La admisión de bloques con los kadetes ha definido definitivamente la fisonomía de los mencheviques como ala oportunista del partido obrero. Contra los bloques con los kadetes desplegamos y debemos desplegar la más amplia y más implacable lucha ideológica. Esta lucha será la que mejor eduque y cohesione a las masas del proletariado revolucionario, las cuales, en nuestra campaña electoral independiente (no sólo de palabra, sino de hecho, es decir, sin bloques con los kadetes), recibirán nuevo material para el desarrollo de su autoconciencia de clase.

Surge la pregunta de cómo compaginar esta implacable lucha ideológica con la disciplina de partido del proletariado. Esta cuestión hay que plantearla directamente y esclarecerla de inmediato por completo, para que no haya ningún malentendido ni vacilación alguna en la política práctica de la socialdemocracia revolucionaria.

Examinemos primero el aspecto de principio, y después el aspecto práctico de esta cuestión, que interesa directamente a todos.

Por principio, ya hemos definido más de una vez nuestro punto de vista sobre la importancia de la disciplina y sobre el concepto de disciplina en el partido obrero. Unidad de acción, libertad de discusión y crítica: he aquí nuestra definición. Sólo una disciplina así es digna del partido democrático de la clase avanzada. La fuerza de la clase obrera es la organización. Sin la organización de las masas, el proletariado no es nada. Organizado, lo es todo. La organización es la unidad de acción, la unidad de la actuación práctica. Pero, naturalmente, toda acción y toda actuación son valiosas únicamente porque y en la medida en que impulsan hacia adelante y no hacia atrás, en la medida en que unen ideológicamente al proletariado, elevándolo y no rebajándolo, no corrompiéndolo, no debilitándolo. La organización sin ideas es un absurdo que, en la práctica, convierte a los obreros en miserables lacayos de la burguesía dominante. Por eso, sin libertad de discusión y crítica, el proletariado no reconoce la unidad de acción. Por eso, los obreros conscientes no deben olvidar nunca que existen violaciones de principios tan graves que hacen obligatoria la ruptura de todas las relaciones organizativas.

Para que ningún plumífero intruso tergiverse mis palabras, pasaré inmediatamente del planteamiento general al planteamiento concreto de la cuestión. La admisión por los socialdemócratas de bloques con los kadetes, ¿exige la ruptura total de las relaciones organizativas, es decir, la escisión? Pensamos que no, y así lo piensan todos los bolcheviques. En primer lugar, los mencheviques apenas empiezan a emprender, de manera vacilante e insegura, el camino del oportunismo práctico en grande[29]. Aún no se ha secado la tinta con la que Mártov escribió su renuncia a Cherevanin, que admitía los bloques con los k.-d., escrita en aquellos tiempos en que desde Ginebra aún no se había dado la consigna kadete{72}. En segundo lugar —y esto es aún mucho más importante—, la situación objetiva de la lucha actual del proletariado en Rusia es tal que empuja con fuerza irresistible a pasos determinados y decisivos. Tanto si la revolución marcha hacia un gran auge (como pensábamos nosotros) como hacia una completa decadencia (como piensan ciertos socialdemócratas, temiendo decirlo), la táctica de los bloques con los k.-d. se hará añicos inevitablemente y en un futuro no muy lejano. Sin caer en el nerviosismo intelectual, estamos obligados, por consiguiente, a preservar ahora la unidad del partido, confiando en la firmeza del proletariado revolucionario, en su sano instinto de clase. En tercer y último lugar, en la práctica, en la presente campaña electoral, la decisión de los mencheviques y del CC en favor de los bloques no obliga a las organizaciones locales y no impone a todo nuestro partido en su conjunto esta vergonzosa táctica de los bloques con los k.-d.

Ahora, sobre el planteamiento concreto de la cuestión. ¿Hasta qué punto son obligatorias las decisiones de la conferencia de toda Rusia del POSDR? ¿Y las directivas del CC? ¿Y hasta qué punto son autónomas las organizaciones locales del partido?

