confirmación del bolchevismo. No cabe, basándose únicamente en que los kadetes «luchan a su modo por la libertad», llegar a la conclusión de la acción conjunta con ellos. Esto es el abc del marxismo, enturbiado solo temporalmente por Plejánov y Axelrod con sus admiradores.

4) ¿Cuál es entonces la clase que puede ayudar al proletariado socialdemócrata a vencer en la presente revolución, apoyarlo y determinar los límites de las transformaciones inmediatamente realizables? Esta clase, en opinión de Kautsky, es el campesinado. Solo el campesinado posee «una firme comunidad de intereses económicos» «durante todo el tiempo que dure la revolución». «En la comunidad de intereses del proletariado industrial y del campesinado radica la fuerza revolucionaria de la socialdemocracia rusa y la posibilidad de su victoria, pero esa misma comunidad determina también los límites del posible aprovechamiento de dicha victoria.»

Esto significa: no dictadura socialista del proletariado, sino dictadura democrática del proletariado y del campesinado. En otras palabras, Kautsky ha formulado la antigua premisa fundamental de toda la táctica de los socialdemócratas revolucionarios, a diferencia tanto de los oportunistas como de los «exaltados». Toda victoria real y completa de la revolución no puede ser sino dictadura, decía Marx, refiriéndose naturalmente a la dictadura (es decir, el poder no limitado por nada) de la masa sobre un puñado, y no a la inversa. Pero para nosotros lo importante, por supuesto, no es tal o cual formulación de los bolcheviques sobre su táctica, sino la esencia de esta, íntegramente confirmada por Kautsky.

Quien quiera pensar a la manera marxista, y no a la manera kadete, sobre el papel del proletariado en nuestra revolución y sobre su «aliado» posible y necesario, tiene que llegar a las concepciones de la socialdemocracia revolucionaria, y no de la oportunista, acerca de los fundamentos de la táctica proletaria.

Escrito el 10 (23) de diciembre de 1906.

Publicado el 20 de diciembre de 1906 en el periódico *Proletari*, núm. 10.

Se publica según el texto del periódico.