Ante el proletariado socialdemócrata de Rusia, y particularmente de Petersburgo, se plantea una cuestión de suma importancia: cómo desarrollar la próxima campaña política en relación con la Duma de Estado. De por sí se comprende que, para un partido socialdemócrata unificado, esta cuestión de la campaña inmediata se plantea solo dentro de los límites de la resolución del Congreso de Unificación.

Al proletariado socialdemócrata de Petersburgo se le han recomendado dos planes de campaña: uno en la resolución del CC, otro en la resolución del CP[42]. Ya publicamos en el núm. 2 de *Vperiod*{90} ambas resoluciones y ahora nos proponemos detenernos en la diferencia esencial de su contenido. El punto principal de la resolución del CC reza: «apoyaremos a la Duma en todas las medidas que tiendan a derrocar el actual ministerio y a sustituirlo por un ministerio nombrado por la Duma, considerando tal sustitución como una condición que favorece la convocatoria de la Asamblea Constituyente». La resolución del CP no dice nada del apoyo a semejante reivindicación, y centra la atención principal en la burla del gobierno, la impotencia de la Duma, la necesidad de que el Grupo del Trabajo apele al pueblo, la inevitabilidad de una nueva lucha conjunta de obreros y campesinos.

Así, el principal punto polémico se reduce a si deben apoyarse o no las medidas de la Duma encaminadas a la formación de un ministerio kadete. La resolución del CC se expresa de manera imprecisa al hablar de un «ministerio nombrado por la Duma». Pero todos saben, y toda la prensa liberal-burguesa lo subraya, que de lo que se trata en realidad es de que el poder supremo nombre un ministerio que sea del agrado de la Duma, es decir, un ministerio kadete. Solo en este sentido pueden entender la resolución del CC las amplias masas de la clase obrera.

¿Puede el proletariado socialdemócrata apoyar la reivindicación de que el poder supremo nombre un ministerio kadete? No, no puede. Un ministerio kadete solo puede ser un pacto de la autocracia con la burguesía liberal contra los obreros socialistas y contra el campesinado revolucionario. Los socialdemócratas utilizarán, por supuesto, con redoblada energía la nueva situación que se crearía con tal pacto; los socialdemócratas sopesarán cuidadosamente su táctica si ese pacto supone un alivio, aunque sea temporal, para la lucha por la libertad y el socialismo. Nos esforzaremos por hacer que incluso ese pacto, dirigido contra la revolución, redunde en beneficio de la revolución. Pero no podemos apoyar el pacto que los burgueses concluyen con los funcionarios a espaldas del pueblo. Llamar al pueblo o al proletariado a semejante apoyo significa corromper su conciencia, ocultarle la verdad sobre la esencia de ese pacto, sobre su peligro, sobre la tendencia de la burguesía y la burocracia a dificultar con él la convocatoria de la Asamblea Constituyente.

Debemos llamar a los obreros y a los campesinos no a apoyar pactos, sino a luchar. Solo una seria preparación para la lucha debilitará realmente a la autocracia, solo en la lucha radica la garantía de que todos y cada uno de los pasos, tanto de la autocracia como de la burguesía, redunden realmente en beneficio de la revolución. La resolución del CC es incorrecta. Los obreros socialdemócratas conscientes no pueden aceptar esa resolución que se les recomienda.

Ahora la segunda cuestión. ¿No es obligatorio aceptar esta resolución en nombre de la disciplina, en nombre del acatamiento al congreso? Examinen la resolución del Congreso de Unificación sobre la Duma de Estado y verán que de ella no se puede deducir el apoyo a la reivindicación de formar un ministerio kadete; ni siquiera contiene una palabra sobre el «apoyo» a la Duma en general. He aquí íntegramente la parte de la resolución del congreso que define la actitud hacia la propia Duma:

«La socialdemocracia debe: 1) *utilizar de manera sistemática todos los conflictos* que surjan tanto entre el gobierno y la Duma como en el seno de la propia Duma, en interés de la ampliación y profundización del movimiento revolucionario, y para ello: a) esforzarse por *ampliar y agudizar esos conflictos* hasta límites que permitan convertirlos en punto de partida de amplios movimientos de masas dirigidos a derrocar el actual régimen político; b) procurar en cada caso concreto vincular las tareas políticas del movimiento con las reivindicaciones socioeconómicas de las masas obreras y campesinas; c) mediante una amplia agitación entre las masas populares por la presentación de reivindicaciones revolucionarias a la Duma de Estado, organizar la presión sobre la Duma desde fuera *con el fin de revolucionizarla*. 2) Encauzar esta intervención suya de modo que estos *choques que se agudizan*: a) pongan de manifiesto ante las masas la *inconsecuencia de todos los partidos burgueses* que asuman en la Duma el papel de portavoces de la voluntad popular, y b) lleven a las amplias masas (del proletariado, del campesinado y de la pequeña burguesía urbana) a la conciencia de la total *inadecuación de la Duma* como institución representativa y de la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo», etc.

