Así pues, la Duma de Estado será kadete, nos dicen los periódicos liberales. Ya hemos señalado que esta suposición es del todo probable. Añadamos tan solo que si los kadetes, a pesar de sus actuales victorias, se encontraran en minoría en la Duma, esta circunstancia difícilmente alteraría de manera especialmente sustancial el curso de esa crisis política que está madurando de nuevo en Rusia. Los elementos de esta crisis revolucionaria tienen raíces demasiado profundas para que tal o cual composición de la Duma pueda ejercer una influencia seria. La actitud de las amplias masas populares hacia el gobierno es de absoluta claridad. La actitud del gobierno hacia las necesidades perentorias de todo el desarrollo social es más que clara. La revolución, naturalmente, avanzará en semejante estado de cosas. Tan solo una probable ralentización en ciertos aspectos del desarrollo político de Rusia estará vinculada al predominio de las centurias negras en la primera Duma. A saber: se ralentizará el descalabro del partido kadete y del encanto kadete entre el pueblo si los kadetes quedan ahora en minoría. Estar en minoría, permanecer en la oposición, es ahora muy cómodo para ellos. El predominio de las centurias negras se atribuiría, a los ojos del público, a las represiones gubernamentales durante las elecciones. Los discursos opositores de los kadetes, conscientes de la "inocuidad" de su oposición, serían especialmente fogosos. Ante las amplias masas de población políticamente poco desarrolladas, el prestigio de los kadetes podría elevarse en unas condiciones en las que las "palabras" kadetes resonaran aún con más fuerza que ahora, mientras que los "hechos" kadetes permanecerían aún confusos debido a que los octubristas dejarían a los kadetes en minoría. El crecimiento del descontento contra el gobierno, la preparación de un nuevo ascenso revolucionario, seguirían, aun así, su curso, pero el desenmascaramiento de la vacuidad kadete podría ralentizarse un tanto.

Consideremos ahora la otra suposición, la más probable si hemos de creer las actuales afirmaciones de los periódicos kadetes. Admitamos que los kadetes obtengan la mayoría en la Duma —por supuesto, recurriendo a esa misma unión con los kadetes de diversos liberales sin partido, de "pequeños partidos" y demás, que se observa también ahora durante las elecciones. ¿Cuáles serán la significación y el papel de una Duma kadete?

Los propios kadetes ofrecen respuestas muy concretas a esta pregunta. Sus declaraciones, sus promesas, sus altisonantes frases rebosan firmeza y decisión. Y para nosotros, miembros del partido obrero, es en sumo grado importante recopilar minuciosamente todas estas declaraciones, grabarlas bien en la memoria, difundirlas más ampliamente entre el pueblo, lograr sin falta que las lecciones de educación política (que los kadetes imparten al pueblo) no se pierdan en vano, que los obreros y los campesinos sepan fehacientemente lo que los kadetes prometen y cómo cumplen sus promesas.

En el presente folleto —que no es más que unas notas apresuradas de un publicista socialdemócrata errante, apartado, por voluntad de Durnovó y Cía., del trabajo periodístico—, en este folleto no podemos ni pensar en recopilar todas, o siquiera las más sustanciales, declaraciones y promesas de los kadetes que se encaminaban a la Duma. Podemos señalar solo algunas cosas basándonos en la literatura que tenemos casualmente a mano.

He aquí el periódico "Naródnaya Svoboda", que salió en diciembre y fue rápidamente clausurado por el gobierno. Es el órgano directo, oficial, del partido kadete. Pilares de este partido, como los señores Miliukov y Gessen, editaban este periódico. Que todo el partido demócrata constitucionalista responde por su contenido, no admite la menor duda.

En el número del 20 de diciembre, "Naródnaya Svoboda" se pone a asegurar al lector que es necesario ir a la Duma. ¿Cómo argumenta el órgano de los kadetes? "Naródnaya Svoboda" ni siquiera piensa en discutir que la tarea política inmediata para Rusia consiste en la convocatoria de una Asamblea Constituyente. El órgano de los kadetes toma esta tesis como probada. La cuestión es solo, verán ustedes, quién convocará esa Asamblea Constituyente. Es posible una triple respuesta: 1) el gobierno actual, es decir, de facto, el gobierno autocrático; 2) un gobierno revolucionario provisional, y 3) la Duma de Estado, como "poder que compite con el poder". Y he aquí que los kadetes rechazan las dos primeras salidas: no confían en el gobierno autocrático, y no creen en el éxito de la insurrección. En cambio, aceptan la tercera salida. Precisamente por eso llaman a ir a la Duma, porque es el mejor, el más seguro, etc., etc., medio de convocar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo.

¡Graben bien esta conclusión, señores! El partido kadete, el partido de la "libertad popular", prometió al pueblo aprovechar el "poder que compite con el poder", aprovechar su predominio en la Duma de Estado (si el pueblo le ayuda a lograr tal predominio) para convocar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo.

