Ocurre a veces que políticos experimentados y prudentes, comprendiendo bien la seria responsabilidad que entraña todo paso político más o menos importante, envían por delante, a modo de exploración, a jóvenes e imprudentes guerrilleros. «Allí no hace falta ningún inteligente», se dicen tales políticos, dejando que los jovenzuelos suelten algo de más, para sondear así el terreno.

El camarada N. Rajmétov en «La Voz del Trabajo» produce la impresión precisamente de ese jovenzuelo que cumple la misión que se le ha encomendado. Y precisamente por eso un artículo tan completamente poco serio como el del camarada Rajmétov –del que ya nos hemos reído ayer[49]– adquiere, desde un cierto punto de vista, una indudable significación política. Si en un órgano tan influyente de nuestros socialdemócratas del ala derecha como «La Voz del Trabajo» se publican, sin una sola salvedad de la redacción, artículos que llaman a la socialdemocracia a la alianza con los kadetes, significa que hay una grave enfermedad en nuestro partido. Por más que oculten los síntomas de esta enfermedad personas prudentes, experimentadas y hábiles, la enfermedad se deja sentir de todos modos. Silenciarla sería el mayor de los crímenes.

El error fundamental de los oportunistas de la socialdemocracia consiste en no comprender lo que significa la victoria decisiva de la revolución burguesa. Al rebajar, como todos los oportunistas, la doctrina del marxismo revolucionario y el papel del proletariado como vanguardia, nuestros oportunistas rusos se deslizan constantemente hacia la errónea idea de que el «dueño» inevitable de la revolución burguesa es la burguesía liberal. No comprenden en absoluto el papel histórico, por ejemplo, de la Convención, como dictadura de las capas sociales inferiores, del proletariado y de la pequeña burguesía, en la gran Revolución Francesa. No comprenden en absoluto la idea de la dictadura del proletariado y del campesinado como el único apoyo social posible para una revolución burguesa rusa plenamente victoriosa.

La esencia del oportunismo es sacrificar los intereses sólidos y duraderos del proletariado a sus intereses superficiales y momentáneos. En la época de la revolución burguesa, el oportunista socialdemócrata olvida la importancia del ala revolucionaria de la democracia burguesa y se inclina servilmente ante los éxitos del ala no revolucionaria de esa misma democracia burguesa. La diferencia esencial entre la burguesía liberal-monárquica (k.-d., p. d. r.{106} y similares) y la democracia burguesa revolucionaria, en particular la campesina, escapa a su atención. Cientos, si no miles de veces, hemos señalado a nuestros camaradas del ala derecha esta diferencia. En el proyecto de resolución bolchevique para el congreso[50] se indicaba con toda claridad que la burguesía liberal, no por casualidad, sino en virtud de sus intereses fundamentales, tiende a un compromiso con el viejo poder, vacila entre la revolución y la reacción, teme al pueblo, teme al desarrollo libre y en todos los aspectos de su actividad. Hay que utilizar las frases democráticas de esta burguesía, decíamos, utilizar sus tímidos pasos, sin olvidar ni por un minuto sus aspiraciones «conciliadoras» y traidoras. Por el contrario, la democracia campesina, en virtud de las condiciones objetivas en que está colocada la masa campesina, se ve obligada, a pesar de la falta de plena conciencia en sus filas, a actuar revolucionariamente. Los intereses fundamentales de esta democracia burguesa no la empujan, en el momento actual, a un compromiso, sino que la obligan a luchar decididamente contra el viejo poder. Para no sacrificar los intereses fundamentales del proletariado en la revolución democrático-burguesa, es necesario distinguir estrictamente entre la democracia burguesa liberal o «kadete» y la democracia burguesa campesina o revolucionaria.

Esto es precisamente lo que no quieren comprender los oportunistas de la socialdemocracia. Y sin embargo, los acontecimientos han confirmado brillantemente y siguen confirmando la justeza de nuestra división. También en la Duma se destaca la democracia campesina, obligada a aproximarse a la revolución y a pugnar por liberarse del yugo de los kadetes. Kadetes y octubristas contra trudoviques y socialdemócratas: he aquí la agrupación que ya se ha formado tanto en la cuestión de los comités agrarios locales electivos como en la de la «restricción» kadete de la libertad de reunión.

Los camaradas del ala derecha de la socialdemocracia están sordos a estos hechos. Seduciéndose con la situación del momento presente, tienden a identificar precisamente al partido predominante en la Duma, es decir, a los k.-d., con la democracia burguesa en general. N. Rajmétov repite con particular ingenuidad este viejo error de los mencheviques. Pero mientras que los «viejos gorriones» sortean con habilidad las desagradables conclusiones de premisas incorrectas, los jóvenes gorrioncillos parlotean y se van de la lengua. Si los k.-d. representan realmente la democracia burguesa en general (y no sólo las capas peores y además estrechas, superiores de la burguesía), es natural que la alianza combativa necesaria para el proletariado con la democracia burguesa deba ser la alianza con los kadetes. El proletariado puede y debe ser el luchador de vanguardia por la victoria de la revolución burguesa, salvaguardando rigurosamente al mismo tiempo su independencia de clase. Pero sin la democracia burguesa no puede llevar hasta el final esta revolución. ¿Con quién, pues, «marchar separados, atacar juntos»? ¿Con la democracia liberal o con la campesina?

