Por muy tergiversada que esté la representación del pueblo en la Duma Estatal debido a la ley electoral y a las condiciones de las elecciones, no por ello deja de proporcionar abundante material para el estudio de la política de las diferentes clases de Rusia. Y ayuda a corregir los puntos de vista erróneos o estrechos al respecto.

Resulta cada vez más clara la justeza de aquella división de los partidos burgueses en tres tipos principales que defendieron los bolcheviques en el proyecto de su resolución para el Congreso de Unificación[32]. Los octubristas, los kadetes y los demócratas revolucionarios o campesinos: he ahí los tres tipos principales. Por supuesto, no cabe esperar una cohesión plena y definitiva de los partidos de cada tipo: es todavía demasiado reciente el comienzo de la actuación abierta de las diferentes clases de la sociedad rusa en una arena política con un mínimo de libertad.

Los octubristas constituyen ya una organización clasista directa de los terratenientes y los grandes capitalistas. El carácter contrarrevolucionario (antirrevolucionario) de este sector de la burguesía es del todo claro. Se alínea del lado del gobierno, aunque sigue disputándole el reparto del poder. Los Heyden y Cía. a veces incluso se confunden con los kadetes en la oposición al viejo poder, pero ni siquiera las personas más dispuestas a dejarse arrastrar por cualquier "oposición" olvidan por ello la verdadera esencia del partido octubrista.

Los kadetes son el principal de los partidos del segundo tipo. Este partido no está vinculado de modo exclusivo a una sola clase de la sociedad burguesa, pero no por ello deja de ser profundamente burgués. Su ideal es una sociedad burguesa depurada de los restos del feudalismo, ordenada, en la que contra las injerencias del proletariado debe existir una salvaguardia como... la cámara alta, el ejército permanente, la administración no electiva, las leyes penales sobre la prensa, etc. Los kadetes son un partido semiterrateniente. Sueñan con librarse de la revolución mediante pagos. Ansían un compromiso con el viejo poder. Temen la iniciativa revolucionaria del pueblo. La vacilación y la inestabilidad de este partido se hacen cada vez más evidentes a medida que desarrolla su actividad política abierta, especialmente en la Duma Estatal. Y las voces de quienes, faltos de visión y cegados por un éxito momentáneo, llaman a apoyar a los kadetes, jamás encontrarán por ello un eco amplio en la clase obrera.

El tercer tipo de partidos burgueses son los trudovikí, o sea los diputados campesinos de la Duma Estatal, que acaban de publicar su programa. La aparición de este tipo de partidos políticos en Rusia fue detectada desde hace tiempo por los socialdemócratas revolucionarios. La Unión Campesina fue una de las células de ese partido; las uniones radicales de la intelectualidad sin propiedad también gravitaron en cierta medida hacia él; los socialrevolucionarios se desarrollaron en esa misma dirección, superando el estrecho cascarón del grupo intelectual. La variedad de formas y matices de esta corriente corresponde plenamente a la diversidad de tipos y la enorme cantidad de la pequeña burguesía "trabajadora" en Rusia. El campesinado es el principal baluarte de esta corriente, de estos partidos. Las condiciones objetivas obligan al campesinado a librar una lucha decidida contra la propiedad terrateniente de la tierra, contra el poder de los terratenientes y contra todo el viejo poder estatal estrechamente vinculado a éste. Esta democracia burguesa se ve obligada a hacerse revolucionaria, mientras que los liberales, los kadetes, etc., representan a la burguesía que, por las condiciones de su existencia, se ve forzada a buscar un acuerdo con el viejo poder. Es comprensible, además, que el campesinado revista sus aspiraciones con formas utópicas, es decir, deseos irrealizables, como la igualdad en el uso de la tierra bajo el dominio del capital.

La conciencia de la particularidad de sus intereses de clase, distintos de los de la democracia revolucionaria, obliga al proletariado a organizarse en un partido de clase estrictamente independiente. Pero el proletariado socialista, debido a su tarea crítica frente a los vanos sueños, jamás olvidará su tarea positiva: apoyar con todas sus fuerzas a la democracia revolucionaria en la lucha contra el viejo poder y el viejo régimen, previniendo al pueblo contra la inestabilidad de la burguesía liberal y reduciendo el daño de esa inestabilidad mediante su acuerdo combativo con el campesinado revolucionario.

Tal debe ser la base de toda la táctica, de toda la conducta política del proletariado socialdemócrata en el momento actual. Para actuar junto al campesinado, debe esforzarse por ilustrarlo, elevarlo e incorporarlo a la lucha, denunciando sin cesar su fe en las "intercesiones", en los "veredictos", en la Duma Estatal, esta institución de intercesión de toda Rusia. "Llevar a las amplias masas a la conciencia de la total inadecuación de la Duma" (resolución del Congreso de Unificación): tal es la tarea del proletariado. Y, en aras de las actuaciones conjuntas con el campesinado, debe abstenerse rigurosamente de estallidos aislados e inoportunos. Pero, con esos mismos fines de éxito de la inevitable lucha venidera, es necesaria la más despiadada denuncia de la vacilación de los kadetes, el más claro planteamiento de la cuestión de la "total inadecuación de la Duma" y la más decidida lucha contra los intentos de difuminar las diferencias entre kadetes y trudovikí.

