Los mencheviques, con ayuda de los bundistas, han hecho aprobar en la conferencia panrusa del POSDR la admisibilidad de los bloques con los kadetes. La prensa kadete se regocija y difunde la buena nueva por todos los confines del mundo, empujando suavemente a los mencheviques un peldaño más abajo, un paso más a la derecha. El lector encontrará en otro lugar las resoluciones de la conferencia, la opinión particular de los socialdemócratas revolucionarios y su proyecto de llamamiento a los electores[24]. Aquí intentaremos describir el significado político general y fundamental de los bloques con los k.-d.

Un buen material para esta descripción lo proporciona el número 6 del *Sotsial-Demokrat* y, especialmente, el artículo editorial «El bloque de la extrema izquierda». Empecemos por uno de los pasajes más característicos de este artículo.

Se nos dice —escribe el *S.-D.*— que «los mencheviques, que se planteaban como tarea empujar a toda la Duma por la vía revolucionaria, después de su disolución abandonaron su posición y concertaron un bloque con los partidos y grupos revolucionarios, el cual se expresó, en 1.er lugar, en la edición de dos proclamas comunes —al ejército y al campesinado—, y en 2.º lugar, en la formación de un comité para coordinar las acciones en vista de la huelga que se avecinaba. Esta referencia al precedente se basa en un gran malentendido. En el caso señalado, nuestro partido concertó con otros partidos y grupos revolucionarios no un bloque político, sino un acuerdo de combate, que siempre hemos considerado conveniente y necesario».

(Cursiva del *Sotsial-Demokrat*.)

…No un bloque político, sino un acuerdo de combate… ¡Teman a Dios, camaradas mencheviques! Esto no solo es algo carente de sentido, sino directamente casi analfabeto. Una de dos: o ustedes entienden por bloque solo los acuerdos parlamentarios, o no solo los parlamentarios. Si lo primero, entonces el bloque es un acuerdo de combate para la lucha parlamentaria. Si lo segundo, entonces el acuerdo de combate es un bloque político, pues un «combate» que no tiene significado político no es un combate, sino simplemente una pelea.

¡Camaradas del Comité Central! vigilen a sus redactores, de verdad, vigilen, pues da vergüenza por la socialdemocracia.

—¿No provendrá la jerigonza que se le ha servido al lector en el órgano del CC de un simple lapsus? ¿De una expresión torpe?

—En absoluto. El error del *Sotsial-Demokrat* no consiste en que haya resultado una curiosidad, sino, al contrario, la curiosidad resultó de que en la base de todos sus razonamientos y de toda su posición hay un error de raíz. La combinación absurda de palabras: «no un bloque político, sino un acuerdo de combate»[25], no es casual, sino que ha brotado de manera necesaria e inevitable del «sinsentido» fundamental del menchevismo, que consiste en la incomprensión de que hoy en Rusia la lucha parlamentaria está enteramente subordinada, y además de la manera más directa, a las condiciones y al carácter de la lucha extraparlamentaria. En otras palabras: un desliz lógico aislado expresa la incomprensión general que tienen los mencheviques de todo el papel y de todo el significado de la Duma en la actual situación revolucionaria.

Por supuesto, no vamos a imitar a los mencheviques y a su jefe Plejánov en sus procedimientos de polémica con nosotros sobre la cuestión del «combate» y de la «política». No vamos a reprocharles que ellos, dirigentes de la socialdemocracia proletaria, sean capaces de concertar un acuerdo de combate no político.

Llamamos la atención sobre la siguiente cuestión: ¿por qué nuestros mencheviques tuvieron que entrar, después de la disolución de la Duma, en un bloque solo con los partidos y grupos revolucionarios? Por supuesto, no porque esto lo hubiera predicado desde hace tiempo (exclusivamente por odio a los mencheviques) un tal Lenin, anarco-blanquista. Las condiciones objetivas obligaron a los mencheviques, en contra de todas sus teorías, a concertar precisamente ese bloque revolucionario, antikadete. Las condiciones objetivas, al margen de la voluntad y de la conciencia de los mencheviques, llevaron a que el desarrollo dialéctico de la lucha parlamentaria pacífica en la primera Duma la transformara en pocos días en una lucha completamente no pacífica, no parlamentaria. El bloque político no consciente para los mencheviques (debido a las anteojeras kadetes que tenían sobre sus ojos), no concertado formalmente —que se expresaba en la comunidad de deseos y aspiraciones políticas inmediatas, en la comunidad de medios de lucha por los objetivos políticos inmediatos—, este «bloque político» inconsciente se transformó por la fuerza de las cosas en un «acuerdo de combate». Y nuestros sabios se desconcertaron tanto ante esta sorpresa, no prevista en las cartas de Plejánov de la época de la primera Duma{66}, que gritaron: «¡esto no es un bloque político, sino un acuerdo de combate!».

