Este artículo ya estaba escrito cuando apareció en el periódico «Továrisch» la «Carta abierta a los obreros conscientes» de G. V. Plejánov. En esa carta Plejánov, «maniobrando» entre el ala izquierda de la burguesía y el ala derecha de la socialdemocracia, rompe definitivamente tanto con los principios de la socialdemocracia revolucionaria internacional como con las decisiones del Congreso de Unificación del partido. El congreso del partido prohibió formalmente toda clase de bloques con los partidos burgueses. El proletario consciente y organizado califica en sus reuniones de partido todo bloque con la burguesía de «traición a la causa del proletariado»; en su artículo en «Továrisch» y en la carta a las organizaciones del partido, L. Mártov, adoptando el punto de vista bolchevique, es decir, consecuentemente revolucionario, se pronuncia resueltamente contra todo bloque en la primera etapa. «Sobre la primera cuestión (los “bloques” o acuerdos en el curso de las elecciones) —escribe Mártov—, yo recomendaría defender, apoyándose en la resolución del congreso, la plena independencia de nuestra participación en la primera etapa de las elecciones, es decir, allí donde nos presentamos ante las masas.» Este planteamiento de la cuestión le parece a Plejánov una manifestación de una «intransigencia falsamente entendida». «Allí donde no podemos tener la seguridad de la victoria de nuestro candidato —escribe Plejánov—, estamos obligados a llegar a un acuerdo con otros partidos que deseen luchar contra nuestro viejo orden»[13]. Admitiendo así, en contra de la decisión del congreso, acuerdos con partidos burgueses, Plejánov, sin embargo, en su «sabiduría política» prevé los casos en los que no debemos concertar tales acuerdos. «Allí —escribe— donde no se puede dudar de que lograremos hacer triunfar a nuestro propio candidato[14], podemos y debemos actuar con independencia de los demás partidos.» ¡Asombrosa «sabiduría política»! Allí donde tenemos la seguridad de hacer triunfar a nuestro candidato por nosotros mismos, lo hacemos nosotros mismos. Allí donde no la tenemos, recurrimos a la ayuda… de los «que desean luchar contra el viejo orden», o allí ayudamos a esos «deseosos» a hacer triunfar a su candidato. Y allí donde esos «que desean luchar» están seguros de que ellos mismos harán triunfar a sus candidatos, ¿qué cree usted, Plejánov, colaborador de periódicos kadetes, que ellos buscarán un acuerdo con nosotros? Pues cuando se trata de acuerdos, a cualquier párvulo político le queda claro que los acuerdos son necesarios únicamente en aquellos casos en que el partido no tiene la seguridad de hacer triunfar a sus candidatos con sus propias fuerzas. Pero nosotros, incluso en esos casos, estamos contra todo acuerdo. Y G. V. Plejánov, como genuino caballero de la libertad, toca a rebato en el periódico kadete «Továrisch» y convoca a todos los «que desean luchar»… ¡Adelante, todos los «deseosos»! ¡El proletariado lucha, ustedes «desean» luchar! Y está muy bien… Si incluso esto le parece poco al proletario, entonces, claro está, él es «enemigo de la libertad».

Así, poco a poco, de peldaño en peldaño, el jefe menchevique mimado de los kadetes, olvidando lo que dijo después de la disolución de la Duma, desciende hasta… Cherevanin… Con su característica «rapidez, empuje y golpe de vista» Plejánov se precipita hacia la extrema derecha de nuestra ala derecha. Mártov queda muy rezagado; el «Socialdemócrata» apenas puede seguir el paso a su jefe ideológico. Incluso el órgano del Comité Central, tras largos razonamientos sobre el carácter de clase de nuestra campaña electoral, nos propone un complejo sistema de acuerdos, construye una escalerilla por la que la socialdemocracia debe descender hasta los kadetes. Primero —propone «El Socialdemócrata»—, una intervención independiente, es decir, de clase, allí donde tenemos posibilidades de éxito; si no hay posibilidades de éxito, nos unimos con los partidos burgueses «que aspiran junto con nosotros a la convocatoria de la asamblea constituyente»; si esos partidos no quieren la asamblea constituyente, tanto peor (ese es el último tercer peldaño, anticlasista y antidemocrático) nos uniremos también con ellos. Cómo se las ingenia el Comité Central, elegido por el congreso para llevar a la práctica las decisiones del congreso, para violar esas decisiones, es su secreto. El hecho es que en estos momentos se despliega ante nosotros el espectáculo más vergonzoso para la socialdemocracia, cuando en la redacción de un mismo órgano dirigente y central «el cangrejo retrocede»…, y «el cisne se lanza a las nubes», cuando en una cuestión tan importante para nosotros como es la táctica electoral, no solo en el partido, sino incluso en la fracción «dirigente», no hay ni unidad de pensamiento ni unidad de acción. ¿En qué país y qué partido socialista, salvo acaso los más oportunistas, toleraría semejante degradación política? Y es notable que precisamente todos estos cangrejos, lucios y cisnes, estos Mártov y Plejánov que se baten entre sí, son los que llevan a cabo la campaña más encarnizada contra la convocatoria de un congreso extraordinario del partido, un congreso que necesitamos ahora más que nunca.

«Proletari» Nº 7, 10 de noviembre de 1906.

Publicado según el texto del periódico «Proletari»