Es bien sabido que el partido socialdemócrata ya en su programa expresó la convicción inquebrantable de la necesidad del pleno poder popular para la real satisfacción de las necesidades maduras de las masas populares. Si la masa del pueblo no tiene en sus manos la plenitud del poder estatal – si permanece en el Estado algún poder, no elegido por el pueblo, no revocable, que no dependa enteramente del pueblo, entonces la satisfacción real de las necesidades maduras y por todos reconocidas es imposible.

Esta verdad inconmovible el partido socialdemócrata siempre la ha difundido con todas sus fuerzas en el proletariado y en todo el pueblo. La lucha real, es decir, masiva, por la libertad ha pasado y siempre pasará por las más diversas y a menudo inesperadas etapas: no puede ser de otro modo debido a la enorme dificultad de la lucha, a la complejidad de sus tareas y a la composición cambiante de los combatientes. Guiando la lucha del proletariado en cada etapa de su desarrollo y en todas las circunstancias, la socialdemocracia, como representante consciente de las aspiraciones de la clase obrera, debe tener constantemente presentes los intereses generales y fundamentales de toda esta lucha en su conjunto. Tras los intereses particulares de la clase obrera, la socialdemocracia enseña a no olvidar los intereses generales; tras las particularidades de las distintas etapas de la lucha, a no olvidar las tareas cardinales de toda la lucha en su conjunto.

Exactamente así ha entendido siempre la socialdemocracia revolucionaria sus tareas en la actual revolución rusa. Sólo tal comprensión corresponde a la posición del proletariado como clase de vanguardia y a sus tareas. Por el contrario, la burguesía liberal siempre ha planteado de manera completamente diferente sus tareas en la lucha por la libertad política, conforme a los intereses específicos de clase de la burguesía. A la burguesía le es necesaria la libertad política, pero teme al pleno poder popular, pues el proletariado, desarrollado y cohesionado ya en la lucha, utilizaría este poder popular contra la burguesía. Por eso, al pugnar por la libertad política, la burguesía quiere conservar al mismo tiempo no pocos residuos del viejo poder (el ejército permanente, la burocracia no electiva, etc.).

La lucha del proletariado por la libertad política es revolucionaria, porque esta lucha aspira al pleno poder popular. La lucha de la burguesía por la libertad es oportunista, porque esta lucha se orienta hacia las concesiones, hacia el reparto del poder entre la autocracia y las clases poseedoras.

Esta diferencia fundamental entre la lucha revolucionaria del proletariado y la lucha oportunista de la burguesía cruza como un hilo rojo toda la historia de nuestra revolución. El proletariado lucha – la burguesía se desliza hacia el poder. El proletariado destruye la autocracia con su lucha – la burguesía se aferra a las concesiones de la autocracia que se debilita. El proletariado alza en alto, ante todo el pueblo, la bandera de la lucha – la burguesía, la bandera de las cesiones, los pactos y el mercantilismo.

El proletariado aprovecha toda brecha, todo debilitamiento del poder, toda concesión y dádiva para una lucha más amplia, masiva, resuelta y aguda – la burguesía, para la pacificación gradual, el apaciguamiento, el debilitamiento de la lucha, para cercenar sus tareas, para suavizar sus formas.

Recordad algunas etapas de nuestra lucha por la libertad. La burguesía «lucha» por la confianza del poder hacia el zemstvo («un zemstvo con derechos y autoridad») y hacia el pueblo (comienzos del presente decenio). El proletariado enarbola la bandera de la lucha por la destrucción de la autocracia. El gobierno declara la época de la «confianza»{98} (Sviatopolk-Mirski). La burguesía se deshace en discursos en los banquetes; el proletariado abre nuevas brechas en la fortaleza de la opresión, muere en las calles el 9 de enero y despliega un grandioso movimiento huelguístico.

Verano de 1905. La burguesía envía una delegación sobre las libertades. En otoño se otorga la Duma buliguiniana{99}. La burguesía se enternece. Clamor general: ¡id a la Duma! Los oportunistas de la socialdemocracia vacilan. El proletariado sigue luchando. Una huelga sin precedentes en el mundo, en todo el país, barre la Duma. El proletariado conquista la libertad y la defiende con sangre de los atentados de la reacción.