He ahí por qué su política no sirve para nada, estimados camaradas: porque prevén acuerdos para un «combate» que es ineficaz, ficticio, desprovisto de importancia decisiva, y dejan escapar las condiciones de un «combate» que todo el curso de la revolución rusa coloca en escena con fuerza incontenible, que brota incluso de condiciones que a primera vista son de lo más pacíficas, parlamentarias, constitucionales, que brota incluso de condiciones como aquellas que cantaban los Rodíchev dumescos en sus discursos sobre el monarca adorado e irresponsable.

Ustedes cometen exactamente el error del que inútilmente acusan a los bolcheviques. Su política no es una política de combate. Su combate no es un combate realmente político, sino un combate juguete-constitucional, es cretinismo parlamentario. Para el «combate» que las condiciones pueden exigir mañana mismo, tienen una línea de acuerdos; para la «política» tienen otra línea de acuerdos. Y por eso no sirven ni para el «combate» ni para la «política», sino solo para el papel de repetidores de los kadetes.

En nuestro partido se discute ahora mucho sobre el significado de la palabra «bloques». Uno dice: bloque es una lista común. Otro: no, bloque es una plataforma común. Todas estas discusiones son estúpidas, escolásticas. La esencia del asunto no cambia ni en un ápice por el hecho de que llamen bloques a acuerdos más estrechos o menos estrechos. La esencia de la disputa no consiste en absoluto en si son admisibles los acuerdos estrechos o no estrechos. Quien piensa así se hunde en la pequeña y mezquina técnica parlamentaria, olvidando el contenido político de esta técnica. La esencia de la disputa estriba en qué línea debe seguir el proletariado socialista para concertar acuerdos con la burguesía, acuerdos inevitables, en términos generales, en la revolución burguesa. Los bolcheviques pueden disentir entre sí en detalles: si son necesarios acuerdos en las elecciones con tal o cual partido de la burguesía revolucionaria, pero la esencia de la disputa entre bolcheviques y mencheviques no está en eso. La esencia de la disputa sigue siendo la misma: ¿debe el proletariado socialista en la revolución burguesa ir detrás de la burguesía liberal-monárquica o delante de la burguesía democrático-revolucionaria?

El artículo «El bloque de la extrema izquierda» ofrece multitud de ejemplos de cómo el pensamiento de los mencheviques se desvía de la esencia política del desacuerdo hacia menudencias vacías. El propio autor del artículo denomina táctica de bloque (pág. 2, columna 3) tanto la plataforma común como la lista común. Y al mismo tiempo afirma que nosotros defendemos el «bloque» con trudoviques y eseristas, mientras que los mencheviques no defienden un bloque, sino solo «acuerdos parciales» con los kadetes. ¡Pero si esto es una niñería, estimados camaradas, y no argumentación!

Comparen la resolución de los mencheviques, aprobada en la Conferencia Panrusa, y la resolución de los bolcheviques. La segunda plantea para los acuerdos con los eseristas condiciones más estrechas que la primera para los acuerdos con los kadetes. Esto es indiscutible, pues, en primer lugar, los bolcheviques admitieron acuerdos solo con partidos que luchan por la república y que reconocen la necesidad de la insurrección armada, mientras que los mencheviques admitieron acuerdos con «partidos democráticos de oposición» en general. Es decir, los bolcheviques definieron el concepto de burguesía revolucionaria con claros rasgos políticos, mientras que los mencheviques, en vez de una definición política, dieron solo un vocablo técnico-parlamentario. República e insurrección armada son categorías políticas determinadas. Oposición es un término solo parlamentario. Este término es tan impreciso que incluye tanto a los octubristas como a los renovadores pacíficos y a todos los descontentos con el gobierno. Es verdad que el añadido «democráticos» aporta un momento político, pero es indeterminado. Con él se entiende a los kadetes. Y esto es precisamente falso. Llamar «democrático» a un partido monárquico, a un partido que admite la cámara alta, a un partido que propuso leyes penales sobre las reuniones y la prensa, a un partido que eliminó del mensaje de respuesta el sufragio directo, igual y secreto, a un partido que negó los comités agrarios elegidos por todo el pueblo, significa engañar al pueblo. Es una palabra muy dura, pero justa. Los mencheviques engañan al pueblo respecto al democratismo de los kadetes.

