Es una vieja historia: la del boicot a la Duma de Estado. En el nº 3 de *Socialdemócrata*, un camarada menchevique la escribe del siguiente modo (artículo «¿Situación o posición?»):

«Cuando la historia nos presentó el proyecto de la Duma de Bulyguin, recomendamos, partiendo de nuestra posición general de principios, la organización de elecciones populares paralelas y autoconvocadas, en contraposición a la Duma de Bulyguin, a la cual no teníamos acceso. Pero cuando, después de la insurrección de diciembre, nos encontramos…»

¡Un momento, respetado historiador, un minuto! Que salte usted por encima de los hechos, del proyecto de Bulyguin a la insurrección de diciembre, no es nada, es solo un salto cronológico. Pero que salte por encima de su propia táctica y de su «posición de principios», eso ya es otra cosa, es un salto, como mínimo… diplomático. ¿Acaso recomendaron ustedes solo las «elecciones autoconvocadas»? ¿Consideraban la Duma de Bulyguin únicamente como algo a lo que «no tenían acceso»? ¿Se disponían, pues, en nombre de su propia duma popular, a boicotear la de Bulyguin? ¿O a ignorarla? ¿Acaso no libraron entonces una lucha contra ciertos boicoteadores? ¿No insistieron en la participación positiva en la esperada campaña electoral «bulyguiniana»? ¿No exigieron que el partido apoyara en las elecciones a los liberales de izquierda, etc.? ¿Cómo han podido olvidar todo esto?

«Cuando después de la insurrección de diciembre nos encontramos…». Un momento, aún se han saltado una pequeñez. Rusia boicoteó la Duma de Bulyguin, y hasta ahora no hay tal duma popular… ¿Acaso reconocieron como errónea su táctica de entonces? No, respondían a los boicoteadores que su táctica de la Duma de Bulyguin era buena, pero que la revolución impidió que se manifestara en todo su esplendor… Ahora, tras recordar todo esto, continúen escribiendo su historia.

«Pero cuando, después de la insurrección de diciembre, nos encontramos ante el hecho de la convocatoria de la nueva Duma, la de Witte, propusimos participar en las primeras fases de las elecciones, contando con dos posibilidades: o bien el propio hecho de nuestra participación provocará un auge revolucionario que barrerá la Duma de Witte…»

¡Un momento, respetado historiador, un momento! ¿Qué le pasa? «El hecho de nuestra participación provocará un auge revolucionario»… No, ¡sin duda ha bromeado! Ustedes siempre acusaban a los bolcheviques de exagerar de forma ingenua nuestra fuerza. ¿Y van a hablar en serio de que un auge revolucionario —y además uno que «barrerá», etc.—, pudiera ser provocado por «el hecho de nuestra participación»? No, claro que no es en serio.

Así pues: «…o bien el propio hecho de nuestra participación provocará un auge revolucionario que barrerá la Duma de Witte y llamará a la vida una institución representativa más favorable para nosotros; o bien el auge revolucionario no sobrevendrá directamente, y entonces no solo tendremos la posibilidad, sino que la propia situación nos obligará a ir a la Duma, como sucedió en el distrito de Lefórtovo en Moscú».

Perdone, pero de esta segunda posibilidad «o bien», si mal no recuerdo, ¡no dijeron nada entonces!

Sí, no lo dijimos —responde nuestro historiador—.

«Es cierto que en el folleto publicado por la redacción unificada declaramos que no recomendábamos elegir directamente a la Duma. Pero lo hicimos, nos atamos las manos de antemano, solo por compromiso, esperando algún tipo de acuerdo con los boicoteadores para elaborar una táctica unitaria. Fue por nuestra parte un “oportunismo”, es decir, una adaptación consciente a las opiniones atrasadas y miopes de los camaradas boicoteadores, y de esto nos arrepentimos sinceramente».

