La noticia que dimos anteayer sobre la dimisión del ministerio de Goremykin ha sido oficialmente desmentida. Pero los periódicos que tienen alguna posibilidad de averiguar algo de fuentes «allegadas» no creen este desmentido. La campaña de «Nóvoe Vremia» en favor de un ministerio kadete se ha vuelto más cautelosa, pero no ha cesado. «Nóvoe Vremia» ha descubierto a un diplomático japonés que considera que «el partido de los kadetes persigue fines estatales»; incluso afirma, por boca del Sr. Rózanov, que «los kadetes no dejarán escapar la cultura y la revolución» y que «dadas las circunstancias, esto es todo lo posible». El periódico «Rech», por su parte, considera que «la dimisión del gabinete de Goremykin puede darse por decidida y la cuestión se reduce a quién será su sucesor». En una palabra, el problema del ministerio kadete sigue figurando en el orden del día.

Los kadetes lo sienten, y quizá incluso más que eso. Se han quedado en «posición de firmes». Se agarran con ambas manos a cualquier sombra de apoyo por la izquierda que pueda ayudarles a realizar sus planes. El principal órgano del partido kadete, «Rech», no en vano ha dedicado su último editorial a la cuestión de la actitud de los socialdemócratas ante el ministerio kadete. Reproducimos íntegramente este artículo a continuación, como el más instructivo signo de los tiempos.

La idea principal de este editorial la transmiten los autores en las siguientes palabras: crear «un terreno común sobre el que el movimiento de liberación pueda sostenerse con plena unanimidad, sin distinción de matices». Tal es, en efecto, el principal objetivo de toda la política kadete. Más aún. Tal es el principal objetivo de toda la política liberal-burguesa en la revolución rusa en general. Eliminar los «diversos matices» en el movimiento de liberación significa eliminar la diferencia entre las reivindicaciones democráticas de la burguesía, el campesinado y el proletariado. Significa reconocer «con plena unanimidad» a la burguesía liberal como portavoz y vehículo de las aspiraciones de todo el movimiento de liberación. Significa convertir al proletariado en un instrumento ciego de la burguesía liberal. Y como todo el mundo sabe que el ideal político supremo de la burguesía liberal – y su más profundo interés de clase – consiste en una componenda con el viejo poder, podemos todavía expresar de otro modo esta última tesis nuestra. Podemos decir que la burguesa «Rech» quiere hacer del proletariado un cómplice ciego en la componenda de los liberales con el viejo poder. Y esta componenda está dirigida principalmente contra el proletariado y, por supuesto, contra el campesinado revolucionario.

Este es el verdadero significado del ministerio kadete. El reciente choque en la Duma de Estado a propósito de los comités agrarios locales ha arrojado la más viva luz sobre la política kadete. Los comités debían ser un poder local, el ministerio debe convertirse en el poder central, pero la esencia de la política kadete es siempre y en todas partes la misma. Los kadetes están en contra de las elecciones generales a los comités locales; están a favor de una «representación con igualdad de derechos de terratenientes y campesinos bajo la participación fiscalizadora del viejo poder». Los kadetes se han visto obligados a confesarlo, contra su voluntad, pues durante largo tiempo han ocultado la verdad, han echado niebla sobre el asunto, asegurando que estaban «en general» firmemente a favor de los comités agrarios locales y del sufragio universal. Exactamente lo mismo sucede con los kadetes: están en contra de la asamblea constituyente, y a favor de un ministerio kadete designado por el poder supremo. Semejante ministerio, como órgano del poder central, será plenamente homogéneo con los comités locales formados sobre la base de la susodicha representación equitativa, etc.

Resulta clara la táctica que debe adoptar el proletariado ante esta política de los kadetes. El proletariado debe desenmascarar implacablemente la esencia de esta política, sin admitir ninguna ambigüedad, ningún oscurecimiento de la conciencia política de los obreros y campesinos. El proletariado debe aprovechar cuidadosamente todas las vacilaciones en la política de los «detentadores del poder» y de los «partícipes en el poder» para ampliar y reforzar su organización de clase, para consolidar sus vínculos con el campesinado revolucionario, como la única clase capaz de llevar el movimiento de liberación más allá del «dique» kadete, más allá de la componenda de los kadetes con el viejo poder.

Pero ¿no debería el proletariado apoyar la reivindicación de la burguesía liberal, es decir, la formación por el poder supremo de un ministerio kadete? ¿No está obligado el proletariado a hacerlo en vista de la facilitación de la lucha por la libertad y la lucha por el socialismo que le traería el ministerio kadete?

No, semejante paso sería el más profundo error y una traición a los intereses del proletariado. Significaría sacrificar los intereses fundamentales del proletariado en la revolución en aras de un éxito momentáneo. Significaría dejarse arrastrar por un espejismo y aconsejar al proletariado que se «desarme» sin que existan las más mínimas garantías reales de un verdadero alivio de su lucha. Sería la peor forma de oportunismo.

La designación de un ministerio kadete por el poder supremo no conmueve en absoluto los fundamentos del viejo poder. No es en absoluto obligatorio que la correlación real de fuerzas cambie con ello en favor de las clases efectivamente revolucionarias. La lucha del pueblo contra el viejo poder no se elimina en modo alguno con semejante «reforma». La historia de las revoluciones conoce ejemplos en los que un ministerio liberal semejante, designado por el viejo poder (por ejemplo, en Alemania en 1848), sirvió únicamente de biombo para la autocracia y ayudó a extinguir la revolución mejor que cualquier otro ministerio burocrático.

El proletariado ruso no tiene motivos para temer al ministerio kadete, que en todo caso ayudará al pueblo a conocer la verdadera naturaleza de los kadetes; pero en ningún caso debe apoyar semejante medida, pues es, por su esencia, la medida más ambigua, traicionera y desleal.

Al proletariado le era conveniente que – ya que no se logró barrer a la Duma – los kadetes tuvieran mayoría en las elecciones. De este modo, se «agotarán» más rápidamente que si estuvieran en minoría. Pero el proletariado renunció a todo apoyo a los kadetes en las elecciones, y el Congreso de Unificación del POSDR confirmó esta decisión prohibiendo los bloques (acuerdos, alianzas) con otros partidos. El ministerio kadete es ventajoso para el proletariado en el sentido de que, con esta combinación, los kadetes se «agotarán» más rápidamente, harán su «gestión» con la máxima celeridad y se «desinflarán» y desenmascararán lo antes posible. Pero el proletariado nunca apoyará las componendas de la burguesía con Trepov sobre el reparto de la libertad popular.

El verdadero «apoyo» al movimiento de liberación, su verdadero desarrollo, lo proporcionan exclusivamente el desarrollo de las organizaciones políticas y económicas del proletariado y la consolidación de sus vínculos con el campesinado revolucionario. Sólo esto debilitará de hecho al viejo poder y preparará su caída. En cambio, la componenda de los kadetes es un juego equívoco, cuyo apoyo es inútil desde el punto de vista de las conquistas verdaderamente sólidas de la revolución y perjudicial desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia, la cohesión y la organización de las clases revolucionarias.

«Vperiod» nº 4, 30 de mayo de 1906.

Se publica según el texto del periódico «Vperiod».