En segundo lugar, los bolcheviques admiten acuerdos con los republicanos burgueses solo como «excepción». Los mencheviques no exigen que los bloques con los kadetes sean solo una excepción.

En tercer lugar, los bolcheviques prohíben categóricamente cualquier tipo de acuerdos en la curia obrera («con ningún otro partido»). Los mencheviques admiten bloques también en la curia obrera, pues aquí se prohíben solo los acuerdos con grupos y partidos «que no se sitúan en el punto de vista de la lucha de clases del proletariado». Esto no es casual, pues en la conferencia hubo mencheviques con instinto de clase proletaria que discutieron contra esta formulación absurda, pero fueron derrotados por el número predominante de mencheviques. Resultó algo completamente indefinido y nebuloso, que deja pleno campo a cualquier aventurerismo. Y además, surgió una idea ya del todo mala para un marxista, la idea de que otro partido, aparte del socialdemócrata, pueda ser reconocido como «que se sitúa en el punto de vista de la lucha de clases del proletariado».

Entonces, ¿cómo no calificar al menos de niñerías los intentos de demostrar que los bolcheviques reconocen un bloque más estrecho con la burguesía republicana, los eseristas, que los mencheviques con la monárquica, con los kadetes?

El razonamiento completamente falso sobre bloques más o menos estrechos sirve para encubrir la cuestión política de con quién y para qué son admisibles los bloques. Tomen el «Proyecto de plataforma electoral», publicado en el número 6 del *Sotsial-Demokrat*. Este documento es uno de la masa de documentos de la política menchevique que demuestran la existencia de un bloque ideológico de los mencheviques con los kadetes. La resolución de la conferencia sobre las «enmiendas» necesarias a este proyecto de plataforma electoral lo muestra con evidencia{67}. ¡Piénsenlo bien: una conferencia de socialdemócratas tuvo que recordar a su CC que de una publicación ilegal no se puede omitir la consigna de la república, que no se puede limitarse a palabras generales y nebulosas sobre la petición y la lucha, sino que es necesario nombrar y caracterizar con precisión, desde el punto de vista proletario, a los distintos partidos, que hay que señalar la necesidad de la insurrección, subrayar el carácter clasista de la socialdemocracia! Recordar al Comité Central del partido s.-d. la necesidad de subrayar en el primer llamamiento electoral del partido su carácter clasista: solo una profunda anormalidad, un error radical en las concepciones del CC pudo llevar a la posibilidad de semejante recordatorio.

Aún no se sabe si se concertarán entre nosotros acuerdos prácticos con los k.-d. y en qué medida. Pero el acuerdo ideológico, el bloque ideológico, ya está presente: el encubrimiento en el proyecto de plataforma electoral de la diferencia entre el punto de vista del proletariado y el punto de vista de la burguesía liberal-monárquica[26]. Por el contrario, en el proyecto bolchevique de llamamiento a los electores vemos la indicación no solo de esta diferencia, sino también de la diferencia entre el punto de vista del proletariado y el punto de vista de la clase de los pequeños patronos.

En la cuestión de los bloques electorales es precisamente este aspecto ideológico, de principios, el que debe ser puesto en primer plano. Son vanos todos los intentos de los mencheviques de justificarse: ¡seremos independientes en toda la agitación electoral, no la recortaremos en nada y solo en el último minuto insertaremos a nuestros candidatos en la lista de los k.-d.!

Esto no es verdad. Estamos seguros, por supuesto, de que los mejores de los mencheviques lo desean sinceramente. Pero no se trata de sus deseos, sino de las condiciones objetivas de la lucha política actual. Estas condiciones hacen que cada paso de los mencheviques en su campaña electoral esté ya manchado de kadetismo, esté ya caracterizado por el oscurecimiento del punto de vista s.-d. Lo hemos mostrado con el ejemplo del proyecto de plataforma electoral y lo mostraremos ahora con toda una serie de otros documentos y razonamientos.