Esto es un hecho histórico. Es una promesa importante. Es la primera verificación de cómo servirá a la libertad popular sin comillas el partido de la "libertad popular" entre comillas.

En los periódicos actuales del partido kadete (y a este partido, lo repetimos, se han adherido de hecho casi todos los órganos liberales, incluidos "Rus", "Nasha Zhizn", etc.) ya no encontrarán ustedes semejante promesa. Hablan, a lo sumo, de las "funciones constituyentes" de la Duma, pero ya no de la convocatoria por la Duma de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. A medida que se acerca el momento en que las promesas deben refrendarse con su cumplimiento, ya se da un paso atrás, ya se prepara una escapatoria.

¿O acaso se debe todo a que las feroces leyes impiden ahora hablar directamente de la Asamblea Constituyente? ¿No es así, señores? En la Duma, donde sus diputados gozarán, según la ley, de libertad de palabra, ¿volverán a hablar a plena voz, exigirán la convocatoria... qué digo?..., convocarán ustedes la Asamblea Constituyente de todo el pueblo?

Viviremos y veremos. Y no olvidemos la promesa de los kadetes de convocar, a través de la Duma, una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Los periódicos kadetes están ahora atiborrados de declaraciones de que ellos, los kadetes, serán el "gobierno", de que tendrán el "poder", etc., etc. ¡Buena suerte, señores! Cuanto antes tengan ustedes la mayoría en la Duma, tanto antes llegará el momento en que sus pagarés serán presentados al cobro. He aquí que el periódico kadete "Rus", saludando la victoria peterburguesa del partido de la "libertad popular", inserta en el número del 22 de marzo un fogoso artículo: "¿Con el pueblo o contra él?". Aquí no se habla directamente de la convocatoria por la Duma de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Pero, a pesar de este paso atrás respecto a las promesas dadas por los kadetes, quedan todavía no pocas buenas perspectivas kadetes:

"La principal misión de la Duma que ahora se reúne y del partido de la libertad popular en ella es ser el azote de la cólera popular.

Una vez expulsados y llevados ante los tribunales a los miembros criminales del gobierno, tendrá que ocuparse solo de medidas urgentes, para luego convocar una Duma verdadera —sobre bases más amplias, representante de todo el pueblo" (¿es decir, convocar una Asamblea Constituyente?). "Esta es la indudable tarea de la Duma, es decir, la tarea que le encomienda ahora el propio pueblo".

Así, así. Expulsar al gobierno. Llevar ante los tribunales al gobierno. Convocar una Duma verdadera. Bien escribe el periódico "Rus". Bien hablan los kadetes. Asombrosamente hermoso hablan los kadetes. Solo que no es bueno que cierren sus periódicos por estas hermosas palabras...

Grabemos, pues, señores, esta nueva promesa, formulada al día siguiente de las elecciones de San Petersburgo, grabémosla bien. Los kadetes van a la Duma para expulsar al gobierno, para llevar ante los tribunales al gobierno, para convocar una Duma verdadera.

De las promesas kadetes acerca de la Duma pasemos ahora a las "miras" gubernamentales acerca de la Duma kadete. Por supuesto, no es dado a nadie conocer con exactitud estas "miras", pero existe cierto material para juzgarlas, incluso en esos mismos periódicos kadetes tan optimistas. He aquí, por ejemplo, que respecto al empréstito en Francia {131} llegan noticias cada vez más seguras de que dicho empréstito es cosa decidida, que se concertará antes de la Duma. El gobierno será, naturalmente, aún menos dependiente de la Duma.

Además, en cuanto a las perspectivas del ministerio Vitte-Durnovó, el mismo periódico "Rus" (o "Molvá"), en el artículo antes citado, propone al gobierno "ir junto con el pueblo, es decir, con la Duma". Como pueden ver, la "expulsión de los miembros criminales del gobierno" se entiende en realidad solo en el sentido de un cierto cambio de personas. Qué cambio, se desprende de las siguientes palabras del periódico:

"Ahora, incluso para la propia reacción sería más ventajoso un ministerio de un hombre de acción como D. N. Shípov. Solo él podría evitar el choque final entre el gobierno y la sociedad en la Duma". Pero vamos por "el peor de los casos", observa el periódico, esperando la formación de un ministerio puramente burócrata. "No hay nada que demostrar aquí —dice "Molvá"—, está claro hasta la evidencia para todos que si el gobierno no se dispone a privar de significado a la Duma, entonces debe, está obligado, a destituir de inmediato a Durnovó, Vitte y Akímov. Y es igualmente evidente que si esto no se hace, si no se hace, solo significará que la política gendarme de 'refrenar y reprimir' se dispone a ser aplicada también contra los representantes del pueblo, y contra la Duma de Estado. Y para esto, por supuesto, son más aptas que nunca unas manos ya manchadas hasta el codo con sangre popular. Está perfectamente claro: si el señor Durnovó permanece habiendo una Duma opositora, será solo para disolverla. No tiene ni puede tener otro sentido. Esto lo comprenden todos. Lo comprende la Bolsa y el extranjero". "Oponerse" a la Duma significa "lanzar la nave del Estado a un abismo tan tempestuoso", etc., etc.