En el primer combate el proletariado es derrotado. La burguesía escupe a los vencidos y se aferra servilmente a la Duma. El proletariado reúne fuerzas para un nuevo embate. Mantiene en alto, orgullosamente, como antes, la bandera de la lucha por el pleno poder popular. El embate no tiene éxito hasta la convocatoria de la Duma. La burguesía vuelve a arrastrarse, echando por la borda la consigna de la Asamblea Constituyente, encolerizándose contra las «intervenciones», predicando la conciliación, el pacto, el nombramiento de un ministerio kadete por el poder supremo.

El proletariado aprovecha la nueva situación igual que aprovechó la «confianza» de 1904 y el 17 de octubre de 1905. Ha cumplido con su deber revolucionario, ha hecho todo lo posible por barrer directamente la Duma wittiana al igual que la buliguiniana. No lo logró, a causa de las traiciones de la burguesía, de la insuficiente organización y movilización de la clase obrera y del campesinado. El proletariado sigue luchando, utilizando todos los conflictos «dumistas» y en torno a la Duma, para convertirlos en punto de partida de un movimiento de masas aún más amplio y resuelto.

Una nueva lucha está madurando. Esto no lo niega nadie. Se levanta, mucho más que antes, una ancha masa de proletarios, campesinos, pobres de la ciudad, tropas, etc. Nadie niega que será una lucha fuera de la Duma. Será, en virtud de las condiciones objetivas de la situación actual, una lucha que destruirá directamente el viejo poder. Hasta qué punto se producirá su destrucción, nadie puede predecirlo. Pero el proletariado, como clase de vanguardia, tiende aún con mayor firmeza a la victoria completa en esta lucha, a la eliminación total del viejo poder.

Y el proletariado se mantiene consecuente, rechazando las consignas oportunistas de la burguesía, que ha confundido a una parte de los socialdemócratas. No es verdad que el nombramiento de un ministerio kadete signifique «arrancar el poder» a la camarilla. Es una mentira burguesa. En realidad, el nombramiento de tal ministerio será ahora un nuevo biombo liberal de la camarilla. No es verdad que el nombramiento de un ministerio kadete sea la transformación de una constitución ficticia en real. Es una mentira burguesa. En realidad, tal ministerio será sólo un disfraz de la autocracia con un nuevo traje pseudoconstitucional. No es verdad que la reivindicación de un ministerio kadete se esté convirtiendo en una reivindicación de todo el pueblo. Es una mentira burguesa. En realidad, es sólo la reivindicación de la Duma kadete. En realidad, los no kadetes repiten esta reivindicación sólo por malentendido, entendiendo por ella algo mucho mayor. En realidad, las reivindicaciones de todo el pueblo van mucho más lejos que las reivindicaciones de la Duma kadete. Por último, tampoco es verdad que el «apoyo» a la reivindicación del ministerio kadete (o, lo que es lo mismo, el apoyo al ministerio kadete) mediante resoluciones, mandatos, etc., sea una lucha real contra el viejo poder. Es una mentira burguesa. Por parte del proletariado, tal «apoyo» es sólo una renuncia a la lucha, es sólo la entrega de la causa de la libertad en las vacilantes manos de los liberales.

El proletariado lucha y luchará por la destrucción del viejo poder. A ello orientará toda su labor de propaganda, agitación, organización y movilización de las masas. Si no se logra la destrucción completa, el proletariado aprovechará también la parcial. Pero predicar lo parcial, adornarlo, llamar al pueblo a apoyarlo, el proletariado no lo hará nunca. El verdadero apoyo a la verdadera lucha lo brinda quien aspira a lo más grande (logrando en caso de fracaso lo más pequeño), y no quien, antes de la lucha, cercena oportunistamente sus tareas.

Quien no se deje seducir por la estridencia de las frases verá fácilmente que el pueblo luchará en realidad, no por un ministerio kadete, sino por la eliminación del viejo poder. Los intereses de la burocracia exigen el embotamiento del verdadero alcance de esta lucha. Los intereses del proletariado, su ampliación y agudización.

«Vperiod» № 17, 14 de junio de 1906.  

Se publica según el texto del periódico «Vperiod».