El artículo «Las acciones guerrilleras», aparecido en el n.º 1 de «Sotsial-Demokrat» (publicación del CC del POSDR) que acabamos de recibir, ha venido a confirmar de la mejor manera posible lo que dijimos en el n.º 5 de «Proletari»{31} acerca del esquematismo y del antihistoricismo de los corrientes razonamientos filisteos sobre este tema[4]. El autor fustiga los robos, el anarquismo, el blanquismo, el tkachovismo{32}, el bandidaje en los caminos reales («salteadores de caminos», como reza una mala traducción del alemán); los fustiga exactamente igual que lo hacen los liberales. Los liberales son consecuentes consigo mismos cuando, bajo el manto de la «anarquía», rechazan toda lucha armada contra el gobierno. El socialdemócrata que de palabra no niega esa lucha, pero que de hecho no examina la cuestión desde este punto de vista, se pasa de hecho a la posición del liberalismo. He aquí un ejemplo característico: «En la medida en que los propios partidos revolucionarios toman bajo su protección la anarquía, dirigen la exasperación de las clases burguesa y pequeño burguesa contra sí mismos y con ello hacen el juego a la reacción». Así, pues, ¡o se protege la lucha armada anárquica, o se prescinde por completo de la lucha armada! Según el autor, no hay otra salida. Una lucha armada organizada, planificada, ideológica, políticamente educadora no la admite. ¡Qué elección tan pobre la suya!

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Notas sobre el n.º 1 de “Sotsial-Demokrat”». – 1906. (Reducido)

«Uno de los tipos de acciones guerrilleras de los revolucionarios, las expropiaciones de bienes privados y del Estado, ya ha sido enterrado por la vida». ¡Pero, camarada, si eso es una falsedad manifiesta! No puede ser que usted no tenga noticia de organizaciones mencheviques que, después del Congreso de Unificación, han participado directa o indirectamente en expropiaciones del Estado, en la «utilización» del botín, etc. Cuando en un socialdemócrata la palabra se aparta de los hechos, la cosa ya es muy mala. Eso conduce a la hipocresía. Ello se debe o bien a una conciencia turbia (explicación que rechazamos), o bien a una teoría no meditada, inconexa.

El camarada Axelrod nos responde airadamente en «Sotsial-Demokrat» a la nota publicada en el n.º 1 de «Proletari»[5]. Una columna y media en petit está dedicada a perplejidades, exclamaciones, seguridades, reproches contra nosotros por haber calificado su agitación a favor del congreso obrero como «oculta» al partido. Axelrod no acierta en modo alguno a comprender lo que esto significa. Y, al mismo tiempo, él mismo dice: «En un futuro próximo me valdré de ella (de la posibilidad que tengo) para sacar la cuestión del congreso obrero a la arena de la discusión política» (las cursivas son nuestras). ¡Bueno, ya era hora de haberlo hecho así! Se debía haber empezado por «sacar la cuestión a la arena de la discusión política», y no por los cuchicheos de círculo. Entonces su agitación habría sido una agitación de partido, correcta, abierta, digna de la clase revolucionaria. Entonces la prensa burguesa no habría podido sembrar la confusión en la socialdemocracia y menoscabar su prestigio, difundiendo sueltos sensacionalistas sobre esos cuchicheos de círculo y provocando miles de perplejidades. Es sumamente lamentable que incluso ahora, en su tardía y prolijísima «carta a la redacción», Axelrod soslaye la esencia del problema, sin decir ni una palabra sobre qué congreso propone en concreto, cuándo, sobre qué bases, por quién ha de ser convocado, con qué fin preciso. Axelrod se sale del paso con frases como la siguiente: el trabajo de preparación del congreso ejercerá una influencia vivificante sobre la socialdemocracia «exactamente en la medida en que ese trabajo esté imbuido de un contenido realmente socialdemócrata, es decir, en la medida en que los intereses de círculo y las cuentas fraccionales sean desplazados en él por los problemas y las tareas sociopolíticas que tienen la más directa relación con los intereses vitales de la clase obrera».