Finalmente, para completar el cuadro, citemos aún la siguiente información del periódico kadete "Nasha Zhizn" del 21 de marzo acerca de las "esferas burocráticas", sobre las cuales este periódico se esfuerza en informar al lector con especial diligencia:

"El creciente éxito del partido demócrata constitucionalista ha llamado la atención de las esferas. Al principio, este éxito produjo cierta confusión, pero en la actualidad se lo toman con total calma. El domingo tuvo lugar una reunión privada de altos representantes del gobierno sobre esta cuestión, en la que se clarificó esta actitud y, además, se esbozó, por así decirlo, la táctica. Entre otras cosas, se expresaron consideraciones harto características. Según la opinión de algunos, el éxito de los demócratas constitucionalistas es directamente ventajoso para el gobierno: pues, si pasan a la Duma elementos de derecha, esto solo haría el juego a los grupos extremistas, que obtendrían la posibilidad, refiriéndose a la composición, de hacer propaganda contra la Duma y señalar que ha sido artificialmente seleccionada con una composición reaccionaria; la sociedad de masas tratará con tanto mayor respeto a la Duma cuantos más representantes del partido demócrata constitucionalista haya en ella. En cuanto a la táctica respecto a la Duma, la mayoría mantiene la opinión de que no hay motivos para temer 'sorpresas' algunas, 'dados los marcos en que está colocada la Duma', como observó con franqueza uno de los presentes. En vista de ello, la mayoría opina que de ninguna manera se debe obstaculizar a los futuros miembros de la Duma, 'incluso si se pusieran a criticar a determinadas personas del gobierno'. Esto lo esperan muchísimos, y la opinión general de los burócratas al respecto se reduce a que 'que hablen'; 'exigirán que se les lleve ante los tribunales; quizás den curso al asunto, etc., y luego a ellos mismos les cansará; lo que resulte de estos asuntos, aún está por ver, y mientras tanto los miembros deberán ocuparse de las cuestiones del país —y todo entrará en la normalidad. Y si a los miembros se les ocurre expresar desconfianza al gobierno, esto tampoco tiene importancia; a fin de cuentas, los ministros no son nombrados por la Duma'. Estos argumentos, según dicen, tuvieron un efecto tranquilizador incluso sobre Durnovó y Vitte, quienes en un primer momento se sintieron confusos por los éxitos del partido demócrata constitucionalista".

Así pues, he aquí ante ustedes las opiniones, puntos de vista e intenciones de los interesados participantes directos en el "asunto". Por un lado, las perspectivas de lucha. Los kadetes prometen expulsar al gobierno y convocar una nueva Duma. El gobierno se dispone a disolver la Duma —y entonces, "el tempestuoso abismo". La cuestión, pues, es quién expulsa a quién o quién disuelve a quién. Por otro lado, las perspectivas de un arreglo. Los kadetes creen que un ministerio Shípov podría evitar el choque entre el gobierno y la sociedad. El gobierno cree: que hablen, incluso se puede arrastrar a algunos ante los tribunales, pero los ministros, a fin de cuentas, no los nombra la Duma. Hemos citado deliberadamente solo las opiniones de los propios participantes en el negocio, y además exclusivamente en sus propias expresiones. No hemos añadido nada de nuestra cosecha. Añadir significaría debilitar la impresión de los testimonios. De estos testimonios se perfila con magnífica claridad la esencia de la Duma kadete.

O lucha, y entonces quien luchará no será la Duma, sino el pueblo revolucionario. La Duma espera cosechar los frutos de la victoria. O arreglo, y entonces quien resultará engañado, en todo caso, será el pueblo, es decir, el proletariado y el campesinado. Las personas de negocios, en el verdadero sentido de la palabra, no hablan antes de tiempo de las condiciones del arreglo, y solo los fogosos "radicales" a veces se van de la lengua: bueno, por ejemplo, la sustitución de un ministerio burócrata por un ministerio del "burgués honesto" Shípov, entonces se podría regatear sin ofensa para ambas partes... Entonces se estaría muy, muy cerca de realizar el ideal kadete: primer lugar, la monarquía; segundo, una Cámara alta terrateniente y fabril con un ministerio Shípov acorde a su orientación; tercer lugar, la Duma "popular".

