El periódico «Rossiya» recibe una subvención del gobierno de los pogromistas por difundir las opiniones de este gobierno.

Con respecto al proyecto de llamamiento de la Duma al pueblo, el tono del periodicucho gubernamental se vuelve sumamente amenazador. El periodicucho intimida a la Duma, demostrando tanto la ilegalidad del paso propuesto como su «falta de sensatez» y su «carácter revolucionario», etc. El periódico kadete «Rech» hoy ha girado completamente el frente y se pronuncia contra el llamamiento, asustado, evidentemente, por las amenazas que emanan de la prensa que se arrastra ante el gobierno.

Las amenazas llueven sin cesar. Hoy «Rossiya» escribe sobre la cuestión del ministerio kadete: «Si a Vladímir Sol Rojo le hubieran propuesto confiar la gobernación de la Rus al Bandido Ruiseñor como medio para instaurar el orden, probablemente habría propuesto un medio más simple: acabar con el Bandido Ruiseñor con ayuda de Iliá Muromets. Como es sabido, eso fue lo que ayudó».

Ese «Iliá Muromets» que se dispone a «acabar» con la revolución en Rusia resulta ser nada más ni nada menos que el ejército internacional de la contrarrevolución. En el artículo: «Las potencias extranjeras y la situación en Rusia» (núm. 170 de «Rossiya»), el periodicucho gubernamental, no por ingenuidad, sino con los mismos fines de amenaza, explica la cuestión de la intervención activa de las potencias extranjeras en los asuntos internos rusos.

La explicación del periodicucho gubernamental es sumamente instructiva y de gran utilidad. La contrarrevolución internacional observa atentamente a Rusia, agrupa y prepara fuerzas contra ella «por si acaso». «El gobierno imperial alemán —escribe «Rossiya»— se da perfecta cuenta de esta situación (a saber: que «la situación actual en Rusia es ante todo el resultado de la acción de elementos revolucionarios del extranjero»), y por ello ha emprendido toda una serie de medidas correspondientes que no dejarán de conducir a los resultados deseados».

Tales medidas consisten en la preparación de fuerzas militares de Alemania, junto con Austria, para invadir Rusia si la causa de la libertad vence o está a punto de vencer. El gobierno de Berlín ya se ha puesto en comunicación sobre esta cuestión con el austriaco. Ambos han reconocido que «en determinadas condiciones, la intervención activa en los asuntos internos de Rusia con el fin de aplastar o limitar este movimiento (es decir, el movimiento revolucionario) podría resultar deseable y útil». Se estableció, además, que para la intervención se requiere el deseo claramente expresado del gobierno ruso.

En Austria, en Galitzia, en la frontera rusa, donde también se teme la eventual expansión de un movimiento agrario del tipo ruso, se han concentrado tres cuerpos de ejército. El gobernador de Galitzia, quien es además un terrateniente ruso, publicó incluso el 26 de junio un llamamiento a la población, advirtiendo que toda agitación sería aplastada de la manera más enérgica.

Así pues, la conspiración internacional de la contrarrevolución es indudable. El gobierno ruso llama en su ayuda a tropas extranjeras contra el pueblo ruso. Las negociaciones sobre esto se han llevado y se llevan a cabo y ya han conducido a un acuerdo bastante definido.

Que sepan, pues, los obreros y los campesinos que el gobierno traiciona a la patria para asegurar el dominio de la banda de pogromistas. Así ha sido siempre y así será siempre. La historia enseña que las clases dominantes siempre han sacrificado todo, absolutamente todo: la religión, la libertad, la patria, cuando se trataba de aplastar el movimiento revolucionario de las clases oprimidas. No cabe la menor duda de que lo mismo harán los gobernantes pogromistas rusos, y que ya están preparando ese paso.

Pero que no teman los obreros y los campesinos ese paso. El gobierno de Rusia tiene una reserva internacional: los gobiernos reaccionarios de Alemania, Austria y otros países. Pero nosotros también tenemos una poderosa reserva revolucionaria internacional: el proletariado socialista de Europa, organizado en un partido de tres millones en Alemania, en partidos fuertes en todos los países europeos. Saludamos el recurso de nuestro gobierno a la reserva internacional de la reacción: ese recurso, en primer lugar, abrirá los ojos a los hombres más atrasados de Rusia y nos prestará el mejor servicio en la tarea de destruir la fe en la monarquía y, en segundo lugar, ese recurso ampliará de la mejor manera posible la base y el campo de acción de la revolución rusa, convirtiéndola en revolución mundial.

¡Buen momento, señores Trépov! ¡Disparad, pues! ¡Llamad a los regimientos austriacos y alemanes contra los campesinos y obreros rusos! ¡Nos estamos por la ampliación de la lucha, nosotros estamos por la revolución internacional!

Pero al valorar la importancia general de la conspiración internacional, no hay que olvidar los pequeños fines particulares de los pogromistas rusos. Ya hemos señalado que no fue la ingenuidad la que suscitó los artículos de «Rossiya». Se equivoca «Mysl» al pensar así. Esto no es «ingenuidad», ni «cinismo», ni «locuacidad». Es una amenaza calculada a los kadetes. El gobierno de los pogromistas teme el llamamiento de la Duma al pueblo y amenaza a los kadetes: «¡No os atreváis! ¡Si no, disolveré la Duma y llamaré a los regimientos austriacos y alemanes! Ya estoy preparado».

Los kadetes tontuelos ya se han acobardado y han girado vilmente hacia atrás, como lo ha demostrado el «Rech» de hoy. A los kadetes les basta con una amenaza: ya están dispuestos a retroceder…

El proletariado no se dejará asustar por las míseras amenazas del gobierno de los pogromistas. El proletariado mantendrá su posición combativa independiente, sin dejarse amedrentar por el fantasma de un kadete asustado.

Una vez más: ¡disparad, señores Trépov! ¡Ampliad el campo revolucionario de la lucha! ¡El proletariado internacional no se quedará atrás!

Escrito en julio de 1906 (día 19).

Publicado el 7 de julio de 1906 en el periódico «Ejo» núm. 14.

Se publica según el texto del periódico.