Las noticias sobre el movimiento en las tropas siguen llenando las páginas de todos los periódicos. Ya es difícil contar en cuántos regimientos o unidades militares ha habido agitaciones y brotes de insurrección en los dos meses de «labor» de la Duma. La famosa actividad parlamentaria pacífica, inventada por políticos burgueses ingenuos (aunque no siempre ingenuos), ha resultado, también en el terreno militar, conducente a métodos de lucha, a formas de movimiento nada pacíficos ni parlamentarios.

Al presentar los hechos y las noticias sobre el movimiento en las tropas, nuestra prensa liberal-burguesa suele utilizar este material únicamente para amedrentar al gobierno. El incendio se extiende —así razonan habitualmente los periódicos kadetes—: ¡cuidado, señores ministros, hágannos concesiones antes de que sea demasiado tarde! Y los ministros responden (a través de *Nóvoe Vremia* y otros periódicos lacayunos) asustando a los kadetes: ¡cuidado, señores, el incendio se extiende, vengan a un acuerdo con nosotros antes de que sea demasiado tarde! Tanto los kadetes como el gobierno ven el movimiento en las tropas como un hecho que aboga por la necesidad de medidas inmediatas para sofocar la revolución. La miopía de sus puntos de vista, estrechamente ligada al carácter egoísta de sus intereses, les impide ver este movimiento como uno de los más grandes indicadores del carácter real de nuestra revolución, de sus aspiraciones reales. Tanto los kadetes como el gobierno son egoístas en la cuestión del ejército. Los organizadores de pogromos necesitan el ejército como instrumento de pogromo. La burguesía liberal lo necesita como salvaguardia de la monarquía burguesa contra las «excesivas» reivindicaciones y exigencias de los campesinos y, sobre todo, de los obreros. La doctrina vulgar, hipócrita y mendaz: «el ejército debe estar fuera de la política» resulta especialmente cómoda para encubrir las verdaderas aspiraciones de la burguesía en este terreno.

Pero fijaos en el carácter de las agitaciones militares, en las exigencias de los soldados. Intentad ver a los soldados que van al fusilamiento por «insubordinación» como personas vivas con intereses propios, como parte del pueblo, como exponentes de las necesidades perentorias de determinadas clases de nuestra sociedad. Veréis que los soldados, que son los más cercanos al campesinado políticamente menos desarrollado, que son sometidos por sus superiores a un embrutecimiento, a una bestialización y a una instrucción militar constantes — que los soldados, ese «sagrado ganado», ¡van inconmensurablemente más lejos que los programas kadetes en sus reivindicaciones!

A los kadetes y a la Duma kadete les gusta presentarse como portavoces de las exigencias de todo el pueblo. Muchos simples lo creen. Pero mirad los hechos, las exigencias reales, la lucha real de las amplias masas populares, y veréis que los kadetes y la Duma kadete recortan las exigencias sociales, las tergiversan.

Mirad los hechos. Los soldados del regimiento Preobrazhenski plantearon la exigencia de apoyar al Grupo del Trabajo en su lucha por la tierra y la libertad. ¡Fijaos: no el apoyo a la Duma, sino el apoyo al Grupo del Trabajo, el mismo al que los kadetes acusaban de «grosero insulto» a la Duma Estatal por el proyecto agrario de los 33 sobre la abolición de la propiedad privada de la tierra! Los soldados, evidentemente, van más lejos que los kadetes: el «ganado gris» quiere más que la burguesía ilustrada…

Exigencias de uno de los regimientos de infantería de Petersburgo:

«…A la Duma Estatal deben ser elegidos diputados de entre nosotros, los soldados, que defiendan nuestras necesidades de soldados.» Los soldados no quieren permanecer fuera de la política. Los soldados no están de acuerdo con los kadetes. Los soldados plantean una exigencia que claramente se reduce a la abolición del ejército de casta, del ejército separado del pueblo, y a su sustitución por un ejército de ciudadanos con plenos derechos. Y esto es precisamente la abolición del ejército permanente y el armamento del pueblo.

Los soldados del distrito de Varsovia exigen una asamblea constituyente. Exigen la libertad de reunión y asociación para los soldados «sin ningún permiso y sin la presencia de oficiales». Exigen «cumplir el servicio militar en su tierra natal», el derecho a vestir ropa de civil fuera del servicio, el derecho a tener representantes electos de los soldados para administrar su abastecimiento y para constituir tribunales que juzguen las faltas de los soldados.

¿Qué es esto? ¿Se parece acaso a las concepciones kadetes de la reforma militar? ¿O se acerca mucho a la instauración de una milicia popular y plenamente democrática?

Los soldados expresan, mejor que los señores burgueses ilustrados, las exigencias realmente populares, compartidas por la inmensa mayoría del pueblo. El carácter y los rasgos fundamentales del movimiento en las tropas expresan, con más fidelidad que la táctica de los kadetes, la esencia de las formas principales y fundamentales de la lucha liberadora en las condiciones dadas. El movimiento obrero y campesino lo confirman con aún mayor fuerza. Y nuestra tarea no es encorsetar este movimiento en los estrechos marcos de la mísera política kadete, ni rebajarlo adaptándolo a los míseros lemas kadetes, sino apoyarlo, ampliarlo y desarrollarlo en el espíritu de un democratismo auténticamente consecuente, resuelto y combativo.

*Eco* nº 10, 2 de julio de 1906.

Publicado según el texto del periódico *Eco*.