He aquí desde qué punto de vista debe el proletariado socialista valorar la relación entre kadetes y trudovikí. Tomemos la cuestión de la reforma agraria. Los kadetes quieren el rescate. Los trudovikí quieren solamente dar una indemnización por la tierra, quizás en forma de pensión o de una plaza gratuita en un asilo. "Volna" ya explicó la enorme diferencia entre el rescate y el ingreso en un asilo{71}. El partido obrero exige la confiscación, es decir, la expropiación sin rescate y sin indemnización, aunque el partido obrero, por supuesto, no renuncia al amparo en un asilo para los terratenientes sin recursos. Está claro que el partido obrero debe apoyar a los trudovikí contra los kadetes. En Rusia, el rescate de la tierra ya ha desempeñado en una ocasión un papel de lo más perjudicial: arruinó a los campesinos, enriqueció a los terratenientes y fortaleció al viejo poder estatal. En Rusia, en el momento actual, partidarios del rescate sólo pueden ser quienes son a medias partidarios del gobierno.

Tomemos el programa político. Los kadetes quieren una cámara alta y un poder popular incompleto. Los trudovikí se pronuncian decididamente por que sobre el parlamento elegido por sufragio universal, etc., no debe alzarse "ninguna superestructura ni barrera como el Consejo de Estado, la cámara de los señores, la segunda cámara, etc."{72}. El Grupo del Trabajo acepta casi por completo el programa mínimo obrero, con la jornada laboral de ocho horas, etc. Está claro que también en este punto el partido obrero debe apoyar a los trudovikí contra los kadetes.

Tomemos la cuestión de qué hacer con la tierra. Los kadetes quieren dejar una parte de la tierra en propiedad de los campesinos y los terratenientes, y entregar otra parte al estado. Los trudovikí quieren entregar todas las tierras, aunque no de inmediato, al estado, estableciendo al mismo tiempo el uso igualitario de la tierra. Está claro que los trudovikí van más lejos en la lucha contra la propiedad terrateniente y contra la propiedad privada de la tierra en general. Sería un grave error del partido obrero no apoyar a los trudovikí contra los kadetes tampoco en esta cuestión. Los errores de unos y otros no son, en absoluto, motivo para que el partido obrero deje de apoyar a la democracia burguesa realmente revolucionaria. Tanto los kadetes como los trudovikí se equivocan al considerar posible poner al menos una parte de las tierras en manos de un estado que dista mucho de ser plenamente democrático. Es preferible el reparto a entregar la tierra a semejante estado. Pero este error lo cometió, por desgracia, también el Congreso del POSDR, al admitir la entrega de una parte de las tierras a un estado "democrático" sin precisar el grado de ese democratismo ni su plenitud. La comparación de los programas kadete y trudovikí muestra de manera especialmente patente el error del Congreso socialdemócrata.

Además, los trudovikí se equivocan al creer concebible la "igualdad" en el uso de la tierra bajo el mantenimiento de la economía mercantil. Esta utopía pequeñoburguesa debe ser denunciada y refutada por el partido obrero del modo más resuelto. Pero, por la lucha contra las ensoñaciones nimias del pequeño productor, no sería razonable olvidar la obra realmente revolucionaria de esta clase en la presente revolución. Así no puede actuar un marxista. El error señalado lo comete, por ejemplo, "Kurier", al decir (núm. 5): "el proyecto de ley del Grupo del Trabajo en sus rasgos fundamentales dista mucho de ser satisfactorio" (¡correcto!) "y no merece el apoyo de la clase obrera" (¡incorrecto!).

El partido obrero debe, conservando su plena independencia, apoyar también en esto a los trudovikí contra los kadetes. Al denunciar los errores de unos y otros, no hay que olvidar que los trudovikí van más lejos que los kadetes, que los errores de los trudovikí adquirirán significado práctico en una etapa más alta del desarrollo de la revolución que los errores de los kadetes. Encarnando a los kadetes, el pueblo supera sus ilusiones sobre la posibilidad de conciliar la libertad popular con el viejo poder. Encarnando a los trudovikí, el pueblo superará sus ilusiones sobre la posibilidad de conciliar la "igualdad" con el capitalismo. Encarnando a los kadetes, el pueblo supera sus primeras ilusiones burguesas; encarnando a los trudovikí, superará sus últimas ilusiones burguesas. Las ilusiones de los kadetes obstaculizan el triunfo de la revolución burguesa. Los errores de los trudovikí dificultarán el triunfo inmediato del socialismo (triunfo inmediato con el que los obreros ni siquiera sueñan en vano). De aquí se desprende la enorme diferencia entre kadetes y trudovikí, y el partido obrero debe tenerla estrictamente en cuenta.

De no hacerlo, convertiríamos al proletariado socialista, de vanguardia de la revolución y consejero más consciente del campesinado, en auxiliar inconsciente de la burguesía liberal.

*Volna*, núm. 25, 24 de mayo de 1906.

Se imprime según el texto del periódico *Volna*.