Estas cuestiones habrían suscitado, indudablemente, disputas interminables en nuestro partido si la propia conferencia no las hubiera resuelto. Todos los miembros de la conferencia estuvieron de acuerdo en que sus decisiones no son obligatorias y no atan a nadie en nada, porque la conferencia es un organismo consultivo y no decisorio. Sus delegados no fueron elegidos democráticamente, sino designados por el Comité Central de entre las organizaciones que éste indicó y en el número que él señaló. Por eso, los bolcheviques, los letones y los polacos en la conferencia no perdieron el tiempo en pulir la resolución menchevique sobre los bloques, no elaboraron compromisos (¡como el reconocimiento del boicot como algo correcto junto con la admisión de bloques con la burguesía monárquica!), sino que contrapusieron directamente su propia plataforma, sus propias consignas, su propia táctica para la campaña electoral. Precisamente esta conducta de los bolcheviques era absolutamente necesaria en una conferencia consultiva, que debía no reemplazar al congreso, sino prepararlo; no resolver la cuestión, sino plantearla de modo más claro y preciso; no cerrar, no velar la lucha intrapartidaria, sino orientarla, hacerla más integral y más ideológica.

Sigamos adelante. Las resoluciones de la conferencia pasan a ser (con uno u otro cambio) directivas del CC. Las directivas del CC son obligatorias para todo el partido. ¿Dentro de qué límites son obligatorias en esta cuestión?

Como es natural, dentro de los límites de las resoluciones del congreso y de la autonomía de las organizaciones locales del partido reconocida por el congreso. Sobre estos límites, las disputas podrían ser nuevamente interminables e irresolubles (porque la resolución del Congreso de Unificación prohíbe todo bloque con partidos burgueses en la campaña electoral), si la conferencia no hubiera aprobado, con el consentimiento tanto de mencheviques como de bolcheviques y de miembros del CC, una de sus resoluciones menos elásticas. La ausencia de divisiones fraccionales en la votación de esta resolución es una importante garantía de la unidad y de la capacidad combativa del partido obrero. He aquí el texto de esta resolución:

«La conferencia expresa su convicción de que, dentro de los límites de una misma organización, todos sus miembros están obligados a aplicar todas las decisiones relativas a la campaña electoral adoptadas por el órgano competente de las organizaciones locales, dentro de los límites de las directivas generales del CC, pudiendo el CC prohibir a las organizaciones locales presentar listas no puramente socialdemócratas, pero no debiendo obligarlas a presentar listas no puramente socialdemócratas»{73}.

Las partes subrayadas por nosotros eliminan las disputas interminables y, es de esperar, eliminarán las fricciones indeseables y peligrosas. Las directivas generales del CC no pueden ir más allá del reconocimiento de los bloques con los k.-d. como admisibles. Todos los socialdemócratas, sin distinción de fracciones, declararon a este respecto que los bloques con los k.-d. son, de todos modos, algo no muy decente, ya que todos nosotros concedemos al Comité Central el derecho de prohibirlos, pero no le concedemos el de imponerlos.

La conclusión es clara. Ante el partido hay dos plataformas. Una, la de los 18 delegados de la conferencia, mencheviques y bundistas. La otra, la de los 14 delegados, bolcheviques, polacos y letones. Los órganos competentes de las organizaciones locales son libres de elegir, modificar, complementar o reemplazar estas plataformas por otras nuevas. Una vez adoptada la decisión por los órganos competentes, todos nosotros, miembros del partido, actuamos como un solo hombre. El bolchevique en Odesa debe depositar en la urna una papeleta con el nombre de un kadete, aunque esto repugne al bolchevique. El menchevique en Moscú debe depositar en la urna una papeleta con los nombres de socialdemócratas solamente, aunque su alma añore a los kadetes.

Pero las elecciones no son mañana. ¡Que se agrupen, pues, con mayor cohesión todos los socialdemócratas revolucionarios y desplieguen la más amplia, la más implacable lucha ideológica contra los bloques con los kadetes, que frenan la revolución, debilitan la lucha de clase proletaria y corrompen la conciencia cívica de las masas!

*Proletari*, n.º 8, 23 de noviembre de 1906.

Se imprime según el texto del periódico *Proletari*.