Ningún socialdemócrata dudará hoy de que la intervención de los miembros de nuestro partido en la Duma podría aportar, en las condiciones actuales, no poca utilidad a la causa del proletariado y a la causa de todo el pueblo.

Hemos saludado las victorias electorales de los camaradas caucásicos[45]. Consideramos nuestro deber señalar sus éxitos en la Duma, criticar —de manera práctica— sus errores.

Consideramos un éxito el discurso del camarada Ramishvili sobre el «peligro» de la Duma y su «pacifismo». Un éxito, la resolución suya sobre el pogromo de Bialystok{101}. Un éxito, la magnífica crítica del proyecto de ley kadete sobre las reuniones y el acertado planteamiento de la cuestión del proyectismo kadete en general. Sobre este éxito esperamos hablar con los lectores más detenidamente.

Consideramos un error el silencio de nuestros socialdemócratas en la Duma cuando Aládin «se tragó» la tergiversación que hizo Nabókov de la resolución sobre la cuestión alimentaria{102}. Los socialdemócratas deberían haber protestado y presentado su propia resolución. Fue un error el discurso del camarada Gomarteli en respuesta al hipócrita Fedorovski, cuando el socialdemócrata reconoció lo indeseable de arrastrar al ejército a la política. Es un error muy grande, pero aún reparable. Por último, consideramos un error también el texto de la declaración aprobado por la fracción. Esto ya es irreparable. Y no con ánimo de regatear —la tarea de los camaradas en la Duma es difícil y los errores al principio son inevitables—, sino en aras de la educación política de todo el partido y de todo el proletariado, debemos detenernos ahora en este error.

A los miembros de nuestra fracción socialdemócrata en la Duma se les propuso otro proyecto de declaración desde el campo de los antiguos bolcheviques. He aquí este proyecto con algunas… omisiones (la palabra impresa en la prensa es menos libre entre nosotros que la palabra del diputado en la Duma):

«En la persona de nuestro grupo, el partido del proletariado consciente de todas las naciones de nuestro Estado, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, comparece ante todo el pueblo desde la tribuna de la Duma de Estado.

Nuestro partido es uno de los destacamentos del ejército internacional del proletariado socialdemócrata. En todo el mundo se ha alzado a la lucha el proletariado organizado y consciente de sus intereses de clase. Lucha contra el yugo del capital. Aspira a la plena liberación de todos los trabajadores de la opresión de la falta de derechos, de la miseria, del sojuzgamiento, del paro forzoso. Aspira a la organización socialista de la sociedad, que suprima toda división en explotadores y explotados. La socialdemocracia llama a sus filas a todos los trabajadores y explotados, no solo a los obreros asalariados, sino también a los pequeños propietarios, si es que han tomado conciencia de sus intereses comunes con el proletariado, si buscan la salvación no en el fortalecimiento de la pequeña hacienda aislada, sino en la lucha conjunta con la clase obrera para derrocar por completo la dominación de la burguesía. Y el proletariado socialista internacional alcanzará su objetivo con su lucha unida y firme.

Pero en Rusia la lucha se libra ahora no por el socialismo, sino por la libertad política. La gran revolución rusa está en pleno apogeo. La opresión de la autocracia ha hecho imposible todo desarrollo del país. La arbitrariedad de los funcionarios irresponsables, la explotación bárbara de los terratenientes sobre la masa campesina han despertado la indignación de todo el pueblo. El proletariado luchó al frente del pueblo. Con la heroica huelga de octubre arrancó al enemigo el reconocimiento de la libertad. Con la heroica insurrección de diciembre aniquiló toda posibilidad de dilatar la convocatoria de la representación popular. Y, por mucho que la autocracia falseara la ley electoral, por mucho que martirizara y golpeara a los mejores luchadores por la libertad, por mucho que los atormentara en las cárceles, la Duma de Estado resultó, a pesar de todo, adversaria de la autocracia.

Ahora el pueblo se halla en vísperas de una nueva gran lucha. La autocracia se mofa de la representación popular, se burla de sus demandas. La indignación de los obreros, campesinos y soldados no cesa de aumentar. Del comportamiento de las distintas clases de la sociedad depende el desenlace de la gran revolución rusa.

La burguesía liberal, representada en la Duma de Estado por el partido particularmente influyente de los kadetes, tiende inevitablemente a que, en la transformación democrática que está viviendo Rusia, sean recortados en lo posible los derechos de los desposeídos y, sobre todo, del proletariado, y a que con ello se dificulte su lucha por la emancipación plena, y no solo política. Esta tendencia de la burguesía liberal engendra asimismo de manera inevitable su inconsecuencia e irresolución en la lucha por la libertad, sus vacilaciones entre la aspiración de apoyarse en el pueblo y el temor a su iniciativa revolucionaria. Contra estas vacilaciones llevaremos, en interés de la libertad y en interés del socialismo, la lucha más despiadada. La más decidida repulsa encontrarán de nuestra parte los intentos —vengan de donde vengan— de velar la hostilidad irreconciliable de los intereses del pueblo hacia el viejo orden y de los intereses del proletariado hacia los intereses de la burguesía. Y toda nuestra fuerza la dirigiremos contra los intentos de frenar el movimiento popular con el engaño de concesiones ilusorias, con la mentira de una reconciliación entre los depredadores de la reacción y la democracia revolucionaria, es decir, la única democracia verdadera y consecuente. Piedra de toque de esta consecuencia será para nosotros, en particular, la aspiración y la disposición a organizar un movimiento libre, verdaderamente nacional y de masas, no coartado por ninguna barrera policial, para la amplia lucha fuera de la Duma por la emancipación política y económica.