¡Tenga piedad, camarada! Pero si esto es todo un puro vacío envuelto en palabras solemnes. ¡La preparación del congreso vivificará a la socialdemocracia exactamente en la medida en que sea realmente socialdemócrata! Es nuevo y es inteligente. «Las cuentas fraccionales» deben ser desplazadas por los problemas y las tareas sociopolíticas… ¡y justamente una distinta comprensión de esos problemas y tareas es lo que ha dividido al partido en fracciones! Es el verdadero cuento de nunca acabar.

Y a su lado, Plejánov insinúa grosera y vilmente sobre los motivos de la lucha por el congreso del partido, y con la misma grosería ensalza la «feliz idea» de Axelrod de convocar «cuanto antes» un congreso obrero. Sí, sí… ¿qué puede haber, en verdad, más feliz que la idea de que un trabajo realmente socialdemócrata vivifica a la socialdemocracia?

En el editorial de «Sotsial-Demokrat» leemos: «Ahora, al igual que después del II Congreso, ambas fracciones (bolcheviques y mencheviques) son, probablemente, de la misma fuerza numérica», y, algo más abajo, por segunda vez: «Ahora, al igual que después del II Congreso, ambas fracciones gozan de la misma influencia en el partido». La idea del autor es clara. En el artículo de fondo de la «Publicación del CC» oficial adquiere una importancia relevante. El partido de la clase obrera debe saber con exactitud quiénes componen sus «fracciones» y cuán fuertes son. ¿Y en qué se basa la opinión de su igualdad?

Una de dos: o el autor tiene en cuenta únicamente a la parte rusa del partido (más el Cáucaso), o añade a los polacos, a los letones y al Bund. Si se acepta la primera interpretación, el autor reconoce entonces un enorme fortalecimiento de la «mayoría» a expensas de la «minoría» después del IV Congreso (de Unificación), pues en dicho congreso estaban representados alrededor de 13.000 bolcheviques y unos 18.000 mencheviques. Pero semejante interpretación es inverosímil, ya que todos los partidos socialdemócratas nacionales se han unificado con el POSDR desde hace ya más de un mes. Por lo tanto, hay que adoptar la segunda interpretación. Resulta entonces evidente que el autor adscribe a los polacos y a los letones a los bolcheviques, y al Bund a los mencheviques. Contando, según los datos de los últimos congresos de los partidos socialdemócratas nacionales, alrededor de 40.000 entre polacos y letones, y unos 33.000 miembros del Bund, obtendremos entonces realmente una igualdad aproximada de ambas fracciones.

Pero, cabe preguntarse, ¿es correcto adscribir al Bund a los mencheviques? Por supuesto, si el CC lo afirma, debemos creerle. Pero es imprescindible aclararse el significado de semejante agrupación. En el terreno de la táctica, no es confirmada por el conjunto de las últimas resoluciones del Bund. Por consiguiente, la explicación hay que buscarla en la posición organizativa del Bund. Es evidente que la publicación del CC tiene en cuenta, como un hecho real, la circunstancia de que el Bund no exige un congreso extraordinario. Quien quiera realmente cambiar la política del partido en su conjunto, esto es, la política del CC, debe exigir el congreso; quien no lo exige es que no quiere un cambio serio: tal es la esencia de este razonamiento.

Esta argumentación es irrefutable, y consideramos nuestro deber contribuir a que sea esclarecida y rectamente valorada por todas las organizaciones de nuestro partido. En efecto, en una organización democrática la neutralidad es casi imposible, y la abstención equivale con frecuencia a la acción. El resultado de esta «acción» está a la vista. La publicación del CC propaga las ideas más confusas acerca del «congreso obrero» y ocupa una posición definida y consecuentemente menchevique en la táctica. Las consecuencias con que esto amenaza a todo el partido en caso de campaña electoral o de nuevos llamamientos a la acción, las han mostrado con suficiente claridad las «consignas» del CC durante la Duma y después de su disolución. Con su actual «abstención», el Bund se ha hecho de hecho copartícipe de la táctica y la política mencheviques del CC.

Escrito a principios de octubre de 1906.  
Publicado por primera vez en 1931, en la Recopilación Leninista XVI.  
Se publica según el manuscrito.