Los debates de ayer en la Duma sobre la cuestión del llamamiento al pueblo proporcionaron un material notablemente valioso para la educación política de las amplias masas.

La cuestión del llamamiento al pueblo resultó ser tan cercana a la vida, que la verdadera esencia de los distintos partidos políticos se reveló con una claridad que no deja nada que desear. Sobre esta cuestión, la Duma se encontró atrapada entre la autocracia reaccionaria (el "comunicado del gobierno") y el pueblo revolucionario, cuya lucha extradumaria irrumpía, por así decirlo, por todas las aberturas y rendijas del Palacio Táuride. En cuanto comenzaron los debates, la cuestión empezó a desplazarse irreprimiblemente de las formalidades y los detalles a la esencia misma del asunto.

¿Para qué es necesario un llamamiento al pueblo? Esta pregunta se alzó imperiosamente ante la Duma. Tiñó por completo todos los debates. Redujo todos los debates precisamente al plano en el que nosotros planteamos esta cuestión en el artículo de fondo de ayer[57]: ¿responder a la beligerante declaración del ministerio con una declaración igualmente beligerante de la Duma? ¿O no responder en absoluto? ¿O intentar suavizar las divergencias y mitigar la crudeza, la crudeza en el planteamiento de la cuestión que la vida impuso?

Quien abrió el fuego fue la derecha dumiana. El kadete de derecha Petrazhitski intentó aplazar la discusión de la cuestión. Al kadete de derecha, como es natural, lo apoyaron los octubristas. Quedó claro que la contrarrevolución teme el llamamiento de la Duma al pueblo.

Con su intervención definida, la reacción ayudó a cohesionar a todo el lado izquierdo de la Duma. La propuesta de aplazar la discusión fue rechazada. De los propios debates emergen con total nitidez tres orientaciones principales en la Duma. La "derecha" (octubristas y parte de los kadetes), por la "pacificación" del movimiento campesino y, por tanto, en contra de todo llamamiento. El "centro" (los kadetes y, probablemente, la mayoría de los independientes), por la "pacificación" del movimiento campesino y, por tanto, a favor de emitir un llamamiento pacificador. La orientación de "izquierda" (los trudoviques, visiblemente solo una parte de ellos, y los socialdemócratas), por explicar al pueblo que no puede "esperar tranquila e inmóvilmente", y por tanto, a favor de un llamamiento revolucionario, no un llamamiento "pacificador".

El trudovique Zhilkin, el polaco Lednitski y el socialdemócrata Ramishvili expresaron del modo más destacado las opiniones de esta última orientación. "La población se aferra a las últimas esperanzas, casi infantiles", dijo Zhilkin. "No hablo de paz, quietud y tranquilidad, hablo de la lucha organizada contra el viejo poder... ¿Acaso la Duma de Estado surgió gracias a la paz y la tranquilidad?" Y, recordando la lucha de octubre, el orador, entre aplausos de la izquierda, exclamó: "Y a este 'desorden' le debemos el estar aquí". "En este sentido general", dijo con razón el orador, "está redactado de manera muy insatisfactoria el llamamiento al pueblo que nos ha propuesto la comisión" (solo cabría añadir: también es insatisfactorio el proyecto de los trudoviques, que no contiene las ideas y tesis que entraron en el discurso de Zhilkin). "Hay que subrayar y expresar al final la idea de que no son la paz y la tranquilidad, sino la inquietud en el buen y grande sentido de esta palabra, lo que puede organizar a las masas...".

Lednitski empleó incluso una de las palabras más duras que nosotros usamos ayer, al calificar de "lamentable" el llamamiento propuesto. Y Ramishvili, tras objetar "contra la invitación a una espera pacífica y tranquila de la solución de la cuestión", declaró: "solo el camino revolucionario es el verdadero" (citamos según el informe de "Nasha Zhizn"). Declaró también la necesidad de hablar sobre la transferencia de las tierras sin rescate.

La mayoría de los kadetes e "independientes" se pronunció precisamente por un llamamiento "pacificador", condenó los pasos revolucionarios (Kotliarevski contra Lednitski), demostró la utilidad del llamamiento "desde el punto de vista de los terratenientes" (el kadete Yakushkin).

El centurionero Volkonski, junto con Skirmunt y el kadete de derecha Petrazhitski, demuestran el "peligro" del llamamiento, capaz de encender la revolución, y señalan la ley según la cual es necesario todavía tramitar el proyecto agrario a través de la Duma, llevarlo al Consejo de Estado, etc., etc., etc.

Las orientaciones quedaron magníficamente perfiladas. Una y otra vez quedó claro que los kadetes oscilan entre la reacción y la revolución, entre el viejo poder y el pueblo. Una y otra vez los acontecimientos mostraron cuán miope y absurda es la táctica de "apoyo a los kadetes", una táctica que solo debilita la posición revolucionaria de los socialdemócratas y de la democracia revolucionaria en la Duma. Una y otra vez los acontecimientos mostraron que los socialdemócratas, actuando de manera independiente, pueden atraer a su lado a una parte de los trudoviques e incluso escindir hasta cierto punto a los kadetes.

La situación política misma determina con fuerza inevitable la táctica del partido socialdemócrata. A pesar de los esfuerzos del ala derecha socialdemócrata, no ha resultado hasta ahora ningún apoyo a los kadetes, sino que ha resultado, por fortuna, una política independiente del proletariado, apoyado por una parte de los diputados campesinos. No ha resultado la división artificial, inventada por los oportunistas: derecha contra kadetes, trudoviques y socialdemócratas juntos. Ha resultado la división revolucionaria: socialdemócratas y trudoviques contra la derecha, con la total inestabilidad de los kadetes.

Lamentablemente, nuestros diputados socialdemócratas no aprovecharon plenamente la situación extraordinariamente favorable. Deberían haber presentado sin falta, durante los debates generales, su propio proyecto socialdemócrata de llamamiento al pueblo. Solo entonces su política habría sido hasta el final y plenamente una política independiente de los representantes del partido de clase del proletariado como vanguardia de la revolución. Solo entonces las ideas correctas de Ramishvili, Zhilkin y Lednitski no se habrían perdido en los debates, sino que habrían sido unidas, consolidadas y formalizadas en una plataforma decidida y clara de la socialdemocracia revolucionaria.

Solo queda expresar el deseo de que nuestra fracción socialdemócrata en la Duma tome en cuenta las lecciones de las agrupaciones dumianas que se forman cada vez con más frecuencia, de que se encamine con mayor decisión por la vía de una política proletaria plenamente independiente y, durante la discusión del proyecto de llamamiento artículo por artículo, rectifique al menos en parte la situación, es decir, introduzca formulaciones independientes, consecuentemente revolucionarias.

El proyecto socialdemócrata de llamamiento al pueblo, aunque no pasara de ser solo un proyecto leído en la Duma, ejercería una acción extraordinariamente útil para la cohesión y el desarrollo de la lucha revolucionaria y atraería al lado de los socialdemócratas a los mejores elementos del campesinado revolucionario.

Escrito el 5 (18) de julio de 1906.

Publicado el 6 de julio de 1906 en el periódico "Ejo", núm. 13.

Se publica según el texto del periódico.