Se sobreentiende que esta alternativa, como toda suposición sobre el futuro social y político, señala solo las líneas principales y fundamentales del desarrollo. En la vida real, a menudo se observan soluciones mixtas, líneas que se entrelazan: la lucha se alterna con el arreglo, el arreglo se complementa con la lucha. He aquí que el señor Miliukov en "Rech" (del viernes 24 de marzo) discurre precisamente así sobre las perspectivas de la ya definida victoria kadete: en vano, dizque, se nos considera y se nos declara revolucionarios. Todo depende de las circunstancias, señores —alecciona a los detentadores del poder nuestro "dialéctico fascinante"—, también Shípov era un "revolucionario" antes del 17 de octubre. Si ustedes quieren pactar con nosotros un arreglo a lo divino, por las buenas, entonces reforma y no revolución. Si no quieren, entonces probablemente habrá que ejercer sobre ustedes cierta presión desde abajo, soltar un poquito de revolución, intimidarles, debilitarles con algún golpe del pueblo revolucionario; se volverán entonces más maleables —y, mira tú, el arreglo nos resultará más ventajoso.

Los elementos del problema, por consiguiente, son los siguientes. En el poder está un gobierno del cual desconfía a sabiendas la amplia masa de la burguesía, al que odian los obreros y los campesinos conscientes. El gobierno tiene en sus manos enormes instrumentos de fuerza. Un solo punto débil: el dinero. Y aun eso no se sabe: quizás aún consiga obtener un empréstito antes de la Duma. Frente al gobierno se halla, según nuestra suposición, la Duma kadete. ¿Qué quiere? Su precio "con sobreprecio" es conocido: es el programa kadete, monarquía y Cámara alta con una Cámara baja democrática. ¿Su precio sin sobreprecio? —desconocido. Bueno, algo así como un ministerio Shípov, tal vez... Él, es verdad, está contra el sufragio directo, pero de alguna manera, aun así es un hombre honesto... probablemente se pondrían de acuerdo. Sus medios de lucha: negarse a dar dinero. Medio poco fiable, pues, en primer lugar, quizás haya dinero sin la Duma, y, en segundo lugar, por ley los derechos de la Duma en materia de control financiero son de lo más mezquinos. Otro medio: "que ellos disparen" —recuerdan cómo Katkov describía la actitud de los liberales hacia el gobierno: cede, o si no, "ellos" dispararán {132}. Pero en los tiempos de Katkov, "ellos" eran un puñado de héroes que no podían hacer nada más que matar a personas aisladas. Ahora, "ellos" es toda la masa del proletariado, que demostró en octubre su capacidad para una acción en toda Rusia de una unidad sorprendente, que demostró en diciembre su capacidad para una lucha armada tenaz. "Ellos" son ahora también la masa campesina, que demostró su capacidad para la lucha revolucionaria en una forma dispersa, inconsciente, no unánime, pero en esta masa crece el número de los conscientes, que son capaces, bajo condiciones adecuadas, al menor soplo de una brisa libre (¡hoy es tan difícil resguardarse de las corrientes de aire!), de arrastrar tras sí a millones. "Ellos" pueden ya no solo matar ministros. "Ellos" pueden barrer por completo tanto la monarquía como cualquier atisbo de Cámara alta, y toda la propiedad terrateniente, e incluso el ejército permanente. "Ellos" no solo pueden hacerlo, "ellos" lo harán inevitablemente si se debilita la opresión de la dictadura militar —el último refugio del viejo orden, el último, no sobre la base del cálculo teórico, sino sobre la base de la experiencia práctica ya adquirida.

Tales son los elementos del problema. Cómo se resolverá, es imposible predecirlo con absoluta precisión. Cómo queremos resolverlo nosotros, los socialdemócratas, cómo lo resolverán todos los obreros conscientes y todos los campesinos conscientes, no está sujeto a duda: aspirar a la victoria completa de la insurrección campesina y a la conquista de una república verdaderamente democrática. ¿Cuál será la táctica de los kadetes ante semejante planteamiento del problema, cuál debe ser esa táctica, independientemente de la voluntad y la conciencia de individuos aislados, en virtud de las condiciones objetivas de existencia de la pequeña burguesía en una sociedad capitalista que lucha por su liberación?

