El libro *Moscú en diciembre de 1905* está dedicado a acontecimientos que tienen una importancia colosal en la historia de la revolución rusa. Las conclusiones positivas que se derivan de la insurrección de Moscú las expusimos, en sus rasgos principales, en el número anterior[67]. En la presente nota nos detendremos en aquellos aspectos de este importante, pero mal realizado trabajo, que conciernen de modo especialmente cercano a los socialdemócratas moscovitas.

Los «compiladores» del libro comunican en el prefacio que han utilizado materiales de las organizaciones socialdemócratas, las cuales, sin embargo, «como tales, no tienen ninguna relación con este trabajo». De por sí se comprende que semejante suministro de materiales por parte de las organizaciones socialdemócratas a personas no responsables ante dichas organizaciones es un fenómeno anormal en sumo grado. Las organizaciones del partido obrero se han encontrado ahora, indudablemente, en una situación incómoda a causa de la descuidada elaboración de sus materiales y de su «adorno» con un ramillete de vulgaridades. Todas las organizaciones de los socialdemócratas moscovitas y, en primer lugar, por supuesto, la dirigente de ellas, el CM, deben, en nuestra opinión, examinar este asunto y tomar medidas para que la mencionada anormalidad no pueda repetirse.

He aquí una de las muchas muestras de cómo los anónimos compiladores del libro «elaboran» el material que les han dado las organizaciones socialdemócratas. Se trata del papel de las organizaciones revolucionarias en los acontecimientos de Moscú y, en particular, de la proclama de la Organización de Combate adjunta al CM del POSDR, impresa el 11 de diciembre en el nº 5 de las *Izvestia del Soviet de Diputados Obreros*{154}. Los compiladores, sin dar ninguna exposición íntegra del contenido y carácter de estas *Izvestia*, ejercitan su profundidad de pensamiento mediante la siguiente crítica. Citan el nº 5: «El combate se enciende con toda fuerza. En las calles de Moscú se desarrolla desde hace muchas horas una serie de sangrientas batallas del pueblo insurrecto contra las tropas zaristas». Los compiladores «critican»: «Sabemos que en las calles de Moscú hubo solo escaramuzas de las tropas con poco numerosos destacamentos de milicianos». Y con falso patetismo claman contra «la sustitución (¡sic!) de la lucha de masas por la lucha de grupúsculos armados», exclaman: «¿Dónde debían estar, pues, las masas, en qué podía manifestarse su actividad?», etc., etc.

¡¿Qué es esto?! ¿Acaso estos esfuerzos por manifestar su profundidad de pensamiento mediante semejantes procedimientos de «crítica» pueden llamarse análisis científico? ¡Piénsese tan solo: en un trabajo histórico serio, en un capítulo especial sobre el papel de las organizaciones revolucionarias, los autores se esfuerzan en buscarle tres pies al gato al hecho de que el 11 de diciembre, es decir, varios días antes de la crisis, en el comienzo mismo de los nuevos métodos de lucha, el Soviet de Diputados Obreros se atreviera a hablar de «pueblo insurrecto»! Probablemente, ¡debía haber hablado de los «poco numerosos destacamentos de milicianos» con aire de profunda condescendencia, en vez de llamar al pueblo y a las masas a apoyar el combate que comenzaba! ¿Cómo no calificar de mezquinos estos esfuerzos de «hacerse los listos» de modo doctrinario, estas sutilezas verbales, cuando en esos mismos «compiladores» encontrarán ustedes toda una serie de pasajes en el libro donde se habla del pueblo en general, de la salida de «toda la población» a la calle? ¡Pero comprendan, lamentables personas, que estar el 11 de diciembre en Moscú en una organización revolucionaria y no hablar del pueblo insurrecto solo habrían podido los centurias negras o pedantes con el alma completamente esterilizada, como el Pollak de *Hacia las estrellas* de Leonid Andréiev!

Sigamos adelante. A propósito de la proclama de la Organización de Combate en el mismo nº 5 de las *Izvestia*, los compiladores ríen con disimulo: «Los destacamentos de 3-4 hombres debían, según el pensamiento de los autores de la proclama, ¡regalar (!) al pueblo la capital liberada del dominio secular de los opresores». «La Organización de Combate decidió que las masas no tenían nada que hacer».

Remitámonos a la proclama. Los compiladores no la imprimen entera, sino solo extractos. Pero incluso en los extractos elegidos por estos «investigadores» leemos un llamamiento directo de la Organización de Combate: «Que estos destacamentos sean los más numerosos posible». Así pues, la idea de «regalar» cualquier cosa al pueblo, de que «las masas no tienen nada que hacer», se atribuye a personas que, en el primer día mismo de la lucha armada, llaman a la «mayor cantidad posible» de obreros a los destacamentos de combate…

¿Qué es esto? ¿Dejadez literaria o literatura de salteadores?