El principal argumento de los mencheviques es el peligro de las centurias negras. Primera y fundamental falsedad de este argumento: el peligro de las centurias negras no se puede combatir con la táctica kadete ni con la política kadete. La esencia de esta política es la conciliación con el zarismo, es decir, con el peligro de las centurias negras. La primera Duma mostró suficientemente que el kadete no combate el peligro de las centurias negras, sino que pronuncia discursos increíblemente viles sobre la inocencia e irresponsabilidad del monarca, notorio jefe de las centurias negras. Por eso, al llevar a la Duma a los kadetes, los mencheviques no solo no combaten el peligro de las centurias negras, sino que, al contrario, ofuscan los ojos del pueblo, oscurecen el significado real del peligro de las centurias negras. Combatir el peligro de las centurias negras llevando a la Duma a los kadetes es lo mismo que combatir un pogromo mediante el discurso del lacayo Rodíchev: «es un atrevimiento considerar al monarca responsable del pogromo»{68}.

El segundo pecado del argumento en boga es la concesión silenciosa del socialdemócrata al kadete de la hegemonía en la lucha democrática. ¿Por qué, al dispersarse los votos, asegurando la victoria del centurionegrista, vamos a ser nosotros culpables de no haber votado por el kadete, y no será el kadete culpable de no haber votado por nosotros?

—Estamos en minoría —responden los mencheviques penetrados de humildad cristiana—. Los kadetes son más. Los kadetes no pueden declararse revolucionarios.

—¡Sí! Pero eso no es un argumento para que los s.-d. se declaren kadetes. En ninguna parte del mundo, en caso de un desenlace a medias de la revolución burguesa, ha habido ni podía haber que los s.-d. se encontraran en mayoría frente a los demócratas burgueses. Y en todas partes, en todos los países, la primera actuación independiente de los s.-d. en una campaña electoral fue acogida con gritos y alaridos de los liberales, que acusaban a los socialistas de prestar ayuda a las centurias negras.

Por eso acogemos con mucha calma el grito habitual de los mencheviques: los bolcheviques favorecen el triunfo de los centurionegristas. Todos los liberales han gritado esto a todos los socialistas. Al renunciar a la lucha contra los k.-d., dejan bajo la influencia ideológica de los kadetes a las masas de elementos proletarios y semiproletarios que son capaces de seguir a los s.-d.[27] Si no hoy, mañana, si no dejan de ser socialistas, tendrán que entrar en un combate independiente, a pesar del peligro de las centurias negras. Y hoy es más fácil y más necesario dar un paso correcto que mañana. En la tercera Duma (si llega a convocarse después de la segunda) les será aún más difícil romper el bloque con los k.-d., se enredarán aún más en relaciones antinaturales con los traidores a la revolución. Y el peligro real de las centurias negras, repetimos, no son en absoluto los mandatos negros en la Duma, sino los pogromos, los tribunales militares. Con este peligro real dificultan la lucha al pueblo, colocándole sobre los ojos las anteojeras kadetes.

Tercera falsedad del argumento en boga: una valoración incorrecta de la Duma y de su papel. En el precioso artículo «El bloque de la extrema izquierda», los mencheviques tuvieron que reconocer, refutando sus afirmaciones habituales, que la esencia del asunto no está en los acuerdos técnicos, sino precisamente en la diferencia política radical de dos tácticas.

En este artículo leemos:

«La táctica del "bloque", consciente o inconscientemente, está calculada para que en la futura Duma se forme una minoría revolucionaria cohesionada con un matiz s.-d. desdibujado, que llevaría una guerra sistemática contra la mayoría dumesca tanto como contra el gobierno, y que, en un momento dado, derribando la Duma, se proclamaría gobierno provisional. La táctica de los acuerdos parciales está orientada a utilizar, en lo posible, la Duma como un todo, es decir, a la mayoría dumesca, para la lucha contra el régimen autocrático, conservando al mismo tiempo en la Duma en todo momento la posición extrema de una fracción s.-d. independiente».

En lo referente al «matiz desdibujado», ya hemos demostrado que los mencheviques son culpables precisamente de esto, tanto en las elecciones a la curia obrera, como en la admisión más libre de los bloques, como en la sustitución ideológica del socialdemocratismo por el kadetismo. En cuanto a la «proclamación» del gobierno provisional, es igualmente risible la afirmación de los mencheviques, que olvidan que la cuestión no está en la proclamación, sino en todo el curso y en el éxito de la insurrección. Un gobierno provisional que no sea órgano de la insurrección es una palabra vacía o una aventura vacía.