Con los liberales, con los kadetes, gorjea Rajmétov. ¡Qué hay que pensar! ¡Los kadetes están arriba, son más visibles, brillan y hacen ruido! ¡Con los kadetes, por supuesto, con los kadetes! «A los kadetes les es mucho más fácil vacilar y zigzaguear –declara Rajmétov– cuando se encuentran con una malevolencia general que cuando se les aborda con el deseo de una coalición política... Con la presión de la opinión pública sobre los kadetes (mediante el envío a la Duma de resoluciones, instrucciones, peticiones, reclamaciones, la organización de reuniones de protesta, negociaciones entre el grupo obrero y los kadetes) se puede hacer mucho más que con un alborotamiento insensato y por tanto sin objeto, hablando con crudeza». (Cursivas nuestras.)

Primera página del periódico «Eco» núm. 3, 24 de junio de 1906, con el editorial de V. I. Lenin «¿Quién está por las alianzas con los kadetes?» (Reducida)

He aquí una conclusión íntegra por la cual Rajmétov merecería plenamente un diploma de honor con la inscripción: «de los bolcheviques agradecidos». Alianzas políticas con los kadetes, negociaciones de los socialdemócratas con ellos: ¡qué consigna tan clara y nítida! Sólo nos queda preocuparnos por difundir lo más ampliamente posible esta consigna de los mencheviques entre el partido obrero y plantear ante los obreros la pregunta: ¿quién está por las alianzas con los kadetes? Quien conozca aunque sea un poco al proletariado, no dudará de cuál será la respuesta.

En el mismo número de «La Voz del Trabajo» se inserta una advertencia del CC del POSDR, justa en esencia, contra la fusión de los socialdemócratas con los trudoviques. ¡Pero «La Voz del Trabajo» ha hecho un flaco servicio al CC de nuestro partido, al convertir esa advertencia en una cobertura para la prédica orientada a la alianza de los socialdemócratas con los kadetes! ¡No se podía comprometer más a la socialdemocracia que con este proceder: combinar una declaración –repetimos, justa en esencia– contra la fusión de los socialdemócratas con la burguesía revolucionaria, con la prédica de la alianza de los socialdemócratas con la burguesía oportunista!

¿Y en qué momento se han puesto a predicar esta alianza nuestros mencheviques? En un momento en que se desintegra la alianza de la burguesía revolucionaria y la oportunista, la alianza de los trudoviques y los kadetes. No hay que decirlo, en buen momento ha emprendido su campaña nuestro buen N. Rajmétov. Precisamente cuando –no sin ayuda de los socialdemócratas– los trudoviques han empezado a separarse de los k.-d., a sacudir su yugo, a votar contra ellos, a unirse contra la «alianza» de los kadetes y los octubristas. ¡Y los tales Rajmétov hablan aún con aire de importancia de la revolucionarización de la Duma, sirviendo en realidad a la vulgarización kadete de esta Duma!

Grábense en la memoria, señores: las alianzas con los kadetes, las negociaciones con ellos, son el peor modo de presionarlos. En realidad, eso no significará presión de los socialdemócratas sobre ellos, sino el embotamiento de la lucha independiente de los socialdemócratas. Revolucionariza la Duma y «presiona» a los kadetes precisamente quien desenmascara sin piedad cada paso falso de ellos. La negativa de apoyo por esos pasos falsos presiona mucho más a la Duma kadete que las negociaciones con los kadetes para apoyarlos. El grupo obrero se negó a votar el discurso de respuesta: los kadetes lo mutilaron. El grupo obrero se negó a apoyar a los kadetes. Con esto, hizo caer a los kadetes ante los ojos del pueblo y desplazó moralmente el centro de la atención popular de los kadetes al núcleo «izquierdista» de la Duma. Al estigmatizar sin piedad la tibieza de la Duma kadete, revolucionarizamos con ello tanto a la Duma como –lo que es aún más importante– al pueblo que cree en la Duma. Con ello llamamos a sacudir el yugo de los kadetes, llamamos a actuar con más audacia, más decisión, más consecuencia. Con ello escindimos también a los kadetes, introduciendo vacilación en sus filas mediante la embestida conjunta de los socialdemócratas y los trudoviques.

Llevamos a cabo la política del proletariado como luchador de vanguardia en la revolución, y no como lacayo de las capas superiores más tímidas y miserables de la burguesía liberal.

Escrito el 23 de junio (6 de julio) de 1906.  
Publicado el 24 de junio de 1906 en el periódico «Eco» núm. 3.  
Se publica según el texto del periódico.