Los autores no hacen el menor intento de analizar la cuestión de la conexión entre la organización militar y la técnica militar, del papel de la lucha directamente armada y de la lucha auxiliar en su interrelación. No intentan echar una mirada al pasado, olvidan que también las huelgas generales en Rusia, y las manifestaciones, comenzaron con un número de participantes muy pequeño, insignificante según el rasero actual. No hay ni siquiera un atisbo de estudio histórico serio, solo hay invectivas que inspiran, francamente, un sentimiento de repugnancia. La proclama de la Organización de Combate, con el fin de tergiversar su sentido, se cita solo en extractos en la pág. 145; solo más adelante en la exposición, de pasada, se indica que la misma proclama «propone respetar a los soldados de infantería» (pág. 154), es decir, tiene directamente en cuenta la psicología de las masas, distingue directamente entre las tropas centurianegristas y las tropas vacilantes. ¡En cambio, la proclama de los octubristas, que no tiene absolutamente ninguna relación con el estudio de la insurrección de Moscú, se reproduce íntegramente!

Las organizaciones socialdemócratas confiaron el material a personas que imprimen íntegra la proclama de los octubristas y arrancan jirones de las proclamas de la Org. de Combate del Soviet de Diputados Obreros para un vulgar ejercicio de ingenio vulgar…

Pasemos a las conclusiones de los señores compiladores. «El proletariado, como masa, no actuó» (pág. 245). «El proletariado moscovita no actuó ni el 9-10 de diciembre…, ni en los días siguientes. Y esto hace honor a su conciencia y organización» (244).

¿Oyen, camaradas obreros: su «honor» se propone verlo de ahora en adelante en que la masa no luchó suficientemente! Que la masa obrera no participara suficientemente en la lucha activa, ofensiva, esto, téngase por dicho, es un plus. Y que la masa obrera, adelantándose a sus dirigentes, procediera a la construcción masiva de barricadas, que exigiera todo el tiempo de los dirigentes el llamamiento a acciones más decididas, esto, debe ser, un menos…

«Lo ocurrido en Moscú muestra –escriben los compiladores– que en el período histórico que atravesamos, caracterizado por el colosal desarrollo del militarismo, la condición necesaria para la victoria del pueblo insurrecto es el paso activo de una parte significativa de las tropas al lado del pueblo insurrecto o la negativa categórica de las masas militares a emplear las armas en la lucha contra el pueblo…»

La lucha por la tropa vacilante, nuestros sabios no la notaron y no la comprendieron. Ellos, visiblemente, se imaginan la posibilidad de una insurrección sin lucha contra la parte centurianegrista de la tropa, sin lucha activa del pueblo revolucionario, que siembra la confusión en las filas de la tropa. Se han situado en el punto de vista de los kadetes, dispuestos a saludar el «paso» de la tropa, pero que declaran «locura y crimen» la insurrección armada y su predicación…

«…Pero semejante comportamiento del ejército es concebible solo al final (¡sic!) de la revolución y, además, de una revolución que tenga carácter de todo el pueblo. La insurrección de diciembre del proletariado, al que solo simpatizaba pasivamente (?) la masa de la población burguesa, que se alzaba por sus propias consignas (subrayado nuestro), no pudo (!) ser apoyada por el ejército, y por eso “la tendencia a transformar la huelga general en insurrección armada” no pudo verse coronada por el éxito y debe ser reconocida como un error histórico».

¡He ahí la lección para ustedes, obreros moscovitas! ¡No se alcen «por sus propias consignas»!…

Es difícil imaginarse cómo pudieron llegar las personas a tal pedantería, a tal miseria kadete de pensamiento y a tal vulgarización de las conclusiones extraídas de un material histórico de la mayor seriedad. Que los socialdemócratas moscovitas expresen su indignación a los autores del libro y llamen a todos los miembros del partido y a todos los partidarios de la revolución a reunir de nuevo los materiales, para dar una exposición digna, para dar una crítica seria de la insurrección de diciembre. Que todos los errores y deficiencias de la misma sean puestos al descubierto sin piedad para enseñanza del proletariado en lucha, pero a los kadetes y a los salteadores literarios, el partido del proletariado debe decirles: ¡manos fuera!

*Proletari* nº 3, 8 de septiembre de 1906.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*.