Pero, en esencia, los mencheviques dijeron sin querer una santa verdad en la cita transcrita. En efecto, todo se reduce precisamente a si sacrificamos o no la independencia de la campaña electoral s.-d. en aras de una Duma liberal «compacta» («la Duma como un todo»). En efecto, para los bolcheviques es más importante la plena independencia de la campaña electoral, el carácter plenamente (y no semikadete) socialdemócrata de nuestra política y de nuestra fracción. Mientras que para los mencheviques es más importante una Duma kadete compacta con un gran número de s.-d. elegidos de forma semikadete. Dos tipos de Duma: 200 negros, 280 k.-d., 20 s.-d. o 400 k.-d. y 100 s.-d. Nosotros preferimos el primer tipo y consideramos una niñería tomar la eliminación de los negros de la Duma como la supresión del peligro negro.

Para nosotros la línea es en todas partes una sola: tanto en el combate electoral, como en el combate dumesco, como en el combate callejero —con las armas en la mano. En todas partes: los s.-d. con la burguesía revolucionaria contra los kadetes traidores. Mientras que los mencheviques llevan el combate «dumesco» junto con los kadetes (apoyo a la Duma como un todo y al ministerio kadete), y en caso de insurrección cambian de política y conciertan «no un bloque político, sino un acuerdo de combate». Por eso tenía razón aquel bolchevique que dijo en la conferencia: al apoyar los bloques con los k.-d., los bundistas pasaron de contrabando el apoyo al ministerio kadete.

La cita que hemos copiado es una confirmación excelente de cómo los bloques con los kadetes convierten en frase vacía las buenas palabras de la resolución menchevique sobre las consignas en la campaña electoral: «organizar las fuerzas de la revolución dentro de la Duma» (¿y no organizar un apéndice de los kadetes, desorganizando las fuerzas reales de la revolución?), «poner de manifiesto la impotencia de la Duma» (¿y no ocultar a las masas la impotencia de los kadetes?), «explicar a las masas el carácter ilusorio de las esperanzas en un desenlace pacífico de la lucha» (¿y no fortalecer en las masas la influencia del partido de los k.-d., que engendra ilusiones?).

Y la prensa kadete ha evaluado de manera excelente el significado político de los bloques mencheviques con los k.-d. Dijimos más arriba: detrás de los liberales o delante de los revolucionarios. En confirmación de esto remitimos a nuestra prensa política.

¿Encontrarán ustedes confirmaciones serias y masivas de que los bolcheviques van detrás de los revolucionarios burgueses, en dependencia de ellos? Es ridículo siquiera hablar de ello. Toda la prensa rusa lo muestra de manera evidente, y todos los enemigos de los revolucionarios reconocen que precisamente los bolcheviques llevan una línea política independiente, arrastrando tras de sí a grupos aislados y a los mejores elementos de los revolucionarios burgueses.

¿Y los oportunistas burgueses? Estos poseen una prensa diez veces mayor que todos los s.-d. y s.-r. juntos. Y precisamente ellos llevan de forma independiente una línea política, convirtiendo a los mencheviques y a los enesistas en simples repetidores.

De las resoluciones de los mencheviques, toda la prensa kadete cita solo los pasajes sobre los bloques y omite «la impotencia de la Duma», «la organización de las fuerzas de la revolución dentro de la Duma» y otras cosas por el estilo. Los kadetes no solo omiten estas cosas, sino que directamente las critican, hablando ya de «frases», ya de la «inconsecuencia» de los mencheviques, ya de la «falta de firmeza de las consignas del menchevismo», ya de la «influencia perniciosa de los bolcheviques sobre los mencheviques».

¿Qué significa esto? Significa que, independientemente de nuestra voluntad, en contra de los deseos de los mejores mencheviques, la vida política absorbe su obra kadete y desecha sus frases revolucionarias.