En el campesinado vemos al principal de los aliados posibles del proletariado en la tarea de culminar la lucha por la libertad. Apoyamos con toda el alma, hasta el fin, la lucha de los campesinos contra la propiedad terrateniente, semifeudal de la tierra y contra el régimen político asiático de Rusia. Sin compartir las utopías sobre la posibilidad del uso igualitario de la tierra bajo el capitalismo, sin admitir la más mínima veladura de la diferencia de intereses entre el proletario y el pequeño productor, defenderemos la confiscación de todas las tierras de la corona, de la iglesia, de los monasterios y de todos los terratenientes. Lucharemos contra el rescate, esa soga que la burguesía liberal echa al cuello de los campesinos pobres. Mientras no se haya alcanzado la victoria de la revolución, mientras no se haya conquistado por entero un Estado verdaderamente democrático, advertiremos a los campesinos contra la entrega de la tierra en manos de los órganos de poder policíaco-burgueses, ya sean locales o centrales. Defenderemos, al instaurarse plenamente el Estado democrático, la transferencia de todas las tierras a los órganos locales de autogobierno. Advertiremos a los campesinos del modo más terminante contra la transferencia del problema de la tierra a la decisión de comités locales no democráticos como las comisiones de funcionarios y terratenientes propuestas por el partido de los kadetes.

A lo largo de todo el desarrollo de la revolución defenderemos con firmeza la lucha de los obreros por la jornada de ocho horas, por el aumento de los salarios, por la supresión de las multas, en una palabra, por todas las reivindicaciones de nuestro programa mínimo del partido. Y en la alianza del proletariado con las amplias masas de los pobres de la ciudad y del campo vemos la garantía de una nueva victoria de la revolución. La Duma de Estado es una institución inapropiada para realizar y consolidar esta victoria. Solo una asamblea constituyente nacional convocada por vía revolucionaria, elegida por sufragio universal, igual, directo y secreto de todos los ciudadanos sin distinción de sexo, religión y nacionalidad, y que posea la plenitud del poder estatal, solo ella estará en condiciones de implantar la libertad plena. Solo ella creará en Rusia… sustituirá el ejército permanente por la armamentación general del pueblo, suprimirá la burocracia no electiva y no responsable ante el pueblo, implantará la libertad política plena y sin restricciones.»

A ese objetivo nos consagraremos de manera inflexible en la presente revolución. A ese objetivo debe servir también la Duma de Estado. Ella debe ayudar al pueblo a organizarse y a comprender plena y cabalmente la necesidad de derrocar… al poder. Debe explicar al pueblo toda la impotencia y todo el papel lamentable de la “representación popular” como nuevo biombo de la vieja autocracia. No debe ocuparse de proyectismo político, ni de redactar “proyectos de ley” nacidos muertos; debe dirigirse al pueblo, revelarle sin piedad toda la verdad, denunciar sin piedad ante él todos los crímenes de esa banda… que gobierna Rusia, llamarlo a la lucha, a una lucha consecuente, firme, tenaz y coordinada. Y si esta tarea no sabe o no se atreve a cumplirla la Duma de Estado en su conjunto, la cumpliremos nosotros en alianza con los grupos o miembros de la Duma verdaderamente revolucionarios.

La victoria del pueblo está cerca. La causa de la libertad está en manos seguras. El proletariado permanece en su puesto, reuniendo fuerzas, rechazando con orgullo a los miserables provocadores que intentan empujarlo a un combate aislado, uniendo y agrupando en torno suyo a millones y decenas de millones de oprimidos y explotados, eternamente trabajadores y eternamente sumidos en la miseria.

Y por muy débil, por muy poco numeroso que sea nuestro grupo en la Duma de Estado, sabemos que tras ese grupo está y en ligazón con él lucha el proletariado de muchos millones, destacamento de vanguardia de todas las masas trabajadoras y explotadas. Él vencerá en su lucha. Él no dejará piedra sobre piedra del monstruoso edificio de la autocracia que desgarra a Rusia”.

¿Obraron correctamente nuestros compañeros diputados en la Duma al rechazar este proyecto?

Desde el punto de vista formal, correctamente. Ellos deben, según los estatutos, tener en cuenta al CC, y no a “terceros”.

Desde el punto de vista fraccional, correctamente. El otro proyecto partía del campo “ajeno” (según las antiguas fracciones).

Pero, desde el punto de vista del partido, ¿fue correcto rechazar las indicaciones sobre la conveniencia de una definición más clara de los objetivos socialistas del partido y de su carácter internacional?; ¿sobre el movimiento fuera de la Duma?; ¿sobre la necesidad de una clara delimitación ante el pueblo de los partidos representados en la Duma?; ¿sobre la obligatoriedad de una precisa separación entre la doctrina proletaria y la pequeñoburguesa?; ¿sobre la importancia de que el partido obrero defienda a los campesinos frente a los kadetes?; ¿sobre una exposición más clara y completa de nuestras reivindicaciones inmediatas?

¿Obraron correctamente nuestros compañeros o nuestro CC al decir en la declaración “hacer de la Duma un órgano del movimiento de todo el pueblo” en lugar de la fórmula aprobada por el congreso: hacer de la Duma un instrumento de la revolución?

¿Obraron correctamente al dar, en todos los puntos señalados, un claro paso a la derecha respecto de las resoluciones y decisiones del Congreso de Unificación de nuestro partido?

Que reflexionen seriamente sobre esto todas las organizaciones y todos los miembros de nuestro partido.

“Eco” núm. 1, 22 de junio de 1906.

Se imprime según el texto del periódico “Eco”