La táctica de los kadetes se reducirá inevitable e ineludiblemente a maniobrar entre la autocracia y la victoria del pueblo revolucionario, sin permitir que un adversario aplaste decisiva y definitivamente al otro. Si la autocracia aplasta decisiva y definitivamente la revolución, los kadetes se volverán impotentes, pues su fuerza es una fuerza derivada de la revolución. Si el pueblo revolucionario, es decir, el proletariado y el campesinado que se alza contra toda la propiedad terrateniente, aplastan decisiva y definitivamente la autocracia, y por consiguiente barren también la monarquía y todos sus apéndices, los kadetes también serán impotentes, pues todo lo vitalmente capaz se alejará de inmediato de ellos pasándose al lado de la revolución o de la contrarrevolución, y en el partido quedará un par de Kizevetter, suspirando por la "dictadura" y buscando en los diccionarios latinos el significado de las palabras latinas apropiadas. En pocas palabras, la táctica de los kadetes puede expresarse así: asegurar el apoyo del pueblo revolucionario al partido kadete. La palabra "apoyo" debe expresar precisamente aquellas acciones del pueblo revolucionario que, en primer lugar, se subordinarían por completo a los intereses del partido kadete, a sus indicaciones, etc., y que, en segundo lugar, no serían acciones demasiado decididas, ofensivas, y, sobre todo, no serían demasiado enérgicas. El pueblo revolucionario debe carecer de independencia, eso es lo primero, y no debe vencer definitivamente, no debe aplastar a su enemigo, eso es lo segundo. Esta táctica la aplicará inevitablemente, en general y en conjunto, todo el partido kadete y toda Duma kadete, y, por supuesto, esta táctica se fundamentará, se defenderá, se justificará con todo el rico bagaje ideológico de investigaciones "científicas" [55], nebulosidades "filosóficas", trivialidades políticas (o politiqueo), chillidos "literario-críticos" (à la Berdiáev), etc., etc.

Por el contrario, la socialdemocracia revolucionaria no puede en el momento actual definir su táctica por la consigna de: apoyo al partido kadete y a la Duma kadete. Semejante táctica sería incorrecta e inservible.

Se nos objetará, por supuesto: ¿cómo? ¿Niegan ustedes lo que está reconocido tanto en su programa como por toda la socialdemocracia internacional? ¿El apoyo del proletariado socialdemócrata a la democracia burguesa revolucionaria y opositora? ¡Pero si eso es anarquismo, utopismo, rebeldismo, un revolucionarismo sin sentido!

Permítanme, señores. Permítanme ante todo recordarles que no tenemos ante nosotros una cuestión general, abstracta, sobre el apoyo a la democracia burguesa en general, sino una cuestión concreta sobre el apoyo precisamente al partido kadete y precisamente a la Duma kadete. No negamos la tesis general, pero exigimos un análisis particular de las condiciones de aplicación concreta de estos principios generales. No existe la verdad abstracta, la verdad es siempre concreta. Esto lo olvida, por ejemplo, Plejánov, cuando esgrime, no por primera vez, y subraya especialmente la táctica: "La reacción se esfuerza por aislarnos a nosotros. Nosotros debemos esforzarnos por aislar a la reacción". Es una tesis correcta, pero es general hasta lo ridículo: se aplica por igual a la Rusia de 1870 y a la Rusia de 1906, y a Rusia en general, y a África, América, China y la India. No dice nada y no da nada, pues toda la tarea consiste en definir qué es la reacción, y con quién exactamente, cómo exactamente hay que unirse (o, si no unirse, coordinar sus acciones) para aislar a la reacción. Plejánov teme dar una indicación concreta, y en la práctica, de hecho, su táctica se reduce, como ya hemos mostrado, a las coaliciones electorales entre socialdemócratas y demócratas constitucionalistas, al apoyo de los kadetes por la socialdemocracia.

¿Están los kadetes contra la reacción? Tomo el ya citado número 18 de "Molvá" del 22 de marzo. Los kadetes quieren expulsar al gobierno. Esto es magnífico, esto es contra la reacción. Los kadetes quieren reconciliarse con el gobierno autocrático con un ministerio Shípov [56]. Esto es pésimo. Es una de las peores formas de reacción. Como ven, señores, con la tesis abstracta, con la frase hueca sobre la reacción, no dan ustedes un solo paso adelante.

¿Son los kadetes la democracia burguesa? Cierto. Pero la masa campesina, que persigue la confiscación de todas las tierras de los terratenientes, es decir, lo que los kadetes no quieren, es también una democracia burguesa. Tanto las formas como el contenido de la actividad política de una y otra parte de la democracia burguesa son diferentes. ¿A cuál de ellas nos importa más apoyar precisamente ahora? ¿Podemos, en general, en la época de la revolución democrática, apoyar a la primera? ¿No significaría esto una traición a la segunda? ¿O acaso se pondrán ustedes a negar que los kadetes, dispuestos a reconciliarse en política con Shípov, son capaces de reconciliarse en la cuestión agraria con Káufman? Como ven, señores, con la tesis abstracta, con la frase hueca sobre la democracia burguesa, no dan ustedes un solo paso adelante.

—¡Pero si los kadetes son un partido único, fuerte, viable, parlamentario!