El kadete se embolsa la ayuda de los mencheviques, palmotea a Plejánov en el hombro por la predicación de los bloques y, al mismo tiempo, con desprecio, groseramente, como un comerciante ahíto de ganancias usurarias, grita: ¡esto es poco, señores mencheviques! ¡hace falta todavía un acercamiento ideológico! (véanse los artículos de *Továrisch* a propósito de la carta de Plejánov{69}), ¡es poco, señores mencheviques, hace falta todavía cesar o, en todo caso, cambiar la polémica! (véase el periódico kadete de izquierda *Vek*{70}, editorial sobre las resoluciones de nuestra conferencia). Ya no hablo de *Rech*, que simplemente corta a los mencheviques que suspiran por los kadetes, declarando: «¡nosotros vamos a la Duma a legislar», y no a hacer la revolución!

¡Pobres mencheviques, pobre Plejánov! Sus misivas amorosas a los kadetes han sido leídas con gusto, pero aún no se les permite pasar de la antecámara.

Observen la intervención de Plejánov en el periódico burgués kadete *Továrisch*. Con qué entusiasmo lo recibieron el señor Prokopóvich y la señora Kúskova, los mismos a quienes Plejánov expulsó del partido s.-d. en 1900 por intentos de corrupción burguesa de este. Ahora Plejánov ha adoptado la táctica del famoso *Credo*[28] de Prokopóvich y Kúskova, y los bernsteinianos le envían descaradamente besos al aire, gritando: ¡nosotros, los demócratas burgueses, siempre lo hemos dicho!

Y Plejánov, para entrar en la antecámara kadete, tuvo que renegar ante todo el pueblo de sus declaraciones de ayer.

He aquí los hechos.

En el número 6 del *Dnevnik*{71}, en julio de 1906, después de la disolución de la Duma, Plejánov escribía que los partidos que participan en el movimiento deben ponerse de acuerdo. Para golpear juntos, hay que ponerse de acuerdo previamente. «Los partidos hostiles a nuestro viejo orden deben... ponerse de acuerdo entre sí sobre la idea fundamental de esta propaganda. Y después de la disolución de la Duma, tal idea solo puede ser la idea de la Asamblea Constituyente»...

...«Solo» la idea de la Asamblea Constituyente. Tal era el plan de bloque político y de acuerdo de combate de Plejánov en julio de 1906.

Cinco meses después, hacia noviembre de 1906, Plejánov cambia la línea de acuerdo. ¿Por qué? ¿Acaso cambió desde entonces la correlación de los partidos que exigen la Asamblea Constituyente y los que no la exigen?

Los kadetes, desde entonces, según el reconocimiento general, se han ido aún más a la derecha. Y Plejánov va a la prensa kadete, silenciando lo de la Asamblea Constituyente, de la que está prohibido hablar en las antecámaras liberales.

¿No es evidente que este socialdemócrata ha resbalado?

Pero esto no es todo. En el mismo número 6 del *Dnevnik*, Plejánov hablaba directamente de los kadetes. Plejánov explicaba entonces (¡eso fue hace tanto, tanto tiempo!) el carácter clasista y egoísta de la desconfianza kadete hacia la idea de la Asamblea Constituyente. Plejánov escribía entonces sobre los kadetes literalmente lo siguiente:

«Quien renuncie a la propaganda de esta idea (la Asamblea Constituyente) bajo uno u otro pretexto, dará a entender claramente que, en el fondo, ni siquiera busca una respuesta digna a las acciones del señor Stolypin y compañía, que él, aunque sea a regañadientes, se reconcilia con estas acciones; que se alza contra ellas solo de palabra, solo por las apariencias» (cursiva nuestra).

Habiéndose dirigido ahora al periódico kadete, Plejánov comenzó la prédica del bloque electoral realizando el bloque ideológico. En el periódico kadete, Plejánov no quiso decir al pueblo que los kadetes se reconcilian con la banda de Stolypin, que se alzan solo por las apariencias.

¿Por qué Plejánov no quiso, en noviembre de 1906, repetir lo dicho por él en julio de 1906?

He aquí lo que significan los bloque «técnicos» con los k.-d., y he aquí por qué libramos una lucha implacable contra los socialdemócratas que admiten estos bloques.

¿No se estarán regocijando demasiado pronto, señores kadetes? Sin bloques elegirán a los s.-d. en el Cáucaso y en los Urales, en Polonia y en la Región de Letonia, en la Región Industrial Central de Moscú y, probablemente, en Petersburgo.

¡Ningún bloque con los kadetes! ¡Ninguna reconciliación con los que se reconcilian con la banda de Stolypin!

*«Proletari» nº 8, 23 de noviembre de 1906.*
*Se imprime según el texto del periódico «Proletari».*