Por los pasajes que hemos subrayado se ve claramente que la resolución del CC sobre el apoyo a la reivindicación del ministerio kadete no solo no se corresponde con la resolución del congreso, sino que la contradice directamente. El ministerio kadete es una reivindicación no revolucionaria. Debilita y oscurece los conflictos con la Duma y dentro de la Duma, deja en la penumbra la inadecuación de la Duma, etc., etc. Añadamos que la resolución del congreso no habla ni una sola vez de «apoyo» a la Duma, sino solo de «presión», «utilización», «intervención».

La conclusión es obvia. El CC no tiene en absoluto derecho a exigir a las organizaciones del partido que acepten su resolución de apoyo a la reivindicación del ministerio kadete. Todos los miembros del partido están obligados a abordar la cuestión con plena independencia y espíritu crítico, y a pronunciarse por aquella resolución que, en su opinión, resuelva más acertadamente la tarea dentro de los límites de las resoluciones del Congreso de Unificación. Los obreros socialdemócratas de Petersburgo saben que toda la organización del partido se está construyendo ahora democráticamente. Eso significa que todos los miembros del partido eligen a los funcionarios, a los miembros de los comités, etc., que todos los miembros del partido discuten y deciden las cuestiones sobre la campaña política del proletariado, que todos los miembros del partido determinan la orientación de la táctica de las organizaciones del partido.

Estamos seguros de que el proletariado socialdemócrata de Petersburgo abordará así la cuestión litigiosa, la discutirá de manera multilateral, concienzuda y práctica, y adoptará una decisión independiente: ¿apoyar o no la reivindicación del ministerio kadete?

De este derecho suyo, de este deber suyo socialdemócrata y partidista, los obreros de Petersburgo no se dejarán apartar por sofisma alguno, es decir, por ningún argumento manifiestamente falso. Solo señalaremos brevemente esos sofismas. L. Mártov dice en *El Correo* (núm. 13): en nombre de la disciplina, no desbaratéis la campaña política del CC. Eso es un sofisma. Ninguna disciplina obliga a los miembros del partido a firmar ciegamente todos los proyectos de resolución elaborados por el CC. En ningún lugar del mundo ha existido jamás una regla tal que las organizaciones del partido renuncien a su derecho de juicio y se conviertan en firmantes de las resoluciones del CC. L. Mártov dice: los mencheviques se sometieron en lo del boicot, ahora someteos vosotros. Eso es un sofisma. A las decisiones del congreso nos hemos sometido todos. Ninguno de nosotros ha llamado a luchar contra las elecciones a la Duma ni contra la designación de la fracción parlamentaria socialdemócrata. Nos hemos sometido; por voluntad del congreso hemos renunciado al boicot. Pero tenemos el derecho y el deber de luchar, dentro de los límites de las decisiones del congreso, contra el apoyo al ministerio kadete, que no ha sido prescrito por ningún congreso. L. Mártov elude la esencia del asunto con meras palabras terribles e insinuaciones acerca de los desorganizadores. No ha dicho ni una palabra sobre si la resolución del CP contradice la decisión del congreso. No ha dicho ni una palabra sobre el derecho de la oposición, es decir, sobre el derecho de toda organización del partido, dentro de los límites de la voluntad del congreso, a impugnar la táctica del CC y a corregir sus desviaciones y errores. Respondamos, pues, con calma a Mártov: desorganiza quien viola los derechos legítimos de las organizaciones del partido.

Señalemos con calma que incluso mencheviques (véase la carta a la redacción del camarada Vlásov en este mismo número) no están de acuerdo con el apoyo al ministerio kadete. Incluso el camarada Riánshev, en el núm. 13 de *El Correo*, llama al «grupo obrero y al Grupo del Trabajo» a «luchar con todas sus fuerzas» contra el proyecto de ley kadete sobre la libertad de reunión, es decir, propone una táctica puramente bolchevique que excluye el apoyo al ministerio de esos mismos kadetes.

Si el Comité del Distrito de Výborg propone la convocatoria de una conferencia de toda la ciudad con elección de delegados «sin distinción de fracciones, es decir, sin discusión alguna» —¡sin discutir lo que es objeto de polémica!—, los obreros socialdemócratas de Petersburgo, por supuesto, se limitarán a reírse de esa decisión. Sin discusión, los obreros conscientes nunca decidirán una cuestión importante. Ni las lamentables palabras sobre tal o cual «aspereza» en la discusión, ni el lloriqueo de L. Mártov con motivo de tal o cual aspereza que lo haya ofendido, ni las amenazas de escisión por parte del mismo L. Mártov o de quien sea obligarán a los obreros a renunciar a una decisión independiente de la cuestión. La amenaza de escisión, la provocación a la escisión, es un procedimiento indigno que solo alegra a la burguesía (véase el núm. 29 de *Duma*). Los obreros decidirán por mayoría la cuestión del apoyo al ministerio kadete y conseguirán que nadie, ni siquiera el CC, se atreva a frustrar su decisión, completamente libre, completamente independiente, completamente legítima sobre la base de las resoluciones del Congreso de Unificación.

Escrito el 31 de mayo (13 de junio) de 1906.

Publicado el 1 de junio de 1906 en el periódico *Vperiod* núm. 6.