Falso. Los kadetes no son un partido único, ni fuerte, ni viable, ni parlamentario. No son únicos, pues por ellos votó mucha gente capaz de luchar hasta el final, y no solo de pactar. No son únicos, pues su base social es internamente contradictoria: desde la pequeña burguesía democrática hasta el terrateniente contrarrevolucionario. No son fuertes, pues como partido no quieren ni pueden participar en esa aguda, abierta guerra civil que se encendió en Rusia a finales de 1905 y que tiene todas las probabilidades de estallar con nueva energía en un futuro no lejano. No son viables, pues en caso incluso de realizarse su ideal, la fuerza predominante en la sociedad creada según ese ideal no serán ellos, sino los "serios" burgueses Shípov, Guchkov. No son un partido parlamentario, pues nosotros no tenemos parlamento. No tenemos una constitución, sino solo una autocracia constitucional, solo tenemos ilusiones constitucionales, especialmente nocivas en una época de aguda guerra civil y especialmente difundidas con celo por los kadetes.

Y aquí hemos llegado al punto central de la cuestión. Las particularidades del momento actual de la revolución rusa son precisamente tales que las condiciones objetivas colocan en el proscenio la lucha decisiva, extraparlamentaria, por el parlamentarismo, y por eso no hay nada más nocivo y peligroso en semejante momento que las ilusiones constitucionales y el juego al parlamentarismo. Los partidos de oposición "parlamentaria" en semejante momento pueden ser más peligrosos y nocivos que los partidos abierta y plenamente reaccionarios: esta tesis puede parecer una paradoja solo a quien sea completamente incapaz de pensamiento dialéctico. En efecto: si en las más amplias masas del pueblo ha madurado por completo la reivindicación del parlamentarismo, si esta reivindicación se apoya además en toda la secular evolución socioeconómica del país, si el desarrollo político ha llevado de lleno a la realización de esta reivindicación, ¿qué puede ser más peligroso y nocivo que su realización simulada? El antiparlamentarismo abierto es inofensivo. Está condenado a muerte. Está muerto. Los intentos de resucitarlo ejercen el mejor efecto en el sentido de revolucionizar a las capas más atrasadas de la población. El único medio posible para mantener la autocracia se convierte en una "autocracia constitucional", se convierte en la creación y difusión de ilusiones constitucionales. Es la única política correcta, la única política sensata de la autocracia.

Y yo afirmo que los kadetes en la actualidad contribuyen a esta sensata política autocrática más que "Moskovskie Védomosti". Tomen, por ejemplo, la polémica entre este último y la prensa liberal sobre la cuestión de si Rusia es una monarquía constitucional. No, dicen las "Moskovskie Védomosti". Sí, dicen a coro los periódicos kadetes. En esta polémica, "Moskovskie Védomosti" es progresista, y los periódicos kadetes son reaccionarios, pues "Moskovskie Védomosti" dice la verdad, desenmascara la ilusión, aussprechen was ist [57], mientras que los kadetes dicen una mentira: bienintencionada, benévola, sincera e ingenuamente concienzuda, hermosa, armoniosa, científicamente alisada, kizevetterianamente maquillada, salonescamente decente, pero mentira al fin y al cabo. Y no hay nada más peligroso, no hay nada más nocivo en el actual momento de lucha —por las condiciones objetivas de este momento— que semejante mentira.

Una pequeña digresión. Tuve que pronunciar recientemente una conferencia política en casa de un kadete muy ilustrado y sumamente amable. Discutimos. Imagínese usted, decía el anfitrión, que ante nosotros hay una fiera salvaje, un león, y nosotros dos, esclavos, entregados para ser despedazados. ¿Son pertinentes las disputas entre nosotros? ¿No estamos obligados a unirnos para luchar contra este enemigo común, "aislar a la reacción", como expresa magníficamente el más sabio y el más perspicaz de los socialdemócratas, G. V. Plejánov? —El ejemplo es bueno, y yo lo acepto— respondí yo. —Pero, ¿qué hacer si uno de los esclavos aconseja pertrecharse de armas y atacar al león, mientras que el otro, justo durante la lucha, examina un baberito colgado en el pecho del león con la inscripción "constitución", y grita: "¡Yo estoy contra la violencia tanto de derecha como de izquierda", "yo soy miembro del partido parlamentario, yo estoy en el terreno constitucional"? ¿No podría resultar que el leoncillo, que pregona los verdaderos fines del león, resulte en tales condiciones un esclarecedor de las masas y un desarrollador de la conciencia política y de clase más útil que el esclavo desgarrado por el león, que difunde la fe en el baberito?

La cuestión es precisamente que en los razonamientos corrientes sobre el apoyo de la socialdemocracia a la democracia burguesa, se olvida con demasiada frecuencia, a causa de las tesis generales y abstractas, las particularidades del momento concreto, en que está madurando una lucha decisiva por el parlamentarismo y en que una de las armas de lucha contra el parlamentarismo por parte del gobierno autocrático es el juego al parlamentarismo. En semejantes condiciones, cuando aún está por delante la batalla extraparlamentaria definitiva, plantear como tarea del partido obrero el apoyo al partido de los conciliadores parlamentarios, al partido de las ilusiones constitucionales, sería un error directamente fatal, si no un crimen ante el proletariado.

