Así dice hoy el periódico de los cadetes de izquierda, "Nuestra Vida", el Sr. I. Zhilkin. Con tristeza señala el "resplandor de autosuficiencia" en los rostros de los cadetes. La entusiasta declaración del Sr. Miliukov: "Los cadetes se diferencian de la extrema izquierda" provoca su protesta. Se burla de la "insólita sabiduría política" de los cadetes, que reconocen la "falta de salida" de la situación y al mismo tiempo se jactan de dirigir audazmente la nave del Estado por el canal...

Detengámonos en estas reflexiones, que tocan la cuestión más fundamental de la situación política actual. Y, desde nuestro punto de vista, es especialmente importante subrayar que la valoración acertada de esta situación se impone ahora por la fuerza de los acontecimientos incluso a personas que no comparten en absoluto las opiniones de los socialdemócratas de izquierda y que combaten contra nosotros con particular celo.

Los rumores del club parisino de los reaccionarios rusos informan de que "todas las vacilaciones en Peterhof han cesado. Goremykin ha recibido plena libertad de acción" {91}, es decir, libertad para ajustar cuentas con la Duma. Y "Nuestra Vida", ajena al afán de los bolcheviques de pintarlo todo con colores sombríos, dice: "Tenemos todas las razones para acoger estos rumores con plena credulidad"... "La lucha se agudiza... —concluye el editorial de este periódico—. Quien a hierro mata, a hierro muere". Y el Sr. I. Zhilkin escribe: "¿Hay muchos en Rusia que crean en un desenlace pacífico y victorioso de la labor parlamentaria? Hay que ser un romántico, un soñador, un idealista, para sumergirse de cabeza en sueños tan color de rosa". Y, a su lado, el Sr. V. Khizhniakov declara: "No evitaremos las tempestades revolucionarias, eso hay que reconocerlo. La Duma es impotente para desviar el movimiento hacia un cauce pacífico, pues carece de poder para mejorar la vida del pueblo, y sin ese poder no hay más caminos que los revolucionarios. Y ya ahora se percibe claramente cómo crece constantemente el sentimiento de insatisfacción, cómo desaparece con fuerza cada vez mayor la fe en la omnipotencia de la Duma y cómo, al mismo tiempo, crece la desesperación" (la falta de fe en la Duma, como la falta de fe en Dios, no es aún "desesperación"). "La atmósfera se satura paulatinamente de electricidad, a veces se oyen truenos sordos, y quizá no haya que esperar mucho para las descargas de la tormenta".

Así hablan personas cuyo juicio nos es particularmente valioso debido a su actitud negativa preconcebida hacia la socialdemocracia revolucionaria. Los acontecimientos han obligado a estas personas a repetir precisamente las tesis en las que nosotros siempre insistimos y por las cuales siempre nos ha fulminado, vapuleado y denigrado la burguesía liberal, que ha creado todo un cúmulo de chismes, mentiras y calumnias sobre los "bolcheviques".

"No hay que mirar hacia arriba, sino hacia abajo". Esto significa que, en virtud de condiciones históricas objetivas, que no dependen de nuestra voluntad, la lucha parlamentaria no puede convertirse en la actualidad en la forma principal del movimiento liberador en Rusia. No se trata de "negarla", ni de renunciar a utilizarla —de eso ni hay que hablar—, sino de que la lucha principal y decisiva se avecina, por la fuerza de todo el curso de los acontecimientos, en otra arena. La burguesía liberal nos ha calumniado infinidad de veces a nosotros, los bolcheviques, diciendo que "empujamos irreflexivamente a medios extremos" ("Rech" núm. 88). Fíjense, señores, ¿acaso hemos "empujado" nosotros a Zhilkin, a Khizhniakov, al editorialista de "Nuestra Vida"? ¿Acaso hemos "empujado" nosotros a los soldados de Kursk y Poltava, a los campesinos de Kiev, Sarátov y otros lugares?

Nosotros "empujábamos" y despertábamos a quienes siempre andaban con el "resplandor de autosuficiencia" en el rostro. Nosotros decíamos que no depende de nuestra voluntad la elección de tal o cual forma de lucha liberadora, que es preciso mirar con sobriedad y sin piedad a la realidad, que no deja terreno para el "camino" que ahora también "Nuestra Vida" reconoce como cerrado. Nosotros decíamos que los socialistas no pueden ni deben sacrificar los intereses fundamentales de la democracia y del socialismo en aras de éxitos momentáneos, que están obligados a revelar ante las masas la amarga verdad sobre la falta de fiabilidad de los cadetes, sobre la impotencia de la Duma, sobre la inevitabilidad de las tempestades revolucionarias. Si las masas no nos comprenden hoy, arrastradas por la palabrería de los cadetes en las asambleas electorales, si las masas no nos comprenden mañana, entusiasmadas con los primeros días del primer parlamento ruso, pasado mañana se convencerán de nuestra razón. Los acontecimientos las obligarán a ver en la socialdemocracia revolucionaria el partido que no se deja seducir por oropeles, que consecuente y firmemente llama a "mirar" precisamente hacia el lado donde inevitablemente se desenvuelve la lucha que decide el destino de la libertad popular verdadera (y no la de los cadetes).

Nuestra revolución es una gran revolución rusa precisamente porque ha elevado a la participación en la creación histórica a gigantescas masas populares. Las contradicciones de clase aún no se han desarrollado con toda nitidez en el seno de esas masas. Los partidos políticos todavía se están formando. Por eso no estamos en condiciones de dirigir a las masas ni de contenerlas en un grado siquiera significativo. Pero podemos, estudiando la situación real y la correlación de clases, prever la inevitabilidad de una u otra orientación de su labor histórica, de una u otra forma principal de su movimiento. Y estos conocimientos socialistas nuestros debemos difundirlos del modo más amplio entre las masas, sin confundirnos por el hecho de que la verdad es a menudo muy amarga, de que no se ve de inmediato tras el oropel de los rótulos políticos de moda o de las instituciones políticas efectistas, sin ceder al embrujo de las rojas ficciones. Cumpliremos con nuestro deber si hacemos todo lo posible por ilustrar así a las masas y por prepararlas para formas de movimiento imperceptibles para el observador superficial, pero que dimanan inevitablemente de toda la situación económica y política del país. No cumpliremos con nuestro deber si dirigimos todas nuestras miradas "hacia arriba" y descuidamos lo que avanza, crece, se aproxima y se avecina abajo.

Escrito el 1 (14) de junio de 1906.

Publicado el 2 de junio de 1906 en el periódico "Vperiod" núm. 7. Se reproduce según el texto del periódico.