[Principios de octubre de 1906. Petersburgo.]

El artículo «Las acciones guerrilleras», aparecido en el n.º 1 de *El Socialdemócrata* (edición del Comité Central del POSDR) que acabamos de recibir, confirma de la mejor manera posible lo dicho por nosotros en el n.º 5 de *Proletari* acerca del carácter estereotipado y ahistórico de los razonamientos vulgares, propios del filisteo, sobre este tema. El autor fustiga los robos, el anarquismo, el blanquismo, el tkachovismo, el asalto a mano armada (los «salteadores de caminos», como reza una mala traducción del alemán), lo fustiga exactamente igual que lo hacen los liberales. Los liberales son fieles a sí mismos cuando, so pretexto de «anarquía», rechazan toda lucha armada contra el gobierno. El socialdemócrata, que de palabra no niega esa lucha, pero que de hecho no examina la cuestión desde este punto de vista, pasa en la práctica a la posición del liberalismo. He aquí un ejemplo característico. «En la medida en que los propios partidos revolucionarios toman bajo su protección la anarquía, dirigen contra sí mismos el encono de las clases burguesas y pequeñoburguesas, y con ello hacen el juego a la reacción.» Por consiguiente, ¡o se protege la lucha armada anárquica o se desiste por completo de la lucha armada! Según el autor, no hay otra salida. No admite la posibilidad de una lucha armada organizada, planificada, ideológica y políticamente educadora. ¡Qué pobre es su elección!

«Una de las formas de las acciones guerrilleras de los revolucionarios: las expropiaciones de bienes privados y del Estado, también ha sido sepultada por la vida.» ¡Pero si esto es una falsedad directa, camarada! No puede ser que usted desconozca la existencia de organizaciones mencheviques que, después del congreso de unificación, participaron directa o indirectamente en expropiaciones de bienes del Estado, en la «utilización» del botín, etc. Cuando en un socialdemócrata la palabra discrepa de los hechos, eso ya es totalmente malo. Conduce a la hipocresía. Depende o bien de una conciencia sucia (explicación que rechazamos), o bien de una teoría no meditada, incoherente.

El camarada Axelrod, en *El Socialdemócrata*, nos responde airadamente a la nota aparecida en el n.º 1 de *Proletari*. Una columna y media en petit está dedicada a perplejidades, exclamaciones, afirmaciones y reproches a nuestra dirección por haber calificado su agitación en favor del congreso obrero de «oculta» ante el partido. Axelrod no puede comprender de ninguna manera qué significa esto. Y al mismo tiempo él mismo dice: «en un futuro próximo me valdré de ella (de la posibilidad que tengo) para llevar la cuestión del congreso obrero a la arena de la discusión política» (cursiva nuestra). ¡Bueno, ya era hora! Había que empezar por «llevar la cuestión a la arena de la discusión política», y no por el cuchicheo de círculo. Entonces su agitación habría sido partidariamente correcta, abierta, digna de la clase revolucionaria. Entonces la prensa burguesa no habría podido sembrar la confusión en la socialdemocracia y socavar su prestigio, publicando notas sensacionalistas sobre ese cuchicheo de círculo y suscitando miles de perplejidades. Es sumamente lamentable que incluso ahora, en su tardía y extremadamente extensa «carta a la redacción», Axelrod eluda la esencia de la cuestión sin decir ni una palabra sobre qué congreso propone exactamente, cuándo, sobre qué bases, convocado por quién y con qué objetivo concreto. Axelrod se las arregla con frases como la siguiente: la labor de preparación del congreso ejercerá una acción vivificante sobre la socialdemocracia «precisamente en la medida en que esa labor esté impregnada de un contenido realmente socialdemócrata, es decir, en la medida en que los intereses de círculo y los ajustes de cuentas fraccionales sean desplazados en ella por cuestiones y tareas sociopolíticas que guardan la relación más directa con los intereses vitales de la clase obrera».