Imaginémonos que tenemos en Rusia un régimen parlamentario establecido. Esto significaría que el parlamento se ha convertido ya en la forma principal de dominación de las clases y fuerzas gobernantes, se ha convertido ya en la arena principal de lucha de los intereses sociopolíticos. No existe un movimiento revolucionario en el significado directo de esta palabra, las condiciones económicas y demás no engendran explosiones revolucionarias en el presente, es decir, en el momento que suponemos. Ninguna declamación revolucionaria en tales condiciones sería, por supuesto, capaz de "provocar" una revolución. La renuncia a la lucha parlamentaria sería en semejantes condiciones absolutamente inadmisible para la socialdemocracia. El partido obrero debería ocuparse de la manera más seria del parlamentarismo, participar en las elecciones a la "Duma" y en la propia "Duma", subordinar toda su táctica a las condiciones de formación y funcionamiento exitoso de un partido socialdemócrata parlamentario. Entonces, el apoyo al partido de los kadetes en el parlamento contra todos los partidos situados más a la derecha sería nuestra obligación incondicional. Entonces, tampoco se podría objetar categóricamente contra los acuerdos electorales con este partido en elecciones conjuntas, digamos en las asambleas electorales de gubernia (en caso de elecciones indirectas). Es más. Entonces, incluso el apoyo a los shipovistas por los socialdemócratas en el parlamento contra los reaccionarios auténticos y descarados sería nuestra obligación: la reacción se esfuerza por aislarnos —se diría entonces—, nosotros debemos esforzarnos por aislar a la reacción.

Pero ahora, en Rusia, no puede hablarse en absoluto de la existencia de un régimen parlamentario establecido, universalmente reconocido y real. Ahora, en Rusia, la forma principal de dominación de las clases gobernantes y de las fuerzas sociales no es, a sabiendas, la forma parlamentaria; la arena principal de lucha de los intereses sociopolíticos no es, a sabiendas, el parlamento. En semejantes condiciones, el apoyo al partido de los conciliadores parlamentarios sería el suicidio del partido obrero —y, por el contrario, el apoyo a la democracia burguesa que actúa de manera no parlamentaria, aunque sea espontánea, dispersa, inconsciente (como los estallidos campesinos), pasa al primer plano, se convierte en un asunto serio y real, al cual debe subordinarse todo lo demás... La insurrección en semejantes condiciones sociopolíticas es una realidad; el parlamentarismo es un juguete, un palenque insustancial de lucha, un señuelo mucho más que una concesión real. La cuestión, pues, no es en absoluto que neguemos o subestimemos el parlamentarismo, y con frases generales sobre el parlamentarismo nuestra posición no resulta en modo alguno afectada. La cuestión estriba en la situación concreta precisamente del momento actual de la revolución democrática, cuando los conciliadores de la burguesía, cuando los monárquicos liberales, sin negar ellos mismos la posibilidad de que Durnovó simplemente disuelva la Duma o que la ley reduzca definitivamente esta Duma a la nada, declaran sin embargo que el parlamentarismo es un asunto serio, y la insurrección, una utopía, anarquismo, rebeldismo, revolucionarismo impotente y demás zarandajas que dicen todos estos Kizevetter, Miliukov, Struve, Izgóev y otros héroes del filisteísmo.

Imagínense que el partido socialdemócrata hubiera participado en las elecciones a la Duma. Se ha conseguido un cierto número de electores socialdemócratas. Para no dejar vencer a las centurias negras, hay que (una vez metidos en esta absurda comedia de las elecciones) apoyar a los kadetes. El partido socialdemócrata concluye un acuerdo electoral con los demócratas constitucionalistas. Un cierto número de socialdemócratas entra en la Duma con ayuda de los kadetes. Cabe preguntarse: ¿habría valido la pena el juego? ¿Habríamos salido ganando o perdiendo con ello? En primer lugar, no podríamos informar ampliamente a las masas sobre las condiciones y el carácter de nuestros acuerdos electorales con los demócratas constitucionalistas desde el punto de vista socialdemócrata. Los periódicos kadetes, en cientos de miles y millones de ejemplares, difundirían la mentira burguesa y la tergiversación burguesa de las tareas de clase del proletariado. Nuestras hojitas, nuestras salvedades en declaraciones aisladas serían una gota en el mar. Resultaríamos de hecho precisamente un apéndice mudo de los kadetes. En segundo lugar, al concertar un acuerdo, indudablemente, de manera tácita o abierta y formal —da igual—, asumiríamos ante el proletariado una cierta responsabilidad por los kadetes, por que son mejores que todos los demás, por que su Duma kadete ayudará al pueblo, por toda su política kadete. Si seríamos capaces, mediante "declaraciones" posteriores, de librarnos de la responsabilidad por tales o cuales pasos kadetes, es aún una cuestión, y además las declaraciones se quedarían en declaraciones, mientras que el hecho del acuerdo electoral estaría ya ahí. ¿Y acaso tenemos fundamento para avalar, aunque sea mínimamente, aunque sea de manera indirecta, ante el proletariado y ante la masa campesina la actuación de los kadetes? ¿Acaso no nos han dado los kadetes mil pruebas de su semejanza precisamente con esos profesores kadetes alemanes, precisamente con esos "charlatanes de Fráncfort", que no solo la Duma, sino incluso la Asamblea Nacional Constituyente supieron convertir de instrumento de desarrollo de la revolución en instrumento de embotamiento de la revolución, de sofocamiento (moral) de la revolución? El apoyo al partido kadete habría sido un error por parte de la socialdemocracia, y nuestro partido hizo bien en boicotear las elecciones a la Duma.