¡Ah, conque era eso! Dijeron una cosa y pensaban otra. Y lo dijeron ante el proletariado y todo el pueblo revolucionario… ¡Se «arrepienten» de ello! ¿Conocen el dicho: «Una vez mentido, ¿quién te creerá?»? ¿Y si su «arrepentimiento» también está provocado por la «adaptación» a las opiniones «atrasadas» o «miopes» de alguien? ¿Dónde está el límite de semejante «oportunismo», de tales «compromisos»? ¿Cómo considerar cualquiera de sus consignas, si ustedes mismos declaran que su consigna en una de las cuestiones tácticas más importantes fue formulada sin sinceridad? Cualquiera podría pensar ahora, acaso, que también se llaman socialdemócratas solo por «adaptación a las opiniones atrasadas y miopes» del proletariado revolucionario.

No, debo salir en defensa de ustedes. En el fragor de la polémica, se han calumniado cruelmente a sí mismos. Fueron boicoteadores sinceros en la tercera fase de las elecciones, como nosotros fuimos boicoteadores sinceros en todas las fases. Pero boicoteadores lo fuimos juntos. *Nebst gefangen, nebst gehangen*. Juntos capturados, juntos ahorcados. Ahora quieren «ahorcarnos» a nosotros por haber sido boicoteadores. Pero entonces, queridos camaradas, tendrán que ahorcarse también a sí mismos: también ustedes fueron capturados en lo mismo. «¡Pero nosotros nos hemos arrepentido!», declaran. Bien, esto ciertamente atenúa su culpa. Pero no los justifica ni los libera del castigo. Bueno, no los ahorcarán, pero, por ejemplo, los azotarán, o algo así. ¿Es eso lo que pretenden?

En cambio, nosotros no nos hemos arrepentido en absoluto. Dijimos y decimos: boicot, no boicot, no es cuestión de principios, sino de conveniencia. El boicot a la primera Duma fue conveniente. Dio a las masas populares, en una forma viva y concreta, una valoración proletaria de la Duma como institución impotente para resolver las cuestiones cardinales de la revolución. Ahora, la disolución de la Duma y todo lo que le ha seguido confirman esta valoración; las masas populares ven claramente que el proletariado también aquí resultó ser su dirigente natural en la revolución, advirtiéndoles de antemano sobre la esterilidad de las ilusiones constitucionales. El boicot atrajo hacia sí la atención y las fuerzas del gobierno, contribuyendo así a la victoria de la oposición burguesa en las elecciones. El boicot cohesionó a amplias masas proletarias en un acto único de protesta revolucionaria. Su importancia agitadora y organizativa fue enorme.

El boicot hizo una gran obra, pero ya la ha hecho. La valoración de la Duma está dada, un golpe decisivo ha sido asestado a las ilusiones dumistas; no hay por qué hacerlo de nuevo. Las fuerzas del gobierno ya no se desviarían ahora con un boicot; el gobierno, naturalmente, ha sabido aprender la lección de las pasadas elecciones. El trabajo agitador y organizativo puede realizarse sobre la base de la participación en las elecciones no peor que sobre la base del boicot, siempre que la ley electoral no empeore aún significativamente. Y en este último caso, tal vez haya que boicotear de nuevo. Exactamente igual, podría no llegarse a las elecciones a la Duma si se reanudan las grandes batallas revolucionarias.

Así pues, el boicot sigue siendo para nosotros, también en adelante, una cuestión de conveniencia. Solo que por ahora no vemos bases suficientes para el boicot.

Quien se siente culpable, que se arrepienta. Pero que, al hacerlo, cubra su cabeza de ceniza y rasgue sus propias vestiduras, no las ajenas. En modo alguno se debe, en un arrebato de arrepentimiento, tergiversar la historia y calumniar, aunque sea a uno mismo.

*Proletari*, nº 7, 10 de noviembre de 1906.

Se imprime según el texto del periódico *Proletari*.