¡Tenga compasión, camarada! Esto no es más que una cáscara vacía revestida de palabras altisonantes. ¡La preparación del congreso vivificará la socialdemocracia precisamente en la medida en que sea realmente socialdemócrata! Es nuevo e inteligente. «Los ajustes de cuentas fraccionales» deben ser desplazados por las cuestiones y tareas sociopolíticas... ¡cuando precisamente la comprensión diferente de esas cuestiones y tareas es lo que ha dividido al partido en fracciones! El verdadero cuento del buey blanco.

Y al lado, Plejánov, de manera grosera y vil, lanza insinuaciones acerca de los motivos de la lucha por el congreso del partido e igual de groseramente ensalza la «idea feliz» de Axelrod de convocar «lo antes posible» el congreso obrero. Sí, sí... qué puede haber en realidad más feliz que la idea de que una labor realmente socialdemócrata vivifica a la socialdemocracia.

En el editorial de *El Socialdemócrata* leemos: «ahora, al igual que después del segundo congreso, ambas fracciones (bolcheviques y mencheviques) son probablemente igual de fuertes en número», y unas líneas más abajo, por segunda vez: «ahora, como después del segundo congreso, ambas fracciones son igualmente influyentes en el partido». La idea del autor es clara. En el artículo de fondo de la publicación oficial del Comité Central adquiere una importancia considerable. El partido de la clase obrera debe saber con exactitud de quiénes se componen sus «fracciones» y cuál es su fuerza. ¿En qué se basa entonces la opinión sobre su igualdad?

Una de dos: o bien el autor se refiere únicamente a la parte rusa del partido (más el Cáucaso), o bien incluye a los polacos, letones y al Bund. Si aceptamos la primera interpretación, entonces significa que el autor reconoce un enorme fortalecimiento de la «mayoría» a costa de la «minoría» después del 4.º congreso (de unificación), puesto que en ese congreso estaban representados alrededor de 13.000 bolcheviques y cerca de 18.000 mencheviques. Pero tal interpretación es inverosímil, ya que todos los partidos socialdemócratas nacionales se han unificado con el POSDR hace más de un mes. Por consiguiente, hay que tomar la segunda interpretación. Entonces es evidente que el autor adscribe a los polacos y letones a los bolcheviques, y al Bund a los mencheviques. Contando, según los datos de los últimos congresos de los partidos socialdemócratas nacionales, unos 40.000 polacos y letones, y alrededor de 33.000 miembros del Bund, obtendremos entonces, en efecto, una igualdad aproximada de ambas fracciones.

Pero cabe preguntarse: ¿es correcta la adscripción del Bund a los mencheviques? Por supuesto, si el Comité Central lo afirma, debemos creerlo. Pero es necesario esclarecer cuál es el significado de tal agrupación. En el terreno táctico no se ve confirmada por el conjunto de las últimas resoluciones del Bund. Por consiguiente, hay que buscar la explicación en la posición organizativa del Bund. Es evidente que la publicación del Comité Central considera como un hecho real la circunstancia de que el Bund no exige un congreso extraordinario. Quien quiere cambiar realmente la política del partido en su conjunto, es decir, la política del Comité Central, debe exigir un congreso; quien no lo exige, no quiere cambiar seriamente nada. Tal es la esencia de este razonamiento.

Esta argumentación es irrefutable, y consideramos nuestro deber contribuir a que todas las organizaciones de nuestro partido la esclarezcan y valoren correctamente. En efecto, en una organización democrática la neutralidad es casi imposible, y la abstención equivale con frecuencia a la acción. El resultado de esta «acción» salta a la vista. La publicación del Comité Central difunde las ideas más confusas sobre el «congreso obrero» y mantiene, de manera definida y consecuente, una posición menchevique en la táctica. Con qué consecuencias amenaza esto a todo el partido en caso de una campaña electoral o de nuevos llamamientos a la acción, lo han demostrado suficientemente las «consignas» del Comité Central durante la Duma y después de su disolución. Con su actual «abstención», el Bund se ha convertido de hecho en cómplice de [esta] táctica y política menchevique del Comité Central.