El apoyo al partido kadete tampoco ahora puede ser tarea de la socialdemocracia. No podemos apoyar a la Duma kadete. Los conciliadores y tránsfugas durante la guerra pueden ser incluso más peligrosos que el enemigo. Shípov, al menos, no se llama a sí mismo "demócrata", y tras él no irá el "mujik" que desea la "libertad popular". Pero si el partido de la "libertad popular", habiendo concluido tal o cual pacto de apoyo mutuo entre demócratas constitucionalistas y socialdemócratas, concluyera luego un arreglo con la autocracia sobre la sustitución de la Asamblea Constituyente por un ministerio de ese mismo Shípov —o redujera su "actividad" a discursos sonoros y resoluciones grandilocuentes—, entonces nos encontraríamos en la situación más falsa.

Plantear como tarea del partido obrero en el momento actual el apoyo a los kadetes sería como si se declarara que la tarea del vapor no es mover la máquina del barco de vapor, sino apoyar la posibilidad de hacer sonar los silbatos del barco. Si hay vapor en las calderas, sonarán también los silbatos. Si hay fuerza en la revolución, también los kadetes pitarán. Los silbatos se pueden falsificar, y en la historia de la lucha por el parlamentarismo, muchas veces los traidores burgueses a la libertad popular falsificaron los silbatos y engañaron a la gente sencilla que confiaba en toda suerte de "primeras asambleas representativas".

Nuestra tarea no es apoyar a la Duma kadete, sino utilizar los conflictos dentro de esta Duma y relacionados con esta Duma para elegir el mejor momento para atacar al enemigo, para la insurrección contra la autocracia. Debemos tener en cuenta cómo crece la crisis política en la Duma y en torno a la Duma. Para evaluar el estado de ánimo social, para determinar de manera más correcta y precisa el "momento de ebullición", toda esta campaña de la Duma debe tener para nosotros una enorme importancia, pero importancia como síntoma, y no como campo real de lucha. No apoyaremos a la Duma kadete, no debemos contar con el partido kadete, sino con aquellos elementos de la pequeña burguesía urbana y, especialmente, del campesinado, que, habiendo votado por los kadetes, inevitablemente empezarán a desengañarse de ellos y a templarse para el combate —y esto tanto más rápidamente cuanto más decididamente venzan los kadetes en la Duma. Nuestra tarea es utilizar, en interés de la organización de los obreros, en interés del desenmascaramiento de las ilusiones constitucionales, en interés de la preparación de la ofensiva militar, toda la tregua que nos brinda la Duma opositora (nos es muy ventajosa la tregua en vista de que el proletariado debe reagrupar bien sus fuerzas). Nuestra tarea es estar en nuestro puesto en el momento en que la comedia de la Duma estalle en una nueva, gran crisis política, y nos pondremos entonces como objetivo no el apoyo a los kadetes (en el mejor de los casos, serán solo un débil portavoz del pueblo revolucionario), sino el derrocamiento del gobierno autocrático y el paso del poder a manos del pueblo revolucionario. Si el proletariado y el campesinado vencen en la insurrección, entonces la Duma kadete, en unos minutos, firmará de un plumazo un papelito de adhesión al manifiesto del gobierno revolucionario que convoque la Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Si la insurrección es aplastada, el vencedor, agotado por la lucha, quizás se vea obligado a compartir una buena mitad del poder con la Duma kadete, la cual se sentará a la mesa del pastel y aprobará una resolución de pesar por la "insensatez" de la insurrección armada en un momento en que una verdadera organización constitucional estaba, dizque, tan posible, tan cerca... Si hay cadáveres, ya se encontrarán los gusanos.